Confesión Bautista de Londres de 1644


Confesión Bautista de Londres de 1644

 

UNA CONFESIÓN DE FE de siete congregaciones o iglesias de Cristo en Londres, las cuales son comúnmente, pero de manera injusta, llamadas Anabaptistas; publicada para la vindicación de la verdad y para información de los ignorantes; al igual que para quitar aquellas calumnias que son frecuentemente, tanto en los pulpitos como en la prensa, puestas sobre ellas. Impresa en Londres, año 1646.

 

Pero esto confieso ante ustedes, que de la manera en que llamaron herejía al camino, así yo alabo al Dios de mis Padres, creyendo todas las cosas que están escritas en la Ley y los Profetas, esperando en Dios, los cuales así mismo confiesan, que habrá una resurrección de los muertos tanto de justos como injustos.- Hechos xxiv. 14, 15.

 

Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.- Hechos iv.20.

 

 Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? –

Juan xviii. 23.

 

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos, etc. – Mateo 5. v11, 12 y xix.29.

 

 

I.

Que Dios, como Él es en Sí mismo, no puede ser comprendido por nadie más que por sí mismo, (1) morando en esa luz inaccesible, la cual ningún ojo puede alcanzar, a quien nunca el hombre vio, ni puede ver; que hay un (2) solo Dios, un solo Cristo, un solo Espíritu, una sola fe, un solo bautismo, (3) una regla de santidad y obediencia para todos los santos, en todos los tiempos, en todos los lugares para ser observada.

 

1) 1 Tim. 6:16
2) 1 Tim. 2:5; Ef. 4:4-6; 1 Cor. 12: 4-6,13; Juan 14
3) 1 Tim. 6:3,13,14; Gal. 1:8-9; 2 Tim. 3:15

 

II.

Que Dios es (1) de Sí mismo, esto es, ni desde de otro, ni de otro, ni por otro, ni para otro: (2) Sino que es un Espíritu, que tiene su ser de Sí mismo, es quien da (3) ser, movimiento, y preservación a todas las otras cosas, siendo en si mismo eterno, el más santo, de manera infinita en (4) grandeza, sabiduría, poder, justicia, bondad, verdad, etc. En esta Deidad, se encuentra el Padre, el Hijo, y el Espíritu; siendo cada uno de ellos un solo y mismo Dios; y por lo tanto no dividido, sino que se distinguen entre sí por sus diversas propiedades; El (5) Padre que es de Sí Mismo, el (6) Hijo del Padre desde la eternidad, el (7) Espíritu Santo procediendo del Padre y del Hijo.

 

1) Isa. 43:11; 46:9
2) Juan 4:24
3) Exod. 3:14
4) Rom. 11:36; Hch 17:28
5) 1 Cor. 8:6
6) Prov. 8:22-23
7) Juan 15:16; Gal. 4:6

 

III.

Que Dios ha (1) decretado en Él desde la eternidad tocante a todas las cosas, que efectivamente trabajen y disponerlas (2) según el consejo de Su propia voluntad, para la gloria de Su Nombre; en cuyo decreto aparece Su sabiduría, perseverancia, verdad y fidelidad; (3) Sabiduría por medio de la cual Él planea todas las cosas; (4) perseverancia es aquella por la cual el decreto de Dios permanece siempre inmutable, (5) La verdad es aquella por medio de la cual Él declara solo lo que Él ha decretado, y aunque Sus palabras pueden parecer sonar a veces otra cosa, sin embargo, el sentido de ellas siempre está de acuerdo con el decreto, (6) La fidelidad es aquella por medio de la cual efectúa lo que ha decretado, de la manera como lo ha decretado. Y tocante a Su criatura hombre, (7) Dios tuvo en Cristo antes de la fundación del mundo, según el puro afecto de Su voluntad, predestinó a algunos hombres a la vida eterna por Jesucristo, para alabanza y gloria de Su gracia, (8) dejando el resto en su pecado para su justa condenación, para alabanza de su justicia.

 

1) Isa. 46:10
2) Ef. 1:11
3) Col. 2:3
4) Num. 23:19-20
5) Jer. 10:10; Rom. 3:4
6) Isa. 44:10
7) Ef. 1:3-7; 2 Tim. 1:9; Hch 13:48; Rom. 8:29-30
8) Jd. 4,6; Rom. 9:11-13; Prov. 16:4

 

IV.
(1) En el principio Dios hizo todas las cosas muy buenas, creó al hombre según (2) su imagen y semejanza, llenándolo de toda perfección, de toda excelencia natural y rectitud, libre de todo pecado (3). Pero no permaneció mucho en este honor, sino por la (4) sutileza de la Serpiente, que Satanás usó como su instrumento, él mismo con sus ángeles habiendo pecado antes y no (5) mantenido su primer estado, sino que dejó su propia morada; primero (6) Eva, y luego Adán siendo voluntariamente seducido cayó y voluntariamente se entregó a la desobediencia y a la transgresión del Mandamiento de su gran Creador, por lo cual la muerte vino sobre todos y reinó sobre todos, de modo que todos desde la Caída fueron concebidos en el pecado , Y por naturaleza hijos de ira, y siervos del pecado, súbditos de (7) la muerte, y todas las demás calamidades debidas al pecado en este mundo y para siempre, siendo consideradas en estado de naturaleza, pero sin Relación con Cristo.
1) Gen 1; Col 1:16; Heb. 11: 3; Isa. 45:12
2) Génesis 1:26; 1 Co. 15: 45-46; Ecc. 7:31
3) Sal. 49:20
4) Gen 3: 1, 4, 5; 2 Cor. 11: 3
5) 2 Pedro 2: 4; Judas 6; Juan 8:44
6) Gen 3: 1, 2, 6; 1 Tim. 2:14; Ecc. 7:31; Gal. 3:32
7) Rom. 5:12, 18, 19; 6:23; Ef. 2: 3

 

 

V.

