La Reforma Radical y los Anabaptistas, parte 3. Por Ignacio Cid


5. Anabautismo ortodoxo

Hemos llegado al punto más relevante de la exposición, pues todos los caminos hasta ahora recorridos, tienen por objetivo dotar de elementos suficientes al lector, para diferenciar y distinguir este grupo del resto de los “radicales”.

Antes de referirnos directamente a la biografía, teología y contribuciones de los “ortodoxos”, hace falta referirse brevemente al contexto de emergencia de este anabautismo.

De ente los múltiples focos que tuvo la reforma además del epicentro luterano en Wittenberg, se cuenta el de Zurich, a cargo del reformador y humanista Ulrico Zuiglio. Muy tempranamente se produce un quiebre entre la reforma de Sajonia y la de Suiza, sobre todo en la cuestión de la Cena. Se acusa a Lutero de mantener una visión de la Cena muy similar a la del catolicismo y de querer mantener a toda costa los siete – o dos dependiendo del acusador- sacramentos de la iglesia medieval. Zuiglio lidera la resistencia en los cantones suizos, que representa la alternativa más simbolista y memorial de la Cena, corriente a la que se le llamara los “sacramentistas”. Adicionalmente, la relativa autonomía política que habían conseguido los cantones suizos, y su administración en torno a una democracia burguesa, eran incompatibles con el modelo de “reforma desde arriba” con la que se identificaba el luteranismo.

En ambos casos, se trató de reformas magisteriales, en el sentido de la centralidad de aspectos teológicos en lugar de los sociales, sumado a un fuerte y explicito apoyo estatal. Dado este hecho, y bajo la definición que ya se ha ofrecido, tuvo lugar en ambos contextos, extendidas reformas radicales. En el caso de la zona luterana de mano del espiritualismo que arremetió contra la Cena y su carácter sacramental, mientras que en Zúrich, los radicales fueron los anabautistas y se dirigieron más bien contra el bautismo administrado a infantes. Este desarrollo histórico, hace pensar tal como señalo George H. Williams que “si la forma radical del luteranismo fue el espiritualismo, la forma radical del zwinglianismo fue el anabautismo”[1].

Respecto a la figura de Zuiglio mismo, se trataba de un sacerdote de vocación laica, seguidor de Erasmo, que encontró su primer ímpetu reformador en la justicia social más que en la justicia imputada. Sus primeros escritos critican bíblicamente las prácticas de los mercenarios suizos que vendían sus servicios al ejército francés.

En 1522, tras una “disputatío” en la que Zuiglio participa, el consejo de la ciudad decide retirar su apoyo a la jerarquía romana y entregárselo a él. Así comienza la reforma en Zúrich. En 1523, este pastor demuestra tener un fuerte ímpetu reformador, aunque en realidad se diga que él provenía de sus discípulos más impacientes; propone suprimir los diezmos, retirar las imágenes de las iglesias e instaurar una cena evangélica donde participan todos los miembros de la comunidad bajo las dos especies. Las tres iniciativas fueron rechazadas, pero Zuiglio, a diferencia de sus discípulos, no se mostró frustrado y confió en un futuro progreso de estas materias.

Desilusionados por el compromiso conservador de quien había sido su caudillo y mentor, los primeros anabautistas comenzaron a unir fuerzas y organizarse como disidencia. En sus incipientes reuniones comenzaron a practicar e incorporar aquellos elementos que Zuiglio no había tenido la fuerza para promover. La desobediencia empieza en la primavera de 1524 cuando, en rechazo del bautismo de niños que Zuiglio tanto defendía, se envían cartas buscando apoyo de sus principales rivales: Lutero, Carlstadt y Müntzer.

Tuvieron lugar en 1524 y 1525 dos conversaciones privadas entre dos leales a Zuiglio y los anabautistas en torno ala cuestión del bautismo de infantes. Ante una improbable reconciliación entre las partes, el mismo día de la segunda reunión el ayuntamiento de Zúrich promulgo la obligación legal de bautizar niños, bajo la pena de prisión o deportación para sus detractores.

