Los Respectivos deberes de los Maridos y de las Esposas. Por John Gill. Parte Dos


Traducido desde http://oestandartedecristo.com/

Primera Parte

Deberes de los maridos

I.        Primero, el amor por parte del marido. “Maridos, amad a vuestras mujeres” (Efesios 5:25), casos de los cuales vemos en Isaac, Jacob, Elcana y otros (Génesis 24:67, 29:18, 20; 1 Samuel 1:5). La naturaleza y la forma de demostrar este amor, como las razones del mismo pueden ser consideradas a continuación:

I.1 En primer lugar, la naturaleza de este amor.

I.1.a Él es superior a cualquier otro demostrado a cualquier criatura; en cuanto al prójimo, a pesar de que el deber es amarlo como a uno mismo, con todo, la esposa de un hombre es él mismo, y amarla es amarse a sí mismo, (Efesios 5:28). Los padres deben ser amados, pero la mujer antes que ellos; porque un hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer (Génesis 2:24). Los hijos deben ser amados, pero la esposa antes que ellos; así como el marido para la mujer; “no te soy yo mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8) y Cristo debe ser amado antes que cualquier otro (Mateo 10:37; Lucas 14:26).

I.1.b Debe ser un amor de complacencia y deleite, tener placer y alegría en su persona, compañía y conversación (Proverbios 5:18-19; Eclesiastés 9:9), como es el amor de Cristo por la Iglesia, que es Su Hefzibá, en quien está todo Su deleite.

I.1.c Debe ser casto y único, como el amor de Cristo (Cantares 6:9). Y, por esa razón, el hombre no debe tener más que una única, pues si eso ocurre el amor sería dividido o alienado, y aborrecería a una y amaría a otra, como sucede comúnmente; y, por lo tanto, la ley preveía que el primogénito sería de cualquiera que naciese (Deuteronomio 21:15,17; vea 1 Corintios 7:2).

I.1.d Debe ser mutuo. La esposa debe amar al marido, así como el marido a la mujer (Tito 2:4) y, generalmente, el amor de la esposa es más fuerte y afectuoso (2 Samuel 1:26), esa es la razón por la que el marido es más frecuentemente exhortado a amarla, porque carece de demostrarlo.

I.2 En segundo lugar, la forma, o como y de qué manera el amor debe ser expresado; no sólo en palabras, sino por obras y en verdad; por hechos reales, que hablan más alto que las palabras.

I.2.a Al hacer toda provisión adecuada para su bien temporal, representado por “alimentar” y “sustentar” a su esposa (Efesios 5:29), que incluye comida, ropa y todas las necesidades de la vida; él debe “procurar las cosas honestas”, decentes, convenientes y adecuadas a su posición, estado, condición, circunstancias y habilidades; y aquel que “no tiene cuidado de los suyos”, especialmente de su propia esposa, hijos y familia, “es peor que el infiel” (Romanos 12:17; 1 Timoteo 5:8).

I.2.b Al protegerla de todos los abusos y daños; puesto que ella es vaso más frágil, ella debe ser tomada bajo su ala y abrigo; él debe ser una cobertura para ella, como Abraham fue para Sara; el cual puede ser representado por la ceremonia practicada en el casamiento, o por el acto en que este es expresado, de un hombre extendiendo su capa sobre la mujer (Génesis 20:16; Rut 3:9), él debe exponerse al peligro, e incluso arriesgar su vida en su defensa, y para su rescate (1 Samuel 30:5, 18).

I.2.c Al hacer todo lo que puede contribuir para su placer, paz, conforte y felicidad. “El que está casado” se preocupa de “cómo hay que agradar a su mujer”; ni siquiera el apóstol lo culpa por hacer eso, antes lo elogia, o lo recomienda (1 Corintios 7:33). “El odio motiva contiendas”, porfías, peleas y la consecuencia de eso es confusión, y toda obra perversa; “pero el amor cubre multitud de pecados”, esconde defectos, fallas y debilidades (Proverbios 10:12).

I.2.d En la búsqueda de su bienestar espiritual. Su conversión, si no es convertida, y su paz espiritual, conforte y edificación, siendo ella una coheredera con él de la gracia de la vida; juntándose con ella en todos los ejercicios religiosos; en la adoración familiar, en la lectura, en la oración, en la alabanza, en la conferencia y conversación cristiana; instruyéndola en todo lo que concierne a la doctrina, deber y disciplina de la iglesia; respondiendo las preguntas que ella puede y tiene el derecho de hacerle en casa (1 Corintios 14:35). El marido debe oponerse a todo odio y amargura: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.” [Colosenses 3:19]; no debe usar lenguaje amargo, palabras amenazadoras, miradas malvadas, y sobre todo agresiones físicas; porque esto es cruel, grosero, bárbaro y brutal, impropio al hombre y al cristiano.

I.3 En tercer lugar, las razones o argumentos para el cumplimiento del deber del amor de un hombre para con su esposa, son como sigue:

I.3.a La proximidad entre ellos. Ella es su propia carne; y “nunca nadie odio a su propia carne”, lo que sería monstruosamente antinatural; ella es como “a sí mismo”, la otra parte de sí mismo, y debe ser amada como su propio cuerpo, pues amar es un principio en la naturaleza (Efesios 5:28,29,33).

I.3.b La ayuda, ventaja, y el provecho que él recibe de ella. Ella es provista como una ayudadora para él, y se vuelve tal como él en los negocios de la familia (Génesis 2:18), ella es su compañera, y esto es usado como una razón por la cual él no debería actuar traicioneramente contra la esposa de su juventud (Malaquías 2:14), ella es su compañera en la prosperidad y en la adversidad; compartiendo con él en sus cuidaos y problemas, en sus alegrías y tristezas; ella simpatiza con él en todas las condiciones, llora cuando él llora y se alegra cuando él se alegra; ella es una pareja para él en las bendiciones de gracia ahora, y será una pareja para él en la gloria eterna.

