El Ministerio Pastoral y sus Desafíos, Parte Cuatro


El pastor  y sus responsabilidades eclesiales

Hay cinco términos distintivos que se refieren al ministerio pastoral.[1] Anciano (Presbyteros) que enfatiza la administración y dirección de la iglesia (Hechos 15:6; 1 Tim 5.17; Stgo 5.14; 1 Ped 5:1-4) Obispo o supervisor  (episcopos) que enfatiza la guía, el cuidado y el liderazgo en la iglesia (Hch 20: 28; Fil 1:1; 1 Tim 3:2-5; Tit 1:7) Apacentador o pastor (Poimen) que enfatiza la posición de liderazgo y autoridad, así como la guía y la provisión (1 Ped 2:25; 5:3-2) Predicador (Kerux) que enfatiza la proclamación bíblica del evangelio y la enseñanza al rebaño (Rom 10:14; 1 Tim 2:7; 2 Tim 2:11) Maestro (didaskalos) enfatiza la responsabilidad de la instrucción y exposición de las Escrituras, tanto instructiva (1 Tim 2:7) como correctiva (1 Cor 12:28-29)

Estos 5 términos apuntan a las 5 principales responsabilidades que tiene el pastor delante de su congregación. Vimos que primer término apunta a la responsabilidad en la administración y dirección de la iglesia. El pastor es quien debe guiar a la congregación por medio de la palabra a saber hacia donde están yendo. La filosofía del ministerio que tenga el pastor es lo que va a determinar hacia donde se dirige la iglesia.

El segundo término tiene que ver con la guía y el liderazgo de la iglesia. El modelo que Jesús presento para guiar es el servicio (Juan 13:1-) las personas deben ver en el pastor la disposición de sacrificarse en el servicio por otros. El debe estar dispuesto a ser en ocasiones adecuada y no adecuadas. El ministerio pastoral no tiene horario por lo que debes estar sabiamente dispuesto a servir en los momentos más adversos.

El tercer término alude a “pastor o pastorear”. Este es el término más conocido sobre la labor del ministerio pastoral. El pastor es quien debe guiar al rebaño por medio de su ejemplo y alimentarlo con buenos pastos (predicación), también debe protegerlos de los “lobos” que son los falsos maestros que buscan destruirles con su falsa enseñanza.

El cuarto término tiene que ver la labor evangelistica que tiene el pastor. Pablo le escribió a Timoteo que haga labor de “evangelista” (2 Tim 4:5) por tanto todo pastor debe estar también realizando contantemente labor evangelistica por medio de sus predicación o de las visitaciones que realiza.

Y el quinto término alude a la labor de maestro que tiene el pastor. El pastor es quien debe ser “apto para enseñar” porque gran parte de su tarea proviene de la enseñanza. Debe ayudarle a su grey a amar la palabra de Dios y explicarle de forma clara y sencilla lo que ella significa para sus vidas.

Entonces podemos decir que el pastor debe administrar y guiar a la iglesia, debe ejemplicar un liderazgo de servicio, debe pastorear a las ovejas, debe hacer obra de evangelista y enseñar constantemente la palabra de Dios.

El pastor y los conflictos[2]

Debido a que vivimos en un mundo caído, el pastor va a enfrentar diversos problemas en su vida familiar y eclesial, y el debe estar capacitado para poder enfrentar esos diversos problemas que vayan surgiendo en el camino. La forma  más efectiva de enfrentar los conflictos es que el pastor le enseñe a su congregación cuales son los principios bíblicos que enseñan cómo resolver los conflictos en la iglesia. El principio general que tenemos en las Escrituras respecto a los conflictos se encuentra en Mateo 18: 15-20

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.  Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.  Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”

