Secularismo, predicación, y los desafíos de la modernidad por Al. Mohler


Traducido desde www.albertmohler.com

 

La única respuesta autentica hacia los desafíos de la secularización es la predicación expositiva leal, transparente e informada.

Este post es el primero de tres en una serie sobre la predicación en una era secular.

Comencé mi capítulo sobre la predicación y postmodernidad en “We cannot Be Silent” (“No podemos estas callados”) con estas palabras: “Una preocupación común parece emerger ahora en cualquier parte donde se reúnan los cristianos: La misión de decir la verdad es más extraña de lo que solía ser. En esta época, decir la Verdad es un trabajo difícil y no para los cobardes. Los tiempos son cada vez más extraños.”. Como predicadores reconocemos cuan extraños se han vuelto los tiempos. Casi cualquier persona que busque llevar a cabo un Ministerio pastoral fiel, reconoce que ahora los predicadores deben hacer preguntas que no hemos tenido que considerar en el pasado. Nosotros reconocemos que la predicación ha sido desplazada de su posición una vez prominente en la cultura. Muchos nos preguntamos, ¿Por qué la predicación es más desafiante en nuestra cultura actual que en otros tiempos?, la respuesta para esta pregunta últimamente se encuentra en este hecho: nosotros ahora vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en una era secular. Como predicadores, e incluso como cristianos, debemos entender las tendencias de la secularización y avanzar que la única respuesta cristiana autentica para estos desafíos de la secularización es la predicación expositiva fiel, transparente e informada.

La secularización, como representante del cambio ideológico y cultural, no era posible hasta cierto tiempo atrás. La secularización descansa en los hombros de un sinnúmero de otros cambios ideológicos que la han encabezado. Sin el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial, e incluso sin ciertos avances tecnológicos, la secularización nunca hubiera sido posible.

Una vez trazadas estas tendencias sociales e intelectuales, la teoría de la Secularización empezó a emerger como una disciplina académica. La mayoría de los contribuyentes en esta teoría argumentaron que la secularización fue la sirvienta de la modernidad. Como estos teorizantes explicaron, la edad moderna inevitablemente produciría  una sociedad secular ya que la modernidad hizo a Dios irrelevante. El modernismo proporcionó respuestas alternativas a las preguntas más fundamentales de la vida, haciendo que el teísmo ya no fuera necesario.

Uno de los más importantes teorizantes fue el profesor Harvey Cox quien, en 1965, publicó un libro muy importante, “The Secular City” (“La Ciudad Secular”). El libro fue revolucionario para muchos cristianos quienes aún no habían reconocido que la sociedad estaba cambiando fundamentalmente y creciendo en un sentido más secular. Por supuesto, muchos de los elementos culturales que apuntaban hacia la secularización no eran tan evidentes como lo serían en tan sólo unas décadas más tarde. En efecto, solo hay que tener en cuenta que solo diez años antes de la publicación del libro de Cox, Dwight Eisenhower fue bautizado, haciendo pública su profesión de Fe en Cristo mientras ocupaba al cargo de Presidente de los Estados Unidos. Este episodio por sí solo es suficiente para demostrar cuánto ha cambiado la cultura y el panorama político entre la presidencia de Eisenhower y nuestro propio día. A pesar de esta aparente evidencia de lo contrario, Cox reveló un cambio cultural tectónico en marcha dentro de la sociedad occidental. Con gran previsión, Cox señaló que el futuro del mundo occidental, particularmente sus ciudades, sería predominantemente secular. Como dejó claro, este secularismo fue caracterizado por un eclipse del teísmo.

Adicionalmente, otro importante teorizante, el sociólogo y filósofo alemán Max Weber, argumentó  que la mayoría de la gente a través de la existencia humana vivía en un mundo “encantado”. Weber quiso decir que en la era pre-moderna, la humanidad buscó las respuestas para todas las más básicas preguntas de la vida recurriendo a una fuente “encantada” o trascendente. Él hablaba, por supuesto, más allá del cristianismo occidental. Cualquier respuesta religiosa, incluso una basada en algo tan teológicamente indefinido como el totemismo, apela al “encantamiento” o trascendencia para las más grandes preguntas de la vida. Pero, Weber argumentó que la modernidad trajo consigo el desencanto, un escape de la trascendencia por una cosmovisión puramente naturalista.