I.3.c La gloria y la honra que ella es para él. “La mujer es la gloria del hombre”, en quien son vistos su poder y autoridad (1 Corintios 11:7), alguien que lo ama y es casta para él, y tiene el cuidado de los asuntos de su familia, que le honra, y es un crédito y una corona para él, y hace que él sea respetable entre los hombres; su corazón está confiado en ella, y a través de su conducta, él es conocido y respetado “en las puertas” (Proverbios 12:4, 31:10, 11, 23).

I.3.d El argumento más fuerte y más convincente de todos para un buen hombre, es el amor de Cristo por Su Iglesia; que es el patrón y ejemplo de amor de un hombre para con su esposa y lo que más fuertemente lo motiva a amarla (Efesios 5:25-28).

Deberes de las Esposas

II.      En segundo lugar, los deberes que conciernen a la esposa son reverencia, sumisión, obediencia, etc.

II.1 Reverencia. Y “la mujer reverencie al marido” (Efesios 5:33); esta reverencia es tanto interna como externa; ella debería pensar bien, muy bien de él, y no despreciarlo en su corazón, como Mical, la hija de Saúl, hizo con David, su marido (2 Samuel 6:16), y ella debería hablar de él y para él, de una manera respetable, como Sara lo hacía con Abraham, llamándolo señor (1 Pedro 3:6; Génesis 18:12).

II.2 Sujeción a él. “Mujeres, sujétense a vuestros maridos”, y no como para los demás, sino “como al Señor”, el Señor Jesucristo es la cabeza de todo hombre, y también de la Iglesia. “Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres sean sujetas en todo a sus maridos”; esto es, en las cosas relacionadas con los asuntos familiares; no en aquello que es contrario a las leyes de Dios y de Cristo; pues Dios debe ser obedecido antes que los hombres, cualquier hombre, incluso los mismos maridos (Efesios 5:22, 24), y esta sujeción y sumisión no es un acto servil; no es como la que realizan los servidores a sus patrones, o como la de las siervas a sus patronas, y mucho menos como la de los esclavos a los tiranos, o de aquellos que los arrebatan y los mantienen cautivos; sino como el cuerpo y los miembros están sujetos a la cabeza, por la cual ellos son regidos, guiados y dirigidos para su bien; y esto de forma sabia, afectuosa y gentil.

II.3 Obediencia. El apóstol prescribe que las mujeres sean “obedientes a sus maridos” (Tito 2:5) Sara es un ejemplo de eso; y tenemos un ejemplo de su obediencia inmediata y rápida a las órdenes de Abraham (1 Pedro 3:6; Génesis 18:6).

II.4 Asistencia y ayuda en asuntos familiares, consecuente con el propósito original de su creación; guiando la casa con discreción, manteniendo sus hijos y siervos en buen orden y decoro; habitando en casa, y gestionando todos los asuntos domésticos con sabiduría y prudencia (1 Timoteo 2:14; Tito 2:5).

II.5 Sin asumir autoridad alguna sobre el marido, ni en la iglesia, sino solamente en cuanto a los asuntos domésticos; buscando agradarlo en todas las cosas, sin hacer nada sin su voluntad y consentimiento, y nunca contrario a estos; no entrometiéndose en los negocios y preocupaciones seculares, sino dejándolos a él (1 Timoteo 5:11-12; 1 Corintios 7:34).

II.6 Permaneciendo con él en todos los estados y circunstancias de la vida; yendo con él donde quiera que Dios en Su providencia, y su negocio en la vida, lo llame; como Sara acompaño a Abraham en la tierra prometida, en Egipto y en otros lugares; ella debe hacer como Rut propuso a Noemi (Rut 1:16). Existen razones por las cuales la mujer debe ser hallada en el cumplimiento de sus deberes. Algunos de ellos son:

II.6.a Extraídos de su creación, tiempo, modo y propósito de los mismos; primero fue formado Adán, y después Eva; y, por consiguiente, en cuanto al tiempo, él poseía la superioridad; el hombre no fue hecha de y para el hombre, para ser una ayuda idónea y asiste (1 Timoteo 2: 13; 1 Corintios 11:8-9; Génesis 2:18).

II.6.b A partir de la consideración de la caída, y lo que allí se dice respecto a ella: “Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, cayó en transgresión”, al menos al principio, y los medios de conducir a su marido a eso; y, por lo tanto, esta es parte de la sentencia pronunciada sobre ella por su transgresión: “Tu deseo será para tu marido, y él te dominará” (1 Timoteo 2:14; Génesis 3:16).

II.6.c Debido a que el hombre es cabeza de la mujer; y, por lo tanto, ella debe estar en sujeción a él como tal (1 Corintios 11: 3; Efesios 5:23).

II.6.d Por su propio crédito y honra en juego. Pues sería un descrédito y una deshonra para ella comportarse de forma irreverente y ser desobediente; someterse a él “como conviene en el Señor” es decente (Colosenses 3:18) y viene a ser así un ornamento para las mujeres, y el mejor ornamento con que se pueden cubrir es “estar sujetas a sus maridos” (1 Pedro 3: 3-5).

II.6.e El principal argumento de todos es reiterado de la sujeción de la Iglesia a Cristo (Efesios 5:22,24).

 

En resumen, ambas partes deben considerar el placer del otro, la paz, el confort y la felicidad, y, especialmente, la gloria de Dios; para que Su Palabra, caminos y adoración no puedan ser censurados ni vituperados por causa de alguna conducta de ellos (Tito 2:5).

Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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