Toda la humanidad quedó así caída, y completamente muerta en pecados y ofensas, y sometida a la ira eterna del gran Dios por la transgresión; pero los elegidos, que Dios (1) ha amado con amor eterno, son (2) redimidos, vivificados y salvos, no por sí mismos, ni por sus propias obras, para que nadie se gloríe, sino total y únicamente por Dios (3) a través de Su gracia gratuita y misericordia por medio de Jesucristo, el cual por Dios nos ha sido hecho sabiduría, rectitud, santificación y redención, para que como está escrito el que se regocija, se regocije en el Señor.

 

1) Jer. 31: 2

2) Génesis 3:15; Ef. 1: 3, 7; 2: 4, 9; 1 Tes. 5: 9; Hechos 13:38

3) 1 Cor.5: 21; Jer. 9:23, 24.

 

VI.

(1) Por lo tanto, esta es la vida eterna, conocer al único Dios verdadero, y a quien Él ha enviado, a Jesucristo. (2) Y por el contrario, el Señor dará venganza en fuego ardiente a los que no conocen a Dios y no obedecen El Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

 

1) Juan 17: 3; Heb. 5: 9; Jer. 23: 5, 6

2) 2 Tes. 1: 8; Juan 3:36

 

VII.

La regla de este conocimiento, fe y obediencia, concerniente a la adoración y servicio a Dios, y todos los demás deberes cristianos, no es de invención humana, opiniones, dispositivos, leyes, constituciones o tradiciones no escritas, cualquiera estas sean, sino sólo la palabra de Dios contenida En las Escrituras canónicas.

 

Juan 5:39; 2 Tim. 3: 15-17; Col. 21:18, 23; Mat. 15:9

 

 

VIII.

En esta Palabra escrita, Dios ha revelado claramente todo lo que Él ha creído necesario para que podamos conocer, creer y reconocer, tocante a la naturaleza y el oficio de Cristo, en quien todas las promesas son Sí y Amén, para la alabanza de Dios.

 

Hechos 3:22, 23; Heb. 1: 1, 2; 2 Timoteo 3: 15-17; 2 Cor. 1:20

 

 

IX.

Tocante al Señor Jesús, de quien (1) Moisés y los Profetas escribieron y los Apóstoles predicaron, es el (2) Hijo de Dios el Padre, el resplandor de Su gloria, la imagen misma de Su ser, Dios con Él y Con Su Espíritu Santo, por quien Él hizo el mundo, por quien Él sostiene y gobierna todas las obras que ha hecho, quien también (3) cuando llegó la plenitud del tiempo, fue hecho hombre de una (4) mujer, de la tribu de (5) Judá, de la descendencia de Abraham y David, a saber, de María, la bendita Virgen, por el Espíritu Santo viniendo sobre ella, y el poder del Altísimo hizo sombra sobre ella, y fue expuesto a (6) todas las cosas como nosotros, pero sin pecado alguno.

 

1) Génesis 3:15; 22:18; 49:10; Dan. 7:13; 9:24-26

2) Prov. 8:23; Juan 1: 1-3; Col. 1: 1, 15-17

3) Gal. 4:4

4) Heb. 7:14; Apocalipsis 5: 5 con Génesis 49:9-10

5) Rom. 1: 3; 9: 5; Mat. 1:16; Lucas 3:23, 26; Heb. 2:16

6) Isa.53:3-5; Fil. 2:8

 

X.

Tocante a Su oficio, (1) Jesucristo solamente se hace el Mediador del Nuevo Pacto, es decir el pacto eterno de gracia entre Dios y el hombre, para (2) ser perfectamente y completamente el Profeta, Sacerdote y Rey de la Iglesia de Dios eternamente.

 

1) 2 Tim. 2:15; Heb. 9:15; Juan 14: 6

2) Heb. 1: 2; 3: 1, 2; 7:24; Hechos 5:31

 

XI.

A este oficio, El fue predestinado desde la eternidad por la autoridad del Padre, y con respecto a su humanidad, desde el vientre fue llamado y separado, y (2) ungido también con abundancia y plenitud con todos los dones necesarios, Dios que sin medida derramó el Espíritu sobre él.

 

1) Prov. 8:23; Isa. 42: 6; 49:1,5

2) Isa. 11: 2-5; 61: 1-3, con Lucas 4:17, 22; Juan 1:14,16; 3:34

 

XII.

En este llamado, la Escritura sostiene dos cosas especiales considerables; Primero, el llamado al oficio; y en segundo lugar el oficio en si. Primero, que (1) ninguno toma este honor, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón, así también Cristo, siendo una acción especialmente de Dios Padre, mediante el cual se hizo un pacto especial, donde Él ordena a su Hijo a este oficio : que el Pacto es, que (2) Cristo debe ser sacrificado por el pecado, que verá Su descendencia, y prolongará Sus días, y el placer del Señor prosperará Su mano; Cuyo llamado contiene, pues, en sí mismo (3) la elección, (4) la ordenación, (5) el envío. La elección considera el fin, preordena los medios, enviando la ejecución en sí misma, (6) todo de mera gracia, sin ninguna condición previamente vista en los hombres, solo en base en Cristo mismo.

 

1) Heb. 5:4-6

2) Isa. 53:10

3) Isa. 42:13

4) 1 Pedro 1:20

5) Juan 3:17; 9:27; 10:36

6) Juan 8:32

 

XIII.

