¿Brillamos como luces en el templo? – Delfín Merino


Como el verdadero pueblo de Dios debe ser sabio e ir más allá en cuanto a la verdadera cultura, deduzco que esto que debemos procurar que brillen en nosotros los destellos del verdadero cristiano regenerado hasta en nuestros menores actos, mostrando en todo el tiempo y en todo lugar que no estamos reñidos con la buena educación. En consecuencia, debemos atendernos con especialidad a tres o cuatro cosas por demás sobresalientes en nuestro proceder en el templo, a saber:

1) Al entrar en el templo deberíamos cuidarnos de no distraer con ningún ruido la atención de los que están dentro ni molestarlos de ninguna manera, y jamás pretendamos penetrar por los lugares que estén ya ocupados y por los cuales no podamos pasar libremente.

2) Deberían nuestros amados hermanos que por necesidad imprescindible tienen que llevar sus niños pequeños que, para nosotros ya adultos nos deben ser tan amados como los corderitos del Señor, sin embargo, se debería cuidar que ellos con sus llantos o risas inocentes interrumpan la atención del predicador distrayendo así mismo a los oyentes y cuán fácil seria predicarles un momento afuera a fin de acallarles.

3) Siempre que una persona va a un templo debe ir con el propósito de oír las enseñanzas del maestro o pastor, y no preocuparse de estar mirando a otro lado o jugando con los niños, escribiendo o haciendo cosa que distraiga a los demás.

4) También hay que evitar, en lo posible, escupir dentro del templo, y si hay necesidad de ello, debe hacerse en el pañuelo y no en el piso porque s una falta muy grave e irreverente, como es igualmente irrespetuoso e indigno llegar perros al templo.

Aunque ya se ha escrito mucho sobre esto, a pesar de todo, la mayoría de los cristianos no le hemos dado importancia alguna a estos sanos consejos, habrá que seguir haciéndolo hasta que comprendamos que, para ser futuros ciudadanos de la Jerusalén Celestial, debemos seguir preparándonos desde el día en que fuimos adoptados por Hijos de Dios en Jesucristo. Es por demás lamentable y por no decir hasta vergonzoso, como en la casa de Dios antes de participar los servicios habla solo de pollos, plantas, papas y de cuánto debe hablarse en el rincón de nuestros hogares y las más de las veces se hace en voces tan altas que la casa del Señor toma el aspecto de un salón social. No quiero decir con esto que esto asuntos de que se tratan sean indecorosos, sino que para cada cosa hay un lugar conveniente y debemos de acordarnos que el Señor ha dicho a algunos en su tiempo: “mi casa, casa de oración será llamada”, y si aquellos habían hecho de ella casa de negocios, nosotros también debemos de abstenernos de hablar de nuestros negocio. Pues sí, cualquiera de nosotros tendría sumo cuidado para saber conducirse en casa de alguna persona humana, ¿Cuánta debería ser, pues, nuestra compostura y reverencia en el lugar que el Señor ha determinado para estar en medio de su pueblo, no para oír de sus negocios humanos, de no ser para presentárselos, sino para escuchar las oraciones y derramar sobre ellos las bendiciones por medio de su Espíritu Santo?

 

Delfín Merino

 

Nota: Este fragmento fue incluido en “La Voz Bautista”, en el ejemplar de marzo de 1922

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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