Estos versos nos muestran un proceso de cómo debe ser tratado en la iglesia. El primer paso para resolver un conflicto entre dos hermanos es que ellos lo conversen en forma privada y busquen llegar a un acuerdo.  Esto quiere decir que ambos deben conversar del problema y procurar que nadie más sepa de la problemática, para evitar rumores sobre el problema. En el caso que ellos no puedan revolverlo ni llegar a un acuerdo, entonces se avanza al siguiente paso. El segundo paso es que si no hay podido llegar a un acuerdo lleva “dos o tres testigos” ¿Por qué? Porque así ellos podrán evaluar con claridad el problema y ver quien tiene la razón respecto al problema que enfrentan. Si se dan cuenta que realmente hay un hermano practicando un pecado y no quiere admitirlo, los testigos deben con mansedumbre mostrarse su pecado y llamarlo a que se arrepienta. Suponiendo que la persona no quiere admitir su pecado, entonces esto será llevado a la iglesia. Fijémonos que en primer lugar se hace todo lo posible porque el problema se resuelva en privado y en segundo lugar se hace todo lo posible porque el hermano reconozca su pecado en privado y sea restaurado. El espíritu de esto es lo Pablo nos dice en otras partes de las Escrituras.

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre” (Gá. 6:1).

 

“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).

 

Pero como este hermano no ha querido resolver este conflicto en privado, entonces debe ser tratado en la asamblea.  El tercer paso es decirlo a la iglesia, la idea es tratar el problema del pecado del hermano en cuestión y los testigos pueden hablar en la asamblea de que se trata el problema. Ahora que toda la congregación sabe acerca del problema, ella en conjunto debe exhortar al hermano a que abandone su pecado. También es recomendable que en este paso el pastor ya está involucrado en este problema tratando de mostrarle con amor que el esta pecando.  En el caso que aquel hermano no quiera reconocer su pecado entonces se avanza al último paso. El cuarto y último paso es “tenerlo por gentil y publicano” ¿Qué significa esto? Significa que aquel hermano debe ser apartado de la membresia de creyentes. El puede tener plena comunión con los demás hermanos porque esta abiertamente viviendo un pecado. Un ejemplo claro de esto lo demos en 1 Cor 5:1-13 donde aquel que está practicando ese pecado es separado de la comunión.  ¿Cuál es el propósito de todo esto? El propósito es que el hermano se arrepienta y sea restaurado en la comunión.

Si los pastores enseñan estos principios generales a la congregación, entonces será mucho mejor para los miembros resolver los conflictos porque sabrán los “pasos” a seguir en caso de cualquier problema. Por otro lado se les encomienda a los pastores a “amonestar” a todo aquel que no cause divisiones o no viva como un cristiano.

“Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Más no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano” (2 Tes 3:14-15)

 

“Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio” (Tito 3:10-11)

 

“Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene á Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.  Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡bienvenido!” (2 Juan 1:9-10)

 

El pastor debe estar dispuesto a exhortar a aquellos que estén viviendo de forma pecaminosa, a aquellos que estén causando divisiones y también a aquellos que no perseveran en la doctrina cristiana. El pastor debe estar preparado espiritualmente para cualquier tipo de conflicto, pues “no tenemos lucha contra carne ni sangre” (Efe 6:12)

 

Bibliografía.

 

Ascol, T. (Ed.). (2011). Querido Timoteo, Cartas al ministerio pastoral. Carolina del Norte, EE.UU: Editorial: Publicaciones Faro de Gracia.

 

Baxter R. (1656). El pastor reformado.

 

Hendriksen, W. (2006). Comentario Bíblico a 1 y 2 Timoteo y Tito. Grand Rapids, EE.UU: Editorial Libros Desafío.

 

Leeman, J. (2013). La disciplina en la iglesia. España: 9Marks & Editorial Peregrino.

 

MacArthur, J. (2005). El ministerio pastoral. Barcelona, España: Editorial Clie.

 

Piper, J. (2010). Hermanos, no somos profesionales. Barcelona, España: Editorial: Clie.

 

Spurgeon, C. (2006). Discurso a mis estudiantes. El paso, EE.UU: Casa Bautista de Publicaciones, decimosexta edición.

 

Tripp, P. (2014). El llamamiento peligroso. Carolina del Norte, EE.UU: Editorial Publicaciones Faro de Gracia.

[1] John MacArthur. El ministerio pastoral. Editorial Clie. Año 2005. Páginas 60-61

[2]Jonathan Leeman. La disciplina en la iglesia. Editorial 9 Marcas.

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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