Confesiones Bautistas por Franco Caamaño


Una de las primeras preguntas que se nos vienen a la mente a la hora de hablar de las confesiones es si acaso ellas son realmente necesarias hoy para la iglesia. Y es una pregunta que surge naturalmente, sobre todo en congregaciones que nunca tuvieron una confesión [escrita], y más aún hoy en nuestro ambiente de tolerancia, relativismo, miedo a la confrontación y rechazo a la verdad. Sin embargo esta no es una realidad del último tiempo, ya hace algunos años Horatius Bonar escribía:

“Nada se objeta a cualquier libro o doctrina o credo que deje a los hombres en libertad de adorar al dios que quieran; pero cualquier cosas que determine su relación con Dios, que infiera su responsabilidad por su fe, que implique que Dios ha anunciado con autoridad lo que se ha de creer, se objeta con protestas en nombre de la verdad injuriada”[1]

Existe un miedo excesivo a la hora de definir y asumir la verdad que con autoridad se nos entregó, porque rompe con la tolerancia y con la premisa de que todos tienen su “verdad”. Esto ha generado diversa clase de problemas e inconsistencias y expone a las congregaciones a los falsos maestros y a la propagación de doctrinas que se disfrazan como bíblicas, cuando en realidad no lo son. Por esto es que comenzaremos indicando algunas objeciones contra el uso de las confesiones y como ellas se desvanecen al ser analizadas en detalle y luego, veremos cuál es el uso que estas han tenido a lo largo de la historia, desde los primeros siglos, y también como la usaron los Bautistas desde sus inicios.

Objeciones contra el uso de Confesiones.

  • Las confesiones minan la sola autoridad de las Escrituras en asuntos de fe y práctica. Es una de las objeciones más recurrentes, no en estas palabras, pero en general escuchamos “ningún credo sino la Biblia”. Y no menosprecio a quienes proclaman esta frase, ya que en algunos casos reconozco que quienes levantan esta bandera lo hacen con sinceridad y temor al Señor, sin embargo no puedo dejar de manifestar lo pretencioso e ingenuo que es sostenerse en esta declaración sin el esclarecimiento de que es lo que se cree de ella, y del contenido que ella presenta, ya que sabemos que muchos de los herejes que han surgido en la historia de la Iglesia, estuvieron dispuestos a utilizar esta frase para propagar y mantener sus falsas doctrinas. Ejemplos claros tenemos en Arrio y sus seguidores, aún Robert Paul Martin, quien escribió la introducción al libro de Waldron, cita la siguiente proclama: “Para alcanzar la verdad, debemos desechar los prejuicios religiosos […]. Debemos dejar que Dios hable por sí mismo […]. Apelamos a la Biblia para la verdad”[2]. Al leer esta frase creo que muchos estaríamos de acuerdo con lo que ella dice, el problema es que es sacada de Sea Dios veraz, Publicada por los testigos de Jehová.

Son muchos los ejemplos que se pueden dar en cuanto a las herejías que se presentan con la premisa de “creo en la biblia”, es por ello que considero legítimo y necesario el uso de confesiones, ya que ellas, lejos de atentar contra el principio de sola autoridad de la Biblia, lo reafirman, ya que es de la Escritura de donde estas confesiones surgen. Para aclarar el lugar que estas confesiones ocupan, McBeth nos ayuda con la siguiente frase:

Los primeros Bautistas tuvieron mucho cuidado de enfatizar que las confesiones eran meras declaraciones humanas; que podrían ser revisadas posteriormente; y que de ninguna manera podrían acercarse a la autoridad de la Escritura.”[3]

También Martin nos indica algo muy similar:

Si le concediéramos a nuestras confesiones un lugar igual al de la Biblia en autoridad, socavaríamos la sola autoridad de la Biblia como reguladora de la fe y la práctica de la Iglesia. Este, sin embargo, no era el propósito de los que trazaron las normas reformadas. Ellos reconocieron el lugar único de la Biblia, reconocieron ser hombres falibles, y reflejaron estas perspectivas en las mismas confesiones”.[4]

En ningún sentido el uso de confesiones buscó ni busca reemplazar el lugar de la Escritura en la vida y actuar de la Iglesia, simplemente es una sistematización de las creencias que en ella se encuentras en las que están de acuerdo un grupo de personas o congregaciones, para disminuir la permeabilidad al error, y diferenciarse de aquellas doctrinas que se dicen bíblicas, pero que son consideradas erronas por quienes adoptan una u otra confesión. Como veremos más adelante, el uso de confesiones tiene motivaciones específicas, las que se sustentan de la idea de que en la Escritura encontramos toda la norma para nuestra fe y práctica cómo podemos verlo expreso en la confesión de fe de Londres de 1689:

“La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores” (1:1)

“Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en la Santa Escritura; a la cual nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres” (1:6)

No está en el corazón de las confesiones reformadas la intención de añadir o mostrar como verdadero algo que la Escritura no establecido como verdadero de antemano.

