Los funcionarios de las iglesias Apostólicas – La Voz Bautista


En los primitivos tiempos apostólicos, la organización de las iglesias parece haber sido muy sencilla, y los términos empleados para designar a los diversos funcionarios de ellas no fueron usados con rigurosa exactitud.
Aparte del nombramiento de los “siete varones de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” (Hechos 6) para servir a las mesas y cuidar de la distribución de las limosnas, los únicos oficios dirigentes que encontramos por algún tiempo, son los presbíteros o ancianos.
Es probable que al principio estos no fueron formalmente nombrados para este oficio; sino que aquellos que, por razón de edad y experiencia fueron, como es natural, mirados como guías del rebaño, recibieron este título, en conformidad con el precedente de las sinagogas.
Los dones espirituales, tal como están descritos en la 1 Corintios 12, fueron, sin duda libremente ejercidos, sin atender, para hacerlo, a ninguna invitación formal de las iglesias ni a posición oficiales de ninguna clase.

1. LOS APOSTOLES. Este término (equivalente a Misionero) está empleado en el N. Testamento en el más amplio y restringido sentido. En el sentido más amplio, comprende a misioneros tales como Bernabé, Apolos, Timoteo, Silvano, Andronico, Junias, etc.; y prosiguió aplicándose a cierta clase de evangelistas itinerarios hasta mucho después del siglo apostólico. Al designar con este título a una persona, se presuponía que la tal había sido llamada y calificada por Dios para el desempeño de su misión. En el sentido restringido, se halla empleado para designar a los DOCE, los que fueron especialmente elegidos por N. Señor Jesucristo e instruidos por él para ese fin. En cuanto a la vacante dejada por Judas fue llenada por el nombramiento de Matías, cuya carrera nos es poco conocida. Y por lo que toca a Pablo, él se considera igual a los Doce, y esto debido a su milagrosa conversión y al hecho de habérsele manifestado, en forma extraordinaria, el Cristo resucitado.
Los apóstoles fueron misioneros en el más lato sentido de la palabra; y según parece, no ocuparon puestos oficiales en ninguna iglesia local. Mientras que los Doce permanecieron en Jerusalén, su relación con la iglesia de aquella ciudad, parece que no fue oficial. “Ellos sirvieron a la iglesia universal, dedicándose a la conversión del mundo, y de este modo, a la extensión del reino de Dios”.
De ahí que sus relaciones con las iglesias que se constituyeron bajo su ministerio fuesen más bien de carácter paternal. Ellos, sin duda, se limitarían a dar consejos, a hacer recomendaciones, y aún a formular objeciones; pero su autoridad fue puramente moral, y su derecho a ser obedecidos, se fundaba en el hecho de que sus palabras eran divinamente inspiradas. La divina y especial inspiración con que fueron dotados; los convirtió en vehículos de la revelación de Dios a las iglesias, recibiendo estas, por sus intermedio y en forma autorizada, las revelaciones de la Nueva Alianza.
2. LOS PROFETAS. En qué grado constituían los profetas una clase distinta en las iglesias apostólicas, no está bien averiguado. La profecía está considerada como un don del Espíritu; y en 1 Corintios capitulo 12, los profetas ocupan un lugar inmediato al de los apóstoles. Profeta es aquel que se refiere, bajo el divino impulso, lo que le ha sido divinamente revelado. La profecía durante el periodo del Nuevo Testamento asumió, por el común, la forma de exposición inspirada en las Escrituras del Antiguo Testamento. En los Hechos 13:1 Bernabé y Saulo están mencionados a la par de otros como profetas y doctores de la Iglesia de Antioquia. En el capítulo 11 del mismo libro se habla de Agabo, quien dio a entender por el Espíritu que vendría una gran hambre. De Judas y de Silas, de la iglesia de Jerusalén, también se nos dice que hablaron como profetas (Hechos 15:32) Y en cuanto a Pablo, sabemos que magnificó el don de profecía, hasta el punto de desear que todos los corintios cristianos llegarán a profetizar (1 Cor 14) es probable que todos los apóstoles y los principales evangelistas de la era apostólica creyesen en ese don; pero lo que sí es indudable es que hubo muchos dotados con el don de profecía y conocidos, por consiguiente, como profetas. Su autoridad, a semejanza de los apóstoles, tenía por base el hecho de que les suponía que hablaban bajo el impulso divino. Debido a la abundancia de pretendidos profetas, hubo necesidad de probar los espíritus. Por eso mismo Pablo exhorta a los tesalonicenses a no despreciar las profecías, mandándoles que lo examinen todo. Y no solo esto, sino que este mismo apóstol coloca el discernimiento de los espíritus entre los demás dones del Espíritu (1 Cor 12)
