Andrew Fuller y la Gracia Irresistible – Serie Parte 3


Fuller y la gracia irresistible: la necesidad de la regeneración antes del arrepentimiento y la fe

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John Ryland Jr., un buen amigo y quien llevó las memorias de Andrew Fuller, al recordar muchos de los escritos de este último, agregó su propio comentario sobre la controversia sandemaniana como si fuera un resumen de la postura de su fallecido amigo. “Ningún hombre puede, mientras se encuentre bajo el dominio del pecado, creer que es un bendito privilegio ser salvo del pecado en sí, como de sus consecuencias. Por lo tanto, me mantengo en mi postura”. Ryland continuó diciendo “que la regeneración, estrictamente así entendida, debe, en orden de naturaleza, preceder el primer acto de fe. No se trata que se pueda conocer sólo por sus efectos, ni que poseer una consciencia sea una garantía del primer encuentro del pecador con Cristo” [Ryland, Vida y muerte del rev. Andrew Fuller].

 

Lo anterior resume la visión por la que Fuller contendió desde su primera publicación teológica hasta el día de su muerte. Aparte de cualquier consciencia de un llamado efectivo, los pecadores tienen tanto el deber, como la garantía de creer en el evangelio. Es decir, que Cristo murió como un sacrificio por el pecado, se levantó de entre los muertos triunfante sobre la muerte y cualquiera que creyera en él será perdonado, justificado y se le garantizará la vida eterna. Asimismo, señalaba que este anuncio del evangelio sería rechazado universalmente sin una actuación especial del poder del Espíritu Santo para convertir y de producir un cambio moral, desde el cual el pecador responde con arrepentimiento y fe. Por ejemplo, en la primera sección de Respuesta a los filántropos, Fuller trató la interrogante presente en el contexto arminiano, “sobre si la regeneración es previa al momento en que venimos a Cristo”. Sobre aquello, Fuller, con un argumento construido cuidadosamente y que involucraba un desarrollo exegético y teológico, argüía que “el Espíritu Santo de Dios es la causa apropiada y eficiente de la fe de los pecadores en Cristo”. Se debe, de hecho, a su santa influencia “y que ese pecador, y no otro, creerá en Cristo”. El término que Fuller usó, causa eficiente, tiene el mismo significado al del artículo del llamado eficaz de la Segunda Confesión de Londres:

 

“A aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, tiene a bien en su tiempo señalado y aceptable, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, sacándolos del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza y llevándolos a la gracia y la salvación por Jesucristo; iluminando de modo espiritual y salvador sus mentes, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles el corazón de piedra y dándoles un corazón de carne, renovando sus voluntades y, por su poder omnipotente, induciéndoles a querer hacer lo bueno, y llevándoles eficazmente a Jesucristo; pero de modo que acuden a él con total libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la disposición para hacerlo”. Todo esto es coherente con las declaraciones de Fuller sobre la naturaleza de la incapacidad moral y de la obra del Espíritu Santo como la causa eficiente del arrepentimiento y de la fe”.

 

Su propia confesión de fe entrega una afirmación clara y poderosa de todos estos puntos, ” aunque el camino de la salvación sea tan glorioso, el hombre es enemigo de Dios, de la humanidad, de sí mismo y no aprueba el evangelio y creo que el orgullo, la ignorancia, enemistad y el amor por el pecado es tal, que no vendrán a Cristo para tener vida y, a pesar de todos los llamados o amenazas de Dios, seguirán hasta perderse eternamente. Por lo tanto, creo que surge la necesidad de una obra todopoderosa de Dios el Espíritu Santo, para cambiar la totalidad del alma, para formar en nosotros nuevos principios y disposiciones, o, como las Escrituras lo llaman, darnos un nuevo corazón y un nuevo espíritu. Opino que, si no nos hubiéramos degenerado primero, no habría habido la necesidad de ser regenerado, pero como somos por naturaleza, debemos nacer de nuevo. La influencia del Espíritu de Dios en esta obra, siempre es efectiva”. Fuller nunca se apartó de este marco de llamado eficaz.