De esta manera podemos concluir con Martin:

“A los que están preocupados porque las confesiones minen la autoridad de la Biblia, les decimos sin reservas que la base final de la fe y práctica cristianas es la Biblia, no nuestras confesiones de fe. Pero esto no significa que sea ilegitimo para los que están de acuerdo en sus juicios en cuanto a las doctrinas de la Biblia el expresar ese acuerdo de forma escrita y considerarse comprometidos a caminar según la misma regla de fe.”[5]

  • La segunda objeción, según Martin, es la que se sostiene sobre la premisa de que las confesiones de fe son inconsecuentes con la libertad de conciencia delante de Dios. Y esta objeción se presenta en dos grupos de personas.

Los primeros, aquellos que rechazan todo tipo de autoridad, ya sea bíblica o confesional, como un atentado a la libertad de conciencia. No hay mucho que hacer ante tal grupo de personas, ya que si desprecian la autoridad máxima, la única confiable, es de esperar que rechacen también cualquier otro tipo de autoridad cuando ella es humana. La Biblia ya nos habla de tales hombres (2 Tim 4:3), que buscan ajustar las doctrinas bajo sus propios principios, sin reconocer, ni buscar la dirección de Dios.

Miller observaba: “Siempre que un grupo de personas comenzaba a deslizarse, con respecto a la ortodoxia, generalmente intentaban romper, si no ocultar, su caída, despreciando los credos y las confesiones”.[6]

El segundo grupo deriva de la apelación por la preocupación de la sola autoridad de la Escritura, a la cual ya se presentó una base de argumentación, pero que en el contexto de la libertad de conciencia, se puede seguir argumentando a favor de las confesiones. La confesión de 1689 también reconoce que solo Dios es el Señor de la conciencia:

“Solo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha hecho libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres que sean en alguna manera contrarios a su Palabra o que no estén contenidos en esta. Así que, creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos por causa de la conciencia es traicionar la verdadera libertad de conciencia, y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta es destruir la libertad de conciencia y también la razón” (21:2)

En torno a esta cita es que surge el argumento a continuación. Seria indiscutible y totalmente aceptable esta objeción siempre que se forzara a algún individuo a aceptar una confesión de fe en la que además se le obstruyera para indagar personalmente que tan fiel esta confesión es a la Escritura. Pero esta no es la realidad de las confesiones de fe que motivamos a utilizar, ya que estas no son impuestas a nadie, y junto con ellas se provee de todos los medios para que el individuo o congregación que está evaluando suscribirse a tal confesión valide si esta se encuentra bajo el marco regulador de la Escritura.

Es en defensa del principio de la libertad de conciencia que motivamos y decimos que son necesarias las confesiones de fe, ya que ellas le permiten a quien quiera unirse a una comunidad de fe saber de antemano las doctrinas que tal congregación cree, para tomar una decisión consciente y responsable. Por contraste, es contraproducente creer doctrinas y no tenerlas escritas, porque todas las congregaciones asumen credos aunque estos no estén por escritos, y permitir que aquel que quiere unirse a esta comunidad descubre por la experiencia cuales son aquellas doctrinas que la comunidad defiende, porque los más probable que ocurra, es que en este proceso, tanto el individuo como la comunidad sean dañados. A su vez le permite a la comunidad de fe crecer sanamente y, si pudiera ilustrarse de alguna manera, hacerse inmune contra las enfermedades doctrinales que se desarrollan alrededor. Andrew Fuller declaró:

 

Hay una gran diversidad de sentimientos en el mundo con respecto a la moralidad al igual que con respecto a la doctrina: y, si es una imposición anti bíblica aceptar cualquier artículo, [también] debe serlo excluir a alguien por inmoralidad, o aun amonestarle por ello; pues se podría alegar que el solamente piensa por sí mismo, y actúa en consecuencia. Tampoco acaba ahí la cosa: casi toda clase de inmoralidad ha sido defendida y puede disfrazarse y, así, bajo pretexto del derecho al juicio privado, la Iglesia de Dios se volvería como la madre de las rameras: ‘habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible’”.[7]

 

Es a la autoridad de la Escritura que la libertad de conciencia responde, y para prevenir cualquier intento de abuso a este principio, tanto para opresión como para libertinaje, es que las confesiones de fe son propuestas.

