Una Refutación al Paidobautismo Basada en el Pacto de Gracia – Por John Gill – Parte II


Traducido desde: http://oestandartedecristo.com

PARTE UNO

B. Que nada se puede concluir a partir de la circuncisión de niños judíos, para el bautismo de los hijos de los gentiles creyentes. Si hubiese un mandamiento semejante para el bautismo de los hijos de los creyentes, bajo el Nuevo Testamento, como hubo para la circuncisión de bebes judíos, bajo el Antiguo, la cuestión no admitiría alguna controversia; es más, ningún mandamiento o algo de ese tipo aparece. Pues,

B1. No es claro que los niños judíos fueran admitidos en el Pacto [de gracia] por medio del rito de la circuncisión; por el que es reivindicado que los hijos de los creyentes son admitidos en el por el bautismo; pues, la simiente femenina de Abraham fue incluida en el pacto hecho con él, como lo fue la simiente masculina, pero no por algún “rito visible” o ceremonia, ni su simiente masculina fue admitida por cualquier rito, ni siquiera por la circuncisión, pues, ellos no debían ser circuncidados hasta el octavo día, circuncidarlos más temprano sería criminal; y que ellos estaban en el pacto desde su nacimiento, pienso que no será negado; como esa era un pacto nacional tan pronto como nacían en la nación, se volvían participes de ella. Los israelitas, con sus hijos en Horeb, no estaban circuncidados, ni ellos lo estaban cuando entraron en el pacto con el Señor su Dios (Deuteronomio 29:10-15).

B2. La circuncisión no era el sello del Pacto de Gracia bajo la dispensación anterior ni el Bautismo es el sello de la presente dispensación.. Si la circuncisión fuera un sello de este, el Pacto de Gracia no habría sido hecho con nadie entre Adán y Abraham. Este es llamado de señal o símbolo, pero no de sello. Era una señal o marca en la carne de la simiente natural de Abraham, una señal típica de la contaminación de la naturaleza humana, y de la circuncisión interior del corazón; pero de ningún modo un sello, confirmando que cualquier bendición espiritual del Pacto de Gracia, para aquellos que tenían esa marca o señal. Él, de hecho, es llamado “un sello de la justicia de la fe” (Romanos 4:11), pero no un sello para la simiente natural de Abraham, de su participación en aquella justicia, sino sólo para el propio Abraham. Era un sello para él, una señal de confirmación, asegurándole, que la justicia de la fe, que él tenía antes de ser circuncidado, vendría sobre los creyentes gentiles no circuncidados; y, por lo tanto, fue mantenido en sus descendientes naturales, hasta que la justicia fue anunciada, recibida e imputada a los gentiles creyentes.

B3. Ni el Bautismo sucede a la circuncisión. No hay concordancia entre uno y el otro; no en los individuos a quienes ellos fueron administrados; el uso de uno y del otro no es lo mismo; y la forma de administración de ellos difiere. El Bautismo siendo administrado a judíos y gentiles, a hombres y mujeres, y a personas adultas solamente. Mientras que la circuncisión no era así; el uso de la circuncisión fue para distinguir la simiente natural de Abraham de los demás. El Bautismo es el emblema de la simiente espiritual de Cristo, y la indagación de una buena consciencia para con Dios; y representa los sufrimientos, sepultura y resurrección de Cristo, aquella es por sangre, este es por agua.

Y estas ordenanzas, circuncisión y Bautismo, difieren mucho en sus sujetos, uso y administración; no podría alguno pensar que el Bautismo viene en el lugar y posición de la circuncisión. Además de eso, el Bautismo estaba en uso y vigor antes que la circuncisión fuese abolida, lo que no ocurrió hasta la muerte de Cristo. Considerando que la doctrina del Bautismo fue predicada, y la propia ordenanza administrada, algunos años antes de que la circuncisión fuese abolida. Ahora, aquello que estaba en vigor antes de que lo otro se volviese obsoleto, nunca puede considerarse con cualquier propiedad como un sucesor, o ser tomado en el lugar de la otra. Además de eso, si este fue el caso, como la circuncisión dio el derecho de celebrar la pascua, así lo haría el Bautismo en relación a la Cena del Señor; pero esto no es admitido. Ahora, como no hay nada que pueda ser reunido a partir del Antiguo Testamento para aprobar el bautismo infantil, así, no hay pasajes en el Nuevo Testamento que puedan ser apoyo a favor de él.

