Andrew Fuller, ¿El no Calvinista? – Serie Parte 1


Fuller, ¿el no-calvinista?

Artículo original: http://founders.org

Me ha parecido muy interesante ver la teología y el nombre de Andrew Fuller aparecer como uno de aquellos cuyo peregrinaje doctrinal sirvió de corrección al calvinismo de fines del siglo XVIII. Su postura podría servir de modelo teológico para avergonzar a los calvinistas actuales por aferrarse tan tenazmente a los dogmas distintivos del calvinismo confesional histórico. Si esos hermanos hubieran abrazado el sistema completo de Andrew Fuller, las polémicas en torno a estos temas se hubiesen acabado prácticamente. De hecho, en la discusión teológica posterior, tal evento hubiera provocado cambios en las posturas participantes de la discusión y hubiera provisto un tono diferente al intercambio de ellas.

Recientemente, se ha presentado a Fuller como un calvinista moderado. Fuller no desconocía el término y hasta se refirió al asunto. Cuando un contemporáneo suyo le consultó sobre los rangos de calvinismo dentro del mundo bautista, Fuller respondió: “Existen tres niveles que normalmente describimos, a saber, el alto, el moderado y el de los calvinistas estrictos”. A los calvinistas altos los consideraba antinomianos, “mas calvinistas que el mismo Calvino.” Ellos consideraban a Fuller como Arminiano, una caracterización que él rechazaba firmemente. Los calvinistas moderados eran “medio arminianos, o como nos dicen a nosotros, Baxterianos”. Aquellos que consideran a Fuller un calvinista moderado hoy en día, lo hacen principalmente porque rechazó la creencia de una visión “comercial” de la expiación y porque trabajó de forma enérgica para corregir los principios centrales del hipercalvinismo. En consecuencia, pensaban que Fuller negaba la depravación total y la gracia irresistible, debido a que él creía en el deber de todas las personas de arrepentirse de sus pecados y de creer en el Evangelio.

 

En esta serie breve de publicaciones, propongo exponer claramente la visión de Fuller respecto de los “cinco puntos” tradicionales, junto con invitar al lector a adoptar sus posturas en estos asuntos. Al hacerlo, la dirección y la naturaleza de nuestra retórica irán cambiando significativamente de tanto en tanto.

 

Primero, prestaremos atención al entendimiento que Fuller tenía de la doctrina de la elección eterna, incondicional y personal. En su Confesión de fe, presentada a la iglesia en Kettering en octubre de 1783 cuando asumió como pastor, se refirió al tema de la inhabilidad humana para realizar cualquier bien moral y, en consecuencia, infirió que: “Si todos los hombres, debido a su pecado, son mentirosos ante Dios, la igualdad y necesidad de predestinación no puede negarse y así el sistema Arminiano cae”. Además, sobre este mismo asunto, señalaba que “de lo que he dicho, se puede suponer que creo en la doctrina de la elección eterna, personal y en la predestinación” y que “en Su elección de los escogidos, Dios no tuvo ningún motivo externo a Él mismo”.

 

En la segunda edición de su libro “El Evangelio digno de toda aceptación”, definió su postura en la discusión afirmando que “no hay disputa alguna sobre la doctrina de la elección, o cualquiera de las doctrinas excluyentes de la gracia (…) es un hecho que nadie jamás creyó ni creerá en Cristo, excepto aquellos que han sido escogidos por Dios desde la eternidad”. En Reply to Philanthropos (Respuesta a los Filántropos), Fuller analizó detalladamente la eficacia certera de la muerte de Cristo para algunos y no para otros. Una parte de su argumento fue propuesto como prótasis y apódosis: “Si la doctrina de la elección eterna, personal e incondicional es verdad, entonces se requirió un diseño especial en la muerte de Cristo”. Luego, entregó a Taylor fragmentos de las Escrituras y argumentos que “según yo [Fuller], prueban la doctrina de la elección”. Finalmente concluyó que parte de la humanidad llamada escogidos de Dios y dados por el Padre en esos textos bíblicos, lo eran así “porque Dios eternamente se propuso que creyeran y fueran salvos”. En la “Realidad y eficacia de la gracia divina“, Fuller nuevamente extrajo de numerosos pasajes de la Biblia que son explícitos en el uso de términos como “elegidos”, “escogidos”, “llamados”, y otras frases similares, la “doctrina de la elección eterna, personal e incondicional”. Luego de una revisión breve de distintas interpretaciones de la eficacia de la muerte de Cristo, él afirmó que “jamás podría imaginarse que ninguna persona, fuera de los escogidos, pudiese ser salva y que consideraba que la salvación de todos los salvos es un efecto de la gracia de la predestinación”.

