Las Sociedades de Señoras – Sra. M. de Moore


Se me ha pedido que escriba algo sobre la necesidad de tener sociedades de señoras en nuestras iglesias bautistas y de cómo organizarlas.

Deseo manifestar la gratitud que siento hacia las hermanas miembros, de las iglesias que hemos visitado recientemente, por la hospitalidad y cariñosa acogida que nos dispensaron, como también por la confianza y aprecio que nos demostraron en cuanto a la obra en la cual todas estamos íntimamente interesadas. Agradezco al Señor la oportunidad que me ofrece de hacer algo en su obra aquí en Chile y también le pido que bendiga nuestros esfuerzos y que estreche aún más los lazos de amor cristiano que nos unen.

La necesidad de las sociedades de Señoras

No creo que sea conveniente tener en nuestras iglesias sociedades de señoras por la sola razón de que las tienen otras y así por poder decir que nosotros también las tenemos. Si no llenan una necesidad o si no pueden ser motivo de grande utilidad en la obra que la iglesia lleva a cabo, me permito decir, sin reserva, que es mejor no tenerlas.

Yo creo firmemente que las sociedades de señoras son muy necesarias, no para darse tono de ellas, sino porque la mujer, por modestia natural o por razones de conciencia o porque no se lo permitan, no toma partes en las discusiones de las reuniones administrativas que cada iglesia local efectúa y, de esta manera, pierde el interés en la obra del Señor y llega hasta pensar que ella no tiene parte ni suerte en tal negocio. La iglesia en que esto acontezca, pierde mucho porque se ve privada del ingenio con que Dios ha dotado a la mujer.

Las sociedades de señoras ofrecen remedio para este mal porque en sus reuniones las señoras pueden discutir los problemas relacionados con la obra de la iglesia, como también los métodos de trabajo y, además, fomentar ciertos ramos que naturalmente caen bajo su responsabilidad. No me entendáis mal porque no creo que la sociedad de señoras debe ser una iglesia feminista. No, de ninguna manera, antes por el contrario debe estar sujeta a la iglesia, guardar una relación intima con ella y manifestarle sus acuerdos y trabajo de cuando en cuando.

Ofrecen también las sociedades de señoras, la oportunidad de estudiar la Palabra de Dios con otro propósito que el que se tiene en las clases mixtas. En las reuniones de la sociedad, las señoras tienen más libertad de expresarse y para contar sus experiencias personales. A estas reuniones o clases podrían invitar a otras señoras inconversas aún y así la sociedad vendría a ser un instrumento de evangelización. Otro merito que tienen estas reuniones para las señoras es que pueden reunirse en un día y a una hora que les sea conveniente, cuando los quehaceres de la casa y los niños no les preocupen la mente, y, así, poder pensar y deliberar con provecho.

Como formar una sociedad

La experiencia que yo obtuve, mientras estuve en La Argentina, en la obra de las señoras, me ha convencido de que en una iglesia que por primera vez se forma una sociedad de señoras, no hay necesidad de que esta tenga una organización acabada. La razón es porque las señoras todavía no entienden lo que es una organización ni las costumbres parlamentarias y es fácil que pierdan todo el tiempo disponible eligiendo oficiales, proponiendo acuerdos, discutiendo las actas, etc. y, así se aparten del verdadero objeto de la sociedad que debe ser el espiritual.

Así que no voy a publicar ahora reglamentos para la organización de sociedades sino que creo que más conveniente que, en caso de que haya alguna iglesia que algún tiempo haya tenido una sociedad de señoras y que estas reconozcan la necesidad de una organización, me escriban y yo les mandaré los datos que necesiten como así mismo los estatutos o iré a ayudarles personalmente, si así lo desean.

A las señoras que por primera vez forman una sociedad, les aconsejo que se reúnan en forma de una clase bíblica, bajo la dirección de la esposa del pastor o de cualquier otra hermana competente y que lo que estudien o hagan sea sencillo y sin ceremonia y, finalmente, que procuren, por todos los medios posibles, que reine entre ellas un espíritu de cooperación y fraternal cariño.

Tareas especiales que les interesan a las señoras.

En sus reuniones de señoras pueden orar por los enfermos que haya en la congregación y, en caso que fuere necesario, ayudar a cuidarlos; pueden también ayudar a las familias necesitadas o que hubiesen sufrido alguna desgracia. No deben olvidar las hermanas de visitar las familias que haya en el barrio en que vivan y procurar ganar alguna alma para el Señor. Es muy conveniente que estas visitas se hagan por grupos de dos o tres. La ayuda material que las señoras, pueden prestar a la iglesia, es de dos clases.

