La claridad de las Escrituras y la analogía de la fe – Roger Duke


Preludio

Existe un cliché popular en el mundo evangélico contemporáneo concerniente a la interpretación bíblica que a gran voz grita: «¡Cuando el sentido claro de la Escritura se condice con el sentido común, no busques otro sentido, por lo tanto, toma cada palabra como su significado primario, común, usual, literal a menos que los hechos del contexto inmediato […] indiquen lo contrario»1. Según David L. Cooper, esta es la «Regla dorada de la interpretación2». Pero ¿qué hacer si el pasaje no es claro, simple o hasta es oscuro? Este breve comentario considerará cómo la histórica Segunda confesión de fe de Londres trata este problema. El artículo examinará: 1. ¿Qué declara la Confesión respeto de pasajes claros y los no tan claros de la Escritura? 2. Una explicación de qué dice la Confesión sobre la perspicuidad de la Escritura; 3. Una explicación de qué dice la Confesión sobre la analogía de la fe; 4. Un estudio de caso de los pasajes que aparecen en la Confesión a modo de ejemplos.

 

Las palabras

Los párrafos 7 y 9 del Capítulo 1 «De las Sagradas Escrituras» señalan:

«No todas las cosas contenidas en las Escrituras son igualmente claras en sí mismas ni son igualmente claras para todos3; sin embargo, las cosas que son necesarias saber, creer y guardar para salvación, se proponen y exponen tan claramente en uno u otro lugar de las Escrituras que no sólo los eruditos, sino los que no lo son, pueden adquirir un entendimiento suficiente de tales cosas por el uso adecuado de los medios ordinarios4».

El párrafo 9 continúa como sigue:

«La regla infalible de interpretación de las Escrituras la constituyen las propias Escrituras; y, por consiguiente, cuando surge una duda respecto al verdadero y pleno sentido de cualquier pasaje bíblico (que no es múltiple, sino único), éste se debe buscar en otros pasajes que se expresen con más claridad5».

Las palabras de estos párrafos duplican las de la Confesión de fe de Westminster. Ambos grupos estaban preocupados de no sólo declarar el estándar de la Reforma conocido como sola scriptura, sino también el principio revolucionario de su distribución a todos los laicos.

Respecto de la claridad o perspicuidad de la Escritura

El teólogo de Princeton, Charles Hodge se refiere a la claridad de las Escrituras diciendo: «La Biblia es un libro simple. Es inteligible para las personas y tienen el derecho y deben leerlo e interpretar[lo] por sí mismas, para que su fe descanse en el testimonio de las Escrituras y no en el de la Iglesia»6. Así, el autor remarca el gran abismo de la gran Reforma. Mientras que los miembros de la Iglesia romana deben buscar al sacerdote para que les interprete la Biblia a la luz de su tradición, los reformadores creyeron que las Escrituras eran lo suficientemente claras para ser «comprensibles para el pueblo»7. El sentir de Hodge se alinea con la Confesión bautista: «No sólo los doctos, sino los indoctos, en un uso de medios comunes, pueden alcanzar una comprensión suficiente de la Palabra de Dios»8.

Más adelante, Hodge discute la «Perspicuidad de las Escrituras» y «El derecho al juicio privado»9. El autor resume: «Al pueblo se le ordena que escudriñe las Escrituras»10. «Las Escrituras no sólo estaban dirigidas al pueblo, sino que éste estaba llamado a estudiarlas y a enseñarlas a sus hijos»11. Para él, existe una incumbencia personal e institucional de que todos estudien la Palabra de Dios. Ante la pregunta, ¿por qué estudiar la Escrituras? o ¿Importa si son simples o de fácil comprensión? La respuesta de Hodge sería: «…en [las Escrituras están] todas las cosas necesarias para la salvación, son lo suficientemente claras para ser comprendidas aún por los indoctos»12.