De modo que este oficio de Mediador, es decir, ser Profeta, Sacerdote y Rey de la Iglesia de Dios, es tan propio de Cristo, que ni en el todo, ni en ninguna parte del mismo, puede ser transferido de Él a cualquier otro.

 

1 Tim. 2:15; Heb. 7:24; Dan. 5:14; Hechos 4:12; Lucas 1:23; Juan 14: 6

 

 

XIV.

Este oficio en sí, al que Cristo fue llamado, tiene tres aspectos, de (1) un Profeta, de (2) Sacerdote, y de (3) Rey: el número y orden de los oficios es mostrado; primero por las necesidades de los hombres que trabajan duramente (4) bajo la ignorancia, razón por la cual ellos están en necesidad infinita del oficio profético de Cristo para aliviarlos. En segundo lugar, (5) la alienación de Dios, en la que están en necesidad del oficio sacerdotal para reconciliarlos. En tercer lugar, nuestra (6) incapacidad total para volver a Él, por la cual ellos están en necesidad del poder de Cristo en Su oficio Real para asistirlos y gobernarlos.

 

1) Deut. 18:15 con Hechos 3: 22-23

2) Sal. 110: 3; Heb. 3: 1; 4: 14-15; 5: 6

3) Sal. 2: 6

4) Hechos 26:18; Col. 1: 3

5) Col. 1:21; Ef. 2:12

6) Cant. 1:3; Juan 6:44

 

XV.

Tocante a la Profecía de Cristo, es aquello por lo cual Él (1) ha revelado perfectamente toda la voluntad de Dios desde el seno del Padre, que es necesaria para que Sus siervos conozcan, crean y obedezcan; Y por lo tanto se le llama no sólo un Profeta y un (2) Doctor, y el (3) Apóstol de nuestra profesión, y el (4) Ángel del Pacto; sino que también la misma (5) sabiduría de Dios, y los (6) tesoros de la sabiduría y del entendimiento.

 

1) Juan 1:18; 12: 49-50; 15; 17: 8; Deut. 18:15

2) Mat. 23:10

3) Heb. 3: 1

4) Mal. 3: 1

5) 1 Cor. 1:24

6) Col. 2: 3

 

XVI.

Para que Él pudiera ser tal Profeta y por lo tanto en cada aspecto, completo, era necesario que Él fuera (1) Dios, y con todo también que Él debería ser hombre; porque a menos que hubiera sido Dios, nunca habría podido entender perfectamente la voluntad de Dios, (2) ni habría podido revelarlo a todas las épocas; y a menos que El hubiera sido hombre, no podría haberlo desplegado en Su (3) propia persona al hombre.

 

1) Juan 1:18; 3:13

2) 1 Cor. 2:11, 16

3) Hechos 3:22 con Deut. 18:15; Heb. 1:1

 

 

XVII.

Tocante a Su Sacerdocio, Cristo (1) siendo consagrado, ha aparecido una vez para quitar el pecado por la ofrenda y sacrificio de Sí Mismo, y con este fin ha realizado totalmente y sufrió todas aquellas cosas por las cuales Dios, a través de la sangre de Su Cruz en Un sacrificio aceptable, podría reconciliar a sus escogidos solamente, (2) y habiendo derribado la pared divisoria, y con ella terminado y removido todos los ritos, sombras y ceremonias, ahora se introduce en el velo, en el Santo de los Santos, es decir , a los mismos Cielos y a la presencia de Dios, donde Él vive para siempre y se sienta a la diestra de Su Majestad, apareciendo ante el rostro de Su Padre para interceder por aquellos que llegan al Trono de Gracia por ese camino nuevo y vivo ; Y no sólo eso, sino que (3) hace de Su pueblo una Casa espiritual, un santo sacerdocio, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Él; ni el Padre acepta, ni Cristo ofrece al Padre ninguna otra adoración o adoradores.

 

1) Juan 17:19; Heb. 5: 7-9; 9:26; Rom. 5:19; Ef. 5:12; Col. 1:20

2) Ef. 2: 14-16; Rom. 8:34

3) 1 Pedro 2: 5; Juan 4:23, 24

 

