Joven ‘cristiano’, ¿has nacido de nuevo?


Nota: Este documento es una edición libre hecha por Imagen Bautista, el cual consta de una compilación de 3 sermones de Paul Washer, el último sermón de John Bunyan, y frases de distintos bautistas. Está permitida y se alienta la distribución de este libro, siempre y cuando se cite la fuente original de este documento, y no se cobre más que el precio del costo de los materiales para reproducirlo, aunque mejor sería que se entregase gratuitamente, pues: dad de gracia, lo que de Gracia recibisteis.

PREFACIO

Joven “cristiano”, quiero preguntarte esto directamente: ¿Te has arrepentido? ¿Conoces la dicha del arrepentimiento? ¿Conoces el gozo de ser perdonado? ¿Has estado de rodillas ante la cruz, llorando porque Jesús murió en tu lugar? ¿Conoces el compungimiento sincero por haber pecado contra Dios? ¿Se ha rasgado tu corazón, porque comprendes que has ofendido a Aquel que es Amor? ¿Te has arrepentido sinceramente? ¿Comprendes en verdad que aún tus mejores obras no son más que trapos de inmundicia; o al hablarte estos temas es como si te hablara en otro idioma? ¿Eres cristiano en verdad? Porque no todo el que le diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre que está en los Cielos; solo aquellos que han nacido de de nuevo, aquellos que han nacido de Dios, pueden ver el Reino de Dios. Y eso es algo que en estos tiempos se ha olvidado. Mira, una de las razones por las que soy bautista, es porque es esencialísimo en la teología bautista el hecho de nacer de nuevo; pues como bautistas defendemos esta doctrina por encima de cualquier argumento humano: Ser hijo de padres cristianos no te salvará, ¿Has leído de los hijos de Elí? Cumplir con todos los requisitos de las tradiciones de los hombres tampoco te salvará, ¿Has leído de los fariseos? Incluso, estar en una denominación más Bíblica tampoco te salvará; lo único que te salvará es la sangre de Cristo, su sacrificio en la cruz, estar vestido con sus méritos, arrepentirte de tus pecados, ¡Nacer de nuevo!

Hay dos caminos; uno ancho que lleva a la perdición, y uno angosto que lleva a la vida, ¿En cuál estás tú? Hay dos puertas; una ancha, por la cual muchos entran y se pierden, y una angosta, por la cual pocos entran y se salvan. ¿Por cuál estás entrando tú? Hay dos árboles; uno que dan mal fruto, es cortado y echado en el fuego eterno, y uno que da buenos frutos, y permanece para siempre plantado en el templo de Dios, y florece como árbol plantado junto a la corriente. ¿Cual eres tú? Joven, ¿Dónde está tu corazón? ¿Está en el mundo, o está en Cristo? pues donde está tu corazón, allí está tu tesoro, ¿A quién atesoras? ¿Al mundo, o a Cristo? Puedes cumplir con todos los ritos de los hombres; puedes tener padres cristianos, pudiste ser bautizado cuando infante, pudiste ser confirmado, ¡Pero! ¿Has nacido de nuevo? ¿O eres como un sepulcro blanqueado, que por fuera se muestra limpio y hermoso, pero por dentro está lleno de huesos de muerto, y de podredumbre? ¿Eres cristiano? No te estoy preguntando si sabes el lenguaje cristiano; no te estoy preguntando si sabes canciones cristianas; no te estoy preguntando si vas a la iglesia los domingos; no te estoy preguntando si incluso te han dado la oportunidad de predicar de un tema en la iglesia; tampoco te estoy preguntando si tocas en el grupo de alabanza de tu iglesia, o si eres un miembro de renombre. La intención de mi pregunta no se dirige a lo externo, pues cualquiera lo podría cumplir; sino que va directo a las profundidades de tu corazón, al centro de tu mismo ser: ¿Has nacido de Dios? ¿Has nacido de nuevo?