Consideremos a dos teólogos contemporáneos respecto de la perspicuidad de las Escrituras, Gerald Bray y Wayne Grudem. Bray señala que la perspicuidad o claridad de la Escritura significa que la Biblia es «inmediatamente inteligible a cualquiera con la habilidad lectora normal de un adulto educado»13. El autor observa cómo «Jesús mismo […] reprochó a los escribas y fariseos por no comprender el sentido claro del texto»14 y esos eran los líderes religiosos doctos de ese tiempo. La hermenéutica de Jesús «se basaba en el principio de que las enseñanzas básicas [de la Escritura] eran claras»15 incluso para el lector común. Además «aquellas partes difíciles de comprender deben interpretarse a la luz de pasajes más claros»16.

Bray nos recuerda que los eruditos de la Reforma «reafirmaron la declaración de la perspicuidad de Escritura, es decir, que se interpreta a sí misma»17. Sin embargo, reconocían «que algunas partes eran más difíciles de comprender y que creían que un enfoque centrado en Cristo era esencial para resolver esas dificultades»18. Bray señala «El testimonio de la Iglesia a lo largo de las edades es que las personas comunes, que se acercan [a la Escritura] con fe y humildad, podrán comprender a lo que apunta la Biblia, incluso si se encuentran de vez en cuando con puntos en particular de dificultad»19.

Grudem presenta una extensa discusión sobre la perspicuidad, aunque prefiere (¡por el bien de la claridad!) el término claridad20. Explica que «cualquiera que ha comenzado a leer la Biblia de manera seria se dará cuenta de que algunas partes pueden entenderse muy fácilmente, mientras que otras parecen complejas»21. Por el contrario observa: «pero sería un error pensar que la mayor parte de la Escritura o que la Escritura en general es difícil de entender»22, porque ambos Testamentos «afirman con frecuencia que la Escritura está escrita de manera tal que sus enseñanzas son posibles de darse a entender a creyentes comunes»23.  Basta considerar el Shemá de Israel24:

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos…»25.

Las bases del pueblo de Israel debían conocer la Ley del Señor y debían enseñarla a sus hijos. Desde su concepción más temprana, siempre hubo un mandato implícito y una implicación de que las Escrituras son claras y podían ser comprendidas por todos, incluso los niños. Grudem resume este asunto al señalar: «Podemos afirmar que la Biblia está escrita de tal manera que todas las cosas necesarias para nuestra salvación y para nuestra vida cristiana están claramente declaradas en la Escritura […] sus enseñanzas pueden ser comprendidas por todos quienes la lean buscando la ayuda de Dios y estén dispuestos a seguirla»26.

Luego Grudem agrega una advertencia: «Una vez que hemos señalado esto, sin embargo, debemos reconocer  que muchas personas, incluso del pueblo de Dios, malentienden la Escritura»27. Seamos atentos a esta advertencia.

 

Sobre la analogía de la fe y la Escritura

De acuerdo con Thomas A. Howe, «hay un principio de interpretación bíblica llamado la “analogía de la fe” […] comprendido popularmente que “la Escritura interpreta a la Escritura” o que “la Escritura se interpreta a sí misma”»28. Entonces, «el alcance y significado de un pasaje se debe estudiar en su relación con otros»29. Esta idea básica «fue calificada por los reformadores como […] la analogía de la Escritura»30 .

Sin embargo, a primera vista esta idea puede parecer un poco confusa para el novato. Howe explica: «La analogía de fe no es el principio de que la Escritura interpreta a la Escritura»31 necesariamente, sino que «todas las Escrituras concuerdan y no se contradicen entre sí»32. El concepto «se basa en el principio de que sus enseñanzas básicas […] son claras y que esas partes de ella que son más difíciles de entender […] pueden interpretarse a la luz de pasajes más claros»33. El principio «asume la unidad y armonía de las enseñanzas de toda la Biblia»34. Dicho de otra forma, «cuando el pasaje múltiple dice algo sobre un tema (ya sea explícita o implícitamente), lo que esos pasajes dicen sobre el tema debe ser consistente y no será contradictorio»35.