Los Teorizantes de la secularización en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX estaban confiados que este “desencanto” se extendería a todo el mundo occidental. Ellos también estaban convencidos de que la religión organizada y su autoridad desaparecerían. Estaban absolutamente confiados que ellos vivirían para verlo suceder. Así que, ¿esas cosas sucedieron? La respuesta a esto es un poco complicada.

El reconocido  sociólogo Peter Berger señala que la secularización sucedió tal como los teorizantes predijeron con respecto a Europa – un continente que registra ahora niveles casi imperceptibles de creencia cristiana. Similarmente, la secularización también cruzó con éxito el paisaje de las universidades americanas – que son, en muchos aspectos, islas aisladas de Europa en suelo norteamericano. Sólo hay que considerar, por ejemplo, la Universidad de Tennessee, que recientemente ordenó que los pronombres de género fueran reemplazados por pronombres neutros de género como “zie” (zie=Pronombre (usado en inglés) neutral de género que remplaza “él” o “ella” (he o she) en alguna oración). A pesar de que este mandato administrativo fue posteriormente anulado, sigue siendo cierto que incluso en lugares como Knoxville, Tennessee, las principales universidades estadounidenses están en el mismo camino de secularización que muchas de las partes más secularizadas de Europa.

Pero, ¿por qué la secularización no ha ocurrido en la misma proporción en otras comunidades de los Estados Unidos como en los campus universitarios estadounidenses o en Europa?, Berger demuestra que la secularización sucedió al mismo grado en Estados Unidos, pero el aspecto externo simplemente parecía muy diferente de lo que vemos en Europa o en los campus universitarios.

Como Berger explicó, el cristianismo, en la América del siglo XX, se ha transformado en un compromiso no cognitivo. Como consecuencia, la autoridad vinculante de la tradición moral cristiana se ha perdido. Muchos de nuestros amigos y vecinos continúan profesando Fe en Dios, pero esa profesión está, en última instancia, desprovista de cualquier autoridad moral o contenido cognitivo. Mirando desde el exterior, Norteamérica no parecía estar secularizándose al mismo ritmo que el continente Europeo. Sin embargo, las profesiones de fe en Dios tuvieron poco significado real teológico o espiritual.

Berger anticipó que así como estos partidarios religiosos se encontrarían con una oposición cultural, ellos rápidamente darían paso a la agenda secular, lo que exactamente fue lo que sucedió. Solo diez años antes la mayoría de las encuestas reflejaron que la mayoría de los estadounidenses estaban en desacuerdo con el matrimonio del mismo sexo. Sin embargo, una década más tarde esas mismas personas encuestadas dieron un juicio moral opuesto al mismo asunto. Como Berger explicó, cuando la corriente cultural se volvió contra los vacíos compromisos religiosos de nuestra sociedad, la gente estaba feliz de deshacerse de su juicio moral sobre la homosexualidad para conservar su capital social.

Como predicadores, las observaciones de Berger son tremendamente importantes. Nosotros, sobre todos los demás, necesitamos darnos cuenta de que nuestra cultura ya no comparte nuestra cosmovisión y como resultado, el lenguaje mismo que usamos puede significar algo completamente diferente en los oídos de nuestros oyentes que lo que pretendemos decir. El significado de palabras como moralidad, ser humano, matrimonio, o prácticamente cualquier otro término moral ha cambiado radicalmente para muchos estadounidenses postmodernos, haciendo de nuestro trabajo como predicadores, mucho más difícil. Estos desafíos son exigentes, pero la Escritura es suficiente para la labor. Nuestro trabajo como predicadores no es hacer del Evangelio algo apetecible a la mente postmoderna sino predicar de una manera que sea convincente, clara y autoritativa. Los tiempos quizás hayan cambiado, pero la labor de la predicación no lo ha hecho.

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Ignacio Duran

Actualmente se congrega en la Primera Iglesia Bautista de Concepción. Estudiante de Pedagogía en Inglés, 19 años

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