El poder conservador de las Doctrinas de la Gracia, por Thomas Nettles


Traducido desde oestandartedecristo.com

 

Vigoroso estímulo para que “retengamos firmemente nuestra confesión” (Hebreos 4:14)

 

Lo que propongo en este artículo es que las Doctrinas de la Gracia tienen una tendencia intrínseca para preservar y dar una mayor coherencia a los principios que definen el evangelicalismo ortodoxo. Claro, yo no soy el primero en hacer esta observación. Varios otros hombres en la historia de la Iglesia Cristiana argumentaron que los fundamentos cristianos son tan dependientes de la iniciativa de Dios en la revelación y en la salvación que cualquier esfuerzo para mantener el testimonio cristiano dinámico, y dar testimonio, a parte de las Doctrinas de la Gracia es algo de corta duración.

 

Esta afirmación, por lo tanto, tiene particular relevancia para los Bautistas del Sur en este tiempo. Después de luchar con valor y fielmente durante años con un verdadero sentido de responsabilidad, para restablecer la fidelidad absoluta a la plena verdad de la Escritura como una base para la educación y misiones teológicas; ¿no tiene sentido, que debamos comprender las dinámicas de como se ha perdido esta declaración, y qué estructura de creencias es más consistente con su conservación? Además, cuando vemos la negación de la omnisciencia y la inmutabilidad de Dios, y una fermentación general de los principios teológicos fundamentales en el evangelicalismo; y cuando se percibe que la receta para la mezcla de la llamada dosis inicial de la esencia del Arminianismo; es preciso cultivar la disciplina, el cuidado y la habilidad de análisis teológico para ser un fiel discípulo del Señor en estos días.

 

Cuando Spurgeon ejercía tanto su espada como su espátula en la “Downgrade Controversy”, él consideró su compromiso en esta controversia como algo más fundamental que el desacuerdo sobre la intención de la expiación. “La lucha actual no es un debate”, escribió él, “sobre la cuestión del Calvinismo o Arminianismo, sino de la verdad de Dios versus las invenciones de los hombres” [Sword and Trovel [La Espada y la Espátula], abril del 1887, p. 196]. Este hecho, sin embargo, no hizo que Spurgeon pasara por alto o dejara de mencionar: “El Arminianismo generalmente ha sido la vía por la cual los antiguos decayeron al Socinianismo”. Nuevamente en la combinación de reserva y de afirmación, Spurgeon continua: “Nosotros nos preocupamos mucho más de las verdades evangélicas centrales que del Calvinismo como sistema, pero creemos que el Calvinismo tiene en sí una fuerza conservadora que ayuda a mantener a los hombres en la verdad vital, y, por lo tanto, estamos tristes al ver cualquier persona renunciar a él, después de haberlo aceptado”. Los Bautistas del Sur “han aceptado”; ahora, por la gracia de Dios, podamos dejar de “renunciar a él”.

Ninguna persona viva entiende todo acerca de la revelación de Divina. Cada uno de nosotros es susceptible al error en la interpretación o en la doctrina. Procurar evitar, tanto como fuera posible, el error es un asunto que reposa sobre todos los ministros cristianos, particularmente en áreas vitales de la verdad del Evangelio. Por lo tanto, se vuelve obligatorio, al pensar en las implicaciones de las doctrinas que creemos, buscar fervientemente comprender la relación entre una parte de la verdead Divina y otra. Todos los elementos están conectados, y ninguna parte de ella es irrelevante para otra. Dios es uno en Esencia, pero tres personas. El amor por el Hijo, no disminuye en nada el amor para con el Padre, y la comprensión de la obra del Hijo, contribuye para nuestra comprensión del Padre; es la misma cosa con el amor y conocimiento de la persona y obra del Espíritu Santo. De igual forma, un aumento en su comprensión de la justificación, puede generar un aumento significativo en su comprensión de la cruz, o incluso de la obra del Espíritu en la regeneración. Estos, al mismo tiempo tendrán impacto sobre el pensamiento acerca de la Iglesia y la naturaleza de sus miembros. Hay “sólo un Señor, una sola fe, un solo bautismo” [Efesios 4:5], y nuestro objetivo es conducir a nuestro pueblo a “la unidad de la de y del conocimiento del Hijo de Dios” [Efesios 4:13]. No existen doctrinas sin importancia en la Palabra de Dios; una debilidad en un determinado punto nos vuelve más susceptibles al error en otros. Esa es la verdad que llevo el apóstol Pablo al decir a los Gálatas: “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” [Gálatas 2:21], y nuevamente a los corintios: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.”[1 Corintios 15:16-18].