Aquí es cuando entran en juego tres de las principales figuras y líderes de la resistencia anabautista: Conrad Grebel, Felix Mantz y Jorge Blaurock

Feliz Mantz, nació en Zúrich en 1498 al interior de una familia de intelectuales burgueses. En 1520 recibe una beca del gobierno para estudiar en el extranjero. En su regreso a la ciudad forma parte del circulo que estudia lenguas antiguas con Zuiglio. Maneja a la perfección el griego y el hebreo y cuenta con altos conocimientos en latín. De hecho, en 1522 se convierte en el profesor de la cátedra de hebreo, pero la rechaza rápidamente producto de sus convicciones credo-bautistas. Forma parte del circulo dirigencial del movimiento.

Conrad Grebel es el líder indiscutido de los anabautistas suizos. Nace también en 1498 de una de las familias de patricios más importantes de la ciudad. Fue uno de los anabautistas más refinados de su tiempo producto de su instrucción y sus estancias académicas. En 1514 se matricula en la Universidad de Basilea, en donde se ve impregnado por el humanismo reinante en el contexto académico. Al paso de un año, consigue otra beca y se traslada a Austria, donde conoce a Vadiano, un futuro líder reformador. En 1518, bajo otra beca conseguida con las influencias de su padre, se traslada a París. A diferencia de Basilea y Viena, París era un clima más marcado por el escolasticismo medieval que, hasta cierto punto, Grebel aprendió a apreciar y admirar. Aun así, el paso de Grebel por esta ciudad se ve marcada por las peleas académicas con sus profesores y una vida licenciosa. Dado el empeoramiento de su estado de salud y retiro del apoyo económico de su padre producto de su irresponsabilidad, Grebel vuelve a Zúrich en 1520.

En 1521, se encuentra con Mantz y entran a estudiar en conjunto lenguas al círculo de Zuiglio. Ve reactivado su amor por los círculos humanistas hasta que en 1522 se casa con una mujer de una clase social inferior, lo que le significa la perdida de amistad de alguno de los miembros del humanismo suizo y la ruptura definitiva con su padre. La vorágine de cambios en su vida, ocasiona su conversión. El Señor actúa en él en la primavera de 1522.

En sus cartas posteriores a esta época, se nota un tono nuevo y marcadamente evangélico. Bautiza a sus hijos con nombres bíblicos y se hace cargo de las labores del hogar, lo que escandaliza a su familia. Este es además su periodo de mayor agitación.

La parte final de su conversión tiene lugar para las “disputatio” que el ayuntamiento promociona en torno a la misa. Luego de que el consejo negara la mayoría de los cambios, Grebel toma la palabra en la reunión y pide que inmediatamente se adopten las medidas necesarias para que los sacerdotes se desprendan de la idolatría de la misa. A esta petición contesta Zuiglio: “Los señores [del ayuntamiento] decidirán qué reglas habrá que adoptar en el futuro acerca de la misa”[2]. Esta respuesta por parte de Zuiglio demostró ser la marca indiscutida del control que le otorgo el reformador al ayuntamiento de Zúrich en el manejo de la reforma, hecho que a los ojos de los anabautistas resultaba inadmisible.

Finalmente estaba Jorge Cajacob, apodado Blaurock que significa “habito azul”, porque como nos relata Grebel en su carta “en una oportunidad, cuando estaban reunidos discutiendo asuntos de fe, habló aquel Jorge, de apellido Cajacob, para dar también su opinión. Se preguntó entonces quien había hablado. A esa pregunta alguien respondió que había hablado el del hábito azul (Blaurock)”[3].De todos los líderes del anabaptismo suizo ortodoxo, Blaurock era el único extranjero y además clérigo. Nacido en el cantón católico de Graubünden en 1491, realizó su formación teológica en la Universidad de Leipzing donde fue ordenado. En 1524, abraza completamente la reforma y contrae matrimonio. Ese mismo año se traslada a Zúrich donde traba una profunda amistad con el ala radical de los zuiglianos.

