La Excelencia del Matrimonio, por A. W. Pink. Parte Tres.


“El que halla esposa halla el bien. Y alcanza la benevolencia de Jehová” (Prov 18:22) “Halla” indica la conclusión de una búsqueda. Para dirigirse en ello, el Espíritu Santo dio dos reglas o cualificaciones. En primer lugar, la piedad, porque nuestra compañera debe ser como la Esposa de Cristo, pura y santa. En segundo lugar, adecuación: “una ayuda idónea” (Gen 2:18) y para ello debe tener mucho en común con su compañero. Si su esposo es un trabajador, sería una locura que él escogiera a una mujer perezosa; si es estudioso, una mujer sin amor al conocimiento sería bastante inadecuada. El matrimonio se llama “yugo”, y dos no pueden unirse si toda la carga esta solamente sobre uno.

Ahora, para beneficio de nuestros lectores más jóvenes, destacaremos algunas de las evidencias por las que un compañero piadoso y adecuado puede ser identificado. En primer lugar, la reputación: un buen hombre comúnmente tiene un buen nombre (Prov 22:1) nadie puede acusarlo de pecados groseros. En segundo lugar: el semblante: nuestras apariencias revela nuestras características y por lo tanto, la Escritura habla de “miradas orgullosas”, “miradas imprudentes”. “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa 3:9) En tercer lugar, el discurso “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”, “El corazón del sabio hace prudente su boca y añade gracia a sus labios” (Prov 16:23) “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov 31:26) En cuarto lugar, la apariencia: una mujer modesta es conocida por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar y pomposa, el corazón es vano. En quinto lugar, el compañerismo: pájaros del mismo tipo de plumas vuelan juntos, una persona puede ser conocida por sus asociaciones.

Una palabra de alerta, tal vez, no completamente innecesaria. No importa cuán cuidadosamente y con oración la pareja sea escogida, no encontrará el matrimonio como cosa perfecta. No es que Dios no lo ha hecho perfecto, pero el hombre ha caído en pecado y desde entonces la caída ha manchado todo. La manzana puede ser dulce, pero hay un bicho dentro de ella. La rosa no perdió su fragancia, pero las espinas crecen con ella. Queriendo o no, en todas partes, observamos la ruina traída por el pecado. Entonces, no vamos a soñar con aquellas personas sin defectos que una fantasía enferma pueda imaginar y que pueden romances retratar. Los hombres y las mujeres más piadosos tienen sus fallas; y aunque no es fácil de soportar cuando hay amor verdadero, sin embargo, ellos necesitan ser soportados.

Algunas breves observaciones ahora sobre la vida común del hogar de los casados. La luz y la ayuda se obtienen aquí si se tiene en cuenta que el matrimonio retrata la relación entre Cristo y su iglesia. Esto implica tres cosas.

En primer lugar, la actitud y las acciones del marido y mujer debe ser regulada por el amor, pues ese es el vínculo esencial entre el Señor Jesús y su Esposa; un amor santo, sacrificial y continuo que nada puede romper. No hay nada como el amor para hacer que los engranajes de la vida domestica funcionen sin problemas. El marido sostiene con su compañera la misma relación que el redentor para con los redimidos, y por lo tanto la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amo a la iglesia” (Efe 5.25) con un amor cordial y constante, siempre buscando su bien, ministrando a sus necesidades, protegiéndola, y supliendo, soportando sus debilidades y así: “dando honor a mujer como a vaso más débil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

En segundo lugar, el papel del marido. “la cabeza de la mujer es el hombre” (1 Cor 11:3); “Porque el marido es la cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Efe 5:23) a menos que este nombramiento divino sea debidamente obedecido, ciertamente habrá confusión. La familia debe tener un líder, y Dios designo al marido como tal, haciéndolo responsable de su correcto gobierno; y seria será la perdida si él huye de su deber y pone las riendas del gobierno sobre su esposa. Pero eso no significa que la Escritura le da permiso para ser un tirano domestico, tratando a la esposa como sierva; su dominio debe ser ejercido en amor hacia la que es su coheredera. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente” (1 Pedro 3:7) es decir, busquen a su compañía después de que el día de trabajo termine. Este orden divino condena claramente a aquellos que dejan a sus esposas y se alejan del hogar con el pretexto del “llamado de Dios”.

En tercer lugar, la sumisión de la mujer. “las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efe 5:22) Hay una sola excepción a este mandato, es decir, cuando él ordena aquello que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios ordena. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Pedro 3:5) desgraciadamente, ¡Cuan poco de este “adorno” espiritual es evidente hoy! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor, de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Pedro 3:6) Lo que caracteriza a las hijas de Sara es la sumisión voluntaria y amorosa al marido, por respeto a la autoridad de Dios. Cuando la mujer se niega a someterse a su marido, los hijos seguramente van a desafiar a sus padres, siembra el viento, se cosechan tempestades.

Tenemos espacio solo para otra cuestión, la cual es profundamente importante para los jóvenes maridos escuchar: “Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificaras tu casa” (Prov 24:27) El punto aquí es que el marido no debe pensar en poseer su propia casa antes de que él pueda pagar por ella. Como dice Matthew Henry “Esta es una regla de la providencia en la gestión de los asuntos domésticos. Debemos preferir las necesidades a los lujos y no derrochar lo que debe gastarse para el sustento de la familia”. Desafortunadamente, en esta época degenerada tantas jóvenes parejas quieren empezar donde sus padres terminaron, y después sienten que deben imitar a sus vecinos ateos en varias extravagancias. Nunca entre en deuda o compre en el “sistema de crédito”: “No debáis a nadie nada” (Rom 13: 8).

Y ahora, una palabra final sobre este texto. “Honroso sea en todos el matrimonio”; De aquellos que se llaman para ello, no se excluye ninguna clase de personas. Esto claramente expone la mentira de la enseñanza perniciosa de Roma sobre el celibato del clero, como hace también 1 Timoteo, etc. “Y el lecho sin mancilla” no significa solo fidelidad al voto matrimonial (1 Tes 4:4) sino que el acto conyugal de relaciones sexuales no sea manchado; en su estado no caído Adán y Eva fueron ordenados a “multiplicar”; la moderación y la sobriedad deben estar aquí, como en todas las cosas. No creemos en lo que se llama “control de natalidad”, pero nosotros exhortamos al autocontrol, especialmente por parte del marido, “pues a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. Este es un aviso solemne contra la infidelidad; aquellos que viven y mueren de modo impenitente en esos pecados perecen eternamente (Efe 5:5).

 

 

Fin del Estudio.

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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