3. LOS DOCTORES. El adoctrinamiento también es considerado por Pablo como uno de los dones del Espíritu Santo. Los apóstoles y los profetas y la mayor parte de los destacados siervos de Dios, fueron, a todas luces, doctores; pero parece que recibieron esta designación algunos que poseían el don de adoctrinar de una manera extraordinaria. Este don, divinamente impartido, capacitó a los que lo poseían, para instruir y edificar a las iglesias, otorgándoles el derecho de ser oídos respetuosamente.
4. LOS EVANGELISTAS. En la epístola de los Efesios capitulo 4:11, los evangelistas están mencionados a continuación de los apóstoles y profetas, como dones concedidos por Cristo para perfección de los creyentes. El termino EVAGELISTA es, por consiguiente, aplicable a todos los que han sido divinamente llamados a proclamar el evangelio. Estas cuatro clases de siervos de Dios no fueron en el estricto sentido de la palabra, funcionarios eclesiásticos, sino más bien los siguientes:
5. LOS PRESBITEROS U OBISPOS. Los presbíteros o ancianos sin carácter oficial en sus comienzos del siglo apostólico fueron sucedidos, después de algunos años, por presbíteros elegidos por las iglesias, frecuentemente bajo la presidencia de varones apostólicos y ordenados solamente por estos. Sus funciones consistían en la administración de la disciplina, en el arreglo de las disputas suscitadas entre los miembros de la iglesia, la dirección del culto divino, la administración de los ritos del bautismo y de la Cena del Señor y, por último, el cuidado de los pobres y la vigilancia de la comunidad. La enseñanza en público y la profecía no fueron necesariamente deberes del presbiterado, pero tampoco fueron ajenas del mismo. Es probable, sin embargo, que en la mayoría de las comunidades los presbíteros fuesen también doctores y profetas. No es raro que entre los presbíteros de una iglesia uno de ellos fuese tan eminente por sus dones y por la evaluación de su carácter, que llegase a ser, de hecho, el director de la grey. Esto explica como el presidente de la junta de presbíteros llego a convertirse en el presbítero cabeza u obispo del siglo segundo, cuya posición era análoga a la del moderno pastor de la congregación. En las iglesias de origen gentil, los presbíteros elegidos y ordenados fueron comúnmente llamados obispos o sobreveedores. Actualmente, tanto los escritores católicos, como los anglicanos y los eruditos en general, identifican a los presbíteros o ancianos con los obispos del siglo apostólico. Estos términos, cuando se aplican a los ministros de la iglesia, están empleados en plural. Hay intérpretes que suponen que el “ángel” de cada una de las siete iglesias de Asia (Apo 2 y 3) era el pastor principal o sea el presbítero cabeza. De ser así, tendríamos un paralelo neo testamentario del obispo del segundo siglo.
6. LOS DIACONOS. Se ha supuesto que los siete varones de Hechos 6, nombrados para servir a las mesas, eran diáconos. El termino DIACONO significa MINISTRO o SERVIDOR. Pero, tanto el verbo como el nombre en abstracto que ocurren, están empleados con referencia a cierta clase de ministerio. Desde luego, todos los cristianos son (o deberían de ser) diáconos en el más lato sentido de la palabra. Los siete susodichos diáconos fueron elegidos para una clase especial de ministerio, a saber, la administración de los fondos de la beneficencia de la iglesia. Pero no hay pruebas de que este arreglo continuase por mucho tiempo en la iglesia de Jerusalén, ni de que fuese adoptado por las demás iglesias del tiempo apostólico.
Muchos autores modernos ven en los siete diáconos el germen de la junta de ancianos u obispos elegidos posteriormente. Es indudable que la presencia de los apóstoles durante algunos años en Jerusalén, puede que haya circunscrito las funciones de los ancianos, hasta el punto de que esas funciones se correspondiesen íntimamente con las de los diáconos de otras iglesias cuyas condiciones eran distintas de las de Jerusalén mientras los apóstoles estuvieron a su cargo la dirección e instrucción espirituales, encomendadas más tarde a los ancianos u obispos.
La mención de diáconos en el Nuevo Testamento en el sentido oficial, es poco frecuente. En Filipenses 1:1 se los saluda en compañía de los obispos; y en la 1 Timoteo 3:8 y siguientes, las cualidades requeridas en ellos están mencionadas a continuación de las de los obispos. La misma elevación de carácter se requiere para ambos oficios, mientras que la idoneidad para su señor, no se especifica al tratar de los diáconos. A todo lo dicho puede añadirse que a fines del siglo primero había en las iglesias bien organizadas una junta de diáconos al lado de los presbíteros u obispos. La misma ayudaba a la segunda, no solo en recolectar y distribuir los fondos de beneficencia sino también en el ejercicio de la disciplina eclesiástica y, sobre todo, en las labores de índole espiritual.

 

La Voz Bautista

Nota: Este articulo fue incluido en “La Voz Bautista” en el ejemplar de febrero de 1922.

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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