La Impasibilidad en los Padres de la Iglesia – GERALD BRAY


Por qué la Gran Tradición afirmó la Impasibilidad

GERALD BRAY – 27 DE MARZO DE 2019 – VOLUMEN 9, NÚMERO 1

 

El Antiguo Testamento no dice nada sobre la impasibilidad divina, aunque Dios se revela como completamente diferente de su creación. Cuando se aborda el problema del sufrimiento, como en el libro de Job, por ejemplo, el énfasis está en la experiencia humana, no en Dios. Cuando Job se enfrenta a su Creador, la respuesta no es: «Sé cómo te sientes» sino: «¿Dónde estabas cuando puse los cimientos de la tierra?» (Job 38:4). La respuesta de Dios a Job refuerza su incomprensibilidad y no da ninguna indicación de que comparte las mismas dificultades que sus criaturas.

En el Nuevo Testamento, hay algunas referencias a que Dios es inmortal e invisible (1 Tim. 1:17), pero nada se dice directamente sobre si es impasible. Por otro lado, los antiguos a menudo relacionaban el sufrimiento con la mortalidad, como en el Credo Niceno, donde Jesús «sufrió y fue sepultado», lo que implica que su sufrimiento lo llevó a la muerte. Si esa suposición es correcta, tal vez la afirmación de que Dios es inmortal incluya la impasibilidad, incluso si eso no se declara explícitamente.

El silencio o la ambigüedad de las Escrituras sobre este tema no tiene paralelo en la literatura griega antigua, donde el adjetivo apathēs («impasible») aparece en los escritos precristianos junto con el sustantivo abstracto apatheia («impasibilidad»). En el pensamiento pagano tenía dos significados primarios. La primera era la «liberación del dolor físico» del tipo que se inflige por las heridas en la batalla o por la enfermedad. La segunda era la «libertad de la emoción», que incluía la indiferencia ante los sentimientos de los demás.

Estas palabras se utilizaban habitualmente para referirse a los seres humanos, que o bien no sufrían o bien eran insensibles al sufrimiento. Los filósofos estoicos convirtieron esto en una virtud y abogaron por practicar el autocontrol en presencia de la desgracia. La creencia básica era que el sufrimiento que se infligía desde fuera de la persona que lo experimentaba y era un signo de debilidad y susceptibilidad el ser controlado por parte de una fuerza exterior. Incluso hoy en día, los estoicos son recordados por esta enseñanza y la palabra «estoico» describe a alguien que permanece tranquilo (y aparentemente indiferente) cuando el sufrimiento golpea.

Lo que no está claro de las fuentes antiguas es si la impasibilidad era un atributo de los dioses paganos. En la medida en que los dioses fueron descritos como viviendo en la bienaventuranza Olímpica, lejos de los problemas de este mundo, estaban libres de sufrimiento, pero es difícil decir si esta libertad era circunstancial o inherente a sus naturalezas divinas. El Monte Olimpo podría ser un lugar de refugio y los seres humanos podrían aspirar a entrar en los Campos Elíseos, igualmente privilegiados, después de su muerte, pero esto era un escape de la realidad terrenal más que una señal de protección contra ella. Los antiguos mitos a menudo hablaban de conflictos divinos que implicaban formas de sufrimiento, y muchos dioses paganos eran seres humanos que se deificaban después de sus muertes (a veces sangrientas). La verdadera impasibilidad habría significado que los dioses pudieran caminar entre los hombres sin estar expuestos al sufrimiento humano, pero hay poca o ninguna señal de ello.

El Cristianismo se puso en contra de todas las formas de paganismo al proclamar que Dios había venido a la tierra, había participado en el sufrimiento humano y había muerto en una cruz para nuestra salvación. El sufrimiento divino, lejos de ser un tema oscuro, era central en el mensaje del Evangelio. Tanto judíos como paganos atacaron a los cristianos por eso porque estaban proclamando algo que les parecía indigno de Dios. Los cristianos respondieron a esta acusación diciendo que Dios era impasible en su ser (o naturaleza) pero que la segunda Persona de la Trinidad se había convertido en un hombre específicamente para que pudiera sufrir y morir por nosotros. Eso era posible en la naturaleza humana asumida, pero no en su divinidad primordial. Es en ese contexto, y no como una extensión del estoicismo, que la doctrina cristiana de la impasibilidad divina debe ser entendida.

