Ideas avanzadas – La Voz Bautista, Abril 1922


En la sala de una buena casa de familia estaban en animada conversación, varias personas de ambos sexos que se habían congregado con motivo del cumpleaños del jefe de la casa.

Hablaban con entusiasmo sobre asuntos religiosos, exponiendo y defendiendo cada uno su creencia favorita. Entre ellos estaba un señor, gran lector de la Biblia, y miembro activo de una iglesia evangélica desde su juventud. Otro era un hombre de unos treinta años, muy bien puesto, con el bigote bien retorcido, y una larga cabellera, que hacía mucho alarde de su ateísmo, y no se cansaba de hablar de lo que él llamaba ideas avanzadas. Se figuraba que todos los que no pensaban como él eran atrasados, cuando no unos hipócritas. Había leído mucho aunque aprendido poco, y como tenia facilidad para la charla, no se cansaba de citar nombres de libros y de autores, aunque, al fin y al cabo, supiese muy poco a fondo de lo que los mismos enseñaban. Su conversación estaba matizada con grandes palabras, y no cesaba de referirse a la ciencia moderna, a los grandes adelantos del siglo, a la evolución de las especies, a la psicología experimental, y otras cosas de las cuales, en verdad, no sabía tanto como a él le parecía.

La señora de la casa, para ver si dejaba de hablar a otro, le dijo con un poco de ironía: “Bien decía mi padre, que una lata vacía, hace más ruido que una llena”. El incrédulo seguía hablando, y el evangélico procuraba contestar a lo que decía, pero le era todo imposible porque antes de terminar una frase el otro ya estaba de nuevo con la palabra.

No gaste pólvora en chimangos, dijo entonces el evangélico, un amigo íntimo del de las ideas avanzadas.  Pero cuando le pareció al evangélico  que el incrédulo ya había hablado lo suficiente, dijo a los demás que él tendría algo que decir para demostrar que el buen amigo estaba muy equivocado, y que esas pretendidas ideas avanzadas son las más atrasadas que el mundo ha conocido, pero que no podría hacerlo al menos que él se comprometiese seriamente a dejarle hablar.

Aunque con mucha dificultad, el jefe de la casa consiguió que el de las ideas avanzadas guardase silencio, y entonces el evangélico empezó a razonar de esta manera:

Voy a enumerar y refutar las ideas que hemos oído expresar a nuestro amigo. Primera idea avanzada: no hay Dios. Esta idea es muy vieja, pues ya en el Salmo catorce David tuvo que hacerle frente, y esto hace como mil años antes de Jesucristo. El salmista escribió: “Dijo el necio en su corazón, no hay Dios.” Parecerá muy duro el término empleado por David, pero tal vez lo hizo así debido a que los ateos se tienen por muy sabios y para bajar un poco su orgullo los llama necios, sin mayor preámbulos. A mí me cuesta poco creer que es el colmo de la necedad suponer que un mundo tan lleno de maravillas se haya hecho por sí solo. La existencia de un reloj basta para que cualquiera que tiene dos ojos en la cara pueda afirmar que en su construcción ha intervenido un fabricante.

Pues bien, el universo encierra en cada detalle maravillas muy superiores a la que un reloj o a las de cualquiera otra maquinaria construida por el ingenio humano. La inmensa maquinaria de los astros que giran incesantemente en el espacio infinito, siguiendo invariablemente sus respectivas orbitas, no puede ser obra de la nada o de la causalidad. Lo que decimos de los astros podemos decirlo de otras cosas pequeñas y las maravillas que están encerradas en una flor o en un pequeño insecto son más que suficientes para que uno, que no se dejara marear por las declaraciones de la pedantería materialista, se dé cuenta de que hay un Dios creador de cuanto existe.

