La Predicación como medio de supervivencia, por Albert Mohler


La predicación, doctrinariamente robusta y exegéticamente rica, es el único mecanismo de supervivencia de la iglesia en una Era secular.

Este post es el último de tres en una serie sobre la predicación en la Era Secular.

Con nuestro análisis cultural anterior, me gustaría considerar el rol de la predicación en una época secular, particularmente la predicación como una estrategia de supervivencia para la iglesia. Muchos hoy en día están reconsiderando el rol y la naturaleza de la predicación, especialmente dado los masivos cambios que ahora caracterizan a nuestra cultura. Se han creado todo tipo de nuevos planes y estrategias para reinventar la predicación a la luz de las demografías, sociología e incluso teorías de gestión. Pero quiero postular que la única respuesta a nuestra actual crisis de predicación es recordar cuantos de nuestros antepasados se acercaron a la labor de estar de pie detrás del “escritorio sagrado”.

En una época secular, la predicación se encontrará con una de tres respuestas. La primera es que nos encontraremos predicando en un contexto de hostilidad. Esto no tomará necesariamente la forma de acción pública. Pero al menos, en el futuro inmediato, mucha de esta hostilidad será vista como una marginalización cultural. Aquellos que nos escuchan ahora, lo harán pagando capital social, no ganando capital social- una situación cultural notablemente diferente de nuestros abuelos o incluso de nuestros mismos padres. La segunda, nuestra predicación también se encontrará a menudo con la confusión. Para muchas de las élites intelectuales, los predicadores cristianos no son objeto de hostilidad o burla, más bien son criatura de rareza. Las estructuras de plausibilidad de la sociedad son tan diferentes de las nuestras que muchas personas simplemente no pueden comprendernos. Y la tercera y última es que encontraremos que no solo nos toparemos con la hostilidad y la confusión, sino también con la indiferencia. Muchos en nuestra sociedad incluso no se preocupan lo suficiente sobre nuestro mensaje y no lo hacen para no gastar sus energías, ya sea en hostilidad o confusión.

Uno de los problemas con los que nos enfrentamos es que en muchas circunstancias nuestro enfoque a la predicación, en relación a otras disciplinas teológicas, esta erróneamente torcido. Por años en la academia teológica, la homilética se ha visto como algo de una escuela privada del clero. Hemos imaginado que el verdadero peso teológico ocurre en disciplinas tales como la de la teología, exégesis, nuestra historia como iglesia, mientras que la homilética no era más que el trabajo práctico para aquellos que se trasladaban al entorno profesional y menos teológicamente involucrado del pastorado.

Sin embargo, les sugiero que esta alineación entre las teologías clásicas y la homiletica, es equivocada y perjudicial para la vida de la iglesia. Históricamente, la división tripartita en instituciones de educación teológica entre estudios teológicos, estudios bíblicos y estudios prácticos del ministerio se originó en Alemania, pero se concretó como la expectativa de acreditación para seminarios teológicos por la Asociación de Teología de las Escuelas a mediados del siglo pasado. Si bien, hay beneficios a la especialización en disciplinas académicas, debemos reconocer que segmentar el estudio teológico a lo largo de las líneas de especialización ha tenido un costo (quizás involuntario) en la vida de muchos predicadores modernos. También reconocer que la labor del predicador es exegética y teológica. La homilética no puede ser separada de la teología ni de la exégesis simplemente en virtud del hecho que lo que proclamamos en el pulpito es teológicamente bíblico que se origina en la exégesis de la Palabra de Dios.

Los predicadores necesitan ser competentes en los distintos ámbitos de la vida. Necesitan competencia gerencial y competencia organizacional. Pero por encima de todo, precisan de competencia teológica y exegética. El currículo en nuestros seminarios e instituciones teológicas debe reflejar este compromiso de formar a predicadores teológicos, y no solo a hombres que entretienen.

Cuando reconocemos los desafíos que nos ha planteado nuestro clima cultural actual, también reconoceremos que la predicación, doctrinariamente robusta y exegéticamente rica es el único mecanismo para la supervivencia de la iglesia en la era secular. El pastor leal no es un teólogo por un tiempo, luego un exégeta y en otras oportunidades un predicador, En cambio, él cumple esos tres roles simultáneamente y en igual medida. Esto quiere decir que en nuestras congregaciones y en nuestras instituciones teológicas no estamos simplemente educando profesionales religiosos los cuales son capaces de hablar frente a una multitud, nosotros estamos trayendo teólogos quienes sepan cómo manejar correctamente la Palabra de Dios y anunciarla de manera que sea comprensible para cualquier público.

El testimonio del libro de Hechos y la historia de la Iglesia atestiguan que el hecho de que la predicación es la única estrategia de la Iglesia para sobrevivir y expandirse frente a la hostilidad cultural. Los Hechos regularmente apuntan al hecho de que la iglesia es una “criatura de la Palabra”, es creada por la Palabra y sustentada por la Palabra. La predicación no es sólo una estrategia de crecimiento de la iglesia en medio de otras, es lo que da vida a la existencia de la iglesia. Esto se resalta más allá por la comisión pastoral de Pablo a su protegido Timoteo: “predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza.” (2 Timoteo 4:2).