B3a. Ni el texto en Hechos 2:39: “La promesa es para vosotros y para vuestros hijos”, etc. es dado en referencia al pacto hecho con Abraham, ni a la promesa del pacto hecha con él, dando a sus hijos el derecho a la ordenanza de la circuncisión; ni es planteado como una razón para los judíos, por la cual ellos y sus hijos deben ser bautizados; ni para los gentiles, por lo que ellos y sus hijos deben hacerlo también, como llamado a una condición de la iglesia. Sino que,

B3a1. no hay la mínima mención en el texto al pacto con Abraham, o de cualquier promesa hecha a él, dando a su simiente infantil el derecho a la circuncisión, y menos aún al Bautismo; ni hay la menor sílaba sobre el bautismo infantil, ni algún indicio de ello, a partir de lo cual eso pueda ser concluido; ni por “hijos” se pretende decir que son bebes concebidos, más a la posteridad de los judíos, que son frecuentemente así llamados en las Escrituras, aunque ya crecidos; y, a menos que eso sea entendido así, en muchos lugares interpretaciones extrañas deben ser dadas a ellas; por lo tanto, el argumento a partir de este pasaje para el paedobautismo es renunciado por algunos hombres sabios, como el Dr. Hammond y otros, como no concluyente.

B3a2. La promesa aquí, sea cual fuere, no es observada como la concesión de un derecho o pretensión de cualquier ordenanza; sino como un motivo alentador para las personas angustiadas, bajo convicción de pecado, a arrepentirse de él, y a declarar su arrepentimiento, y entregarse a una sujeción voluntaria a la ordenanza del Bautismo; cuando entonces ellos podrían esperar que la remisión de los pecados sería aplicada a ellos, y ellos recibirían una medida mayor de gracia del Espíritu; por lo tanto, el arrepentimiento y el Bautismo son instados con la finalidad del gozo de la promesa; y, consecuentemente, debe ser comprendido para personas adultas, quienes únicamente, son capaces de arrepentimiento y de una sumisión voluntaria al Bautismo.

B3a3. La promesa no es otra sino la promesa de la vida y de la salvación por Cristo, y de la remisión de los pecados por Su sangre, y de un crecimiento en la gracia por Su Espíritu. Las personas a quienes se predicaba eran acusadas de la culpa de la sangre de Cristo, que ellos habían invocado sobre su posteridad, como sobre si mismos, lo que les afligía [Mateo 27:25]; les fue dicho, para su alivio, que la misma promesa sería transformada en bien para su posteridad también, mientras hiciesen lo que les fue ordenado a hacer; e incluso para todos los judíos que estuviesen más distantes, en países lejanos y eras futuras, deberían mirar a cristo y clamar, arrepentirse y creer, y ser bautizados; y considerando que los gentiles son descritos a veces como aquellos que “estaban lejos” [Efesios 2:13, 17], la promesa puede ser pensada como para alcanzar a aquellos que serían llamados por la gracia, al arrepentimiento, a creer y ser bautizados también; pero ninguna mención es hecha a sus hijos; y si fuesen mencionados, la cláusula limitante: “a tantos como Dios nuestro Señor ha de llamar”, claramente apunta a describir a las personas, sean judíos, sean gentiles, eficazmente llamados por la gracia, que son estimulados por la motivación en la promesa a profesar arrepentimiento, y someterse al Bautismo, el cual sólo puede ser comprendido por adultos, y no por bebes.

Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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