“Vivir en Dios que es invisible” Sufrimiento y servicio en la vida de John Bunyan (Parte 1)


Traducido desde http://oestandartedecristo.com

Conferencia Belén para pastores, 2 de febrero de 1999.

“Dios te bendiga, prisión, por haber estado en mi vida”

En 1642, a unos 500 kilómetros al noreste de Londres, en Bedford, John Bunyan fue liberado después de 12 años de prisión. Él tenía 44 años. Poco antes de su liberación (al parecer) el actualizo su autobiografía espiritual llamada “Gracia abundante para el principal de los pecadores”. El miró hacia atrás, a las dificultades de los últimos 12 años y escribió sobre como él fue habilitado por Dios para sobrevivir e incluso hasta florecer en la misma prisión de Bedford. Uno de sus comentarios me da el titulo para este mensaje sobre la vida de John Bunyan.

El cita 2 Corintios 1:9 donde Pablo dice: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucito de los muertos”. Después él dice:

“Por esta Escritura, yo fui llevado a ver que, si algún día, yo sufriera de manera justa, preferiría primero pasar una sentencia de muerte sobre todas las cosas que pueden ser llamadas correctas en esta vida, incluso a considerar a mi esposa, a mis hijos, mi salud, mi placer, y todos como muertos para mí, y yo, como muertos para ellos. Lo segundo seria vivir en Dios que es invisible, como Pablo dijo en otro lugar; el camino para no debilitarse es el de “no mirando la cosas que se ven, sino en las que no se ven, porque las que se ven son temporales, y las que no se ven son eternas”. 

El término al que me he apegado en el título y el enfoque de este estudio es la frase de Bunyan “vivir en Dios que es invisible”. El descubrió que si debemos sufrir correctamente, debemos morir, no solo para el pecado, sino para las cosas inocentes y preciosas de este mundo, incluyendo la familia y la libertad. Debemos “vivir en Dios que es invisible”. Debemos considerar todo lo demás del mundo como muerto para nosotros y nosotros para ellos. Esta fue la pasión de Bunyan a partir del momento de su conversión como un joven hombre casado hasta el día de su muerte, cuando el tenía 60 años.

Sufrimiento: Normal y Esencial

En toda mi lectura de Bunyan, lo que más me impactó, fue su sufrimiento y como él respondió a el. Lo que él hizo con el sufrimiento. Y lo que él nos puede enseñar a nosotros. Todos vamos a nuestras tareas con una historia y muchas predisposiciones. Yo vengo a John Bunyan con un sentimiento creciente de que el sufrimiento es un elemento normal, útil, esencial, y ordenado por Dios en la vida y ministerio cristiano. No solo para desligarnos del mundo y enseñarnos a vivir en Dios, como 2 Corintios 1:9 dice, sino también para hacer a los pastores más capaces de amar a la iglesia (2 Tim 2:10; Col 1:24) y hacernos misioneros más capaces de alcanzar a las naciones (Mt. 10:16-28) para que aprendamos a vivir en Dios y no por el pan que perece (Jn. 6:27).

Yo soy influenciado en la forma como leo a Bunyan tanto por lo que veo en el mundo de hoy como por lo que veo en la Biblia. Veo la persecución de la iglesia en Indonesia con sus iglesias quemadas; en Sudan con su hambre y esclavización sistemática; en China con la represión de la libertad religiosa y largas prisiones; en la India, con su reciente violencia por parte de una multitud de hindúes; el asesinato hace dos semanas de Graham Staites, un misionero veterano de 30 años con sus hijos de siete y nueve años de edad; y la estimación reportada en el Boletín Internacional de Investigación Misionera de este mes de 164.000 mártires cristianos en este mes en 1999.

Veo 10.000 muertos en Honduras y Nicaragua en el camino del huracán Mitch. Veo 1.000 muertos por un terremoto la semana pasada en Armenia, Colombia. Veo cientos de abatidos en Kosovo. Veo 16.000 nuevas personas infectadas con el VIH cada día, con 2.3 millones de personas que mueren de SIDA en 1997, 460.000 de ellos con menos de 15 años, y 8,4 millones de niños huérfanos debido al SIDA. Y, por supuesto, veo a las personas sufriendo en mi propia iglesia por tuberculosis, lupus, enfermedades cardiacas, cegueras, por no mencionar las centenas de dolores emocionales y relacionales que las personas cambiarían por cualquier buen día.

Y, mientras me acerco a la vida y sufrimiento de Bunyan, veo en la Biblia que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de los cielos” (Hechos 14:22) y la promesa de Jesús: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”  (Jn 15:20) Así como la advertencia de Pedro “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12) y el realismo absoluto de Pablo que nosotros “tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestros cuerpos” (Rom 8.23) y el recuerdo de que “nuestro hombre exterior se va desgastando” (2 Cor 4:16) y que toda la creación “fue sujeta a vanidad” (Rom 8:20)

Y, mientras yo voy a la vida y cuando miro alrededor en el mundo y en la Palabra, mi propia sensación es que necesitamos de Bunyan ahora, un vistazo de él cómo sufrió y aprendió a “vivir en Dios que es invisible”. Yo quiero eso para mí, y quiero eso para mi pueblo, y lo quiero para ustedes pastores y para su pueblo, porque nada glorifica a Dios más que cuando mantenemos nuestra estabilidad e incluso nuestra alegría de haber perdido todo, menos a Dios (Habacuc 3:17-18). Ese día está llegando a cada uno de nosotros, y nosotros hacemos bien en estar listos, y ayudar a nuestros pueblos a estar listos.