  1. Arreglo de la capilla o sala de cultos. Deben procurar que el piso este limpio, los asientos sin polvo a la hora del culto, los floreros, si los hay con flores frescas; que la ventilación sea suficiente, que el mantel que se usa para la celebración de la Cena del Señor, esté limpio y planchado y que los vidrios estén limpios y relucientes; en fin, que el lugar de cultos sea atractivo y esté tan limpio como nuestras propias casas de modo que si el Señor entrase no tuviéramos de que avergonzarnos. Se puede encargar una comisión de hacer estos trabajos y, si lo toman por turno, no será gravoso para nadie.
  2. Puede reunir sus “chauchitas” en una colecta especial, ya sea para edificación, arreglo interior del templo, socorrer a los pobres, etc. En caso de que una iglesia cuente con su casa propia, hace falta aún un buen pulpito, una mesa, un harmonio, lámparas (si hay luz eléctrica) túnicas para los bautismos, el servicio para la Cena del Señor y útiles para la escuela dominical.

Métodos

En una de nuestras iglesias que tuve el privilegio de visitar hace poco, encontré que las hermanas hacían trabajos manuales y los vendían dedicando el producto a la edificación de la capilla que entonces estaba en construcción. Esta costumbre es digna de elogio y la recomiendo a todas las hermanas.

Conocí otra sociedad en que cada miembro dedicaba un día a la semana para hacer trabajitos; tales como tejidos de lana, puntilla, etc. las cuales después de vender estos efectos, dedicaban el producto de los mismos a un fondo dedicado a comprar útiles para la capilla. Conocí también a una señora que daba a la obra del Señor todos los huevos que las gallinas ponían en el día domingo. Estoy segura que, siendo como son todas laboriosas las hermanas chilenas, pronto tendremos noticias de muchas que siguen estos nobles ejemplos.

Estudios bíblicos para las sociedades de señoras

LECCION I Introducción al estudio.

  1. A los Evangelios.

2: A San Marcos (Pídanse estos artículos de la Sra. de Moore, casilla 186, Concepción)

Estudio Marcos 1:1-13 El principio del Evangelio.

  1. El ministerio de Juan el Bautista, Marcos 1:1-8
  2. El bautismo de Jesús vrs 9-11
  3. La tentación de Jesús vrs 12-13

Apréndase de memoria ver 11

LECCION II Marcos 1:14-45 Ministerio de Jesús en Galilea

  1. Jesús empieza su ministerio en Galilea vrs 14-15
  2. Llama a cuatro discípulos vrs 16-20
  3. Sana al hombre con espíritu inmundo vrs 21-28
  4. Sana a la suegra de Pedro y a muchos otros vrs 29-34
  5. Jesús ora y predica vrs 35-42
  6. Un leproso viene a Jesús vrs 40-45

Apréndase de memoria V17

LECCION III Marcos 2 continúa el ministerio en Galilea.

  1. Jesús sana a un paralitico. Marcos 2:1-12
  2. Llama a Mateo y come en su casa vrs 13-17
  3. Explica porque sus discípulos no ayunan vrs 18-22
  4. La legítima guarda del sábado. vrs 23-28

Apréndase de memoria vrs 27-28

LECCION IV Marcos 3 Los Amigos y los Enemigos de Jesús

  1. Sana en sábado al hombre con la mano seca. vrs 1-6
  2. La multitud sigue a Jesús para ser sanados. vrs 7-12
  3. Jesús escoge a los doce discípulos. vrs 13-19
  4. La calumnia de amigos y de enemigos. vrs. 20-30
  5. Los parientes de Jesús. vrs 31-35

Apréndase de memoria v 35

 

Notas sobre el uso de estos programas. Se espera que estos estudios sean seguidos semana tras semana, con interés y verdadero estudio. Cada división del programa debe ser dada a una señora distinta, la cual leerá los versículos indicados y hablará sobre la historia o enseñanza incluida en la parte que le corresponda desarrollar. Solo hay lugar aquí para indicar el estudio de cada sesión. La presidenta o directora debe escoger los himnos, pedir oraciones y dirigir los trabajos, porque el estudio sin estos, es vano.

 

Sra. M. de Moore

 

Nota: Este artículo fue incluido en «La Voz Bautista» en el ejemplar de febrero de 1922.

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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