La sola scriptura en la Segunda confesión bautista de Londres – Jeff Straub


Ninguna declaración de la Segunda confesión bautista de 1689 tiene mayor relevancia en el mundo cristiano de la actualidad que el siguiente párrafo que formula la doctrina protestante de la sola scriptura: «Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras; a las cuales nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu ni por las tradiciones de los hombres» (Capítulo 1, párrafo 6).

Esa es una formulación clara de una de las solas del gran tiempo de la Reforma. Esta gran doctrina, sola scriptura, se considera la causa formal de la Reforma protestante, mientras que su doctrina compañera, sola fide, se transformó en su causa material1. La afirmación sola scriptura traspasa el mero centro del antiguo (y moderno) catolicismo romano y, en estos días, del pentecostalismo moderno. Tanto el catolicismo romano como el pentecostalismo (en su definición amplia)2, en tanto opuestos en el espectro teológico, sí concuerdan en este principio: la Escritura por sí sola no es suficiente como guía de vida y piedad para los cristianos. La diferencia entre la manera en que los católicos romanos tratan con el principio de sola scriptura es simple: Niegan esta afirmación en principio, mientas que el pentecostalismo, aunque la comparte en principio, la niega en la práctica.

Por ejemplo, los católicos insisten en que el énfasis de los reformadores fue incorrecto.

El asunto de la autoridad permanece como la fuente de división principal entre los católicos y los protestantes. Los protestantes mayoritarios (luteranos, presbiterianos, anglicanos, episcopales, metodistas, etc.) no rechazan la tradición ni la autoridad eclesial, de hecho, tienen a ambos en alta estima y creen que las Escrituras se pueden interpretar correctamente sólo dentro del contexto de los credos de la iglesia primitiva. Sin embargo, los protestantes creen que sólo la Escritura está exenta de la posibilidad del error doctrinal.

Los apologetas católicos modernos siempre buscan refutar el principio de sola scriptura, el que representa una de las diferencias más importantes y esenciales entre el catolicismo romano y el protestantismo. En 1994 un grupo de líderes evangélicos y católicos romanos emitieron una declaración que marcó el acuerdo básico entre dos posiciones teológicas por el bien de la misión mayor de la Iglesia. «Como evangélicos y católicos, no nos atrevemos, por conflictos innecesarios y carencia de amor entre nosotros, a apoyar a los enemigos de la causa de Cristo»3. La conclusión es clara: existe tal acuerdo doctrinal entre ambos grupos que pueden llevar juntos una misma causa. Muchos bautistas se consideran parte del amplio consenso evangélico.

Lo que la declaración de Evangélicos y católicos juntos (ECT, por sus siglas en inglés) no logró considerar es la desconexión entre la doctrina católica romana histórica sobre las Escrituras, según la cual se da un rol autoritario a la tradición en la vida de la Iglesia, y la doctrina protestante (evangélica) de la sola scriptura.  Sin duda, la Escritura tiene su lugar en la Iglesia católica, pero no como la fuente de vida y piedad. La Biblia tiene un rol, pero que no es de mayor importancia ni siquiera central en el catolicismo romano. A menudo, las personas católicas no ven la necesidad de leer ni estudiar las Escrituras por ellos mismos. Un laico católico romano me dijo hace unos cuarenta años: «Mi sacerdote me dice todo lo que necesito saber sobre la Biblia». No tenía la necesidad de estudiar personalmente la Biblia, sino que dependía del sacerdote interpretar la Escritura para él y guiarle espiritualmente, cosa que hizo con la ayuda de la tradición, los Padres y el Magisterio de la Iglesia, cuyas opiniones acerca de las Escrituras completan, confirman, repiten y hasta corrigen la revelación escrita de Dios.

En la contraparte de esta posición, en la defensa de la sola scriptura, se encuentran algunos de los bautistas más valiosos. John Gill (1697-1771), uno de nuestros teólogos más prominentes escribió:

«Las Escrituras son sólo la guía externa en asuntos de religión, son las directrices que debemos mirar y de las cuales obtener dirección y dirigir nuestro curso. A la ley y el testimonio y si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido (Isaías 8:20). No debemos creer a todo espíritu, sino que probar si son de Dios (1 Juan 4:1) y la prueba debe hacerse en conformidad con la Palabra de Dios. Se debe escudriñar las Escrituras, como los nobles bereanos, para ver si las enseñanzas entregadas son correctas o no. Las instrucciones de las directrices deben leerse, pues están escritas tan claramente que hasta aquel que corre puede hacerlo y dirigen a una senda en la cual el hombre, aunque torpe, no puede errar»4.