Luego de la separación definitiva con el reformador de Zúrich y la prohibición de parte del consejo de la ciudad, los hermanos suizos como ellos mismos se hacían llamar, decidieron tomar el camino de la desobediencia civil activa en coherencia con su fidelidad bíblica. Así, las crónicas hutteritas, que probablemente contaron con el testimonio directo de Blaurock, nos cuentan el clima de esa noche

“Y aconteció que estuvieron reunidos hasta que comenzó el temor y los acometió, más aún: penetró en sus corazones. Entonces comenzaron a doblar la rodilla ante el supremo Dios que está en el cielo, y lo invocaron como a alguien que conoce los corazones, y oraron rogando que les permitiera cumplir su divina voluntad y que les mostrara su misericordia.Porque no fueron la carne y la sangre, ni la petulancia, lo que los impulsó;ellos sabían muy bien lo que tendrían que soportar y padecer por esto.

Grebel -pidió- que por amor a Dios lo bautizara con el verdadero bautismo cristiano, por su fe y su convicción. Y puesto que se prosternó con ese ruego y ese deseo, Conrad lo bautizó, porque a la sazón no había otro ministro ordenado que pudiera cumplir esa función. Cuando eso hubo ocurrido, los demás expresaron también su deseo de que Jorge los bautizara, cosa que él hizo accediendo a su deseo. Y así se consagraron juntos, con gran temor de Dios, al nombre del Señor. Uno confirmó al otro en el servicio del Evangelio y comenzaron a enseñar la fe y a sostenerla. Con eso comenzó la separación del mundo y de sus malas obras”[4]

Este episodio constituye el primer testimonio de un bautismo de creyentes en los marcos de la reforma. A partir de aquí, y aun bajo la prohibición, en la semana del 22 al 29 de enero, se bautizaron bajo plena conciencia en la confesión de Cristo, más de 25 personas. Cabe decir que en esta época, aun no se introduce el bautismo por inmersión.

Antes de seguir resulta sumamente importante señalar lo siguiente:  los hermanos suizos jamás recibieron el nombre de anabautistas como propio. Este fue un nombre dado por sus detractores que en su raíz latina hacía referencia a la práctica del re-bautismo. En la comprensión de Grebel, Mantz y Blaurock, sin embargo, el bautismo de creyentes no constituía una nueva administración del bautismo sino la única forma valida de hacerlo.

Los hermanos suizos, o anabautistas ortodoxos, buscaron lo más posible volver a la iglesia primitiva de los Hechos de los Apóstoles. Su énfasis en el bautismo de adultos no estaba motivado únicamente por la convicción de que el hombre puede dar testimonio consiente de su fe, sino en el hecho de que aquel creyente que llega a convicción de arrepentimiento, puede hacerla pública. El sentimiento de alivio que les producía el testimonio del arrepentimiento, los empujo a adquirir la usanza de los apóstoles, según la cual rompieron los cerrojos y cerraduras de sus casas, compartieron unos con otros lo que tenían y tuvieron todo por común.

El profundo biblismo que se alojaba en el corazón de este grupo, quedo en evidencia en las cartas que enviaron a Müntzer en 1523. Grebel escribe una epístola en nombre de todo el grupo, buscando coincidencias teológicas y apoyo mutuo para su movimiento. Se siente complacido de encontrar un espíritu afín en Alemania, aunque se muestra preocupado por rumores que rondan a Müntzer y su violación del principio de sola scriptura. En las líneas de la carta queda claro que los hermanos suizos no conocían la posición ambigua del reformador deAllstedt en torno al bautismo de niños, ni mucho menos la importancia para su pensamiento, de la violencia revolucionaria profética.

Además de la cuestión del bautismo que les perturbaba profundamente, Grebel y los suyos hicieron notar sus diferencias con Müntzer y lo exhortaron a tomar medidas. Primeramente, se manifestaron en contra de la misa en alemán que había escrito el reformador de Allstedt. Grebel escribe “Hemos sabido y hemos visto, que has traducido la misa al alemán y que has introducido nuevos himnos alemanes. Eso no puede estar bien, cuando en el Nuevo Testamento no encontramos ninguna enseñanza acerca del canto ni ningún ejemplo (…) Sí quieres abolir la misa, no debes hacerlo introduciendo el canto en alemán. Quizá la idea sea tuya o provenga de Lutero. Se la debe extirpar por medio de la palabra y el propósito de Cristo”[5]