 

En un artículo breve titulado “Las conexiones en que la doctrina de la elección se presenta en las Sagradas Escrituras”, Fuller, asumiendo que daba por sentado la “doctrina de la elección (…) como un asunto claramente revelado en la Palabra de Dios”, realizó tres observaciones de su relación con otras ideas doctrinales vitales.

 

Primero, afirmó que la elección se presenta tan estratégicamente “para declarar que la fuente de la salvación es la sola gracia, o un favor inmerecido, y para eliminar toda esperanza de aceptación por parte de Dios a causa de obras de cualquier tipo”. La causa de la elección debe estar “decidida y absolutamente adscrita a la gracia de la elección”; así, los pecadores no confiarán en su justicia personal, o lo que hayan acumulado de ella, sino que irán “como pecadores perdidos que perecen hacia el Salvador, arrojándose a los pies de la misericordia soberana”.

 

Segundo, Fuller argumentó que la doctrina de la elección es presentada en la Biblia “para explicar la incredulidad de la mayor parte de la nación judía, sin excusarla por ello [cursivas en el original]”. Pablo explicó que, dada la pecaminosidad humana, incluso entre los israelitas, “Dios incluso preservó el derecho de su soberanía en el perdón de todo pecado y en cada dispensación de la gracia salvífica”. La interacción de Pablo con su objetor retórico en Romanos 9, demuestra que “la doctrina que el apóstol sustentaba era la absoluta soberanía de Dios de tener misericordia de quien quisiera y dejar a los de corazón endurecido”.

 

El tercer punto de conexión con la elección es “para demostrar el éxito cierto de la obra de Cristo, a pesar de la resistencia de los incrédulos que desprecian sus invitaciones graciosas”. Sin la elección de la gracia soberana, el llamado universal sería un fracaso universal. Por esta razón, la piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo, para que todo aquel, que el Padre ha dado al Hijo, venga a Él.

 

Fuller falleció el 7 de mayo de 1815. Nueve días antes, dictó una carta en la que señaló: “He predicado y escrito mucho en contra del abuso de la doctrina de la gracia, pero esa doctrina es toda mi salvación y mi deseo. No tengo otra esperanza fuera de la salvación por la sola gracia soberana y eficaz, por medio de la expiación de mi Señor y Salvador”. Esa misma tarde le comentó a un diácono que le visitaba: “Si soy salvo, será por la gran gracia soberana, por la gran gracia soberana”. Al día siguiente señaló: “he hecho poco por Dios, pero todo lo que he hecho necesita de Su perdón. Sólo confío en la gracia y misericordia soberanas”.

 

Sobre la elección, quienes sostienen la Declaración bautista tradicional sobre soteriología confiesan que “la elección se trata del plan certero, gracioso y eterno de Dios en Cristo de tener un pueblo Suyo a través del arrepentimiento y la fe”, Fuller habría dicho, y de hecho lo hizo, que aquello no bastaba. Esta doctrina no es sólo un “plan”, sino una elección específica. Es certera, porque esta elección es de individuos dados al Hijo con la certeza de que irán a Él. La Declaración Tradicional también contiene la negación de que “Dios, desde la eternidad, predestinó a ciertas personas para la salvación y a otras para la condenación”. Fuller habría estado en desacuerdo con esto último y habría enfatizado que la salvación es la gracia pura expresada en la elección de pecadores específicos y que la condenación no es otra cosa que la manifestación de la perfecta justicia en individuos, a quienes Dios tiene el derecho soberano de pasar por alto, como podría haber sido con todos los pecadores.

 

Para nosotros será positivo si hacemos que Fuller sea nuestro punto de contacto con el pasado doctrinal de los bautistas, y lo consideramos un líder del movimiento “no-calvinista”. El “bautista tradicional” debe notar, sin embargo, que deberá dejar de lado la visión divulgada hoy en día de la elección, abandonar su identificación con el documento mencionado y reformular los términos y la esencia de la manera en que entiende la elección. La invitación queda abierta.

 

Waldo Chaparro

Waldo Chaparro Inzunza es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Coronel.

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