Por otro lado, al otro extremo del continuum teológico está el pentecostalismo con el lugar que otorga al rol continuo de la profecía dirigida por el Espíritu Santo. Uno puede observa la negación  práctica de la sola scriptura en el libro The Holy Spirit and You, del sacerdote episcopal carismático, David Bennet, que escribe: «El octavo don a estudiar es la “palabra de conocimiento”. Es la revelación sobrenatural de hechos pasados, presentes y futuros que no se aprenden por medio de los esfuerzos de la mente natural […] Este don se usa para proteger al cristiano, para mostrarle cómo orar más efectivamente o para mostrarle cómo ayudar a otros». Este don se conjuga con «la palabra de sabiduría», que corresponde «a la impartición repentina y milagrosa de sabiduría para usarse en una situación en particular, para responder una pregunta específica o para utilizar un determinado conocimiento natural o sobrenatural»5

Dios «habla» hoy a la gente y llena a los pentecostales de mensajes de inspiración y temor. Si uno sigue la popular revista pentecostal Charisma, se encontrará con un exceso de mensajes proféticos. Hace poco la entrada de Michell Darnell a la política fue guiada por profecías. Señala: «Cada paso que he dado ha sido confirmado por profecías». Para los pentecostales, Dios habla a la gente hoy de manera personal y continua que poco o nada tiene que ver con la revelación bíblica. Decisiones importantes se toman sin consultar la palabra Escrita, sino consultando alguna forma de profecía personal, sueños, visiones, mensajes proféticos y otros. Incluso los continuistas moderados argumentan que Dios dirige a su pueblo por medio de sueños reveladores y visiones personales que son imposibles de verificar. Hace poco oí a un profesor de una institución bautista decir que una de las cosas que usó para determinar la voluntad de Dios respecto de trasladarse a otra institución fue el sueño de otro creyente de su iglesia local. Dios le habría «dicho» a ese amigo que el profesor estaba a punto de hacer un cambio importante. Esta «señal» fue la confirmación de la voluntad de Dios bien apartada de su Palabra escrita. Es una afirmación sorprendente, pero no inusual en el mundo evangélico actual.

El renombrado teólogo evangélico Wayne Grudem, cuya postura sobre las profecías se aleja bastante de la postura reformada histórica, intenta tomar distancia de la acusación de negar la sola scriptura. «La suficiencia de las Escrituras no significa que Dios no dará direcciones específicas adicionales a individuos para que las obedezcan (tales como servir en cierta iglesia o el llamado al campo misionero, etc.)». Para el autor, la sola scriptura sólo se aplica a «los estándares morales que él requiere que todos  los cristianos obedezcan en la era de iglesia»6. Grudem tiene un enfoque de dos niveles respecto de la profecía: la del Antiguo Testamento era infalible, con la pena capital para el profeta que errara (Deuteronomio 13:1-5), mientras que la profecía del Nuevo Testamento  puede tener errores. Para Grudem, la profecía es sólo «decir algo que Dios ha traído de manera espontánea a la mente de alguien»7. Los únicos que hablaron infaliblemente en el Nuevo Testamento y que corresponden a los profetas del Antiguo serían los apóstoles.

Otros pentecostales tienen una visión más pronunciada que es contraria a la sola scriptura. Para mucho creyentes, la Biblia no es suficiente. La noción de una Escritura que es suficiente opaca cualquier necesidad de revelación continua. Si la Palabra de Dios (ya) es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Salmos 119:105), si la Palabra de Dios es el medio por el cual los cristianos son santificados (Juan 17:17), ¿qué espacio queda para revelaciones personales? Sin embargo, ese es el rasgo principal del pentecostalismo moderno y en muchos servicios pentecostales la exposición de la Palabra como guía cristiana tiene poca o muy poca cabida. De acuerdo con el testimonio de un excarismático:

«Esto es lo que pasaba: había muchas conversaciones entres los líderes de la iglesia o “miembros con discernimiento” que estaban preocupados por la disminución de profecías en los cultos de domingo o de oración. La ausencia de esas palabras era señal de falta de salud espiritual. En vez de estar alegres con el ministerio fiel de la Palabra en la predicación, estaban preocupados de la ausencia de lo profético. Aunque se negaba en el papel, en la práctica, la profecía tenía más importancia que la predicación, aunque no tanto como las Escrituras»8.