En la reforma litúrgica que Müntzer había llevado adelante, además de la cuestión del rito, se habían eliminado todas las imágenes al interior de las iglesias, con la sola excepción de dos placas con los diez mandamientos. Grebel respondió a esta iniciativa señalando que“estamos de acuerdo en todo, sólo que nos hemos enterado con tristeza de que has establecido tablas, de lo cual no existe texto ni ejemplo en el Nuevo Testamento. Verdad es que en el Antiguo Testamento la escritura era exterior; pero en el Nuevo, la escritura se hace en las tablas de carne del corazón”[6].

Existen otros puntos de divergencia entre los dos radicales que quedan manifiesto en las misivas. Una de ellas es que los hermanos suizos se oponían terminantemente a que los clérigos o pastores recibieran un sueldo por la predicación de la palabra. Eran partidarios así, de eliminar todo el sistema de diezmos y rentas con el que se sostenían las iglesias locales. Aún más profunda fue la divergencia en torno a la autoridad civil, Por eso en la segunda carta, los hermanos son conscientes del uso fluido que Müntzer hace de la espada, y por eso escriben:

“tú has predicado contra el príncipe, [has dicho] que se le debería atacar con los puños. Si eso es verdad o si has querido defender la guerra, las tablas, el canto u otras cosas que no encuentras expresamente mencionadas [en las Escrituras] —como no encontrarás los puntos antes mencionados— te exhorto en nombre de la común salvación de todos nosotros a que desistas de todo ello y de toda idea propia, ahora y en adelante”[7]

Este punto es de vital relevancia en dos sentidos. En primer lugar, la doctrina muntzeriana pone en peligro el pacifismo consolidado de la comunidad de los hermanos suizos. En segundo, la forma en que Müntzer se relaciona o pretende relacionarse con el ´poder político, le recuerda a los anabautistas ortodoxos el modo de proceder de Zuiglio y su reforma. En ese sentido, salvo una notable excepción, los proyectos anabautistas en particular y radicales en general, se mantendrán al margen de los marcos estatales y sin ningún apoyo de su parte. Esto constituye una virtud en un sentido muy específico: al no haberse constituido bajo la tipología de la iglesia nacional, el movimiento anabautista tuvo una capacidad adaptativa y expansiva mucho más rica y difundida que el protestantismo tradicional. En ese sentido es posible afirmar que parte importante del espíritu evangelizador que tendrá el evangelismo en el futuro, proviene más de la reforma radical que de la magisterial.

Los hermanos suizos desarrollaron una vocación de iglesia perseguida. En la carta a Müntzer, Grebel señala que “Tampoco hay que proteger con la espada al Evangelio y a sus adherentes,y éstos tampoco deben hacerlo por sí mismos como según sabemos por nuestro hermano tú opinas y sostienes. Los verdaderos fieles cristianos son ovejas entre los lobos, ovejas para el sacrificio”[8] Producto de esta convicción, cuando se activan las persecuciones contra los anabautistas, en lugar de evitarlas, muchos hermanos suizos decidieron el exilio refugiándose en ciudades como Augsburgo o Estrasburgo.

Lo acontecido en Zúrich, además de estos tres protagonistas, contó con la presencia de un destacado teólogo e intelectual de la época que, si bien no formo parte de la generación original del anabaptismo suizo, si fue uno de sus campeones. Baltasar Hubmaier nacido en 1480, fue un doctor en teología y gran predicador.  Criado en el seno de una familia de pocos recursos, realizo parte de sus estudios en la Universidad de Friburgo donde tuvo interacción con Juan Eck, la figura central del tomismo en la época. Producto de su cercanía, en 1512 Hubmaier deja Friburgo para seguir a Eck a Ingolstad, en donde consigue su doctorado. En 1515, al ser ordenado, es nombrado capellán de la universidad. En ese periodo se ve involucrado en un ataque contra una sinagoga donde se termina edificando una capilla a peregrinos de la Virgen María.

