William Kiffin es quizás el Bautista Particular más importante del siglo XVII. La Enciclopedia Bautista lo describe así:

por la mitad de un siglo, fue el padre de los Bautistas Ingleses.”

Además, fue el único Bautista Particular que firmó, tanto la Primera Confesión Bautista de 1644, como la de 1689. Kiffin nació en Londres en 1616. A los nueve años de edad perdió a su padre y madre debido a la plaga de 1625. A sus 13 años aprendió el oficio de guantero.  Su conversión se dio muy joven, a la edad de 16 años. Se cuenta que él andaba por toda la ciudad de Londres buscando iglesias puritanas que estuvieran abiertas para escuchar sermones. Y fue escuchando las predicaciones de dos pastores puritanos, John Davenport y John Goodman que Dios lo convirtió.

En su autobiografía Kiffin escribió lo siguiente acerca de su conversión:

Al final del año 1632, le plació a Dios traer al Sr. Goodman a Londres. Yo seguía su ministerio y lo encontraba muy provechoso. Por un tiempo había visto mi falta de Cristo, y creía que era únicamente por Él que debía esperar el perdón; y también había visto que el valor y las excelencias se encontraban en Él por encima de todos los otros objetos; así que ahora sentía mi alma descansar y confiar en Él.

Ahora, la evidencia de su conversión no se hizo esperar. Desde el inicio de su vida cristiana mostró su amor por las Escrituras y sus deseos por crecer en el conocimiento de ellas. Él mismo escribió:

Cercano a este tiempo conocí algunos jóvenes que diligentemente atendían los medios, a quienes le había placido a Dios darse a conocer y Su gracia. Estos, siendo aprendices, así como yo, no teníamos oportunidades para conversar excepto en el Día del Señor. Siendo nuestra constante práctica asistir al sermón de la mañana, que iniciaba a las seis en punto, tanto en Cornhill como en la Iglesia de Cristo, designábamos reunirnos una hora antes, para orar y comunicar las experiencias que habíamos recibido del Señor; o sino repetir algún sermón que habíamos escuchado previamente. Después de un poco de tiempo también leíamos alguna porción de la Escritura, y hablábamos de ella según Dios se placía en capacitarnos. Estos ejercicios los encontré de gran ventaja, y por grados llegué a una pequeña medida de conocimiento, encontrando el estudio de las Escrituras de mucho gozo y deleite, el cual atendía según Dios se placía en darme oportunidades.

Dándose cuenta, en esos primeros años, que había algunos ministros que se habían separado de la Iglesia de Inglaterra, buscó estudiar y examinar todos los puntos de disputa entre ellos. Y de nuevo, en su autobiografía, escribió lo siguiente:

Me suministré de todos los libros y manuscritos que pude. Después de examinar minuciosamente lo que había encontrado, comparándolo con lo que leía en las Escrituras, que Dios siempre era muy celoso de Su adoración, y había dejado muchos ejemplos de Su severidad en aquellos que le habían añadido algo…Más provocado estaba para pedirle a Dios su dirección; y escudriñé más cercanamente las Escrituras…Un tiempo después me uní a una congregación Independiente.”

Fue en 1638 cuando se unió a una iglesia independiente liderada por Samuel Eaton, y que había sido parte de la iglesia JLJ, pero, a diferencia de ésta que era semi-separatista, la de Eaton estaba firmemente opuesto a la Iglesia Anglicana. Algunos de sus miembros habían sido bautizados como creyentes, sin embargo, no por inmersión. Eaton muere en 1639 y la iglesia llama a Kiffin para que sea su pastor, oficio que ocupó hasta el día de su muerte en 1701. En esta iglesia conoció a su esposa con la cual estuvo casado por 44 años.

