La Primera Guerra sobre la adoración entre los Bautistas Parte 2 – Jeff Robinson


Nota: con mi último artículo, empecé una serie de tres partes sobre la controversia sobre la conveniencia del cantico de himnos en la adoración congregacional de finales del siglo XVII, un debate entre Bejamin Keach y Isaac Marlow. Parte 1 [español] 

 

Los Argumentos 

Aunque Hercules Collins escribió en defensa de la posición de Benjamin Keach y Roberto Steed siguiendo el pleito a favor del punto de vista de Isaac Marlow, Keach y Marlow manejaron en gran parte el panfletismo. Por lo tanto, en esta sección, los argumentos del trabajo central de cada uno, particularmente de Keach “La Brecha Reparada En La Adoración De Dios” y de Marlow “Un breve discurso sobre el canto en la adoración pública de Dios en la iglesia del Evangelio”, recibirá la consideración principal. Citas de Keach vienen principalmente de ”La Brecha Reparada”, y de Marlow de “Un breve discurso”. 

 

Isaac Marlow y un “Poderoso Hombre De Paja” 

  

Como Michael Haykin señaló, Marlow y sus simpatizadores adelantaron cinco argumentos principales, muchos de los cuales eran pragmáticos o empleaban una “literalista”, (y con frecuencia espiritualizada) hermenéutica. 

Primero, Marlow sostenía que el uso de himnos y canciones pre-escritas produce un efecto amortiguador del formalismo dentro de congregaciones, similar a la lectura del libro de oración, una práctica que apaga al Espíritu Santo. Él también estaba convencido que los ejemplos de canticos en el Nuevo Testamento envolvían el ejercicio de un don espiritual extraordinariamente especial. 

Dado que estos dones cesaron después de la canonización de las Escrituras, los ejemplos de cantos encontrado en el Nuevo Testamento no sirvieron como un precedente valido para los cantos congregacionales. Mas adelante, Marlow insistió que el cántico congregacional comprometía la pureza de la iglesia porque bien podría incluir los hossanas de individuos no regenerados y mujeres, cuando estas últimas, de acuerdo con 1 Corintios 14:34 y 1 Timoteo 2:11-12, no deben hablar ni una palabra en la adoración publica de la iglesia. Finalmente, Marlow postulo que el canto público en la iglesia temprana solo involucraba una voz individual y no incluía la congregación. 

 

El factor que probablemente hizo el debate aún más mordaz era el hecho de que ambos lados creían estar estrechamente adheridos a las Escrituras y permitiendo que Dios estableciera los parámetros de su propia adoración. Marlow claramente afirma el principio fundamental de su epistemología de culto al tiempo que rechaza todo y todos los cantos congregacionales, incluso los Salmos de David. 

 

«Tal canto de los Salmos de David en ninguna parte esta instituido, ordenado o practicado, ya sea por Cristo o sus santos apóstoles; no se puede dar ninguna instancia en el Nuevo Testamento que cualquier Salmo de David eran cantados por alguna persona o iglesia, o que Cristo o sus Santos Apóstoles cuando tenían ocasión para traducir algún texto del hebreo a la lengua griega, alguna vez lo hayan metrificado; por lo tanto, no encontrando alguna institución o ejemplo no tenemos autorización para el canto de ellos.» 

Pero si Marlow y sus aliados se sostuvieron por el principio regulador de culto, ¿cómo fue que llegaron a un entendimiento opuesto al de Keach? Marlow usó las Escrituras de manera diferente que Keach en al menos tres formas fundamentales de cómo se aplica al principio regulador. 

Primero, Marlow sintetizo el antiguo y Nuevo Testamento diferente que Keach. El falló en tomar en cuenta su significado histórico-redentor y con frecuencia espiritualizó la enseñanza sobre la alabanza en toda la Biblia para ajustar su argumento.  En el manejo el Antiguo Testamento afirmando que no había canto instituido antes del tiempo de David. De acuerdo con el canto de Moisés en Deuteronomio 32, Marlow no lo vio como un canto que fue cantado (ni una práctica para ser imitada) sino como simplemente una de las “diversas maneras” en que Dios escogió hablar durante los tiempos del Antiguo Testamento, “diversas maneras” en sentido similar a “sueños, visiones, palabras, canciones y música”, ahora cumplidos en la última palabra de Dios, Su Hijo encarnado. 

 

Marlow también sostuvo que los Salmos de David cantados en la adoración en el templo “fueron adecuados para el resto de la ceremonia Levítica, y para la adoración a Dios instituida externamente en la iglesia del Antiguo Testamento” y destinada a perecer. Además, Marlow argumentó correctamente que el templo del período salomónico era en sí mismo meramente una ceremonia formal exterior, una que era “mundana” en la cual se celebraban “ordenanzas carnales” que desaparecerían con su cumplimiento en Cristo. 