Los antepasados de la iglesia conocieron la oposición de la cultura romana con una predicación fiel, aquella predicación que se consideraba subversiva al Imperio Romano. También, incluso después de la caída del Imperio Romano, la predicación era lo central para el ministerio de la iglesia. Peter Brown, renombrado historiador de la antigüedad tardía, se da cuenta que la Basílica de Hipona no solo fue el lugar que albergaba el pulpito de Agustín, sino que era también un lugar para la transacción de negocios. Brown apuntaba a que esas transacciones ocurrirían incluso durante las predicaciones de Agustín y que Agustín variadas veces fue interrumpido por interlocutores, los cuales se oponían al contenido de muchos puntos de los sermones de Agustín. Aún incluso en el ruido de la actividad comercial y de los críticos, Agustín tenía claro que la predicación no debe retroceder, sino que la predicación tenía que seguir siendo el centro de la misión de la iglesia y el ministerio.

Mientas avanzamos hacia la Reforma, encontraremos que Lutero entendió que la predicación era la primera marca de la iglesia. Ya que la predicación de Lutero fue el principal medio por el cual los pecadores fueron capaces de conocer las verdades del Evangelio primeramente reveladas a él en las palabras de Romanos 1:17. Recordemos que Lutero no era un simple “espectador”. Lutero habló de la centralidad de predicar el evangelio hasta el punto de arriesgar su vida. Basta considerar el peligro mortal en el que se encontraba en la “Dieta de Ausburgo” (Diet of Worms) para comprender la seriedad de su compromiso con el Evangelio y la proclamación del Evangelio en la predicación.

Similarmente, Calvino hizo hincapié en la unión de la Palabra y el Espíritu al momento de predicar, recordándonos que el Espíritu Santo convence y convierte a través de la predicación de la Palabra, haciendo más de lo que cualquier predicador en sus propias fuerzas fuera capaz de lograr. Esto le dio a Calvino no sólo una teología de cómo funcionaba la predicación, sino también llenó su compromiso con el por qué uno debería predicar. Sin la predicación, la iglesia simplemente no podría sobrevivir, el Espíritu no se movería, y la llama de la Reforma se extinguiría. Este compromiso con la centralidad de la predicación, particularmente con respecto a la preservación y multiplicación de la iglesia, continuó a través de sucesivas generaciones de fieles cristianos como los reformadores ingleses Whitfield, Wesley y Edwards.

El testimonio de las escrituras y de la historia de la iglesia claramente apunta al hecho de que la predicación es la estrategia para la supervivencia de la iglesia. La iglesia, al predicar, se expande y, por la predicación, la iglesia permanece fiel en una cultura hostil. En una era secular, ya no podemos confiar en el lujo de tener otras voces culturales haciendo el trabajo de inculcar a nuestra sociedad con una cosmovisión cristiana. Las estructuras de plausibilidad de la cultura ahora trabajan a través de las corrientes al mensaje que predicamos los domingos por la mañana. La cultura ya no indica un “deber” de escuchar la predicación o un “deber” de dar crédito a la tradición moral cristiana. Esos días ya quedaron atrás. En efecto, las estructuras de la plausibilidad de nuestra cultura han cambiado radicalmente que el “deber” cultural es de oponerse al cristianismo, por ejemplo, no debemos asociarnos con aquellos que hasta ahora no se dejan llevar por la corriente cultural, no debemos definir la condición humana con términos de pecado, no debemos hablar de tal forma que la Biblia hable o no debemos creer las cosas que proclama la Biblia.

El único recurso de la iglesia en una sociedad secular es continuar lo que siempre ha hecho, predicar la Palabra. No podemos esperar a que salga una tercera epístola a Timoteo, que da opciones alternativas de ministerio a lo que Pablo exhorta a su amigo a hacer en la segunda carta a Timoteo. Nuestra única esperanza es la de continuar con la comisión que Jesús y los Apóstoles dejaron. Tanto en un contexto de aceptación cultural o de hostilidad cultural, debemos predicar la Palabra.

Debemos reconocer que la era de la cultura cristiana está desapareciendo ante nosotros. La clase de predicación que hizo a las iglesias “exitosas” también está desapareciendo, ya que las personas que venían por la buena predicación ya no se sienten obligadas a venir. También reconocer que la predicación no es solo una actividad que la iglesia emplea los domingos en la mañana. La predicación no es una actividad trivial. La predicación es un asunto de vida o muerte y la predicación en una sociedad secular es un asunto de supervivencia.

Fundamentalmente, la supervivencia de la iglesia en una ciudad secular se reduce a una promesa y un mandato que se nos da en las Escrituras, un indicativo y un imperativo. Primero, debemos recordad que Jesús prometió: “(…) y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará” (Mateo 16:18b). Segundo, recordar lo que escribió Pablo: “predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza.” (2 Timoteo 4:2). Necesitamos recordar estos pasajes de la Biblia para servir fielmente en la sociedad secular. Jesús ha dado a su Iglesia una estrategia de supervivencia frente a la hostilidad cultural, aquella estrategia, resulta ser el llamado apostólico de Predicar la Palabra

Ignacio Duran

Actualmente se congrega en la Primera Iglesia Bautista de Concepción. Estudiante de Pedagogía en Inglés, 19 años

Comments are closed here.

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Pasaje del día

Toda tú eres bella, amada mía; no hay en ti defecto alguno.

Recomendamos!

Imagen Bautista

Instagram

Something is wrong.
Instagram token error.
Cargar más