El Bautismo Infantil y El Principio Regulador del Culto – Fred Malone – Parte I


Traducido desde http://www.oestandartedecristo.com

Nuestros amigos Presbiterianos muchas veces afirman que la autoridad para el bautismo infantil viene por “buena y necesaria consecuencia” de la circuncisión del recién nacido, a partir del Antiguo Testamento, no de un mandato positivo, ejemplo, o institución en el Nuevo testamento (Warfield, Berkhof, Murray, etc). En verdad, ellos admiten abiertamente que no hay ningún mandato u ejemplo del bautismo infantil en el Nuevo testamento, o de hecho en todas las Escrituras.

Los Bautistas a menudo rechazan el bautismo de infantes Presbiteriano, mostrando que la visión paidobautista (bautismo de infantes) sobre la teología del Pacto erróneamente autoriza la “buena y necesaria consecuencia” a partir de la circuncisión del Antiguo Testamento para anular la única institución positiva del bautismo en el Nuevo Testamento, esto es, el bautismo de discípulos (creyentes). Este es un argumento adecuado. Sin embargo, pocos reconocen que el error Presbiteriano es una violación de su propio “principio regulador del culto”. Pues la práctica del bautismo infantil hace exactamente eso.

Esto no parece ser una declaración muy significativa al principio, pero desde que el “principio regulador del culto” es enseñado y defendido por nuestros hermanos Presbiterianos, eso realmente es una acusación muy seria. Esto significa que contradice su más importante principio de culto cada vez que bautizan un lactante.

Los Bautistas sostuvieron históricamente el mismo principio regulador del culto, aunque muchos los han olvidado hoy. En realidad, nosotros, en última instancia, practicamos solamente el “Bautismo de discípulos” a causa de eso. Estoy convencido de que una de las razones por las cuales algunos Bautistas se están convirtiendo en Presbiterianos es porque los Bautistas no comprenden el principio regulador.

Obviamente, Bautistas y Presbiterianos no pueden estar ambos en lo correcto sobre la cuestión del Bautismo. Por supuesto, esta cuestión no es esencial para la salvación (como por ejemplo, la justificación por la fe) sino que se refiere a una ordenanza de la iglesia y, por lo tanto, no puede descartarse como sin importancia (aunque algunos ministros han intentado hacer eso para servir al ministerio Presbiteriano) Bautistas que son tentados a abandonar la problemática teológica por el más cómodo Presbiterianismo no están percibiendo que ellos están violando el principio regulador Presbiteriano (Y Bautista) por hacer eso.

Para probar mi tesis, primero definiré “el principio regulador” a partir de fuentes Presbiterianas y luego mostraré porque creo que el bautismo infantil es una clara violación a dicho principio.

¿Qué es el principio regulador del Culto?

De acuerdo con la Confesión Presbiteriana Westminster y a la Confesión Bautista de Londres de 1689:

“Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios fue instituido por él mismo, y está de tal manera limitado por su propia voluntad revelada que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, ni bajo ninguna representación visible ni en ningún otro modo no prescrito en las Sagradas Escrituras”[1]

Este principio regulador enseña que el culto Cristiano aprobado por Dios es aquel en el cual solamente los elementos y prácticas instituidos “por él mismo, y está de tal manera limitado por su propia voluntad revelada”… [y no]… “en ningún otro modo no prescrito en las Sagradas Escrituras”. En otras palabras, La especulación,  la invención, la imaginación y las prácticas no comandadas, etc., no pueden ser permitidas para alterar o descuidar el culto instituido, por lo tanto los únicos elementos del culto aprobados en la tradición reguladora, de acuerdo con la Escritura son:

“Oración… La lectura de las Escrituras con temor reverencial; la sólida predicación, y el escuchar conscientemente la palabra, en obediencia a Dios, con entendimiento, fe y reverencia;  el cantar salmos con gracia en el corazón; y también la debida administración y la recepción digna de los sacramentos instituidos por Cristo; todas estas cosas son parte de la adoración religiosa ordinaria a Dios; y además, los juramentos religiosos,  los votos, los ayunos solemnes, y las acciones de gracias en ocasiones especiales, han de usarse, en sus tiempos respectivos, de una manera santa y religiosa[2].

La oración, la lectura, la predicación de la Biblia, los canticos, los sacramentos (ordenanzas), votos, acciones de gracias, etc., son los únicos elementos autorizados del culto reformado. Debe notarse que los únicos sacramentos que son aprobados como elementos del culto son aquellos que fueron “instituidos por Cristo” y no por “buena y necesaria consecuencia”.

Por otro lado, el “principio normativo del culto” es practicado por Luteranos, Anglicanos, Católicos Romanos, y aparentemente, por muchos Bautistas carismáticos y fundamentalistas. Ellos están unidos a un número creciente de Bautistas del Sur que, a veces, por ignorancia, se desvían de su herencia teológica en cuanto a la regulación.

El principio normativo enseña que la adoración debe estar  constituida por lo que es ordenado por Dios y también se puede incluir lo que no está expresamente prohibido en la Escritura. Eso abre la puerta para muchas actividades no mandadas que a menudo limitan la práctica de los elementos mandados. El resultado se ve también a menudo en el culto público, que tiene poca lectura bíblica y sermones de veinte minutos.

Obviamente, el principio normativo invita a la invención, creatividad y nuevos elementos del culto que nunca son mandados o mencionados en las Escrituras. También permite que las prácticas que se prescriben en el culto del Antiguo testamento sean usadas en el culto cristiano del Nuevo Testamento por “buena y necesaria consecuencia”, aunque estas prácticas no sean prescritas para el culto cristiano. Esto explica las diferencias tradicionales de culto entre el principio regulador y el principio normativo. Esto también explica las adiciones normativas de pompa, altares, sacerdocios, libros de oración, mariología, oraciones a los santos y otras prácticas no instituidas por la Escritura al culto cristiano. Otros, actualmente, agregan teatro, danza, títeres, payasos, películas, mágicos comediantes, llamados al altar de gran presión, entretenimiento y todo lo que sus corazones deseen. Cuando alguien sostiene el principio normativo, otro debe preguntar ¿Dónde terminará?

El principio regulador siempre incluyó “Que hay algunas circunstancias tocantes a la adoración de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, pero guardando siempre las reglas generales de la Palabra que han de observarse siempre” (Confesión de fe de Westminster) Ello nunca incluía nuevas actividades que no estuvieran mandadas, como las mencionadas anteriormente.

La confusión se acrecienta, cuando otros afirman mantener el principio regulador redefiniendo los elementos más simples de adoración, para incluir “aplicaciones” creativas de estos elementos “por buena y necesaria consecuencia”. Así, ellos justifican nuevas prácticas, como teatro, como una forma de predicación y danza como una forma de alabanza. Estos son justificados “por la buena y necesaria consecuencia”, aunque tales prácticas nunca se ordenen en ningún culto del Antiguo testamento o del culto cristiano en el Nuevo Testamento. Tales maestros tienen, sea voluntaria o intencionalmente, el principio normativo del culto, añadiendo lo que la Escritura no prohíbe expresamente. Ninguna cantidad de protesta en oposición puede cambiar este hecho.

En resumen, el principio regulador del culto reformado permite solo dos elementos de culto que fueron instituidos de forma positiva y ordenados por Dios en las Escrituras.

[1] http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html#anchor_35
[2] http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html#anchor_35

Daniel

Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago. Casado con Ester Riquelme.

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