Marlow rechazo el canto como una ordenanza “carnal” y temporal, una práctica que, si fuera permitida en la congragación, equivaldría a volver a instituir el sistema Levítico de adoración. 

«…Las ordenanzas carnales [eran] una figura para el tiempo presente entonces, y el Patrón de cosas celestiales, y [una] Sombra de cosas buenas por venir; pero no la misma Imagen de las cosas; y se les impusieron hasta el tiempo de la Reforma, y el cambio del Sacerdocio, la Ley, el Templo y el Servicio, o la Adoración de Dios; cuyas cosas han sido eliminadas por Cristo, el Cuerpo y la Sustancia del, que ha quitado esa carga, y nos ha librado de la Ley, para que sirvamos en la Novedad del Espíritu, y no en la vejez de la Letra, para traer cualquier parte de las instituciones ceremoniales levíticas en la adoración al Evangelio; porque eso es una mezcla de Letra y Espíritu, de Ley y Evangelio juntos.»

 

¿Interpretación Literalista? 

Si el cuerpo contemporáneo debe adoptar el canto de los Salmos Davídicos, Marlow razono que la iglesia también debía usar los mismos instrumentos, y solo esos instrumentos, nombrados en el salterio- “platillo, harpas, salterios y trompetas” – para acompañar sus cantos. Sin embargo, Marlow descarto la posibilidad de cantar salmos, diciendo que eran aptos para la adoración Levítica pero no para el culto del Evangelio. 

Discutiendo de menor a mayor, Marlow concluyo que, si los Salmos “no eran aptos para culto del Evangelio”, entonces “las canciones e himnos pre-compuestos” están ciertamente prohibidas. Marlow creía que los Salmos e himnos en el Antiguo Testamento solo habían sido realizados por los Levitas, un hecho que deja “ninguna razón, patrón, o ejemplo, para la iglesia Evangélica de cantar juntos.” Cristo no había ordenado ninguna formalidad en la adoración en Espíritu y en verdad.  

El Nuevo Testamento en vista de Marlow también prohibió el uso corporativo de Salmos, himnos y canciones espirituales porque no fueron instituida ni por preceptos ni, por ejemplo. Mientras Keach reforzaba su caso a favor del canto congregacional con textos como Col 3:16 y Efesios 5: 19-20, Marlow argumentaba que, en cada caso, “amonestarse unos a otros en Salmos, himnos y canciones espirituales” de los cuales Pablo escribe es un canto que es meramente interior, inaudible y espiritual, no vocal ni verbal. Marlow interpretó el canto como un ejercicio interno de la mente y el alma. 

Respondiendo a esta aserción, Keach dijo que las opiniones de Marlow eran parecidas al cuaquerismo. Además, Marlow dijo que, así como los Levitas fueron dotados para cantar durante los tiempos del Antiguo Testamento, el canto se puede hacer en la adoración del Nuevo Testamento, pero solo por individuos que fueron especialmente dotados por el Espíritu Santo para la tarea, no por la congregación. Para el pensamiento de Marlow, el canto corporativo estaba claramente ausente del pasaje de la historia redentora. 

Segundo, Marlow uso las Escrituras pragmática e inconsistentemente para presentar su caso. Uno de los principales problemas de Marlow fue la composición humana de himnos para ser “impuestos” a la iglesia. Cantar himnos “pre-compuestos” seria utilizar palabras en la adoración de Dios no tomadas directamente de las Escrituras. También introduciría el formalismo en la adoración de Dios, y una innovación no bíblica que apagaría el Espíritu, y la adoración corrupta. Marlow intento usar el disgusto de Keach por los libros de oraciones y oraciones pre-escritas para exponer la inconsistencia en su caso para el canto de himnos congregacional. Sin embargo, Marlow demostró inconsistencia en su propio argumento afirmando oraciones extemporáneas mientras rechazaba las canciones. 

Una vez más, Marlow recurrió a su silogismo que concluía tanto la oración como el canto como ejercicios espirituales internos: “Si la esencia de la oración está internamente en el Espíritu, ¿por qué no también canta? … El apóstol los expresa por igual, porque sus esencias son parecidas interiormente en el Alma o el Espíritu. “Marlow defendió la veracidad de la oración corporativa porque Jesús les dio a sus discípulos una oración modelo. Sin embargo, Marlow sostuvo que la oración modelo es un ejemplo dado directamente por Cristo y que la oración extemporánea es aceptable en la adoración. 

