La Escuela Dominical – Inés Graham


La Escuela Dominical es una parte muy importante de la obra de nuestras iglesias, la cual en las iglesias de los Estados Unidos, ha adelantado constantemente en métodos de enseñanzas y en los materiales de que se trata; hasta que hoy día sea considerada digna de ser estudiada en las universidades y en los seminarios dirigidos por catedráticos. Así es que allá se considera que vale la pena la escuela dominical.  Pero, históricamente tenemos el ejemplo de un método parecido en la obra del apóstol Pablo, cuando les escribió a los Corintios “Yo sembré, Apolos regó; más Dios ha dado el crecimiento”. En la obra del Señor ahora también tenemos los que siembran y los que riegan. El pastor en los sermones cada domingo, en su obra diaria, en todas sus oraciones, en todas las visitas y las oportunidades que tenga de estar en contacto con la gente, está sembrando de la semilla de la vida eterna. Pero ¿Es esto suficiente? Creo que no. Si en la obra de tan buen obrero como el Apóstol Pablo se necesitaba un cooperador como Apolos ¿Cuánto más no se necesitará hoy para que riegue la semilla que el pastor ha sembrado? Eso es lo que hacen los que trabajan en las escuelas dominicales. ¿Hay alguno de Uds. que quiera ser un Apolos? Si es así, puede llegar a serlo preparándose para ser maestro en la escuela dominical. No es necesario tener mucha experiencia, ni mucho conocimiento sobre lecciones profundas o doctrinas bíblicas; tampoco se necesita saber todo lo que se ha escrito acerca de la historia de la Biblia; nada de eso. Entonces ¿Qué es lo que se precisa saber? En primer lugar hay que conocer a nuestro Dios como Señor y Salvador. Hay que sentir un amor grande hacia El y hay que reconocer el valor de la semilla de la vida y también tener un gran deseo de regularla para que crezca y dé fruto. Ese deseo, junto con nuestra buena voluntad que puede ser enseñada por el Espíritu de Dios y con la vida entregada a Él, cualquier persona puede ser un Apolos. Si esto acontece tenemos la siguiente promesa de nuestro Dios que no puede dejar de cumplirse, “Dios dará el crecimiento, o la cosecha” Y ¿Qué es la cosecha que podemos esperar? En primer lugar, la cosecha son sus hijos salvados por la sangre de Jesús. Pero muchas veces tenemos niños convertidos, también tenemos personas grandes convertidas en nuestras escuelas dominicales. Así es que hay otra cosecha sumamente importante que podemos esperar. Es esta:

  1. Los niños deben aprender a leer la Biblia con provecho en sus mismas casas.
  2. Deben aprender la historia de los grandes hombres de la Biblia y de la iglesia como Abraham, Isaac, David, los Apóstoles y Nuestro Señor.
  3. Deben aprender a orar.
  4. Deben aprender a cantar himnos preciosos que usamos en el culto.
  5. Deben aprender a conocer lo que es un bautista; sus doctrinas distintivas, sus métodos de trabajo, etc.
  6. Deben aprender a contribuir en la obra del Señor dando dinero para ayudar a la extensión de su Reino en el mundo entero, principiando en sus mismas iglesias.
  7. Deben aprender algo del adelanto de la obra del Señor en otras partes del mundo para que sepan que somos solamente una parte de un gran ejercito que está marchando victoriosamente en pos de nuestro capitán Jesucristo y que tenemos camaradas en otras divisiones de este ejército en China, Japón, África, España, y en otros países del mundo.
  8. Deben aprender a dar sus propias vidas para extender el Reino de nuestro Señor. Y ¿Dónde aprenderán todo esto, si no es en la escuela dominical, la cual puede ser verdaderamente la escuela de la iglesia si esta reconoce su verdadero valor? ¿No recuerdan ustedes La historia de Samuel a quien en su infancia su madre había entregado a Dios? Piensen en la semilla que Elí había sembrado y regado en su propio corazón tierno hasta que le llamó Dios. Al fin de esta enseñanza dio poder a Samuel para reconocer la voz del Señor y a contestarle: “Habla, Señor, que tu siervo oye” ¿No es esto el fin de cada vida y el poder de reconocer la voz de nuestro Señor y la voluntad de contestarle, “habla Señor que tu siervo oye? Y si la escuela dominical puede hacer esto, ¿No vale la pena?