 

Los primeros teólogos cristianos

La impasibilidad divina, que apenas se mencionaba en la época precristiana, se convirtió rápidamente (y permaneció) como un principio central de la teología cristiana. Los cristianos tomaron prestado el término apathēs de contemporáneos paganos y lo usaron para referirse al Dios de la Biblia, pero el sustantivo abstracto apatheia no apareció en los escritos cristianos hasta el siglo IV. El concepto aparece por primera vez en Ignacio de Antioquía, escribiéndole a su discípulo Policarpo alrededor del año 118 d.C., y está enmarcado con la encarnación del Hijo de Dios en mente:

Espera con expectación al que está [Cristo] por encima del tiempo: el Eterno, el Invisible, que por nosotros se hizo visible; el Intangible, el Insufrible, que por nosotros sufrió, que por nosotros soportó en todo sentido (A Policarpo, 3.2.).

El enfoque de Ignacio fue seguido por los apologistas cristianos del segundo siglo, todos los cuales vieron la impasibilidad divina como la consecuencia lógica de la naturaleza de Dios. Un Dios que es eterno, inmutable e invisible difícilmente puede estar sujeto a fuerzas externas que no son ninguna de estas cosas, especialmente si se tiene en cuenta que él las creó todas. Un dios pagano podría ser capaz de infligir daño a otro, pero en la visión bíblica de lo divino eso es imposible, porque sólo hay un Dios. Como Creador y Señor de todo lo que ha hecho, nada que se le someta puede hacerle daño.

Esta lógica fue adoptada por Clemente de Alejandría (215 d.C.), cuyo pensamiento estaba en algunos aspectos más cercano al estoicismo que el de la mayoría de sus contemporáneos. Clemente nunca dudó de que Dios está libre de pasiones que, como los estoicos, consideraba como formas de debilidad y pecado (Estromateis 4.23.151.1; 6.9.73.6; 7.2.7.2; 7.3.14.5; 7.6.30.1). Pero al mismo tiempo, también entendió que Dios es amor y que envió a su Hijo a sufrir y morir para que pudiéramos ser rescatados de las debilidades y pecados que causan nuestro sufrimiento. En pocas palabras, Clemente pensó que la lujuria es un pecado, pero que el amor no lo es. El amor de Dios es la manifestación de un deseo regido por su razón, y por lo tanto está libre de la corrupción inherente a la pasión.

Terulliano de Cartago (ca. 200) también estaba cerca del estoicismo de alguna manera, pero era más reticente que Clemente cuando hablaba de la impasibilidad divina. En un momento dado, evitó la pregunta diciendo que Dios siente todo a su manera, la cual no puede ser comparada con la experiencia humana o entendida por nuestras mentes limitadas. En otras palabras, si Dios «sufre» no podemos entender cómo lo hace, ni podemos relacionarlo con nuestro propio sufrimiento (Contra Marción, 2.16.7). Pero cuando el hereje Praxeas, que aparentemente creía que el Padre sufría junto con el Hijo en la cruz, lo provocó, Tertuliano no dudó en afirmar la impasibilidad divina (Contra Praxeas 29.6; 30.2). Su motivo era proteger la singularidad del sacrificio expiatorio del Hijo, que el Padre validó pero en el que no participó debido a su impasibilidad natural.

 

Un ejemplo específico: La ira de Dios

El enfoque de Tertuliano nos señala el siguiente y más significativo desarrollo en la teología cristiana antigua – la tendencia hacia la sistematización. Se necesitarían varios siglos para que esto llegara a su madurez, pero los comienzos se pueden ver en Novaciano, un presbítero romano que escribió un tratado sobre la Trinidad alrededor del año 250 d.C. Basándose en las ideas de los que le precedieron, Novaciano escribió:

Si leemos de la ira de Dios y consideramos ciertas descripciones de su indignación y aprendemos que el odio se afirma de él, no debemos entender lo que se afirma de Dios como lo son de los seres humanos… Su ira surgió de la sabiduría, no del vicio. Está enfadado por nuestro beneficio. Es misericordioso incluso cuando amenaza, porque es con estas amenazas que la gente es llamada a volver al camino correcto (Trinidad, 5).