Tanto Marlow como Keach rechazaron el uso de oraciones pre-escritas o de “forma”. Un problema obvio con el rechazo de Marlow de cantar palabras no tomadas directamente para la Escritura es el de la predicación, que es, por su propia naturaleza, extemporánea. En “La brecha reparada en el culto de Dios”, Keach explotó esta debilidad en el caso de Marlow, pero Marlow replicó que la Escritura establece la predicación como un elemento genuino en la adoración corporativa de Dios porque Jesús mismo se comprometió en ella. Mientras rechazaba firmemente el canto corporativo como “formalismo”, Marlow aprobó la oración y la predicación en su respuesta a Keach: 

«Reconozco y afirmo que no debemos descuidar la Oración, hasta que tengamos un Don o Impulso de Espíritu extraordinario para la Oración; pero debemos acudir constantemente a Dios lo más que podamos, no solo por la continuación de esas misericordias que tenemos, sino por los suministros adicionales de nuestros deseos internos y externos, que son la parte más importante de la oración … una forma de predicación no es un ejemplo de un formulario de Canto: si es así, ¿por qué no también de Oración? Lo cual niegas, porque hay una razón para una forma de predicación de la Palabra de Dios, y un ejemplo de Cristo mismo, que lee un texto y luego predica de él; aunque como él no era, entonces otros no están limitados a eso, o cualquier otra forma particular; sin embargo, es legal para ellos, y se requiere de ellos …» 

 

Preocupaciones Pragmáticas 

Otras dos preocupaciones de Marlow fueron algo más pragmáticas; temía que el canto congregacional daría ocasión a personas no regeneradas de contaminar el cuerpo bautista con sus “rebuznos carnales” y que autorizaría a las mujeres a emplear sus voces en la iglesia, una práctica que él creía ser estrictamente prohibida por las Escrituras. Si bien Marlow tiene razón en su visión general de los roles de género en la iglesia, su aplicación de aquello dejo algo que desear. Citando I Corintios 14:34-35 y I Timoteo 2:11-12, Marlow comparo el canto con la oficina de enseñanza y así llego a la conclusión de que las bocas de las mujeres deben ser detenidas para no cantar. 

«Por lo tanto, me maravillo mucho que cualquier hombre deba afirmar y admitir una práctica como el Canto de las Mujeres; y que cualquier mujer debe presumir de cantar vocalmente en la Iglesia de Cristo, cuando Él lo prohíba abierta y claramente en su Palabra: porque Cantar es Enseñar, Col. 3:16 y hablar Ef. 5:19, los cuales están claramente prohibidos a las mujeres en la Iglesia. Y, además, se les ordena aprender en silencio con toda sujeción. Y si esto no es Verdad, no sé cómo encontrarla. Y como negar la autoridad de estas Escrituras para prohibir el canto de las mujeres, necesariamente destruye la autoridad de la Palabra de Dios y nos deja sin una Regla de adoración.» 

Tercero, Marlow, aunque usando las Escrituras, contrariamente a la analogía de la fe, a menudo abandonó el razonamiento racional en sus argumentos, lo que provocó que Keach satirizara su caso como un “poderoso hombre de paja que has hecho y establecido”. Por ejemplo, Marlow citó 1 Ped. 1: 8 para probar que la esencia del canto está en el corazón, donde uno hace una melodía que expresa “alegría indescriptible”, que no puede ser comunicada por “Palabras de una lengua”. 

 

Por lo tanto, Marlow concluye que las palabras de Pedro mitigan el canto congregacional porque 

«Aunque la alegría y el canto vocales pueden estar enseñando a otros, sin embargo, el hablando entre vosotros (en su propio corazón) con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y haciendo melodía en sus corazones para el Señor, es música de una tensión más alta, superando todas las melodías verbales y vocales en los oídos de Dios; como un gozo inefable y regocijo lleno de gloria, sobresale lo que es hablable.» 

 

Enfoques diferentes a las Escrituras 

En otra obra (no disponible), “Una Epístola a Benjamin Keach, argumenta erróneamente que la palabra griega usada en el Nuevo Testamento para “himno” simplemente significa articular “alabanzas comunes o acciones de gracias en oración”. Marlow argumenta que “cuando cantaron” un himno” en Mateo 26:30, fue traducido erróneamente por traductores ingleses y podría ser más fielmente traducido” cuando dieron gracias “. Como señala Keach, parece que Marlow recurrió incluso a los fines” perversos “al tratar de mostrar que las Escrituras militan contra el canto de himnos. 

Un ejemplo final de la argumentación a veces extraña de Marlow se ve en su relación de himnos con el don de hablar en lenguas. Señalando a 1 Cor 14, Marlow creía que cualquier canción era como lenguas. Solo dos o tres podrían practicarlo y se necesitaría otro para interpretarlo. Si se puede usar el canto, debe ser en lenguas, que requiere interpretación. Si todos practicaran hablar en lenguas -o cantar himnos-, no habría nadie para interpretar. 

Es un eufemismo afirmar que la comprensión de Marlow de las Escrituras difería significativamente de la de Keach. El caso bíblico de Marlow en contra del uso de Salmos, himnos y canciones espirituales en el culto corporativo claramente tocó una nota amarga con Keach y finalmente, con los Bautistas en general.

 

Autor: Jeff Robinson

Traductora: Melva Layne

 

Original:

The First Worship War Among Baptists, Part 2

Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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