Como Levadura – W. E. Davidson


Es fácil pensar que se comunica la religión hablando de ella y explicándola. También se acostumbra creer que solo se necesita enseñar la moral al pueblo para que la abrace. Pero ¡que error más grande! Para que se dé calor a un pedazo de fierro, no basta hablarle de temperatura y calefacción; el fierro no entrará en calor aunque por espacio de medio año se den conferencias todos los domingos por la noche, pero se calentará tan pronto como se ponga en contacto con ascuas. Más que un curso de estudios de dos años acerca de la moral, vale conocer íntimamente a un hombre bueno. Mas que oír cien sermones evangélicos vale para la conversión de un pecador, el conocer de cerca uno de los pequeños de Cristo. La moral es cosa que se comunica solamente por el contagio. Es indispensable que tratemos de evangelizar a nuestros prójimos, pero no se calentarán solo con hablarles. Si somos ascuas, aún cuando no les hablemos, no podrán menos de ser afectados por el calor que irradia de nosotros.

Un niño no dejará de hablar en voz alta aunque se le mande, pero si los demás hablan en voz baja, el los imitará. En presencia de mentirosos ningún niño adquirirá amor a la verdad aunque traten de inculcárselo; empero en compañía de personas que aborrecen la mentira, con toda seguridad lo obtendrá. La moral, pues, se aprende por contagio y no por exhortación.

Esto tiene que ser así, porque el amor a la virtud no es una cosa abstracta para discutirla como la gramática; es más bien algo que tiene vida, algo que se trasplanta de un jardín a otro, ¿Cómo puede uno adquirir rosales para su jardín si no los tiene? No, por leer todos los tratados sobre su cultivo, ni por todas las explicaciones que le den sus vecinos; tiene que traerlos de donde los haya. La planta viva se obtiene en forma de semilla, de mata o de esqueje. Sí, la conversión es vida y se multiplica entre los hombres como el rosal se multiplica en los jardines.

El contagio de la viruela se efectúa por medio de microbios que son gérmenes vivos.  Jesús dijo que así había de comunicarse el Evangelio; por la transmisión del germen vivo de ser a otro. Sabemos muy bien como cunde la peste. Si un miembro de la familia se enferma de la viruela, es seguro que los demás se enfermarán también, y del mismo modo ocurre con el evangelio. “El Reino de los Cielos es semejante a la levadura”. Y ¿qué es la levadura? Es un germen, un microbio, un animalito que se multiplica profusamente. Si una partícula de harina en la masa es afectada por un germen de levadura, perded cuidado que muy pronto toda la masa se leudará. Es por contagio e inconscientemente. Y si el Evangelio se trasmite así de uno a otro ¿Cómo he de convertir a mis compañeros? Lo único esencial es tener el germen, y el germen hará lo demás. Si uno ha recibido a Cristo en su vida, sus compañeros no pueden menos, si no, no importa cuando predique; de tal palo tal astilla. Sus convertidos serán tales como él: habladores inconversos.

El primer cuidado, pues, es que uno mismo tenga el fuego. Lo principal porque esforzarse es que uno mismo sea leudado. ¡Cuán importante, entonces, es nuestra propia vida espiritual, nuestro propio fervor en buscar el rostro de Cristo constantemente, nuestro propio empeño en tener su espíritu!

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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