Los tiempos de Redwoods

John Bunyan nació en Eslow, a una milla al sur de Bedford, Inglaterra, el 30 de noviembre de 1628, el mismo año que William Laud se convirtió en el obispo de Londres durante el reinado del rey Carlos I. Esta conexión con el obispo Laud es importante porque usted no puede comprender los sufrimientos de Bunyan fuera de los tiempos religiosos y políticos en que vivió.

En aquellos días había tremendos conflictos entre el Parlamento y la Monarquía. El Obispo Laud, junto a Carlos I se opusieron a la reformas de la Iglesia de Inglaterra, deseada por los puritanos. Oliver Cromwell fue elegido para el Parlamento en 1640 y la guerra civil estalló en 1642 entre las fuerzas leales al rey y las leales al Parlamento. En 1645, el Parlamento tomo el control de la Monarquía. El Obispo Laud fue ejecutado aquel año y el uso del Libro de la Oración Común fue derribado. La Asamblea de Westminster concluyó la Confesión de Westminster para la Iglesia Presbiteriana dominante en 1646, y el rey fue decapitado en 1649. Cromwell lideró la nueva Comonwealth (Cámara de los Comunes) hasta su muerte en 1658. Su principal preocupación era un gobierno estable con libertad de religión para los puritanos, como John Bunyan y otros. “Los judíos que habían sido excluidos de Inglaterra desde 1290, se les autorizo volver en 1655”.

Después de la muerte de Cromwell, su hijo, Richard Cromwell, fue incapaz de sostener el gobierno. El deseo de estabilidad con un nuevo rey creció (¡Cuán rápido el favor del hombre puede cambiar!) El Parlamento se volvió contra los no-conformistas como John Bunyan y aprobó una serie de actos que resultaron en el aumento de restricciones sobre los predicadores puritanos. Carlos II fue traído a casa en lo que es conocido como la Restauración de la Monarquía, y proclamado rey en 1660, mismo año en que Bunyan fue arrestado por predicar sin aprobación del Estado.

Dos mil pastores expulsados

En 1662, la Ley de Uniformidad fue aprobada y exigía la aceptación del Libro de la Oración y la Ordenación Episcopal. En agosto de aquel año, 2.000 pastores puritanos fueron forzados a salir de sus iglesias. Doce años más tarde, hubo un feliz cambio de eventos con la Declaración de Indulgencia Religiosa, que resulto en la libertad de Bunyan, su licencia para predicar y su llamado a ser el pastor oficial de la Iglesia No Conformista en Bedford. Pero había inestabilidad política hasta cuando murió en 1688, a los 60 años. Él fue arrestado otra vez a mediados de 1670, cuando probablemente escribió “El Peregrino”.

Estos fueron los días de los sufrimientos de John Bunyan, y debemos tener cuidado de no exagerar o subestimar el terror de los días. Exageraríamos, si pensáramos que fue torturado en la prisión de Bedford. De hecho, algunos carceleros lo dejaron salir para ver a su familia o hacer breves viajes. Pero nosotros subestimaríamos si pensáramos que él no estaba en peligro frecuente de ejecución. Por ejemplo, en las sangrientas encuestas de 1685, 300 personas murieron, en los condados occidentales de Inglaterra por hacer lo mismo que Bunyan hizo como pastor No Conformista.

Sufrimiento en medio de la juventud

Bunyan aprendió el oficio de Metalurgia de su padre. El recibió la enseñanza regular de los pobres para leer y escribir, pero nada más. No tuvo educación formal más elevada de cualquier tipo, lo que hace de su escritura e influencia aún más sorprendente. El sufrimiento más notable de su vida comienza en la adolescencia. En 1644, cuando tenía 15 años, su madre y su hermana murieron en un plazo de un mes de diferencia. Su hermana tenía 13 años. Para aumentar el sufrimiento, su padre se casó de nuevo dentro de un mes. Todo esto, mientras no hay muchos kilómetros de distancia, en el mismo mes de la perdida, el rey atacó una iglesia en Leighton y “empezó a cortar y herir a la derecha y a la izquierda”. Y después en aquel otoño, cuando Bunyan había cumplido 16 años, fue convocado al ejército Parlamentario. Por cerca de dos años, fue llevado de su casa para el servicio militar. Hubo momentos angustiantes, él nos dice, como una vez, cuando un hombre tomo su lugar como un centinela y fue baleado en la cabeza con una bala de mosquete y murió.