Esta práctica del pentecostalismo es parte de la crítica que hace el renombrado pastor evangélico John MacArthur, quien señala que «en vez de infundir una mayor apreciación de las Escrituras inspiradas por el Espíritu, las cuales Dios exalta tan alto como su propio nombre (Salmo 138.2), el movimiento carismático dirige a las personas a buscar la revelación divina en lugares fuera de la Biblia»9

Hace poco, el autor asistió a un servicio dominical por la mañana en la iglesia más grande de África oriental, Winner’s Chapel, en Nairobe, Kenia. Durante las tres primeras horas del culto de cuatro horas se dio poco tiempo a la Palabra de Dios de manera directa. Se pronunciaron algunos conceptos escriturales (e.g. «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres», pero no de una manera que expusiera el concepto en su contexto bíblico, sino que como un eslogan que se repetía casi como una fórmula mágica. Por tres largas horas no hubo enfoque sostenido en la Palabra de Dios. Aunque debe admitirse que este sea sólo un ejemplo, Winner’s Chapel es una de las iglesias africanas del evangelio de la prosperidad más grandes y su influencia en todo el continente y el mundo entero es difícil de estimar.

Yo también he visitado cultos pentecostales en el área metropolitana de Mineápolis y he tenido la oportunidad de oír a los predicadores más conocidos del movimiento pentecostal y del evangelio de la prosperidad  moderno (Reihardt Bonnke, Kenneth y Gloria Copeland). Nuevamente la muestra de cultos es limitada, pero los mencionados predicadores figuran entre las celebridades pentecostales más renombradas. El uso de las Escrituras en estos cultos se enfoca menos en el poder de la Palabra para la fe y la vida cristiana y se usa más como un libro de autoayuda financiera. Gloria Copeland atribuye su postura de la prosperidad divina a Kenneth Hagin, de ahí que comenzó a pedirle a Dios propiedades y su marido, aviones (es piloto) ¡y desde entonces han tenido propiedades y aviones!10 En un mensaje de Bonnke que escuché el verano pasado, Reinhardt gritó muchas veces «¡Jesús está vivo!», como si esa frase pudiera resucitar muertos. Cerca de treinta personas pasaron adelante después del mensaje para ser bendecidos, pero, tal como en el caso de Gloria Copeland, prácticamente no hubo explicación del evangelio ni de la obra de Jesucristo. Señaló repetidas veces que Jesús vive, pero no hubo explicación teológica del significado de la resurrección. En síntesis, no hubo explicación de la muerte ni de la resurrección de Jesús en ninguno de sus mensajes.

En los cultos mencionados, no hubo una negación abierta a la sola scriptura, sin embargo, estos cultos son típicos del pentecostalismo contemporáneo que usa la Palabra de Dios de maneras que no son bíblicas. Ya sea por el fomento de la profecía dirigida por el Espíritu Santo o por medio el énfasis creciente en el evangelio de la prosperidad —que para nada representa el evangelio verdadero— el pentecostalismo actual a ha abandonado de facto el principio de sola scriptura. El mensaje que se presenta es que la Biblia más el Espíritu Santo en un encuentro de poder personal muy individualizado es lo que se necesita para la vida cristiana.

Soy un cesacionista convencido. En este ámbito, comparto la postura de la gran tradición post Reforma. Bernjamin B. Warfield señaló: «¿Cuánto tiempo este estado de las cosas (presencia de dones milagrosos) continuó? Fue una peculiaridad característica de la Iglesia apostólica en particular y perteneció exclusivamente a la era apostólica, aunque, sin duda alguna, esta designación puede tomarse con cierta laxitud. Estos dones no eran posesión de la Iglesia primitiva como tal, ni en la Iglesia o era apostólica para ellos mismos, sino que eran el respaldo distintivo de los apóstoles. Eran parte de sus credenciales como los agentes autoritarios de Dios en la fundación de la iglesia. La función de estos dones estuvo, por lo tanto, enmarcada particularmente en la Iglesia apostólica y necesariamente desaparecieron con ella. De esto estamos seguros tanto en principio como en los hechos, es decir, tanto con base en la guía de la enseñanza del Nuevo Testamento relacionada con su origen y naturaleza, como en el testimonio de edades posteriores respecto a su cesación […] La posesión de los carismas estuvo limitada a la era apostólica».