XVIII.
Este sacerdocio no era legal ni temporal, sino según la orden (1) de Melquisidec (2) no por un mandamiento carnal, sino por el poder de la vida sin fin, (3) no por un orden débil y cojo, sino uno estable y perfecto, no por (4) un tiempo, sino para siempre, no admitiendo ningún sucesor, sino perpetuo y propio de Cristo, y de El que vive por siempre. El mismo Cristo fue el Sacerdote, el Sacrificio y el Altar: Él era (5) Sacerdote, según ambas naturalezas, Él era un sacrificio más apropiadamente de acuerdo con Su naturaleza humana: (6) donde en la Escritura se le atribuye a Su cuerpo, a Su sangre; sin embargo, la fuerza principal por la cual este sacrificio se hizo efectivo, dependía de Su (7) naturaleza divina, es decir, que el Hijo de Dios se ofreció a sí mismo por nosotros: Él fue el altar adecuado de acuerdo con Su naturaleza divina, perteneciendo al (8) Altar del sacrificio en el cual se ofrece, y siendo de mayor dignidad que el Sacrificio mismo.
1) Heb. 7:17
2) Heb. 7:16
3) Heb. 7: 18-21
4) Heb. 7: 24-25
5) Heb. 5: 6
6) Heb. 10:10; 1 Pedro 1: 18-19; Col. 1: 20-21; Isa. 53: 10; Mat. 20:28
7) Hechos 20:28; ROM. 8: 3
8) Heb. 9:14; 13:10, 12, 15; Mat. 23:17; Juan 17:19
XIX.
Tocante a Su Reino, (1) Cristo resucitó de los muertos, ascendió al Cielo, se sentó a la diestra de Dios el Padre, teniendo todo poder en el Cielo y en la tierra, dado a Él, Él gobierna espiritualmente a Su Iglesia, ejerciendo Su poder (2) sobre todos los ángeles y hombres, buenos y malos, para la preservación y salvación de los elegidos, a la superación y destrucción de sus enemigos, que son reprobados, (3) comunicando y aplicando los beneficios, virtudes y frutos de su oficio de Profeta y de Sacerdote a Sus escogidos, es decir, para el sometimiento y el quite de sus pecados, para su justificación y adopción de Hijos, regeneración, santificación, preservación y fortalecimiento en todos sus conflictos contra Satanás, el Mundo, la Carne, y las tentaciones de ellos, viviendo continuamente en, gobernando y manteniendo sus corazones en la fe y el temor filial por su Espíritu, el cual (4) habiendo dado, El nunca se los quita, sino que por él todavía engendra y nutre en ellos la fe, arrepentimiento, amor, gozo, esperanza y toda luz celestial en el alma hasta la inmortalidad, a pesar de nuestra propia incredulidad y de las tentaciones de Satanás, la visión sensible de esta luz y amor se nublan y abruman por el tiempo. (5) Por el contrario, gobernando el mundo sobre Sus enemigos, Satanás, y todos los vasos de ira, limitándolos, usando, conteniéndolos por Su poderoso poder, como le parece bueno en Su divina sabiduría y justicia para la ejecución de Su consejo determinado, entregándolos a una mente reprobada, para ser guardados por sus propios desiertos, en tinieblas y sensualidad para juicio.
1) 1 Cor. 15: 4; 1 Pedro 3: 21-22; Mat. 28: 18-20; Lucas 24:51; Hechos 1:11; 5: 30-31; Juan 19:36; Rom. 14:17
2) Marcos 1:27; Heb. 1:14; Juan 16: 7,15
3) Juan 5: 26-27; Rom. 5: 5-7; 14:17; Gal. 5: 22,23; Juan 1: 4,13
4) Juan 13: 1; 10: 28 – 29; 14: 16-17; Rom. 11:29; Sal. 51: 10-11; Job 33: 29-30; 2 Cor. 12: 7, 9
5) Job 1, 2; Rom. 1:21; 2: 4-6; 9: 17-18; 2 Pedro 2

 

XX.

Este Reino se perfeccionará plenamente cuando El venga por segunda vez en gloria para reinar entre Sus santos, y para ser admirado de todos los que creen, cuando El pondrá bajo sus pies todo reino y autoridad, para que la gloria del Padre sea total y perfectamente manifestada en Su Hijo, y la gloria del Padre y del Hijo en todos Sus miembros.

 

1 Cor. 15: 24,28; Heb. 9:28; 2 Tes. 1: 9, 10; 1 Tes. 4: 15-17; Juan 17: 21,26

 

 

XXI.

Que Cristo Jesús por Su muerte sacó a la luz la salvación y reconciliación solamente para los (1) elegidos, los cuales fueron los que (2) Dios el Padre le dio; y que el Evangelio que ha de ser predicado a todos los hombres como fundamento de la fe, es que (3) Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios siempre bendito, lleno de la perfección de todas las excelencias celestiales y espirituales, y que la salvación es sola y únicamente obtenida a través de la creencia en Su nombre.

 

1) Juan 15:13; Rom. 8: 32-34; 5:11; 3:25

2) Job 17:2 con 6:37

3) Mat. 16:16; Lucas 2:26; Juan 6: 9; 7: 3; 20:31; 1 Juan 5:11

 

 

XXII.

Que la fe es el (1) don de Dios realizado en el corazón de los elegidos por el Espíritu de Dios, por el cual ellos llegan a ver, conocer y creer la verdad de las (2) Escrituras, y no sólo eso, sino que la excelencia de ellas está por encima de todas las demás escrituras y cosas del mundo, al manifestar la gloria de Dios en Sus atributos, la excelencia de Cristo en Su naturaleza y oficios y el poder de la plenitud del Espíritu en Sus obras y operaciones; y entonces están capacitados para echar el peso de sus almas sobre esta verdad así creída.

 

1) Ef. 2:8; Juan 6:29; 4:10; Fil. 1:29; Gal. 5:22

2) Juan 17:17; Heb. 4: 11-12; Juan 6:63

 

XXIII.

Aquellos que tienen esta preciosa fe operada en ellos por el Espíritu, nunca pueden caer definitivamente ni totalmente; y aunque muchas tormentas e inundaciones se levantan y golpean contra ellos, sin embargo, nunca podrán sacarlos de ese fundamento y roca que por la fe están sujetos, sino que serán guardados por el poder de Dios para salvación, donde disfrutarán de su posesión adquirida, ya que fueron grabados en las palmas de las manos de Dios.

 

Mat. 7:24, 25; Juan 13: 1; 1 Pedro 1: 4-6; Isa. 49: 13-16

 

 

XXIV.

Que la fe es ordinariamente (1) engendrada por la predicación del Evangelio, o palabra de Cristo, sin relación a (2) ningún poder o capacidad en la criatura, sino que es totalmente (3) pasiva, estando muerto en pecados y ofensas, cree y se convierte por ningún otro poder, (4) sino aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos.

 

1) Rom. 10:17; 1 Cor. 1:21

2) Rom. 9:16

3) Rom. 2: 1, 2; Ezek. 16: 6; Rom 3:12

4) Rom. 1:16; Ef. 1: 19; Col 2:12

 

XXV.