Luego del incidente, en 1521 se traslada a Waldshut, ciudad austriaca en la frontera con Suiza. En 1522 viaja a Basilea donde conoce a Erasmo y Glarean, un antiguo maestro de Grebel en su paso por la ciudad, Recibe el influjo del zuiglianismo en la ciudad, lo que lo hace abrazar la reforma, pero sin un domicilio específico. En marzo de 1523 entra en contacto con Zuiglio y otros dirigentes suizos que incluyen a Grebel. Un poco antes había participado en la querella en torno a la Cena mostrando poca paciencia con la forma de proceder del reformador de Zúrich.

En 1525 regresa a Waldshut donde transforma la iglesia local en una iglesia anabautista. Redacta un documento de 18 artículos los cuales serían la guía para la reforma en la ciudad. En estos artículos Hubmaier estableció claramente la doctrina de la justificación por la fe, los frutos de amor que la verdadera fe produce, el rechazo de la misa como sacrificio, el rechazo al celibato y el bautismo voluntario de los creyentes[9]

Producto de la ocupación de las tropas austriacas se ve en la obligación de escapar a Nikolsburg donde nuevamente intenta establecer un anabautismo oficial con apoyo de las autoridades. En el invierno de 1525, Zuiglio publica un panfleto donde se pronuncia por primera vez de manera explícita en contra de sus detractores radicales. Se titulaba Sobre el bautismo, el anabaptismo y el bautismo infantil. En él se daba respuesta a algunas de las objeciones anabautistas. Hubmaier contesto elocuentemente un poco más de un mes después con una obra titulada el bautismo del creyente pieza que aún es considerada como una de las más memorables obras de defensa del credo-bautismo

De todos los anabautistas, Hubmaier fue el único que intento nacionalizar el anabautismo y dirigirlo con la venia de las autoridades, Aun así, tras la el abandono y la falta de apoyo de su príncipe, Hubmaier muere en Viena quemado en la pira en 1528, por orden imperial. Fallecía así, uno de los eruditos más destacados del anabautismo, Un teólogo que no solo se dedicó a la controversia del bautismo, sino que además fue capaz de abordar tópicos tradicionales de la teología especulativa medieval como el papel del alma o libre albedrío entre otros.

Grebel muere en 1526 afectado por la peste mientras que Mantz es ejecutado en 1527. Con la primera generación completamente descabezada, los hermanos suizos enfrentaron el peligro de desaparecer como movimiento ante la falta de liderazgo. Afortunadamente encontraron un capaz y elocuente portavoz: Miguel Sattler

Sattler fue un monje benedictino de convento nacido alrededor del año 1490, en Stauffen, Alemania. Realizo sus estudios en la Universidad de Friburgo antes de dedicarse a la vida monacal. No se sabe nada de él hasta el año 1525 en el que, aprovechando una revuelta campesina, abandona el monasterio de San Pedro para refugiarse en la casa de un campesino anabautista llamado Oberglatt.

Ya de lleno con la causa anabautista, Sattler extiende su predicación hasta tierras suizas. Entra en contacto con Wilhelm Reublin quien había sido un estrecho colaborador de los hermanos suizos. Adquiriendo el liderazgo de la comunidad que busca exiliarse de Zúrich, Sattler se asienta con la iglesia en Estrasburgo, donde encuentra grandes personalidades como Deck, Menno y el propio Bucero. Con este último discute para acceder a cierta tolerancia dentro de la ciudad. Lo convence de que el pacifismo de los hermanos suizos hace que, en tanto comunidad, ellos no constituyeran un peligro ni para la iglesia ni para el Estado

De acuerdo con John Howard Yoder, la diáspora de la hermandad suiza “debe reconocerse como el momento cuando esta hermandad visible y diferente alcanzó la mayoría de edad y asumió una responsabilidad de largo alcance en cuanto a su orden y fe”[10]. Para consolidar esa madurez, Sattler busca realizar un sínodo para las comunidades en la diáspora y las llama a Schleitheim, donde se realiza una confesión de 7 artículos.