Bunyan no era creyente durante ese tiempo. Él nos dice: “Yo tenía pocos iguales, especialmente considerando los mismos años, que fueron puestos para maldecir, insultar, mentir y blasfemar contra el santo nombre de Dios… hasta que me casé, yo era el líder de todos los jóvenes que me hacían compañía, en todos los tipos de vicio e impiedad”.

Los preciosos libros vinieron con la esposa

El “vino al estado del matrimonio” cuando tenía 20 o 21 años, pero nunca supimos el nombre de su primera esposa. Lo que sabemos es que ella era pobre, pero tenía un padre piadoso que murió y dejo sus dos libros que ella trajo para el matrimonio; “Camino del hombre simple para el cielo” y “la práctica de la piedad”. Bunyan dijo: “En estos dos libros que a veces leía con ella, en que yo también encontré algunas cosas que eran un poco agradables para mí, pero en todo eso yo no me encontré con ninguna convicción. Pero la obra de Dios atrayéndome a Él había comenzado.”

Ellos tuvieron 4 hijos: Mary, Elizabeth, John y Thomas, Mary la mayor nació ciega. Esto no solo contribuyó a la tremenda carga de su corazón en cuidar de Mary y de los demás, sino también su arresto, cuando Mary tenía 10 años, una separación dolorosa.

“Tu Justicia está en el Cielo”

Durante los primeros cinco años de matrimonio, Bunyan fue profundamente convertido a Cristo en la vida de la Iglesia Bautista No conformista de Bedford. Él estuvo bajo la influencia de John Gifford, el pastor en Bedford y se mudó de Elstow a Bedford con su familia y entro en la iglesia allí en 1653, aunque él no estaba tan seguro como ellos lo estaban que él si era un cristiano. Es difícil establecer una fecha en su conversión, porque al contar el proceso en “Gracia Abundante para el principal de los pecadores” casi no incluye fechas. Pero fue un proceso largo y agonizante.

Él se estaba derramando sobre las Escrituras, pero no encontraba paz ni seguridad. Hubo épocas de grandes dudas sobre las Escrituras y sobre su propia alma. “Toda una oleada de blasfemias, tanto contra Dios, Cristo y las Escrituras, fueron derramadas sobre mi espíritu, para mi gran confusión, un gran asombro… ¿Como usted puede decir, que los turcos no tenían escrituras tan buenas, a su Mahoma como salvador como tú para probar a tu Cristo?”, “Mi corazón estuvo a veces excesivamente duro. Si hubiera dado mil libras por una lagrima, no podría derramar una”.

Cuando él pensó que estaba confirmado en el Evangelio, una época de oscuridad aplastante, seguida de una terrible tentación cuando oyó las palabras “Vende y sepárate de ese santísimo Cristo… déjalo ir, si él quiere” Él nos dice: “Sentí en mi corazón consentir libremente a eso. Oh, la diligencia de Satanás; Oh, la desesperanza del corazón; Oh, la desesperanza del corazón del hombre”. Por dos años, él nos dice, estaba en la desgracia de la condenación. “Temía que mi pecado perverso era el pecado imperdonable”, “Oh, nadie sabe los terrores de esos días, sino yo mismo. Yo pensaba que era un trabajo arduo orar a Dios, porque la desesperación me tragaba”.

A continuación, viene lo que parecía ser el momento decisivo.

“Un día, cuando yo estaba atravesando el campo… esta frase cayó sobre mi alma. Tú justicia está en el cielo. Y, yo pensaba, además de eso, yo vi con los ojos de mi alma a Jesucristo a la derecha de Dios; Allí, yo digo, estaba mi justicia; al fin de que dondequiera que yo estuviera, o lo que yo estuviera haciendo, Dios no podría decir de mí, que El necesitaba de mi justicia, pues ella estaba delante de él. Vi también por otro lado, que no era mi buen estado del corazón que hacia mi justicia mejor, ni tampoco mis ruines circunstancias hacían mi justicia peor, sino que mi justicia era Jesucristo mismo “El mismo, ayer, hoy y eternamente” (Hebreos 13:8) Ahora, sí, mis cadenas cayeron de mis piernas, de hecho. Yo estaba libre de mis aflicciones. Mis tentaciones también huyeron; de modo que a partir de ese momento las Escrituras terribles de Dios (Sobre el pecado imperdonable) dejaron de molestarme; ahora yo me fui a casa regocijándome por la gracia y el amor de Dios”.

Una influencia clave aquí, además del Pastor Gifford en Bedford fue Martín Lutero. “El Dios en cuyas manos están todos nuestros días y caminos, echó en mi mano un día un libro de Martín Lutero, que era su comentario de Gálatas. Yo encontré la misma condición en su experiencia tan amplia y profundamente tratadas como si su libro hubiera sido escrito a partir de mi corazón… yo prefería este libro de Martín Lutero de los Gálatas, exceptuando la Sagrada Escritura, antes que todos los libros que he visto, como el más apto para un conciencia herida”.

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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