“Aunque Pablo escribió estas palabras a un joven predicador, nos conviene a nosotras, madres de familia y dueñas de casa escucharlas y observar sus enseñanzas. No hay personas más adecuadas a ser ejemplo al hombre que su esposa, y a los niños que su madre, y al mundo en general que una mujer piadosa… ¡Cuantas tristezas, miserias y fracasos suceden a familias cuya madre no quiere dominar la lengua! Si la madre es mentirosa o tiene mal genio pierde el amor y la confianza de sus hijos y vecinos, y sus hijos por su mal ejemplo llegarán a ser mentirosos o de mal genio. Hermanas, el testimonio que se da de Cristo diariamente en la casa vale mucho más que un testimonio dado en la capilla, o aun mas que el sermón del predicador” (pagina 3)

Descargar la revista: La Voz Bautista – Noviembre de 1923