Los teólogos de la era post Reforma, un grupo de hombres de gran lucidez enseñaron también que el gran distintivo de los carismas cesó con la era apostólica11.

Este cese incluye el don de profecía. Como Warfield y sus antecesores de la era de la Reforma, estoy convencido por las Escrituras de que debe rechazarse cualquier atribución de voces, sueños y fenómenos personales atribuidos al Espíritu. Contamos con la Palabra de Dios escrita ahora, la que, desarrollada en tiempos apostólicos, sirvió para guiar y disciplinar los dones de revelación de las iglesias (1 Corintios 14:37-40). Ahora con la culminación de la revelación apostólica escrita, no necesitamos la permanencia de esos dones reveladores. Para los apóstoles y lo profetas del Nuevo Testamento, esta revelación fue dada en su totalidad (Efesios 3:4-6). No queda nada que deba explicarse sobre Cristo o su obra redentora, todos los principios de las Escrituras son suficientes para el crecimiento en santidad y la madurez espiritual de los cristianos y la dirección viene a nuestras vidas por medio del discernimiento de la providencia y provisión divina a través de la oración. Si concedemos a estas expresiones personalizadas el carácter de revelaciones, negamos la sola scriptura.

Es por ello que nuestros antecesores bautistas de la Confesión nos recordaron la importancia de sólo la Palabra de Dios. Ella se nos dio para vida y piedad. El cristiano que tiene las Escrituras no necesita nada más. ¡Soli Deo Gloria!

  1. Puede que muchos objeten cómo uso el término «pentecostalismo» como un concepto amplio que incluye una gama de individuos de principios del siglo XX (Charles F. Parham, William Seymour, and Aimee Semple McPherson) que estaban a la vanguardia del movimiento carismático moderno (con su énfasis en los dones espirituales, especialmente las señales que serían para hoy) y el fenómeno global conocido simplemente como el «Evangelio de la prosperidad». No obstante, eruditos de esa misma tradición usan este término como una categoría general que incluye a todas las variedades (Ref. Allan Heaton Anderson, To The Ends of the Earth: Pentecostalism and the Transformation of World Christianity (Nueva York: Oxford University Press, 2013).
  2. Declaración evangélicos y católicos juntos. Misión cristiana en el tercer milenio.
  3. John Gill, “The Scriptures the Only Guide in Matters of Religion,” en A Collection of Sermon and Tracts (Londres: George Keith, 1773), 2:482. Para una defensa bautista reciente de la sola Scriptura, véase Matthew Barrett, “Sola Scriptura in the Strange Land of Evangelicalism: The Peculiar but Necessary Responsibility of Defending Sola Scriptura Against Our Own Kind,” en The Southern Baptist Journal of Theology, 19:4 (2015): 9–38.  
  4. Dennis y Rita Bennett, The Holy Spirit and You (Plainfield, NJ: Logos, 1971), 155, 163.
  5. Dennis y Rita Bennett, The Holy Spirit and You (Plainfield, NJ: Logos, 1971), 155, 163.
  6. Wayne Grudem, The Gift of Prophecy in the New Testament and Today (Wheaton, IL: Crossway, 2000), 257..
  7. Íbid., 284.
  8. J“Confessions of a Former Charismatic,” The Heidelblog. Disponible en línea en http://heidelblog.net/2016/08/confessions-of-a-former-charismatic/.
  9. John MacArthur, Fuego extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa. (Nashville: Thomas Nelson, 2013), 77.
  10. Sermón que Gloria predicó en agosto de 2015 en Living Word Christian Center of Mineápolis, EE.UU., recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=I5obUWrnfNM. link desactivado actualmente.
  11. B.B. Warfield, “The Cessation of the Charismata” en Counterfeit Miracles.
Waldo Chaparro

Waldo Chaparro Inzunza es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Coronel.

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