 

Al continuar su defensa de la noción de que la obra del Espíritu Santo es “la causa apropiada y eficiente de la fe de los pecadores en Cristo”, Fuller propuso siete evidencias basadas en la Biblia. “Las Escrituras no sólo representan que la salvación sea por la fe, pero atribuyen esa fe a la obra del Espíritu de Dios”. Si alguien encontraba que esto disminuía el poder transformador de la palabra de Dios por sí misma, Fuller respondía, “Aún más, nuestra disputa no se centra en si el evangelio es un medio adecuado en las manos del Espíritu Santo para convertir a un pecador, pero si es suficiente, en virtud de su aptitud, para efectuar el cambio sin una agencia todopoderosa e invencible en el medio”. Ahora bien, si alguien se refería a la obvia realidad de que pecadores endurecidos sí resisten la obra del Espíritu, Fuller se mostraba de acuerdo y daba cinco maneras en que el Espíritu Santo afectaba a los pecadores por medio de la palabra de Dios en distintas intensidades, tanto para entregar información y provocar la razón y la consciencia natural. Fuller remarcaba: “Esta influencia debería ser suficiente para llevarnos al arrepentimiento y a creer en Cristo, y, si no fuese por nuestra resistencia, tendría tal efecto. Sin embargo, nunca lo tiene por causa de la perversión del corazón humano”. A pesar de este tipo humano de despertar por sí mismo, los pecadores continúan “carentes del sentido de la realidad de la excelencia de las cosas divinas, lo que es particular de aquellos que en verdad han sido renovados en el espíritu de sus mentes”. Debido a tal depravación y perversión de corazón, llegamos a la “necesidad de una influencia especial y efectiva del Espíritu Santo”. Entonces, a partir de todo lo que se encuentra en la Biblia sobre este fenómeno, Fuller concluyó: “La influencia antes mencionada puede que conmueva el alma, pero no la llevará al hogar con Dios. Cuando las almas se tornan de Dios de manera efectiva, entonces se puede hablar del resultado de una obra poderosa de un poder todopoderoso”.

 

Su consistencia con esta postura se puede observar en la polémica obra Escritos sobre el sandemanianismo, en el cual muestra su aplicación de este principio en distintos contextos teológicos. Los sandemanianos sostenían una suerte de “creencia fácil”, una mera aprobación mental. Sandeman señalaba: “Cualquiera que obtenga, tan sólo una noción de la persona y de la obra de Cristo, o cuya idea corresponda a lo que se ha testificado de él, es justificado y ha encontrado paz con Dios sólo por medio de tener esa idea”. Fuller preguntaba, “si creer fuera un acto espiritual de la mente, no se supone entonces que el tema también lo sea”. Y su respuesta: “Sí, la fe es un acto necesariamente espiritual y, por lo tanto, el tema de ella también lo es”. Fuller trabajó incansablemente para demostrar que existe “un cambio que se efectúa en el alma del pecador, llamado en las Escrituras ‘tener ojos para ver, oídos para oír y un corazón para entender. Un nuevo corazón y un espíritu recto, una nueva criatura, etc. Este cambio es anterior a creer activamente en Cristo para salvación, y no se ve afectado por motivos relacionados con la mente, como la persuasión moral, sino con el gran poder de Dios.

 

Luego de seguir analizando la posición de Sandeman a la luz de ciertas ideas bíblicas y textos, Fuller resumió: “Si alguien ha nacido de nuevo, que es una expresión de la regeneración y a veces se usa para da cuenta de la fe debido a sus efectos, es todo lo que necesitamos para afirmar el argumento: Si es necesario nacer de nuevo para creer, no podemos en ese sentido nacer de nuevo por la fe, a menos que el efecto sea el medio que produzca la causa. Nuevamente, dentro de los cinco años previos a su muerte, Fuller se mantuvo consistente con su confesión inicial sobre una llamada eficaz, efectiva e irresistible como parte constitutiva de la obra regeneradora del Espíritu, la cual, en propósito y naturaleza debe preceder (no en orden temporal, pero sí en causa y efecto) el arrepentimiento evangélico y la fe salvífica”.

 

Cuando la Declaración Oficial señala en una sección que “mientras ningún pecador es remotamente capaz de alcanzar la salvación por su propio esfuerzo, negamos que cualquier pecador sea salvo sin la libre respuesta al Espíritu Santo y la presentación del evangelio”. Debemos preguntarnos si el Espíritu Santo está de alguna manera relacionado con la exhibición final de la fe salvadora. En otras palabras, todas sus influencias quedan cortas de eficacia inmediata, siendo toda su obra en el pecador una remota causa de su fe, no diferente en calidad a la que muchos experimentan en un estado de rebelión e incredulidad. De ser así, esa no fue la postura de Fuller, como tampoco corresponde a la presentación bíblica de la base espiritual de la fe, y si Fuller pudiese servir como un puente entre los calvinistas y los no-calvinistas, todas las partes deberían saber que se encontrarán en este punto.

Waldo Chaparro

Waldo Chaparro Inzunza es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Coronel.

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