No me gusta hablar de mí mismo, soy reacio a hablar de mis experiencias, pero pienso que es necesario, en esta ocasión, escribir brevemente lo que Dios ha hecho por mi alma, de su obra en mi corazón solo por Su Gracia, para que si en alguna manera esto pueda ayudarte; ya sea que seas un verdadero creyente nacido de nuevo, que esto pueda servir para confirmar y alentar tu fe en Cristo; o si aún no has nacido de nuevo, y estás engañando creyendo que eres cristiano, cuando en verdad no lo eres, que lo que diré pueda servirte para estremecer tu corazón y llevarte a Cristo. Lo que diré ahora, que sea solo para la Gloria de Dios: Yo no nací cristiano, aunque de pequeño fui a la iglesia; conocía de la Biblia y de los cánticos, pero no conocía a Cristo. Vivía en mis pecados, hundido hasta más arriba de la cabeza en el fango mi iniquidad; deleitándome en la maldad, ¡Oh, cuan oscuros fueron esos días sin mi Jesús! De haber muerto allí, y aunque creía que iría al Cielo, hubiera despertado en el infierno, y hubiese sido justo que así fuese; mi pecado era grande, mi culpa inimaginable. Pero mientras huía de Cristo, rechazando Su Amor, despreciando Su Santidad, ¡Siendo yo un completo necio! Tuvo compasión de mí, Su Amor me venció; me mostró mi culpa, me dio arrepentimiento, y mi corazón despertó, y al ver mi maldad, todo mi ser se rasgó; me hizo ver que yo era un pecador, un miserable, que solo vivía para mí mismo, y nunca había considerado a Dios, nunca lo valoré, nunca lo amé como Él merece ser amado; solo vivía para mí, mi orgullo, mi ego; y no solo eso, sino que Su Espíritu Santo me hizo ver que mis mejores obras no eran más que trapos de inmundicia, y que no podía justificarme ante Dios por mí mismo; vi la necesidad del Salvador. Y entre el dolor y la tristeza por mi gran pecado, Cristo me llevó a la cruz, me mostró Su sacrificio en mi lugar, y las lágrimas de arrepentimiento ahora fluyeron más y más, al verlo morir allí, y ahora, por fin entendí, el por qué era necesario que Él tuviera que morir, ¡Y aún me asombro que Él muriera por mí, siendo yo un pecador tan vil! Me sentí perdonado, lavado, totalmente regenerado; comprendí que ahora en mi interior estaba blanco, donde antes abundaba el pecado, ahora había sido borrado, blanqueado, con la sangre del Cordero había sido lavado, resplandecía como la nieve cuando el sol está sobre ella; sentí desde ese momento que ya no era el mismo, que mi corazón había sido cambiado; lo único que anhelaba era Cristo, Cristo, Cristo y nada más, contemplar Su Hermosura, deleitarme viendo Su Gloria, y el Resplandor de Su Santidad. Sentí que morí a mí mismo, y aún me aborrecí por ser pecador. Comprendí que ahora era una nueva criatura, perdonada, lavada, redimida, hecha totalmente de nuevo, ¡Oh, la Gloria del Evangelio! ¡Oh, la gloria de nacer de nuevo! Pero no confiaré ni siquiera en mi propio arrepentimiento, de lo único que me gloriaré es de Cristo, y me aferraré solo a Sus méritos. ¡Oh, la Gloria de la Gracia de Dios!

Lector, espero que con lo que he compartido contigo puedas recapacitar contigo mismo, y que llegues a clamar: “¿He nacido de nuevo? ¿O soy como aquel joven que creyéndose cristiano iba rumbo al infierno? ¿Conozco en verdad al Salvador del mundo? ¿Conozco en verdad a Cristo? ¿Soy cristiano? ¿Soy salvo? Si no es así, Oh Dios, te ruego, ¡Hazme nacer de nuevo! ¡Muéstrame a Cristo! ¡Muéstrame a Cristo! Estoy llamando a la puerta, ¡Ábreme! Y no solo ábreme, sino que hazme entrar por aquella puerta angosta, y caminar por aquel camino angosto, pero lleno de verdad. Muéstrame a Cristo, el Camino, la Verdad, y la Vida”

Me gustaría que tomaras atención al testimonio de un antiguo hombre de Dios, John Bunyan. Antes de su conversión era un hombre muy impío, e indiferente a las cosas de Dios; pero luego, abrumado por sus pecados, quiso reformarse, quiso agradar a Dios por medio de llevar una vida más correcta y moral; sin embargo, de vez en cuando se daba cuenta que no podía lograrlo, que le era imposible. Hasta que un día, Dios confrontó su corazón. Y en su autobiografía, “Gracia Abundante para el mayor de los pecadores” nos relata:

“Un día, por providencia de Dios, hice un viaje a Bedford, por cosa del trabajo; y en una de las calles de la ciudad llegué a un punto en que había tres o cuatro mujeres sentadas a la puerta, tomando el sol, y hablando de las cosas de Dios. Como ahora estaba dispuesto a escuchar esta conversación, me acerqué para oír lo que decían. En aquel entonces yo tenía mucha labia para hablar de las cosas de religión, pero lo que decían se me escapó. Hablaban de un nuevo nacimiento, de la obra de Dios en sus corazones, y de que ahora estaban seguras de que habían nacido como pecadoras sin salvación posible. Hablaban de la manera en que Dios había visitado sus almas con su amor en el Señor Jesús, y comentaban sobre las palabras y promesas en particular que las habían ayudado y confortado y sostenido en contra de las tentaciones del diablo. Lo que es más, hablaban de algunas tentaciones en particular que habían tenido de parte de satanás, y se decían la una a la otra cómo Dios las había ayudado.
Hablaban también de su corazón duro y de su incredulidad y sus bondades. Me pareció a mí que hablaban con tal deleite de la Biblia, y tenían tanta gracia en todo lo que decían, que ellas habían encontrado una especie de mundo distinto; que eran personas que no se podían comparar con los otros, (Números 23:9).
Y mi corazón empezó a temblar, porque vi que todas mis ideas sobre religión y la salvación nunca habían tocado la cuestión del nuevo nacimiento. Empecé a darme cuenta que no sabía nada del consuelo y la promesa que esto podía dar, ni de lo engañoso y traicionero de mi perverso corazón, (Jeremías 17:9). En cuanto a mis pensamientos malos secretos, ni tan sólo me había fijado en ellos; ni aun reconocía las tentaciones de satanás, y mucho menos tenía idea de cómo se podían resistir”

Joven, en verdad espero que puedas ser confrontado con la Palabra de Dios, tal como ya cientos de miles y miles de almas lo han sido; porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en Su Presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Y si ya eres mayor, no creas que escapas; puedes cambiar el título, y leer: Anciano “cristiano” ¿Has nacido de nuevo?

 

Leer documento completo: Joven ‘cristiano’, ¿has nacido de nuevo?

Angelo Mercado

Asiste a la iglesia Bautista Reformada de Valparaíso. Estudió en Liceo Industrial Superior de Valparaíso

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