Segunda idea avanzada: descendemos del mono. Yo no sé qué empeño tienen los incrédulos en decir que descienden del mono. Digo que descienden, y que no descendemos, pues yo por mi parte me felicito de proceder de otro origen… La ciencia ha demostrado que el hombre ha llegado a ser hombre por vía de una larga evolución, dijo el incrédulo, creyendo que decir ciencia, ya todo estaba terminado. La ciencia, replico el evangélico, no ha demostrado nada de lo que usted pretende. Hay ciertos naturalistas que defienden la “teoría” de la evolución, la cual es admisible hasta cierto punto, pero no deja de ser sino una mera teoría basada en hipótesis que no han llegado aún, y tal vez nunca llegarán a la categoría de axiomas. Mientras estas hipótesis continúen siendo hipótesis nadie tiene derecho de emplearlas como argumentos concluyentes, ni de hacer afirmaciones sobre cosas que aún son meras suposiciones. Por lo demás, la teoría de la evolución no nos autoriza a sacar las conclusiones a los que llegan los incrédulos en su loco afán de igualar al hombre con el animal.

Tercera idea avanzada: La ciencia contradice la Biblia. Dígame, dijo el evangélico al incrédulo ¿ha leído usted la Biblia? Sí, la he leído un poco, contesto. Eso sí que me lo creo. Usted la ha leído un poco, pues si la hubiera leído mucho y hubiera llegado a comprenderla, tendría una opinión diferente a la que se tiene. Los que atacan la Biblia la conocen solo por las referencias que han hallado en los libros de los incrédulos, que tragan como píldoras. Es bueno que usted sepa que la Biblia es el libro que más ha contribuido al delante de la humanidad; que es el primero que salió de la imprenta cuando ésta fue inventada, y que desde entonces el número de sus lectores aumenta considerablemente año tras año, y que es el libro que más se lee en el mundo y eso en los países más adelantados de la tierra; que han creído en sus doctrinas las grandes lumbres de la ciencia, así que poco importa si hay algunos pigmeos que las rechazan; que ha sido la fuente de inspiración de los grandes genios literarios en la edad de oro, de las letras; que en ella se encuentra el germen de los grandes ideales de la democracia que agita el mundo civilizado; y que la igualdad y libertad tienen en sus páginas la apología más brillante que jamás le haya sido hecha. Un libro como esté, mi buen amigo, no se juzga por haberlo leído poco. Solo tienen derecho de hablar aquellos que lo conocen a fondo, y que se han compenetrado en sus enseñanzas; enseñanzas que durante siglos vienen siendo la luz y el norte de los que buscan la verdad y el consuelo de millones de corazones atribulados. Sepa usted que han creído en la Biblia astrónomos como Copérnico y Newton; poetas geniales como Dante y Milton; naturalistas profundos como Cuvier y Lineo; inventores como Stephenson y Watt, a quienes el mundo les debe la máquina de vapor y el ferrocarril; físicos como Franklin y Morse, sabios como Pasteur y Pascal, y un sin número de otros, lo que demuestra que los verdaderos hombres de ciencia no tienen dificultad en seguir la religión de la Biblia. Además, usted, debe saber que la Biblia no es un texto de historia natural, sino una colección de escritos destinados a enseñar a los hombres como pueden agradar a Dios y ser salvos de sus pecados.

Hay otras ideas avanzadas, continuó diciendo, que son enormidades del mismo calibre de las tres que ya he apuntado, pero para muestra basta un botón, y yo ya he demostrado tres. Creo que tenemos suficiente por hoy.

Como la hora era ya avanzada todos empezaron a retirarse sin que hubiese enojo de parte de ninguno. Por la calle iban haciendo sus comentarios: El de ideas avanzadas quedo como pollo mojado. El que encontró la horma de su zapato. Por lo menos habría aprendido a no darse tantas ínfulas y se dará cuenta que los creyentes saben tanto de ciencia como saben los incrédulos, por no decir que saben mucho más. Esta conversación me ha dado ganas de estudiar seriamente la Biblia. Y a mí de ir a las reuniones evangélicas para oír lo que predican.

 

Fuente: La voz bautista. Abril 1922. Páginas 9-11

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme y padre de Maite.

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