En resumen:

«La analogía de la fe es el principio reformado hermenéutico, según el que, debido a que todas las escrituras están unidas armónicamente sin contradicciones esenciales, cada interpretación propuesta de cualquier pasaje debe compararse con otras partes de la enseñanza bíblica. En otras palabras, la Escritura proclama que la fe o el cuerpo doctrinal no serán contradichos de ninguna manera por ningún pasaje. Por lo tanto, si dos o tres interpretaciones diferentes de un versículo son igualmente posibles, cualquier interpretación que contradiga la enseñanza clara de cualquier otro pasaje de las escrituras debe descartarse desde un comienzo»36.

J.I. Packer agregará sabias palabras sobre algunas de las complejidades a las que se refiere la unidad y perspicuidad:

«El estudio científico de la Escritura es una tarea compleja y exigente. El lenguaje bíblico tiene sus expresiones idiomáticas y formas de pensamiento distintivo. Cada escritor tiene sus propios hábitos de mente, vocabulario, perspectiva e intereses. Cada libro tiene su propio carácter y está escrito según las convenciones estilísticas que no siempre son fáciles de ver. Cada libro tiene tu trasfondo histórico y teológico propio y debe interpretarse según ese trasfondo»37.

La interpretación bíblica puede parecer un nudo gordiano. Todas las expresiones idiomáticas, contextos, personalidades, culturas, et al. presentes citados por Packer deben considerarse. Uno está obligado a lidiar con ellos antes de hacer un juicio final sobre un pasaje particular38. Sin embargo, es posible conocer la unidad general y la perspicuidad de la Escritura. En general, el contexto más amplio de la Escritura consiste en: Creación, Caída, Redención, Recreación / Culminación39 Creation, Fall, Redemption, Re-creation / Culmination; consultar: Albert Bayless’s From the Creation to the Cross, Paul R. House & Eric Mitchell’s Old Testament Survey, y Gordon D. Fee & Douglas Stewart’s How to Read the Bible for All Its Worth.]. De Génesis a Apocalipsis, cuando uno comprende el plan o el acto general de redención, las partes que lo componen podrán verse desde una perspectiva más comprensible.

 

Consideración a un paradigma de la Confesión

En Hechos 15, el Dr. Lucas registra el acta del concilio de la Iglesia en Jerusalén. El  tema a tratarse era qué hacer con los gentiles conversos respecto de la Ley de Moisés. Esto causó gran consternación entre los cristianos judíos. Jacobo se refirió al testimonio de Simón40. Más discusión véase: B.H. Carroll, An Interpretation of the English Bible, vol. Acts (Nashville: Sunday School Board of the Southern Baptist Convention, 1916), 302.] de cómo Dios se había movido entre los gentiles para hacer un pueblo para sí41. Luego agrega: «Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito42:

Después de esto volveré

y reedificaré el tabernáculo de David,

que está caído43».

Es interesante notar cómo los apóstoles «no consideraron irritante ni indigno profesar que eran estudiosos de las Escrituras»44. Y cuando Jacobo habló de los «profetas», citó sólo a uno. Se infiere que los profetas hablan con una sola voz45.

Jacobo aplica la profecía seleccionada al dilema que enfrentaba la Iglesia: ¿Cómo procedemos con estos creyentes gentiles? ¿Cómo encajan en el esquema mosaico? (Cabe señalar que ese extracto de la doctrina bíblica, esta profecía aparentemente oscura del Antiguo Testamento, se utiliza para hacer una aplicación práctica en concreto a una situación de la Iglesia). Los gentiles serían «injertados»46 y considerados en igualdad de condiciones con los judíos como el pueblo de Dios. Jacobo entendió esto como la reedificación del tabernáculo de David. Al parecer, Dios estaba haciendo algo nuevo, pero no era así en absoluto, ¡era el cumplimiento de una profecía!