Al retornar de la asamblea, él y su esposa son apresados por las autoridades austro-católicas. Frente al tribunal se les acusa de desacato del dominio imperial, mantener una visión no sacrificial de la Cena, desdeñar el bautismo de niños, entre muchas otras cuestiones, El juicio tiene lugar en Rotenburg. Uno de los documentos que circulo con mayor fuerza luego de que Sattler muriera fue el registro de la audiencia, que de acuerdo con Howard Yoder, fue uno de los textos que dio el inicio a la martiriología protestante. Sattler y su mujer son condenados al tercer bautismo, a saber, morir ahogados.

Un hecho interesante de resaltar, es la cuestión de que, en su defensa, Sattler utiliza el credo de los apóstoles para defender su posición como ortodoxa. Este acontecimiento revela que, al menos la posición suiza, se entendía a si mismo como parte del legado histórico del cristianismo en lugar de su restitución total. El uso del credo muestra un anabautismo que utiliza con frecuencia los símbolos históricos de la fe y que, en consecuencia, se siente más cómodo con su lugar en la historia de la iglesia. Resulta curioso que esa claridad del anabautismo permanece aún nublada el en bautismo contemporáneo

Resulta en extremo difícil resumir en unas pocas líneas la profundidad y elocuencia de un movimiento como el de los hermanos suizos. La intensidad de su compromiso con Las Escrituras en los marcos del cristianismo histórico, son el testimonio de una senda marcada que debe seguir la iglesia local, conciliar y universal.

III. Recuperación de los aportes y desaciertos de los anabautistas.

No es posible realizar el ejercicio de recuperación histórica y teológica de un movimiento como el de la reforma radical sin dar cuenta de sus múltiples facciones, grupos, comunidades tanto en su continuidad como en su resultado. Del mismo modo, ante la abrumadora cantidad de información expuesta, la genealogía con aciertos y desaciertos de la Reforma Radical puede quedar oscurecida. Es por eso que a continuación se eunmeran algunas de ellas a modo de resumen.

 

  1. Aspectos positivos

 a) Comunidad

  • La comunidad de fe como comunidad voluntaria: no porque ella dependiera de la “libre”iniciativa de los hermanos que la componen. Los anabautistas sostuvieron con firmeza el hecho de que la iglesia es obra exclusiva de Dios. Su preocupación por la voluntariedad, guardaba relación más bien, con la prevención pertenencia forzada o bajo coacción.
  • La comunidad de fe como comunidad política: esto es, que no se mantiene separada de los asuntos públicos o “del mundo”. A través de una fe común y una predicación efectiva de Evangelio, transforma las circunstancias socioculturales que la rodean.
  • La comunidad de fe como comunidad económica: Asentada bajo la idea de que Las Escrituras norman el total de las relaciones humanas, la comunidad anabautistas instituyo voluntariamente la comunidad de ciertos bienes. Trajo de vuelta a un clima crecientemente dominado por el capitalismo mercantil, el valor de la gratuidad y la solidaridad cristiana. Busco mecanismo de redistribución interna para reducir la miseria entre los hermanos. Predico fervientemente en contra de la opulencia y la usura, buscando cimentar un modelo económico más cristiano.
  • La comunidad de fe como comunidad misional: una iglesia que cumple su propósito en la predicación y la evangelización. Esto posibilitado por el profundo carácter no-estatal que adquirió la comunidad anabautista al no mantener lazos de lealtad con los príncipes y sus intereses territoriales locales, al modelo de la Iglesia nacional.
  • El rescate de una espiritualidad comunitaria: basada en la interacción con el otro-hermano. La centralidad de la iglesia como comunidad de encuentro, donde se le da forma al cuerpo de Cristo. La vida cristiana como una vía compartida que hace frente al individualismo.

b) Interpretación bíblica:

  • Una hermenéutica cristocéntrica, basada en el texto bíblico que se juzga a la luz de la vida y obra de Cristo expresada en su “regla de oro”
  • Una hermenéutica congregacional, donde en lugar de promoverse el libre examen de Las Escrituras, o la elitización educacional de la misma, se acentúa el elemento eclesiológico. Esto es, que tanto doctores en teología y campesinos, leen juntos la Biblia, y la interpreta en torno a su experiencia común y las enseñanzas históricas del cristianismo.

c)Autoridad civil.

