La Excelencia del Matrimonio, por A. W. Pink. Parte Dos


Sin embargo, una vida como soltero debe ser considerada como excepcional, en lugar de ideal.  Cualquier enseñanza que lleva a hombres y mujeres a pensar en el  vinculo matrimonial como signo de cautiverio  y sacrificio de toda independencia o interpretar el ser esposa o madre como esclavitud u obstáculo a un destino más elevado de la mujer, cualquier sentimiento publico que promueve el celibato como más deseable y honrado o que sustituye cualquier otra cosa por el matrimonio y el hogar, no solo viola la enseñanza de Dios, sino que abre la puerta a innumerables crímenes y amenaza a los propios fundamentos de la sociedad.

Por supuesto el matrimonio debe tener motivos específicos para su institución. Tres motivos son dados en la Escritura: En primer lugar, para la propagación de hijos. Esta es su finalidad obvia y normal. “Y creo Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo” (Gen 1:27) no dos machos y dos hembras, sino un macho y una hembra. Para hacer inequívocamente claro su propósito Dios dijo: “Fructificad y multiplicaos” (Gen 1:28) Por esta razón, el matrimonio se llama “matrimonio” que significa “calidad de madre”, porque resulta en vírgenes que se convierten en madres. Por tanto, es deseable que el matrimonio se celebre en la juventud, antes de que el auge de la vida haya pasado, dos veces en la Biblia leemos sobre “la mujer de tu juventud” (Prov 5:18; Mal 2:15) hemos demostrado que la propagación de los hijos es fin normal de la boda; sin embargo existen épocas especiales de “angustia” aguda cuando 1 Corintios 7:29 es válido.

En segundo lugar, el matrimonio es designado como un preventivo de la inmoralidad. “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada uno tenga su propio marido” (1 Cor 7:2) Si alguien fuera dispensado, se podría suponer que los reyes serian desobligados por la falta de un sucesor para el trono si su esposa era estéril; Aun así, al rey se le está expresamente prohibido tener más de una esposa (Dt 17:17) mostrando que el riesgo para una monarquía no es suficiente para cometer el pecado de adulterio. Por esta razón, una prostituta es llamada “mujer extraña” (Prov 2:16) para mostrar que ella debe ser una extraña para nosotros; y los niños nacidos fuera del matrimonio son llamados “bastardos” que (según la ley) fueran excluidos de la congregación del Señor (Dt 23:2)

El tercer propósito del matrimonio es evitar los inconvenientes de la soledad indicados en “No es bueno que el hombre este solo” (Gen 2:18 como si el Señor dijera: esta vida seria aburrida y miserable para el hombre, si ninguna esposa fuera dada para él como una compañera: ¡Ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Ecl 4:10) alguien dijo “Como un rollo que perdió a su compañero, como una pierna cuando la otra fue amputada, como un ala cuando la otra fue cortada, así seria el hombre si la mujer no se le diera”. Por tanto, para el compañerismo y el confort mutuo Dios unió al hombre y a la mujer para que los cuidados y miedos de la vida se suavicen por la alegría y la ayuda mutua.

A continuación, vamos a considerar la elección de nuestro compañero.

En primer lugar, el elegido para el  compañero de nuestra vida debe estar fuera de aquellos grados de parentesco cercano prohibidos por la ley divina (Lev 18:6-17)

En segundo lugar, el cristiano debe casarse con una cristiana. Desde los primeros tiempos Dios ordeno “He aquí un pueblo que habitará confiado, no será contado entre las naciones” (Números 23:9) su ley a Israel con relación a los cananeos era “No emparentaras con ellas; no darás tu hija a su hijo ni tu tomaras a su hija para tu hijo” (Dt 7:3; Jos 23:12) Cuanto más, entonces, Dios debe requerir la separación de aquellos que son pueblo por un lazo espiritual y celestial de aquellos que tienen solo una relación carnal y terrena con él. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor 6:14) es el orden de trompeta para sus santos en esta dispensación. La asociación de cualquier tipo de alguien que nació de nuevo con alguien que se encuentra meramente en un estado natural está prohibida aquí, como es evidente a partir de los términos utilizados en el próximo verso, “compañerismo, comunión, concordia, parte, acuerdo”.