Antes bien, estaba abriendo las Escrituras a su comprensión religiosa, cultural y étnica judía; no sólo son judíos los de la simiente física de Abrahán. La metáfora de Amós, el tabernáculo de David caído, ha sido restaurado, reconstruido y renovado. Esta renovación es la inclusión de los gentiles. Sin duda, hay algunos ecos y recuerdos de 2 Samuel 7. Cualquier judío reconocible recordaría de inmediato el pacto de Dios con David. Para ellos, este era un concepto difícil de captar y aceptar. ¿Cómo es que estos gentiles tienen un lugar igual y pleno en la comunidad de Israel? Sin embargo, lo aceptaron, porque era de Dios.

La afirmación del párrafo 9 que señala que «cuando surge una duda respecto del verdadero y pleno sentido de cualquier pasaje bíblico (que no es múltiple, sino único), éste se debe buscar en otros pasajes que se expresen con más claridad» se aprecia en la situación en que el pasaje de Amós es examinado en el Concilio de Jerusalén que trató el tema de los gentiles.

G. Campbell Morgan capta bien el sentido de la Escritura:

«[Jacobo] citó la gran palabra de la profecía de Amós, en la que se predice que por medio del triunfo y la restauración de Israel los gentiles también serían bendecidos. Esta es una profecía que aún no se cumple en su totalidad y que será cumplida sin duda según la economía divina. Es una profecía que fue cumplida en principio en el día de Pentecostés, cuando esa pequeña comunidad hebrea se transformó en el verdadero Israel de Dios e inmediatamente posterior a ello, cuando la promesa fue cumplida en la experiencia de los gentiles»47.

Para finalizar, debo reiterarlo y recalcarlo: ¡Es posible conocer las Escrituras! Cuando un texto es oscuro, se debe buscar el significado en otro más simple que arroje mayor luz. Pero, si el único, verdadero y completo sentido de cualquier Escritura48 no puede comprenderse, entonces es necesario profundizar más en el texto y acompañar este ejercicio con oración. El estudiante tal vez requiera un escrutinio personal más profundo, porque «Dios espera que todo su pueblo […] conozca y sea capaz de hablar sobre su Palabra con las aplicaciones adecuadas para situaciones cotidianas de la vida»49

 

Autor: Roger Duke

Traductor: Waldo Chaparro

 

Artículo Original:

The Clarity of Scripture and the Analogy of Faith

  1. David L. Cooper, “Rule 3; The Golden Rule of Interpretation,” The Science of Interpreting Scripture, Recuperado el 27 de junio de 2016 desde http://www.biblicalresearch.info/page47.html
  2. Ibíd.
  3. Aquí la Confesión refiere a 2 Pedro 3:16.
  4. Confesión, 4.
  5. Confesión, 5.
  6. Charles Hodge, Systematic Theology, Vol. I, Introduction, Part I Theology (Grand Rapids: Eerdmans, reimpresión 1982), 183 (páginas citadas son de esa reimmpresión).
  7. Hodge 183
  8. Ver Cáp. 1 “De las Sagradas Escrituras” (viii) Párrafo 7, p. 2.
  9. Hogde, 183
  10. Hogde, 185
  11. Hogde, 185
  12. Hogde, 184
  13. Ibíd.
  14. Ibíd.
  15. Ibíd.
  16. Ibíd.
  17. Ibíd.
  18. Ibíd.
  19. Ibíd.
  20. Cita original de Grudem “The old term for the clarity of Scripture was perspicuity, a term that simply means ‘clarity.’ That term itself is not very clear to people today, and I have not used it in this book.” Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 208.
  21. Ibíd, 105.
  22. Grudem, 105.
  23. Grudem, 105.
  24. Argumentar de lo general a lo particular. El Shema (confesión de fe de Israel) está en el centro del pensamiento hebreo. Existe un efecto de trascendencia. Si todos debían conocerlo y enseñarlo a sus hijos, entonces se entiende axiomáticamente que toda la Escritura debería ser clara en algún nivel para los israelitas.
  25. Citado de Deuteronomio 6:3-9 RVR1960. Las cursivas se agregaron para marcar énfasis.
  26. Grudem, 108.
  27. Grudem, 108.
  28. Thomas A. Howe, “The Analogy of Faith,” Christian Research Journal Volumen 29 Número 2 (2006): Este artículo apareció por primera vez en la columna de Practical Hermeneutics column de Christian Research Journal. Recuperado el 5 de julio de 2016 desde http://www.equip.org/article/the-analogy-of-faith/
  29. Packer, “The interpretation of Scripture”.
  30. Bray, “The Claritiy of Scripture”.
  31. Howe, “The Analogy of Faith”.
  32. Howe, “The Analogy of Faith”.
  33. Bray, “The Analogy of Faith”.
  34. Howe, “The Analogy of Faith”.
  35. Howe, “The Analogy of Faith”.
  36. Monergism, “What does the term ‘analogy of faith’ mean?” Recuperado el 5 de julio de 2016 desde https://www.monergism.com/thethreshold/articles/onsite/qna/analogyfaith.html
  37. J.I. Packer, Bible Research, “The Interpretation of Scripture;” http://www.bible-researcher.com/packer1.htmloriginally citdo en Fundamentalism and the Word of God (Inter-Varsity Press, 1958), 101-114. Cita presente recuperada el 6 de julio de 2016 desde http://www.bible-researcher.com/packer1.html
  38. Cabe señalarse que el dr. Roy O. Beaman, profesor del Mid-America Baptist Theological Seminary y erudito lingüístico de cierto renombre tiene algunas consideraciones que consideraba postergadas. Había considerado y estudiado estos temas una y otra vez en sus reflexiones durante muchos años y no estaba lo suficientemente satisfecho como para dar una respuesta definitiva. Estas son algunas remembranzas de charlas teológicas a las que tuve la bendición de asistir entre los años 1982 y 1983. Por otro lado, se ha atribuido al dr. Karl Barth, una de las mentes teológicas más brillantes del s. XX la siguiente cita: «Jesús me ama, lo sé, pues la Biblia me lo dice». El punto es que las Escrituras se pueden conocer y comprender por todos los que estén dispuestos a la tarea, pero siempre permanece un estudio profundo y que dura toda la vida para aquellos que tienen a Cristo y Su Evangelio.
  39. Nota: Más de este tema expresado como fórmula: [Creación, Caída, Redención, Recreación / Culminación
  40. Nota: B. H. Carroll comenta: Jacobo se pone de pie y dice que lo que Simeón (lo llama Simeón, que es el nombre arameo para Simón [o Pedro
  41. Paráfrasis Hechos 15:13-14
  42. Hechos 15-15
  43. Hechos 15:16. Esta es una cita del Antiguo Testamento en Amós 9:11.
  44. David W. Torrance & Thomas F. Torrance, eds., John Calvin, Calvin’s New Testament Commentary, vol. Acts of the Apostles Vol. II, trad. John W. Fraser (Grand Rapids: WB Eerdmans, 1973), 46.
  45. Matthew Poole, Matthew Poole’s Commentary on the Holy Bible, vol. III Matthew-Revelation (MacLean: MacDonald Publishing), 434.
  46. Véase Romanos 11 sobre la discusión de Pablo acerca de la inclusión a los gentiles.
  47. G. Campbell Morgan, The Acts of the Apostles (Londres: Pickering & Inglis, 1924), 283.
  48. The Baptist Confession of Faith & The Baptist Catechism, (Vestavia Hills, AL and Carlisle, PA; Solid Ground Christian Books and Reformed Baptist Publications, 2010).
  49. Grudem, Systematic Theology, 106.
Waldo Chaparro

Waldo Chaparro Inzunza es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Coronel.

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