 

La ira es una pasión típica que lleva a la pérdida del autocontrol en los seres humanos, y su presencia en Dios presentó un desafío a los teólogos cristianos. Orígenes, contemporáneo de Novaciano, escribió sobre ello:

Dios es completamente impasible y libre de todo afecto de este tipo. Es verdad que la Sagrada Escritura habla de su ira tanto en el Antiguo Testamento como en los Evangelios, pero no tomamos tales expresiones literalmente (Sobre los Principios Primeros, 2.4.4).

 

Aquí estamos pasando de una afirmación general de que Dios es impasible a un ejemplo específico que nos da el texto bíblico, que obliga a los teólogos a definir lo que realmente significa la impasibilidad divina. Debe notarse que nadie involucrado en esta discusión sugirió nunca que Dios es indiferente al sufrimiento humano o que no está involucrado en su creación. Por el contrario, la impasibilidad de Dios se presentaba siempre como algo necesario para su obra salvadora. Esto lo dice claramente Lactancio, que escribió a principios del siglo IV:

Dios no puede tener ninguna ira injusta, porque no puede ser dañado por nadie. Sin embargo, también hay una ira justa, la cual es necesaria si la maldad ha de ser corregida. Dios debe tener este tipo de ira, porque él nos da un ejemplo y refrena el mal comportamiento de todos (Sobre la Ira de Dios, 17).

 

La doctrina patrística de la impasibilidad

De estos escritores podemos ver cuáles eran los grandes rasgos de la doctrina patrística de la impasibilidad divina.

Ante todo, Dios no puede ser sometido al sufrimiento impuesto por una fuerza externa, que por definición debe ser inferior a él. Su reacción al sufrimiento humano tampoco implica una pérdida de autocontrol. Dios nunca cae en un patrón de pensamiento o comportamiento que no es digno de El, sino que demuestra «pasiones» como el amor y la ira de maneras que son cuidadosamente planeadas y racionalmente ejecutadas para nuestro beneficio. En cuanto a la experiencia del sufrimiento humano, Dios lo hizo de la única manera que pudo: enviando al Hijo para que se hiciera hombre y asumiera una naturaleza capaz de sufrir y morir, una vez más para nuestro beneficio. De esta manera, los Padres de la Iglesia equilibraron la necesidad de reconocer la supremacía de Dios el Creador sobre su creación, y al mismo tiempo acomodar la afirmación evangélica de que él amaba tanto al mundo que envió a su único Hijo a morir por nosotros. Al afirmar que el Dios impasible sufrió por nosotros en la naturaleza humana asumida del Hijo, reconciliaron la paradoja que yace en el corazón de la revelación bíblica y establecieron un patrón de pensamiento que se ha establecido en el pensamiento cristiano dominante desde entonces.

 

Fuente: https://credomag.com/article/impassibility-in-the-church-fathers/

 

Gerald Bray

Gerald Bray (D. Litt., Universidad de París-Sorbonne) es profesor de investigación de Divinity en Beeson Divinity School. Bray es un ministro de la Iglesia de Inglaterra y autor de muchos libros, entre ellos The Doctrine of God (in the Contours of Christian Theology series of which he is the general editor), Biblical Interpretation: Past & PresentGod is Love: A Biblical and Systematic TheologyGod has Spoken: A History of Christian TheologyThe Church: A Theological and Historical AccountCreeds, Councils and Christ: Did the early Christians misrepresent Jesus?The Faith We Confess: An Exposition of the Thirty-Nine ArticlesTranslating the Bible: From William Tyndale to King James, and Augustine on the Christian Life: Transformed by the Power of God.

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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