Que las ofertas del Evangelio para la conversión de los pecadores (1) son absolutamente libres, no exigiendo, como absolutamente necesarias, calificaciones, preparaciones, terrores de la Ley o el ministerio precedente de la Ley, sino solo y únicamente el alma desnuda, como un (2) pecador e impío, recibir a Cristo, como Cristo, como crucificado, muerto, enterrado, y resucitado, siendo hecho (3) un Príncipe y un Salvador para tales pecadores.

 

1) Juan 3:14, 15; 1:12; Isa. 55: 1; Juan 7:37

2) 1 Tim. 1:15; Rom. 4: 5; 5: 8

3) Hechos 5: 30-31; 2:36; 1 Cor. 1: 22-24

 

 

XXVI.

Que el mismo poder que convierte a la fe en Cristo, el mismo poder continúa en el alma (1) aún a través de todos los deberes, tentaciones, conflictos, sufrimientos y de manera continua en lo que el cristiano es, es por (2) la gracia y por una operación (3) constante y renovada de Dios, sin la cual no puede realizar ningún deber a Dios, ni suportar ninguna tentación de Satanás, del mundo o de los hombres.

 

1) 1 Pedro 1: 5; 2 Cor. 12: 9

2) 1 Cor. 15:10

3) Fil. 2:12, 13; Juan 15: 5. Gal. 2: 19-20

 

XXVII.

Que Dios Padre, Hijo y Espíritu es uno con (1) todos los creyentes, en su (2) plenitud, en (3) relaciones, (4) como cabeza y miembros, (5) como casa y habitantes, (6) como marido y mujer, uno con Él, como (7) luz y amor, y uno con Él en Su herencia, y en toda (8) Su gloria; y que todos los creyentes por virtud de esta unión y unidad con Dios, son los hijos adoptados de Dios, y herederos de Cristo, co-herederos y coherederos con Él de la herencia de todas las promesas de esta vida, y la que está por venir.

 

1) 1 Tes. 1: 1; Juan 14:10, 20; 17:21

2) Col. 2: 9, 10; 1: 19; Juan 1:17

3) Juan 20:17; Heb. 2:11

4) Colosenses 1:18; Ef. 5:30

5) Ef. 2:22; 1Cor. 3: 16-17

6) Isa. 16: 5; 2 Cor. 11: 3

7) Gal. 3:26

8) Juan 17:24

 

XXVIII.

Que los que tienen unión con Cristo, son justificados de todos sus pecados pasados (1), presentes y venideros por la sangre de Cristo; cuya justificación concebimos como una gracia y pago de la libertad (2) de una criatura culpable y pecadora, de todo pecado por Dios, a través de la satisfacción que Cristo ha hecho por Su muerte; y esto se aplicó en la manifestación de ella a través de la fe.

 

1) Juan 1: 7; Heb 10:14; 9:26; 2 Cor. 5:19; Rom. 3:23

2) Hechos 13:38, 39; Rom. 5: 1; 3:25, 30

 

XXIX.

Que todos los creyentes son un pueblo (1) santo y santificado, y que la santificación es una gracia espiritual de la (2) Nueva Alianza, y efecto del (3) amor de Dios, manifestado al alma, por el cual el creyente está (4) en la verdad y realmente separado, tanto en el alma como en el cuerpo, de todo pecado y obras muertas, a través (5) de la sangre de la Alianza eterna, mediante la cual también se presenta después para seguir tras una perfección celestial y evangélica en obediencia a todos los mandamientos, (6) que Cristo como Cabeza y Rey en este Nuevo Pacto le ha prescrito.

 

1) 1 Cor. 1: 1; 1 Pedro 2: 9

2) Ef. 1: 4

3) 1 Juan 4:16

4) Efe. 4:24

5) Fil. 3:15

6) Mat. 28:20

 

XXX.

Todos los creyentes a través del conocimiento de (1) que la justificación de vida dada por el Padre, y producida por la sangre de Cristo, tienen esto como su gran privilegio de la Nueva (2) Alianza, la paz con Dios y la reconciliación, por la cual los que estaban lejos, fueron traídos cerca por (3) esa sangre, y tienen (como la Escritura habla) la paz (4) que sobrepasa toda comprensión, sí, gozo en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por (5) a quien hemos recibido la Expiación.

 

1) 2 Cor. 5:19

2) Isa. 54:10; 26:12

3) Ef. 2: 13-14

4) Fil. 4: 7

5) Rom. 5.10-11

 

XXXI.

Que todos los creyentes en el tiempo de esta vida, están en una guerra continua, combate y oposición contra el pecado, el yo, el mundo y el diablo, y sujetos a toda clase de aflicciones, tribulaciones y persecuciones, y así continuarán hasta que Cristo venga en Su Reino, siendo predestinado y designado allí; y todo lo que los santos, cualquiera de ellos poseen o gozan de Dios en esta vida, es sólo por fe.

 

Ef. 6: 10-13; 2 Cor. 10: 3; Rev. 2: 9, 10

 

XXXII.

Que la única fortaleza por la cual los santos puedan enfrentarse contra toda oposición y superar todas las aflicciones, tentaciones, persecuciones y pruebas, es sólo por Jesucristo, que es el Capitán de su salvación, siendo perfeccionado a través de sufrimientos, quien ha dispuesto Su fuerza para asistirlos en todas sus aflicciones, y para mantenerlos bajo todas sus tentaciones, y para preservarlos por Su poder para Su Reino eterno.

 

Juan 16:33; Heb. 2: 9, 10; Juan 15: 5

 

XXXIII.