Conocer la doctrina de la elección ayuda a saber más sobre la realidad de la regeneración, y ambos a su vez, nos dan más confianza en el poder y propósito de la predicación de la Palabra. Si no fuera así, Pablo no podría haber dicho: “Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.” [1 Tesalonicenses 1:4-5]. La realización del ideal de una membresía regenerada de la Iglesia sería mucho más reforzada por un conocimiento profundo de la naturaleza y de la evidencia del nuevo nacimiento. Gran parte de la confusión actual sobre el gran número de miembros ausentes y no comprometidos, no solo podría ser explicada, sino que también remediada por la aplicación cuidadosa y valiente de la doctrina del llamado eficaz en las iglesias locales.

Con este plano de fondo, entonces, voy a intentar rápidamente demostrar esas conexiones a través de una discusión meramente sugerente de dos doctrinas: la inerrancia de las Escrituras y la expiación sustitutiva.

Además de la realidad histórica de que las defensas más convincentes y formidables de la inspiración bíblica fueron emanadas  desde dentro del ala Reformada del Protestantismo (vea las obras de Warfield, Hodge, Turretin, Calvino, Dabney, Thornwell, Andrew Fuller, J. P. Boyce y John L. Dagg), el Calvinismo histórico, se proporciona una justificación teológicamente más integrada de la inerrancia que cualquier otro sistema teológico. El Arminianismo sustenta una visión que propone que es imposible que Dios infaliblemente administre cualquier actividad a modo de predeterminar un resultado, y que, al mismo tiempo, incluya la participación humana sin destruir su libertad de acción del hombre en este proceso. Su sistema teológico puede garantizar la infalibilidad de las Escrituras solo por asumir, que los escritores humanos se volvieron autómatas durante el proceso de escritura (Ellos realmente no afirman eso, pero su sistema lógicamente exige esta afirmación).

El Calvinismo, por otro lado, no depende de la indeterminación para la libertad. La ilustración más poderosa de esto es la doctrina de Dios. Dios es determinado en santidad y verdad y a pesar de esto es perfectamente libre y digno de alabanza por Su veracidad. De igual modo, puede haber acción humana libre que responda absolutamente a las respectivas personalidades, y, al mismo tiempo, responda absolutamente con forme a la providencia del decreto de Dios. Esto se extiende a la producción de una revelación escrita. Si Herodes y Poncio Pilato pueden actuar condenablemente en la ejecución de los propósitos exactos de Dios en la crucifixión de Cristo, entonces los apóstoles, en cuyos corazones fue derramado el amor a Cristo, pueden actuar libremente como maestros de la Iglesia y al mismo tiempo producir una Escritura inherente y determinada por Dios.

La inerrancia aparece como una aberración en el sistema Arminiano; pero es una parte coherente del sistema Calvinista.

En segundo lugar, una explicación substituta y propiciatoria, ha estado en el corazón de la vida evangélica Bautista del Sur. El Arminianismo produce una tensión con la comprensión de la expiación, mientras que el Calvinismo la abraza como endémica, como base, y de hecho necesaria, para la exposición del Evangelio. No hay duda de que la Escritura enseña la muerte substitutiva de Cristo. “pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros.” [Isaías 53:6]. “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” [1 Pedro 3:18]. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.” [2 Corintios 5:21]. “el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.” [Romanos 4:25]. Además de eso, todo el testimonio bíblico no deja salida al altar en el cual es ofrecida una proposición. “Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por[a] su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él.” [Romanos 5:9]. “a quien Dios exhibió públicamente como propiciación… a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.” [Romanos 3:25-26]. Aquellos que estaban separados de Dios y eran enemigos, Él los reconcilio por haber “habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz” [Colosenses 1:20]. “Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” [1 Tesalonicenses 5:9].

El Arminianismo tiende a producir sistemas de expiación que son  variaciones de la teoría de la influencia moral. Grotius, un líder de los Arminianos holandeses, desarrollo la teoría del gobierno moral de la expiación. Lo que conllevan esos puntos de vista de la expiación es que ellos no afirman que la obra expiatoria de Cristo tenga un resultado objetivo. El impacto de la expiación es subjetivo y es, por lo tanto, solamente un poder motivador al arrepentimiento y a la fe por la cual el perdón es obtenido. La expiación propiciatoria y substitutiva, implica la idea bíblica de justicia en que el castigo debe ser proporcional al crimen y no debe ser llevada más allá del mérito del crimen. Si Cristo sufrió, de hecho por nuestros pecados, la ira de Dios recibió una solución justa, entonces algo objetivo fue establecido, y todos los beneficios causados por la muerte de Cristo deben ser dados, de otra forma, el castigo, seria infringido sin la liberación correspondiente, y la dura experiencia del alma de Cristo quedaría sin la correspondiente satisfacción. Estos aspectos objetivos de la expiación son inconsistentes con una expiación universal que tiene un sistema de liberación subjetiva; en conclusión, la eficacia de una expiación substitutiva propiciatoria no puede, en última instancia, depender de las respuestas humanas de arrepentimiento y fe. Varios grupos no calvinistas, han sido presionados por la lógica de su propia posición para rechazar la expiación substitutiva.