Además, Kiffin fue un extraordinario comerciante mercantil, lo cual lo hizo un hombre muy influyente en Inglaterra y Europa, y aparentemente en muy poco tiempo era uno de los hombres más ricos de Londres. Su nombre está conectado con todos los procedimientos públicos de los Bautistas Particulares en casi la mitad del siglo XVII. Esto lo hizo un hombre muy perseguido. No sólo querían encarcelarlo por su doctrina, sino que también buscaban su dinero. El mismo rey Carlos II, quien en algún momento necesitaba dinero y quien era recordado por olvidar sus deudas, le envió una carta a Kiffin solicitándole un préstamo de 40 mil libras. Un buen salario para un pastor a finales del siglo XVII era aproximadamente de 75 libras al año. Muy pocas iglesias podían pagarles esa suma a sus pastores. La gran mayoría de pastores ganaban entre 30 y 40 libras al año.  Ahora, cuando Kiffin recibió la carta, conociendo a Carlos, le respondió que en ese momento no contaba con esa suma de dinero, pero que si su Majestad aceptaba las 10 mil libras que le enviaba, entonces él estaría muy agradecido.  El rey obviamente aceptó el dinero y Kiffin pensó que se había ahorrado 30 mil libras. Pero, Kiffin usaba su dinero para el reino de Dios. Frecuentemente estaba ayudando con su influencia a otros hermanos que estaban siendo perseguidos y encarcelados, intercediendo ante el rey por ellos. Además, usaba su dinero para ayudar a los pobres o para ayudar a ministros jóvenes que deseaban estudiar para el ministerio.

En esos tiempos se estaba debatiendo la necesidad del bautismo por inmersión para la membresía de la iglesia. Unos, como Kiffin, argumentaban que el bautismo era un requisito para solicitar la membresía a una iglesia. Otros, como Henry Jessey que rechazaban el paidobautismo y que creían que era bueno requerir el credobautismo para la membresía, permitían a personas no bautizadas bíblicamente ser miembros de sus iglesias. Y un tercer grupo argumentaba que el bautismo era una cuestión personal y por lo tanto irrelevante para la membresía de la iglesia.

En este tercer grupo se encontraba John Bunyan a quien se le opusieron Kiffin y Benjamín Coxe, el padre de uno de los grandes bautistas particulares, Nehemías Coxe.  Muchos consideran a Bunyan un bautista, sin embargo, su visión del bautismo no era la de un bautista de sus tiempos. Bunyan era un congregacionalista.

 

Y Kiffin escribió su único tratado contra Bunyan llamado, “Un sobrio Discurso del derecho a la comunión con la iglesia donde se prueba por la Escritura, el ejemplo de tiempos primitivos y la práctica de todos los que han poseído la religión cristiana, que ninguna persona no bautizada pueda ser admitida regularmente a la Cena del Señor.”

William Kiffin creía y enseñaba que el bautismo era necesario para la membresía de un creyente en una iglesia. Kiffin tampoco fue un extraño para el sufrimiento. Constantemente fue perseguido, como ya vimos, y gran parte de su dolor se dio por la muerte de sus hijos. Leamos lo que escribió después de la muerte de su primogénito:

Le plació al Señor llevarse del mundo para Sí a mi primogénito, lo cual no fue una pequeña aflicción para mí y mi esposa. Su obediencia a sus padres y su progresión en los caminos de Dios eran tan evidente que lo hacía tan afable a los ojos de aquellos que lo conocieron. El dolor que sentí por su pérdida me presionó grandemente, con más que un dolor ordinario; pero en medio de mi gran aflicción, le plació al Señor sostenerme por aquella bendita palabra traída poderosamente a mi mente (Mateo 20:15), ¿“No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? O tienes tu envidia, ¿porque yo soy bueno?” Estas palabras silenciaron mi corazón, tanto que sentí una perfecta sumisión a Su soberana voluntad, estando bien satisfecho que fue para gran ventaja de mi querido hijo, y una voz para mí para ser más humilde, y cuidadoso de mis caminos.”

El 2 de octubre de 1682 murió su amada esposa, de quien escribió lo siguiente:

Le plació al Señor llevarse Consigo a mi querida y fiel esposa, con quien viví casi cuarenta y cuatro años, cuya ternura hacia mí y fidelidad a Dios eran tales que no pueden ser expresadas por mí, pues constantemente simpatizaba conmigo en todas mis aflicciones. Verdaderamente puedo decir, nunca la escuché pronunciar el menor descontento bajo todas las variadas providencias que le atendieron a ella o a mí; ella miraba la mano de Dios en todas sus penas, así para alentarme en los caminos de Dios: su muerte fue la mayor pena para mí que jamás haya conocido en el mundo.”

Kiffin murió el 29 de diciembre de 1701. De nuevo, Cramp escribe de él lo siguiente:

Él fue un eminentemente buen hombre. No podemos sino admirar la quieta compostura y sumisión filial de alma con la que registró aún los más dolorosos eventos de su vida. “Le plació al Señor” tal fue la expresión habitual de sus ideas y sentimientos.

Autor: Pastor Eduardo Flores

 

Articulo Original

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