La Excelencia del Matrimonio, por A. W. Pink. Parte Uno.


La excelencia del Matrimonio, por A. W. Pink[1]

“Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” Hebreos 13:4

Así como Dios unió los huesos y nervios para el fortalecimiento de nuestros cuerpos, así mismo él ha ordenado la unión de un hombre y una mujer en el matrimonio para el fortalecimiento de sus vidas, pues “mejores son dos que uno” (Eclesiastés 4:9) Por tanto, cuando Dios hizo a la mujer para el hombre, él dice “Le hare ayuda idónea para él” (Génesis 2:18) mostrando que es beneficiado al tener una esposa. Esto realmente no prueba ser el caso en todas las situaciones, en su mayor parte, por lo menos, debe ser atribuido a desviaciones de los preceptos divinos en lo que se refiere al matrimonio. Como este es un asunto de tan vital importancia,  consideramos oportuno presentar un esbozo muy amplio de lo que la Sagrada Escritura enseña sobre ello, especialmente para el provecho de nuestros jóvenes lectores, aunque confiamos que seremos capaces de incluir lo que será útil para los mayores también.

Es, tal vez, una observación común, pero aun así relevante, pues ha sido dicha con mucha frecuencia, que, con la única excepción de la conversión personal, el matrimonio es el más importante de todos los eventos terrenales de la vida de un hombre y una mujer. El matrimonio forma un eslabón de unión que los une hasta la muerte. El matrimonio los trae a tales relaciones íntimas que ellas pueden endulzar o amargar la existencia del otro. Eso implica circunstancias y consecuencias que no alcanzan menos las eras sin fin de la eternidad. Como es esencial, entonces, que tengamos la bendición del cielo sobre un emprendimiento tan solemne, y aun así tan precioso; Y por ello, cuan absolutamente necesario es que nosotros estemos sujetos a Dios y a su Palabra en el matrimonio. Es mucho, mucho mejor permanecer soltero hasta el fin de nuestros días, que casarse sin la bendición de Dios.

Los registros de la Biblia y los hechos de la observación dan abundante testimonio de la verdad de esa observación. Incluso aquellos que no buscan más que la felicidad temporal de los individuos y el bienestar de la sociedad actual no son insensibles a la gran importancia de nuestras relaciones domesticas, cuyas afecciones más fuertes de la naturaleza sostienen y consolidan incluso nuestros deseos y debilidades. No nos podemos formar ninguna concepción de virtud social o de felicidad, sí, ninguna concepción de la propia sociedad humana, que no tenga fundamento en la familia. No importa cuán excelente sea la constitución y las leyes de un país, o cuan abundantes sean sus recursos y prosperidad, no hay ninguna base segura para el orden público o social, así como la virtud privada, hasta que ella se establezca en la sabia regulación de sus familias.

Después de todo, una nación, es solo el hogar de sus familias, y al menos que haya buenos esposos y esposas, padres y madres, hijos e hijas, no hay posibilidad de que hayan buenos ciudadanos. Por  tanto, la actual decadencia de la vida en el hogar y de la disciplina familiar amenaza la estabilidad de nuestra nación hoy mucho más severamente que cualquier hostilidad extranjera.

Pero la visión bíblica de los deberes parentales de los miembros de una familia cristiana retrata los efectos existentes de una forma más alarmante, como deshonrosos a Dios, desastrosos para la condición espiritual de las iglesias y como algo que eleva un obstáculo muy grande en el camino del progreso evangélico. Triste más allá de las palabras es ver que son los propios cristianos profesos los responsables por este descenso de los patrones maritales, por el descuido general de las relaciones en el hogar y la rápida desaparición de la disciplina familiar.