Que Cristo tiene aquí en la tierra un reino espiritual, que es la Iglesia, que Él ha comprado y redimido para Sí mismo, como una herencia particular: esta Iglesia, como es visible para nosotros, es una compañía de santos (1) visibles (2) llamados y separados del mundo, por la Palabra y el (3) Espíritu de Dios, a la profesión visible de la fe del Evangelio, siendo bautizados en la fe y unidos al Señor y, unos a otros, por mutuo acuerdo, en el disfrute práctico de las (4) ordenanzas, mandadas por Cristo su cabeza y Rey.

 

1) 1 Cor. 1: 1; Ef. 1: 1

2) Rom. 1: 1; Hechos 26:18; 1 Tes. 1: 9; 2 Cor. 6:17; Apocalipsis 18:18

3) Hechos 2:37 con Hechos 10:37

4) Rom. 10:10; Hechos 2:42; 20:21; Mat. 18:19, 20; 1 Pedro 2: 5

 

XXXIV.

A esta Iglesia El (1) ha hecho sus promesas, y ha dado las señales de su Pacto, presencia, amor, bendición y protección: ahí están las fuentes y manantiales de Su gracia celestial continuamente fluyendo; (2) allí todos los hombres deben venir, de todas las condiciones, que lo reconocen como su Profeta, Sacerdote y Rey, para ser inscrito entre Sus siervos domésticos, bajo Su dirección y gobierno celestiales, para guiar sus vidas a su corral amurallado y jardín regado, para tener comunión aquí con los santos, para que se hagan partícipes de su herencia en el Reino de Dios.

 

1) Mat. 28: 18-20; 2 Cor. 6:18

2) Isa. 8:16; 1 Tim. 3:15; 4:16; 6: 3, 5; Hechos 2: 41,47; Cant. 4:12; Gal. 6:10; Ef. 2:19

 

XXXV.

Y todos sus siervos son llamados allí, para presentar sus cuerpos y almas, y para traer los dones que Dios les ha dado; de modo que al llegar, están ahí por causa de El mismo, otorgados en sus muchas ordenes, un lugar peculiar, para su debido uso, siendo convenientemente ordenados y unidos, según el funcionamiento eficaz de cada parte, para la edificación de sí mismos en amor.

 

1 Cor. 12: 6, 7, 12, 18; Rom. 12: 4-6; 1 Pedro 4: 10, Ef. 4:16; Col. 2: 5, 6, 19; 1 Cor. 12: 12ss

 

XXXVI.

Al ser así unidos, toda Iglesia tiene (1) poder que le ha sido dado por Cristo para su mejor bienestar, para escoger para sí mismos a las personas apropiadas en el cargo de (2) Pastores, Maestros, Ancianos, Diáconos, calificados según la Palabra, como aquellos a los que Cristo ha designado en Su Testamento, para alimentar, gobernar, servir y edificar su Iglesia, y que ningún otro tiene el poder de imponerlos, ni éstos ni ningún otro.

 

1) Hechos 1: 2; 6: 3; 15:22, 25; 1 Cor. 16: 3

2) Rom. 12: 7, 8; 16: 1; 1 Cor. 12: 8, 28; 1 Tim. 3 cap .; Heb. 13: 7; 1 Pedro 5: 1-3

 

XXXVII.

Que los ministros arriba mencionados, legítimamente llamados por la Iglesia, donde deben administrar, deben continuar su llamamiento, según la ordenanza de Dios, y cuidadosamente alimentar al rebaño de Cristo que les ha encomendado, no por ganancias injustas, sino con animo pronto.

 

Heb. 5: 4; Hechos 4:23; 1 Tim. 4:14; Juan 10: 3, 4; Hechos 20:28; Rom. 12: 7, 8; Heb. 13: 7, 17

 

XXXVIII.

Que el debido mantenimiento de los oficiales antes mencionados debe ser la comunicación libre y voluntaria de la Iglesia, que según la ordenanza de Cristo, los que predican el Evangelio, deben vivir del Evangelio y no obligados a ser obligados por un pueblo forzado ley.

 

1 Cor. 9: 7,14; Gal. 6: 6; 1 Tes. 5:13; 1 Tim. 5: 17-18; Fil. 4: 15-16

 

XXXIX.

Que el bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento, dada por Cristo, que se dispensa sólo a las personas que profesan la fe, o que son discípulos, o enseñó, que con una profesión de fe, debe ser bautizado (Añadido más tarde: “… Y después de participar de la Cena del Señor. “)

 

Hechos 2:37, 38; 8: 36-38; 18: 8

 

XL.

El camino y el modo (1) de la dispensación de esta ordenanza que la Escritura sostiene es sumergir o hundir todo el cuerpo bajo el agua: siendo un signo, debe responder a la cosa significada, que son éstos: primero, el (2) lavamiento de toda el alma en la sangre de Cristo; Segundo, el interés que los santos tienen en (3) la muerte, entierro y resurrección (de Cristo); En tercer lugar, junto con una (4) confirmación de la fe, que tan ciertamente como el cuerpo está sepultado bajo el agua, y se eleva de nuevo, ciertamente los cuerpos de los santos, serán levantados por el poder de Cristo, en el día de la resurrección , para reinar con Cristo.

 

1) Mat. 3:16; Juan 3:23; Hechos 8:38

2) Rev. 1: 5; 7:14; Heb. 10:22

3) Rom. 6: 3-5

4) 1 Cor. 15:28, 29

 

XLI.

