La cosmovisión cristiana como narración maestra. El fin que es un comienzo – Albert Mohler


La reversión de la maldición del pecado se origina en el amor de Dios y su determinación soberana de salvar a los pecadores, y se basa en la cruz y la resurrección de Cristo. La expiación de Jesucristo logra nuestra salvación del pecado. Sin embargo, el Nuevo Testamento deja en claro que estamos esperando la transformación de nuestros cuerpos y la llegada del Reino en plenitud. Cualquier lectura honesta del Nuevo Testamento nos deja saber que nuestra salvación está segura en Cristo, pero esperamos la demostración final de la gloria de Cristo en la plenitud del Reino.

Al entender el Reino, nos beneficiamos al considerar el hecho de que el Reino ya está aquí, inaugurado por Cristo, pero aún no ha llegado del todo. El carácter “ya / no todavía” del Reino explica por qué, aunque el pecado es totalmente derrotado, todavía experimentamos el pecado en nuestras vidas. La muerte fue derrotada en la cruz, pero todavía saboreamos la muerte. El orden creado continúa clamando por la redención, y el veneno de la serpiente aún pica.

La doctrina cristiana de la escatología proporciona a la cosmovisión cristiana su comprensión madura de la historia. Toda cosmovisión debe proporcionar una descripción de hacia dónde se dirige la historia y si la historia humana tiene algún propósito. El cristianismo fundamenta el significado de la existencia humana en el hecho de que estamos hechos a la imagen de Dios y el significado de la historia humana en la seguridad del gobierno providencial de Dios. Por lo tanto, la cosmovisión cristiana dignifica la historia y nos asegura que la historia es realmente significativa. El Evangelio de Cristo se basa en hechos históricos, y también lo es la promesa de lo que vendrá.

Al final de esta edad, Cristo regresará para traer su Reino en plenitud. Él gobernará con justicia perfecta y juzgará a las naciones y vindicará su propia causa. Los acontecimientos que se desarrollan apuntan a un juicio final concluyente al final de la historia.

Este juicio final se hace necesario por el hecho del pecado humano y la realidad infinita de la santidad de Dios. La Biblia presenta directamente la seguridad de un juicio final que demostrará la perfección de Dios y la gloria de su justicia. Este juicio final demostrará la misericordia de Dios a aquellos que están en Cristo y la ira de Dios derramada justamente sobre el pecado.

Este juicio será tan perfecto que, al final, todos deben saber que solo Dios es justo y que sus decretos son absolutamente perfectos. El poder de Dios se demostrará cuando todas las autoridades se sometan al Señor Jesucristo, cuando todo reino terrenal rinda, y cuando toda rodilla se incline y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre (Filipenses 2:11)

La gloria del Jardín del Edén será superada por las glorias del Cielo Nuevo y la Nueva Tierra. Los santos gobernarán con Cristo como sus vice-regentes, y la paz perfecta amanecerá en el Reino mesiánico.

Cada momento de la historia humana clama por el juicio. Cada pecado y cada pecador serán llevados ante el trono de Dios, y se realizará plena satisfacción. Las demandas de la justicia divina se cumplirán por completo, y la misericordia y la gracia de Dios se demostrarán por completo. La gran línea divisoria que atraviesa la humanidad será la que separa a los que están en Cristo y los que no.

El telón de fondo de la eternidad pone en perspectiva el lapso de una vida humana. Nuestro tiempo en la tierra es corto, pero la eternidad dignifica el tiempo incluso cuando nos recuerda nuestra finitud. El movimiento final de la narración bíblica nos recuerda que debemos anhelar la eternidad y la gloria que está por venir.

En ese Día del Juicio, se demostrará que todos los intentos humanos de justicia quedaron muy lejos de la justicia auténtica. En ese día, la justicia perfecta de Dios ciertamente se inundará como un río poderoso. El destino del pecador no arrepentido es el castigo eterno. Pero la justicia de Dios también es restauradora, y aquellos que están en Cristo llegarán a conocer la satisfacción absoluta, la paz, la plenitud y la restauración que Cristo promete. Todo ojo se secará, y toda lágrima será borrada (Apocalipsis 7:17; 21: 4).

La reversión de la maldición y el fin de la historia sirven para basar a los cristianos en esta era dentro de los propósitos seguros y el poder soberano de Dios. La cosmovisión cristiana rechaza todos los utopismos humanos, todos los reclamos de una gloria terrenal duradera y todas las negaciones de la importancia de la historia y la experiencia humana.

En otras palabras, la conclusión de la narración del maestro cristiano recuerda a los creyentes que no debemos buscar la realización máxima en esta vida. En cambio, debemos seguir a Cristo en obediencia y dar la totalidad de nuestras vidas a las cosas que darán gloria a Dios en medio de este mundo caído. Nos abstendremos del optimismo basado en la humanidad y descansaremos en la esperanza que es nuestra en Cristo. Sufriremos enfermedades, lesiones, persecución y muerte, pero sabemos que estamos completamente seguros dentro de los propósitos de Dios. Y entonces esperamos Y entonces oramos, “Amén; sí, ven; Señor Jesús”.

 

Autor: Albert Mohler

Traductor: Daniel Valladares

 

Artículo Original:

The Christian Worldview as Master Narrative: The End that is a Beginning

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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