Hay solo dos familias en este mundo: los hijos de Dios y los hijos del diablo (1 Jn 3:10) Si una hija de Dios se casa un hijo del maligno, se convierte en nuera de Satanás. Si un hijo de Dios se casa con una hija de Satanás, se convierte en yerno de diablo. Por un paso tan infame una afinidad se forma entre alguien que perteneciente al Altísimo y al alguien perteneciente a su archí enemigo. ¡Lenguaje fuerte! Sí, pero no muy fuerte. Oh, la deshonra hecha a Cristo por tal unión; Ah, la amarga cosecha de la siembra, en todo caso es el pobre cristiano que sufre. Lea las historias inspiradas de Sansón, Salomón, Acab y vea lo que siguió a sus alianzas profanas en matrimonio. Así cómo puede un atleta, que habiendo ligado a sí  un peso pesado, esperar ganar una carrera, de forma similar un cristiano puede esperar progresar espiritualmente al casarse con un mundano.

Si algún lector cristiano está inclinado o espera convertirse en novio, la primera cuestión para él o ella que debe reflexionar cuidadosamente en la presencia del Señor es “¿Esta unión será con un incrédulo?”. Porque si usted es realmente consciente y el corazón y alma son conscientes de la enorme diferencia que Dios, en su gracia, ha colocado entre usted y aquellos que están aun en sus pecados, aunque sean atractivos en la carne, entonces usted no debe tener dificultad en rechazar todas las sugerencias y propuesta de comunión con los tales. Usted es la “justicia de Dios” en Cristo, pero los incrédulos son “injustos”. Usted es la “luz del Señor”,  pero ellos son las tinieblas. Usted ha sido atraído al reino de Dios, pero los incrédulos están bajo el poder de Belial; Usted es un hijo de paz, mientras que todos los incrédulos son hijos de ira (Efe 2:3); Por lo tanto, “apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo” (2 Cor 6:17).

El peligro de forma alianzas viene antes del matrimonio, o incluso del compromiso, y ninguno de ellos puede ser considerado por ningún  cristiano verdadero a menos que la dulzura de la comunión con el Señor haya sido perdida. Los afectos deben primero ser retirados de Cristo, antes de que podamos encontrar placer en la intimidad social con aquellos que están alejados de Dios, y cuyos intereses se limitan a este mundo. El hijo de Dios que esta “guardando su corazón con toda diligencia” no puede tener alegría en intimidades con los no regenerados. Desgraciamente, cuan frecuente la búsqueda de aceptación, de estrecha amistad con los incrédulos es el primer paso para desviarse de Cristo. El camino para el cual el cristiano es llamado es de hecho estrecho, pero si él intenta ensancharlo o dejarlo por un camino más amplio, el estaría en oposición a la misma Palabra de Dios, para el propio daño y perdida irreparables de él o de la misma.

En tercer lugar, “casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor” (1 Cor 7:39) va mucho más allá de prohibir que un incrédulo sea un compañero. Incluso entre los hijos de Dios hay muchos que no serian adecuados uno para el otro para tal vínculo. Un rostro hermoso es una atracción, pero oh, cuan vano es guiarse por tal trivialidad en un asunto tan serio. Los bienes terrenos y la posición social tienen su valor aquí, pero cuan miserable y degradante es dejarlos controlar un compromiso tan solemne. ¡Oh, que vigilancia y espíritu de oración son necesarios para la regulación de nuestros afectos! ¿Quién entiende perfectamente el temperamento que será compatible con el mío? ¿Quién será capaz de soportar pacientemente mis defectos, ser un correctivo para mis inclinaciones y una ayuda real para mi deseo de vivir para Cristo en este mundo? ¿Cuántos dan un verdadero show al principio pero terminan miserablemente? ¿Quién puede protegerme de una serie de males que afligen a los incautos, sino Dios Padre?

“La mujer virtuosa es corona de su marido” (Prov 12:4) una esposa piadosa y competente es la más valiosa de todas las bendiciones temporales de parte de Dios: ella es el don especial de su gracia. “Más de Jehová la mujer prudente” (Prov 19:14), y él exige que ella debe ser en definitiva y diligentemente buscada (ver Gen 24:12). No es suficiente tener la aprobación de los fieles amigos y padres, valioso e incluso necesario como eso (generalmente) es para nuestra felicidad; Porque, aunque estén ocupados en nuestro bienestar, su sabiduría no es suficientemente amplia. El que designo la ordenanza, debe tener la prominencia si queremos tener su bendición sobre esta cuestión. Ahora, la oración no está destinada a ser un sustituto para el buen desempeño de nuestras responsabilidades. Siempre estamos obligados a usar la cautela y la discreción, y nunca debemos actuar rápida y precipitamente. Nuestro mejor juicio debe regular nuestra emoción; en el cuerpo la cabeza se coloca encima de corazón, y no el corazón por encima de la cabeza

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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