 

MÉTODOS

Ahora si todos nosotros estamos de acuerdo en que vale la pena la escuela dominical, estamos listos para seguir con algunas sugestiones para el mejor método de organizarla y de continuarla. Hay tres requisitos que son los siguientes:

  1. Maestros aptos para enseñar.
  2. Niños para ser enseñados.
  3. Bastante espacio, donde se pueda enseñarlos en clases, según la capacidad y el interés de los niños.

Con referencia al primer punto, yo sé por experiencia que hay muchas personas que creen que no pueden enseñar, cuando no es así. Si el pastor pudiera encontrar algunos miembros con las cualidades que ya hemos mencionado, el podría tener una clase de maestros cada semana ayudándoles a preparar las lecciones del domingo próximo, y así, poco a poco, pueden llegar a ser maestros muy bien preparados para su obra.

En cuanto a los niños, quiero decir que, en primer lugar, deben venir de las familias que pertenecen a nuestras iglesias o sea de las familias bautistas. Es muy sabido que no es fácil interesar a muchos niños de familias inconversas, especialmente católicas; pero cuando sea posible, debemos hacerlo y así muchas veces podemos interesar a sus padres y al fin convertirlos. Entonces es menester buscar a los niños por todas partes, visitando todas las casas de la localidad e invitando a los niños a venir a la escuela dominical.

Pero una vez que ellos han sido encontrados e interesados, hay que darles alguna cosa que les dé ánimo de volver. Es decir hay que tener en la escuela dominical clases para todos según la edad y capacidad de cada uno. Para hacer esto es necesario tener más de una clase porque lo que interesa a los grandes no puede interesar a los chicos y viceversa. Entonces sería bueno tener las siguientes clases:

  1. Una clase bíblica para hombres y otra para señoras.
  2. Una para niños de trece a diez y ocho años para niñas.
  3. Otra para los de ocho a doce; una para niños y otra para niñas.
  4. Otra para los menores de ocho. En esta última clase  se pueden tener juntos ambos sexos si el número no es demasiado grande. Ninguna clase debe tener más de diez a doce niños.

El tercer requisito es tener bastante espacio para poder tener las clases separadas suficientemente para que no se molesten. Si fuese posible, sería mejor tener una cortina para dividir las clases; o si esto tampoco es posible, hay que tener bastante separadas. Si les parece que ninguna de estas cosas será posible conseguir, a toda costa hay que tener dos clases distintas, una para los adultos y otra para los niños. No se puede tener a los niños en la misma clase con los adultos y esperar los resultados de que ya hemos tratado.

LA ESCUELA DOMINICAL MODELO

(los primeros requisitos)

  1. Una sesión cada domingo
  2. Literatura adaptada a cada clase
  3. Cincuenta por ciento de los miembros de la iglesia y sus hijos enrolados.
  4. A lo menos tres clases con sus maestros correspondientes.
  5. Oficiales, superintendente, secretario y tesorero.

La escuela que cumpla con estos requisitos podrá tener una beca en la escuela de niñas para una niña, que sea miembro de tal iglesia, elegida por mayoría de votos y aprobada por la dirección en la escuela. Un objeto seria prepararla para ser maestra de la escuela dominical.

Aparecerá en “La Voz Bautista” una lista de las escuelas que lleguen a gozar de este privilegio. También vamos a publicar planes para cada domingo. De esta manera tenemos la esperanza de ayudar en algo en el adelanto de las escuelas dominicales en nuestras iglesias. Si hay preguntas o cualquier cosa en que podamos ayudar a cualquier maestro o superintendente, escribanos y contestaremos cuidadosamente y con mucho gusto. Los que deseen literatura adecuada a las clases deben escribir al redactor de “La Voz” casilla 191 Temuco.

Srta. Inés Graham

 

Nota: Este artículo fue incluido en “La Voz Bautista” en el ejemplar de febrero de 1922

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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