Estos elementos objetivos, sin embargo, están en el centro de una comprensión que afirma certeza de la efectividad completa de la muerte de Cristo. Esta expiación, en vez de estar sostenida sobre respuestas subjetivas, está entre las causas del arrepentimiento por fe. Las Doctrinas de la Gracia no ven ninguna incoherencia entre la pregunta: “¿Quién es el que condena?”, y la respuesta confiada: “Es Cristo quien murió”. La muerte de Cristo libera sin falla a su beneficiario de la condenación. La expiación universal no puede con coherencia doctrinal generar esa confianza.

Antes de mis observaciones finales, quiero emitir una advertencia sobre el enfoque adoptado en esta presentación. Aunque  el argumento es que las Doctrinas de la Gracia dan mayor coherencia a todo el sistema de la verdad Divina, y en particular a los principios evangélicos centrales del Evangelio, no estoy argumentando que las Doctrinas de la Gracia son sólo el resultado del raciocinio inferencial. Ellas son principalmente la incorporación de un enfoque holístico para la interpretación bíblica. Se pueden ver esas verdades operativas en la enseñanza apostólica de Romanos 8, Efesios 1, 1 Pedro 1 y muchos otros sitios y en las propias discusiones de nuestro Señor en Juan 3, 6, 10 y 17 y en Mateo 11 y otros lugares. Ellos forman el sustrato decretal y experiencial para los aspectos más kerygmáticos de la obra salvadora de Dios, como la encarnación, crucifixión, resurrección y ascensión y la respuesta humana como arrepentimiento y fe. Por esa razón, ellas están un poco más ocultas en misterio, no sólo en la realidad, sino en la revelación; por esto, estas temáticas son motivo de divergencias evangélicas. Pero es por esa razón también, que ellas forman la fuente más agradable y defendible de la unidad de toda la verdad bíblica.

Finalmente, aunque creo que esta cuestión de coherencia y de conservación debe ser presionada y argumentada con tanto fervor espiritual como fuera posible, hay dos factores que siempre deben estar presentes en nuestro comportamiento al informar nuestra orientación mental. El primero, es una bendecida inconsistencia, alimentada por la claridad de las Escrituras, que muchas veces salvaguarda la afirmación y práctica evangélica. Esta semana, en la capilla en TEDS, lideré la congregación en un gran himno de William Gadsby, “Oh, que Incomprensible Condescendencia”. Todos cantaron con alegría y exuberancia. Uno de los principales Arminianos en nuestro campus me dijo después, cuanto le gustaba el himno y como es maravillosamente poético y claramente preciso teológicamente. Yo le dije que el himno fue escrito por un Bautista hiper-Calvinista del siglo 19. Aun así, el no encontró nada en el himno con lo cual pudiera estar en desacuerdo. Uno de los versos dice:

¿Veríamos Su gloria más brillante?,

Aquí brilla en el rostro de Jesús;

Cantar y contar la historia agradable,

¡Oh pecadores salvos por gracia!

Y con placer,

Ofrece al culpable Su abrazo.

Uno de los principios hiper-Calvinistas es el rechazo de la necesidad de la fe por parte de los pecadores, lo que implica el estado ilegitimo de instar, en asambleas mixtas, a que los pecadores abracen a Cristo. Aun así, aquí nosotros tenemos esto en un himno; un Arminiano cantando la afirmación de un hiper-Calvinista, “Y con placer, Ofrece al culpable Su abrazo”.

 

Segundo, tenemos que reconocer que nosotros también conservamos algunas doctrinas o interpretaciones en fase inicial o embrionaria que si permitiésemos madurar con sus tendencias actuales podrían ser destructivas. Nosotros tenemos la necesidad de una constante reprensión y corrección de la Palabra de Dios. Por encima de eso, tenemos algunas cosas verdaderas, las cuales serían innecesariamente destructivas del amor y de la unidad de los cristianos, si el Espíritu de Dios diera licencia para nuestro orgullo espiritual tuviera su impacto final devastador.

Oh Dios! Por favor, concédenos por Tu gracia la fuerza de batallar por la fe que fue entregada a los santos, la perseverancia para andar en la verdad, la habilidad de enseñar en la dirección de una unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, el poder para continuar en dirección a la vocación de Dios en Cristo Jesús, la consistencia humilde para vivir con la verdad a la que actualmente hemos llegado, y la esperanza de asegurar que, si en alguna cosa estamos entendiendo de otra manera, es Su propósito y prerrogativa revelarnos, corregirnos y aceptar nuestra comprensión y santidad que tenemos solamente en parte, con la plenitud de la gloria de Cristo.

Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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