Entonces como el matrimonio es la base de la casa o familia, corresponde al escritor convocar a sus lectores a una consideración seria y en oración de la voluntad revelada de Dios sobre este tema vital. Aunque difícilmente podamos esperar detener la terrible enfermedad que ahora corrompe los propios órganos vitales de nuestra nación, pero si Dios se complace en bendecir este articulo para algunas personas, nuestro trabajo no va a ser en vano. Comenzaremos resaltando la excelencia del matrimonio “Honroso sea en todos el matrimonio” dice el texto, y eso es así, en primer lugar, porque el propio Dios lo honró. Todas las otras ordenanzas e instituciones (excepto e Sábado) fueron nombradas por Dios por medio de hombres o ángeles (Hechos 7:35) pero el matrimonio fue ordenado inmediatamente por el propio Señor, ningún hombre u ángel trajo a la primera mujer a su marido. (Génesis 2:19)

Así, el matrimonio tuvo más honra divina colocada sobre él que todas las demás instituciones divinas, pues fue directamente celebrado por el mismo Dios. Una vez más, esta fue la primera ordenanza que Dios instituyó, sí, la primera cosa que él hizo después de que el hombre y la mujer fueran creados, y eso mientras ellos todavía estaban en su estado no caído. Además, el lugar donde el matrimonio ocurrió muestra la honradez de esta institución; mientras todas las demás instituciones (excepto el sábado) fueron instituidas en el paraíso, el matrimonio fue celebrado en el mismo Edén, indicando cuan felices son aquellos que se casan en el Señor.

El auge del acto creativo de Dios fue la creación de la mujer. Al final de cada día de la creación, es formalmente registrado que Dios vio que lo que había hecho era bueno (Gen 1:31) Pero cuando Adán fue creado esta registrado explícitamente que Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo (Gen 2:18) En cuanto al hombre, el trabajo creativo necesitaba ser completado, ya que, como todos los animales e incluso plantas tenían sus pares, no era encontrado para Adán una ayuda adecuada, su pareja y compañera. Dios no considero que el trabajo del último día de creación también fuera bueno hasta que esta necesidad fuera eliminada. Esta es la primera gran lección de la Escritura sobre la vida familiar, y ella debe ser bien aprendida… la institución divina del matrimonio enseña que el estado ideal del hombre y la mujer no está en la separación, sino en la unión, de modo que cada uno es destinado y capacitado para el otro. El ideal de Dios es esta unión, basada en un amor puro y santo, que dure por toda la vida, que excluya toda rivalidad u otra asociación extraña, e incapaz de separación o infidelidad, porque es una unión en el Señor, un santo matrimonio de alma y espíritu en mutua simpatía y afecto.

Como Dios Padre honró la institución del matrimonio, así también lo hizo el hijo de Dios. En primer lugar, por ser “nacido de mujer” (Gal 4:4) en segundo lugar, por sus milagros, porque la primera señal sobrenatural que él hizo fue en el matrimonio de Cana de Galilea (Jn 2:8) donde el transformó el agua en vino, sugiriendo así que si Cristo está presente en su matrimonio (o sea, si usted “se casa en el Señor”) su vida será una alegría o una bendición. En tercer lugar, por sus parábolas, porque él compara el reino de Dios a un matrimonio (Mt 22:2) y la santidad a una “vestimenta de bodas” (Mt 22:11) así también en su enseñanza: cuando los fariseos intentaron engañarle sobre el asunto del divorcio, estableció su aprobación sobre la constitución original, añadiendo “Por tanto, lo que junto Dios no lo separé el hombre” (Mt 19:6)

La institución fue aun más honrada por el Espíritu Santo, pues él ha usado el matrimonio como una figura de unión entre Cristo y la iglesia: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto a Cristo y de la iglesia”. La relación que hay entre el Redentor y los redimidos es frecuentemente comparada a la que existe entre un hombre y una mujer casados: Cristo es el marido (Isa 54:5) y la iglesia es la esposa (Apo 21:9) “Convertíos, hijos rebeldes, dice el Jehová, porque yo soy vuestro esposo” (Jer 3:14) Así, cada persona de la Santísima Trinidad puso su sello sobre la honorabilidad del matrimonio. No hay duda de que en el verdadero matrimonio, cada cónyuge ayuda al otro igualmente; Y teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, cualquiera que se atreva a sostener o enseñar cualquier otra doctrina o filosofía entra en conflicto con el Altísimo. Esto no establece una regla rígida y fija que cada hombre y mujer está obligado a casarse: puede haber razones buenas y sabias para permanecer solos y motivos suficientes para continuar solteros, físicos, morales, domésticos y sociales.

[1] Traducción de http://www.oestandartedecristo.com/texto/531/a-excelencia-do-casamento-por-a-w-pink

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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