 

Uso de las confesiones. A lo largo de la historia de la Iglesia, podemos encontrar el desarrollo de distintos credos y confesiones que respondieron en sus contextos a las diferentes dificultades y ataques contra la fe y la autoridad de la Biblia. En los distintos concilios se establecieron credos contra las herejías que surgieron y en el periodo de la reforma y post reforma, las diferentes comunidades de fe desarrollaron confesiones para identificar aquellas doctrinas con las que se identificaban, y de esa manera también mostraban cuales de ella eran las que rechazaban. Un claro testimonio de este entendimiento de las confesiones es lo expuesto por B.H. Carroll:

 

“Una iglesia con poco credo es una iglesia con poca vida. Cuantas más doctrinas divinas pueda acordar una iglesia, tanto mayor será su poder y más amplia su utilidad. Cuantos menos sean sus artículos de fe tantos menos serán sus vínculos de unión y cohesión. El clamor moderno: ‘Menos credo y más libertad’ es una degeneración para pasar de los vertebrados a las medusas, que implica menos unidad y menos moralidad, y significa más herejía. La verdad definida no da lugar a la herejía: solamente la denuncia y la corrige. Si se deja fuera el credo, el mundo cristiano se llenará de herejía indetectable y sin corregir, pero sin duda, mortal.”[8]

 

Esto, como dan testimonio las palabras de Carroll, fue comprendido y practicado por los Bautistas desde el inicio, McBeth dice: “Quizá nada hizo más para formar y compartir la fe Bautista en el siglo XVII que las muchas confesiones de fe de los Bautistas. Ellos han sido desde el principio un pueblo confesional, siempre dispuestos a dar una respuesta de la fe en ellos”[9]. Esto es más evidente aún al ver la cantidad de confesiones de fe desarrolladas por los Bautistas desde sus inicios:

 

 

CONFESIÓN DE FE AÑO GRUPO PAÍS
Una Pequeña Confesión 1609 General Holanda
Una Pequeña Confesión de Fe 1610 General Holanda
Una Declaración de Fe del Pueblo Inglés

Permaneciendo en Ámsterdam

1611 General Holanda
Proposiciones y Conclusiones 1612 – 1614 General
Confesión de Fe de Londres 1644 Particular Inglaterra
Fe y Práctica de las 30 Congregaciones 1651 General Inglaterra
La Confesión Normalizada 1660 General
Credo Ortodoxo 1678 General
Segunda Confesión de Fe de Londres 1677 – 1689 Particular Inglaterra
Confesión de Fe de Filadelfia 1742 Particular EUA
Confesión de Fe de New Hampshire 1833 Particular EUA
Declaración de Fe de las Iglesias Batistas de Brasil c. 1890 Particular Brasil
Mensaje y Fe Bautista 1963 Moderada[13] EUA
Declaración Doctrinaria de la

Convención Bautista Brasileira

1986 General Brasil

tabla[10]

 

Tanto McBeth como Martin identifican cuatro funciones principales que le dieron los Bautistas a las confesiones, que son tan útiles para las congregaciones hoy.

 

1.- Para la declaración y la defensa de la verdad. Es la labor de la Iglesia, retener la forma de las sanas palabras (2 Tim 4:13), contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3), y estar firme en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio (Fil .1:27), son las confesiones de fe una buena herramienta para llevar a cabo esta labor.

Defensa hacia “afuera”, a los Bautistas se les acusaba constantemente de “creencias absurdas y prácticas groseras” y fue continuamente mediante las confesiones de fe que ellos se intentaron mostrar consecuentes y su similitud con el resto de los cristianos ortodoxos, también para promover y mostrar aquellos distintivos propios de la fe Bautista. Es una manera de expresar hacia el exterior cuales son las cuestiones centrales de nuestra fe, o en las palabras de Martin: “Un testimonio al mundo de la fe que sostenemos a diferencia de los demás.”[11].