Las personas diseñadas por Cristo, para dispensar esta ordenanza, las Escrituras promueven al Discípulo predicador, que no está atado a una iglesia particular, oficial o persona extraordinariamente enviada, la comisión que ordena a la administración, que se les da bajo ninguna otra consideración, sino la de ser considerados Discípulos.

 

Isa. 8:16; Mat. 28: 16-19; Juan 4: 1-2; Hechos 20: 7; Mat. 26:26

 

XLII.

Cristo también ha dado poder a toda su iglesia para recibir y expulsar, por medio de Excomunión, a cualquier miembro; y este poder es dado a cada congregación particular, y no a una persona en particular, miembro o oficial, sino el todo.

 

Hechos 2:47; Rom. 16: 2.; Mat. 18:17; 1 Cor. 5: 4; 2 Cor. 2: 6-8

 

 

XLIII.

Y cada miembro particular de cada Iglesia que sea excelente, grande o sabio debe estar sujeto a esta censura y juicio de Cristo; y la iglesia debe con gran cuidado y ternura, con el debido aviso de proceder contra sus miembros.

 

Mat. 18:16-18; Hechos 11: 2. 3; 1 Tim. 5: 19-21

 

XLIV.

Y así como Cristo por la (1) custodia de esta iglesia en santa y ordenada comunión, coloca a algunos hombres especiales sobre la iglesia, quienes por su oficio deben gobernar, supervisar, visitar, vigilar; así también para el mejor mantenimiento de ella en todos los lugares, por los miembros, Él ha dado (2) la autoridad, y puso deber sobre todos, para vigilar el uno al otro.

 

1) Hechos 20:27, 28; Heb. 13:17, 24; Mat. 24:25; 1 Tes. 5:14

2) Marcos 13:34, 37; Gal. 6: 1; 1 Tes. 5:11; Judas 3, 20; Heb. 10: 34-35; 12:15.

 

XLV.

Que también a aquellos a quienes Dios ha dado dones, siendo probados en la iglesia, pueden y deben por el nombramiento de la congregación, profetizar, según la proporción de fe, y así enseñar públicamente la Palabra de Dios, para la edificación, exhortación, y el consuelo de la Iglesia.

 

1 Cor. 14 (capítulo); Rom. 12: 6; 1 Pedro 4: 10-11; 1 Cor. 12: 7; 1 Tes. 5: 17-19

 

XLVI.

Por lo tanto, habiendo sido reunidos correctamente, establecidos y todavía procediendo en la comunión Cristiana y obediencia al Evangelio de Cristo, ninguno debe separarse por las faltas y las corrupciones, que pueden, y mientras la iglesia esté constituida por hombres sujetos a fallas, caer y levantarse entre ellos, incluso en las iglesias verdaderamente constituidas, hasta que hayan buscado en su debido tiempo su reparación.

 

Rev. 2, 3 (capítulos); Hechos 15:12; 1 Cor. 1:10; Ef. 2:16; 3: 15-16; Heb. 10:25; Judas 15; Mat. 18:17; 1 Cor. 5: 4, 5

 

XLVII.

Y aunque la congregación particular sea distinta y varios cuerpos, cada uno una ciudad compacta y tejida en sí misma; sin embargo, todos deben caminar por una misma Regla y por todos los medios convenientes para tener el consejo y la ayuda de unos a otros en todos los asuntos necesarios de la iglesia, como miembros de un solo cuerpo en la fe común bajo Cristo, su única Cabeza.

 

1 Cor. 4:17; 14:33, 36; 16: 1; Mat. 28:20; 1 Tim.3: 15; 6: 13-14; Apocalipsis 22: 18-19; Col. 2: 6, 19; 4:16

 

XLVIII.

Que el magistrado civil es una ordenanza de Dios establecida por Dios para el castigo de los malhechores, y para la alabanza de los que hacen bien; y que todas las cosas lícitas mandadas por ellos, la sujeción debe ser dada por nosotros en el Señor; y que debemos hacer súplica y oración por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que bajo ellos podamos vivir una vida pacífica y tranquila en toda piedad y honestidad.

 

Rom. 13: 1-4; 1 Pedro 2:13, 14; 1 Tim. 2: 2

 

XLIX.

El magistrado supremo de este Reino creemos que son el Rey y el Parlamento escogidos libremente por el Reino, y que en todas aquellas leyes civiles que han sido actuadas por ellos, o por el presente es o será ordenado, estamos obligados a ceder la sujeción y obediencia en el Señor, como hemos acordado nosotros mismos para defender tanto a las personas de los electos, y a todas las leyes civiles hechas por ellos, con nuestras personas, libertades y condiciones, con todo lo que se llama nuestro, aunque nunca debemos sufrir tanto por ellos en no someterse activamente a algunas leyes eclesiásticas, que podrían ser concebidas por ellos como sus deberes para establecer que nosotros por el presente no podíamos ver, ni nuestras conciencias podían someterse; sin embargo, estamos obligados a ceder nuestras personas a sus placeres.

 

L.

Y si Dios nos concede tal misericordia, que incline los corazones de los magistrados hasta el punto de ofrecer nuestras conciencias, para que podamos ser protegidos por ellos del mal, de la injuria, de la opresión y del abuso, tiranía y opresión de la Jerarquía Prelática, el cual Dios por misericordia ha hecho maravillosamente honorable a este actual Rey y Parlamento; como un instrumento en Su mano, para echar abajo; y por lo tanto hemos tenido algún tiempo de respiración, debemos, esperamos, mirarla como una misericordia más allá de nuestras expectativas, y concebirnos a nosotros mims más comprometidos para siempre a bendecir a Dios por ello.

 

1 Tim. 1: 2-4; Sal. 126: 1; Hechos 9:31

 

 

LI.