  • Una separación absoluta entre iglesia y Estado, no necesariamente asociada a la escisión ente religión y política. Con la pura excepción de Hubmaier el proyecto anabautista busco la justicia social cristiana al margen del Estado.
  • La aplicación política de cierta resistencia “no violenta” que aun reconociendo las doctrinas medievales de la legitima defensa y la guerra justa,opto por una llamado y vocación a la aplicación del Sermón del Monte

 

Aspectos negativos.

 

  • Para quienes pertenecemos a la tradición teológica reformada, la soteriología de los hermanos suizos y la mayoría de los radicales, es incompatible con visiones más monergistas de la misma. Efectivamente, todos los radicales de la época, tuvieron una visión del proceso salvífico más cercana a la escolástica medieval que a la de los reformadores magisteriales. Muchos defendieron abiertamente el libre albedrio y la cooperación de la voluntad con lagracia.

El desafío que impone este punto, es recuperar la eclesiología anabautistas, comunitaria, social y misional, manteniendo una soteriología reformada.

  • Si bien el carácter desinstitucionalizado del anabautismo le dio una fuerza expansiva al movimiento, fue a su vez el germen del separatismo que, cual fuerza centrífuga, mantuvo divididos y desunidos a miembros del movimiento. Este último problema, persiste con mucha fuerza las iglesias bautista, herederas espirituales del anabautismo

IV. Reflexiones finales

A llegar al final de este texto y luego de hacer una revisión extensiva sobe la genealogía del anabautismo es posible hacer algunas aseveraciones.

En primer lugar, al retornar a la pregunta de la identidad, el origen se vuelve ahora un hecho menos vergonzoso y más llevadero. La genealogía permite distinguir entre aquellos que nos pertenece y los hacemos propio, así como también nos recuerda aquellos que nos constituye, pero sigue siendo ajeno. La genealogía resulta así un buen ejercicio para empujar hacia los bordes de la tensión, aquello que no incomoda, desprendiéndonos por considerarlo erróneo.

Con lo anterior, se puede señalar que, aunque los bautistas nacen formalmente del movimiento no-conformista y separatista del puritanismo inglés, es innegable el efecto que ejerce sobre ellos parte de la reflexión teológica de lo anabautistas, especialmente de los hermanos suizos. Negar este hecho linda en la pertinaz candidez.

Lo bautista entonces, no ha de establecerse ni como una dialéctica entre posiciones rivales del origen, ni como una imposición forzada de alguna de ellas, sino como el dialogo entre dos momentos de un proceso que culmina con su emergencia. La identidad como fenómeno, emerge de narrativas construidas por los protagonistas de si mismo. La naturaleza ficcional de este proceso, sin embargo, de ningún sentido socava su efectividad discursiva o política.

Bien decía Habermas que, se es aquello que se performa. El dialogo académico ha de establecer la verdad académica respecto al origen, pero, a fin de cuentas, la identidad se constituirá en torno a aquello que hagamos y como vivamos el Evangelio.

Allí yace la gran oportunidad, a saber, que el origen no es un lastre para la identidad ni para “lo bautista”, sino todo lo contrarios pues aun cuando marca indeleble del camino ya transitado, el origen puede ser negado, o exaltado, pues el no es conclusivo. Lo relevante a fin de cuentas es que se hace con él, como se entiende y como se reformula. Si dicho ejercicio tiene como única medida La Santa Palabra de Dios, entonces no hemos de temer, andaremos por buen camino.


[1]George Huntston Williams pág. 110.

[2] Ibid. Pág. 120

[3]John Howard Yoder,“Cronicas Huteritas” en Textos Escogidos …pág. 140.

[4] John Howard Yoder,“Cronicas Huteritas” en Textos Escogidos …pág. 141.

[5] Conrad Grebel, “1era Carta de los Hermanos Suizos a Müntzer”en Textos Escogidos pág. 127

[6] Ibíd. pág. 130.

[7] Conrad Grebel, “2da Carta de los Hermanos Suizos a Müntzer”en Textos … pág. 134.

[8] Conrad Grebel, “2da Carta pág. 131.

[9]John Howard Yoder, Textos Escogidos …pág. 76

[10]Ibíd. pág. 89.

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