Defensa hacia “adentro”, son las confesiones de fe una herramienta eficaz para la enseñanza interna de las congregaciones, no solo la enseñanza privada sino que la pública, para el pleno conocimiento de las cuestiones centrales de nuestra fe, tanto para los miembros como para los asistentes a nuestras congregaciones. También son un marco a través del cual la congregación a de moverse, y una barrera contra el error.

 

2.- Como norma pública de comunión y disciplina.  Vimos que todas las congregaciones tienen un credo, ya sea escrito o no, sin embargo el tenerlo escrito, facilita la comunión y la concesión en las distintas controversias dentro de la comunidad como hacia el exterior, históricamente las congregaciones Bautistas han formado asociaciones, las cuales funcionaban producto a la suscripción de confesiones, la historia nos da testimonio del uso de confesiones como marco unificador para las congregaciones tanto hacia afuera como hacia adentro, con la claridad de las doctrinas que se creen en una congregación, se minimizan las probabilidades de conflicto referente a estos temas. A su vez hay un marco a través del cual atender a los miembros de la congregación sin tender a favoritismos y de manera consecuente con las creencias adquiridas de la Escritura, no es correcto generar las correcciones arbitrariamente sin el conocimiento previo de las causas de corrección o disciplina de quienes son disciplinados. McBeth comenta lo siguiente: “Las iglesias locales estudiaron las confesiones para decidir si deseaban afiliarse a las asociaciones; Iglesias o individuos que se desviaron de la fe fueron tratados a menudo según las confesiones.”[12], las confesiones son un modo honesto de relacionarse transparentando lo que se cree, por decirlo de alguna manera, los derechos y deberes que asume una persona al formar parte de una iglesia confesional.

 

3.- Como norma concisa mediante la cual evaluar a los ministros de la Palabra. ¿Cómo hacemos para llamar al ministerio a nuestros pastores? ¿Qué doctrinas determinamos son centrales que ellos admitan y practiquen? ¿Es prudente responder a estas preguntas de manera arbitraria o fortuita? Creo que todos coincidimos en responder a esta última pregunta de manera negativa. Es un peligro y atenta contra la definición de la Iglesia como columna y baluarte de la verdad el hacerlo. Por esto es que también han sido las confesiones de fe herramientas a través de las cuales se establecen de manera permanente, con posibilidad de revisión, el perfil y las doctrinas, el conocimiento que debe ser evaluado en un miembro que está siendo llamado al ministerio.

 

4.- Contribuyen a un sentido de continuidad histórica. ¿Cómo sabemos que nosotros y nuestra congregación no somos una anomalía histórica, que no somos los únicos en la historia que han creído de esta manera?”[13] Estas preguntas planteadas por Martin nos hacen mirar la historia y darnos cuenta que es a través de las confesiones que vimos anteriormente que validamos que nuestras creencias, tanto las generales, aquellas que son comunes con el resto de los cristianos, como aquellas que son diferenciadoras, surgieron en un momento de la historia de la Iglesia (en cuanto a su establecimiento) y se han mantenido durante el transcurso de la misma.

 

Para concluir, hemos visto que las objeciones contra las confesiones, se basan en ignorancia o en pretensiones que rechazan todo tipo de autoridad, y que son fácilmente superables al analizar el uso que se les han dado históricamente y como la Escritura nos exige con celo el cuidado y la defensa de la Verdad.

Y al mismo tiempo vimos que los Bautistas históricamente han hecho uso de las confesiones, tanto para con el exterior de ellas como para su interna en la enseñanza y la preparación.


[1] Cita a Bonar en “Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689. Samuel Waldron. P.16

[2] Cita en “Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689. Samuel Waldron. P.18

[3]McBeth, Leon. The Baptist Heritage, P. 67.

[4]Waldron, Samuel. Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, P.20

[5] Ibíd. P.21

[6] Ibíd. P.22

[7] Ibíd. 24-25.

[8]Ibíd 25.

[9]McBeth, Leon. The Baptist Heritage, P. 66.

[10]http://imagenbautista.cl/historiabautista/223/

[11]Waldron, Samuel. Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, P.26

[12]McBeth, Leon. The Baptist Heritage, P.68.

[13]Waldron, Samuel. Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, P. 31

Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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