Pero si Dios sostiene a los magistrados con tolerancia y fomento (1), sin embargo, no debemos resistirnos a seguir juntos en comunión cristiana, ni atrevernos a dar lugar a suspender nuestra práctica, sino caminar en obediencia a Cristo en la profesión y a sostener esta fe antes mencionada, incluso en medio de todas las pruebas y aflicciones, no contabilizando bienes, tierras, esposas, esposos, hijos, padres, madres, hermanos, hermanas, sí y nuestras propias vidas queridas como nuestras, para que podamos terminar nuestra carrera con gozo: recordando siempre que debemos (2) obedecer a Dios antes que a los hombres, y fundamentarnos sobre el mandamiento, la comisión y la promesa de nuestro Señor y Maestro Jesucristo, quien tiene poder en el cielo y en la tierra, y también lo ha prometido , que si guardamos sus mandamientos que Él nos ha dado, estará con nosotros hasta el fin del mundo; y cuando hayamos terminado nuestro camino, y guardado la fe, nos dará la corona de justicia, la cual está guardada para todos que amamos Su aparición, y a quien debemos dar cuenta de todas nuestras acciones, y que ningún hombre es capaz de librarnos de esto.

 

1) Hechos 2: 40,41; 4:19; 5: 28,29,41; 20:23; 1 Tes. 3: 3; Fil. 1: 27-29; Dan. 3: 16,17; 6: 7, 10, 22, 23.

2) Mat. 28: 18-20; 1 Tim. 6: 13-15; Rom. 12: 1,8; 1 Cor. 14:37; 2 Tim. 4: 7,8; Apocalipsis 2:10; Gal 2: 4,5

 

LII.

Y de igual forma a todos los hombres se les dará lo que les corresponde; Tributos, impuestos aduaneros y todos los deberes legales, debemos voluntariamente pagarlos y desarrollarlos, nuestras tierras, bienes y cuerpos, para someternos al magistrado en el Señor, y al magistrado por todos los medios para ser reconocidos, reverenciados y obedecidos, según la piedad; no sólo por la ira, sino por el bien de la conciencia. Y, finalmente, todos los hombres deben ser estimados y considerados, como es debido y apropiado para su lugar, edad, estado y condición.

 

Rom. 13: 5-7; Mat. 22:21; Tito 3; 1 Pedro 3:13; 5: 5; Ef. 5:21, 22; 6: 1, 9

 

LII [sic].

Y así deseamos dar a Dios lo que es de Dios, ya Cesar lo que es de Cesar, y a todos los hombres lo que les pertenece, esforzándonos por tener siempre una conciencia limpia y sin ofensa hacia Dios y hacia el hombre. Y si toman lo que hemos dicho, para ser herejía, entonces hacemos con el Apóstol libremente confesó, que después del camino que ellos llaman herejía, adoremos al Dios de nuestros Padres, creyendo todo lo que está escrito en la Ley y en los Profetas y Apóstoles, deseando que nuestras almas renuncien a todas las herejías y opiniones que no sean de Cristo, y ser firmes, inamovibles, siempre abundantes en la obra del Señor, y conocer que nuestro trabajo no será en vano en el Señor.

 

Mat. 22:21; Hechos 24: 14-16; Juan 5:28; 2 Cor. 4:17; 1 Tim. 6: 3-5; 1 Cor. 15:58, 59

 

Conclusión

 

Por lo tanto, deseamos dar a Cristo lo que es suyo, y a toda Autoridad legítima lo que es debido, y no deber nada a ningún otro sino el amor, a vivir tranquilamente y pacíficamente, a ser santos, esforzándonos en todo para mantener una buena conciencia, y para hacer a cada hombre (de cualquier juicio) lo que nos gustaría que hicieran a nosotros, que como es nuestra práctica, por lo que se puede probar a un pueblo conocible, tranquilo, e inofensivo, (de ninguna manera peligrosa o problemática a la sociedad humana), y laborar y trabajar con nuestras manos, para que no seamos gravosos a nadie, sino para darle a quien necesita, tanto a amigos como a enemigos, teniendo en cuenta que es más excelente dar que recibir. También confesamos que sabemos, pero en parte, que ignoramos muchas cosas que deseamos y buscamos saber; y si alguna nos muestra amigablemente para enseñarnos de la Palabra de Dios que no vemos, tendremos motivos para estar agradecidos con Dios y con ellos. Pero si alguno nos impone algo que no veamos que sea mandado por el Señor Jesucristo, debemos en Su fuerza, más bien abrazar todos los reproches y torturas de los hombres, despojarnos de todas las comodidades exteriores, y si fuera posible, morir mil muertes, en lugar de hacer algo contra el menor tono de la verdad de Dios, o contra la luz de nuestras propias conciencias. Y si alguno llama a lo que hemos dicho herejía, entonces nosotros con el Apóstol reconocemos que, seguir el Camino que llaman herejía, adoremos al Dios de nuestros Padres, negando toda herejía (justamente llamada) porque están en contra de Cristo, y ser firmes e inamovibles, siempre abundando en la obediencia a Cristo, y a conocer que nuestro trabajo no será en vano en el Señor.

 

1 Corintios 1:24

No es que tengamos dominio sobre su fe, sino

Somos ayudantes de su gozo: porque por la fe estamos firmes.

 

Salmos 74:21, 22

Levántate, oh Dios, implora por mi propia causa. Recuerda cómo el hombre necio te blasfema a diario. Oh, no vuelva el oprimido avergonzado, sino que los pobres y los necesitados alaben tu nombre.

Ven, Señor Jesús, ven pronto.

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Estudia en The North American Reformed Seminary. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo.

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