Los Cumplimientos de Cristo el Mediador – Justin McLedon


Una consecuencia de la transformación moderna del canto congregacional, es la ignorancia que muchos cristianos tienen sobre los himnos clásicos. Incontables cristianos hoy no conocen la profundidad y belleza de las canciones que los anteriores adoradores cristianos disfrutaban. Estas canciones buscaban capturar los afectos que los creyentes tienen para la obra de gracia trinitaria en la vida del pueblo de Dios. Uno de esos himnos, “Adórale”, escrito por la famosa poetisa americana, Fanny Crosby, capta el tema del capítulo ocho de la 2LBC. La iglesia Bautista de mi juventud cantaba este himno de Crosby a menudo, y siempre me llamó la atención la tercera estrofa: “Corónalo, corónalo, Profeta y Sacerdote y Rey.” Al pasar los años, me pregunte que podría significar esto. ¿Cómo puedo coronar a Jesús, y que significa coronar a Jesús como un profeta, sacerdote y rey? Los párrafos cuatro al ocho de la 2LBC ofrecen respuestas a esta desconcertante pregunta. 

Samuel Waldron agrupa los párrafos 4-10 en un tema relacionado con la ejecución del oficio del Mediador. En este artículo, estos siete párrafos serán evaluados en tres unidades. Agrupo los párrafos cuatro y cinco en la humillación y exaltación de Jesús y Su sacrificio y herencia. Párrafos seis y siete se enfocan en el cumplimiento de Jesús de las promesas del Antiguo Testamento. Los párrafos ocho al diez se enfocan en el trabajo de intercesión de Jesús, su autoridad gobernante y su preservación soberana de los elegidos. 

 

Párrafo 4 

El Señor Jesús asumió de muy buena voluntad este oficio,(21) y para desempeñarlo, nació bajo la ley,(22) la cumplió perfectamente y sufrió el castigo que nos correspondía a nosotros, el cual deberíamos haber llevado y sufrido,(23) siendo hecho pecado y maldición por nosotros;(24) soportando las más terribles aflicciones en su alma y los más dolorosos sufrimientos en su cuerpo;(25) fue crucificado y murió, y permaneció en el estado de los muertos, aunque sin ver corrupción.(26) Al tercer día resucitó de entre los muertos(27) con el mismo cuerpo en que sufrió,(28) con el cual también ascendió al cielo,(29) y allí está sentado a la diestra de su Padre intercediendo,(30) y regresará para juzgar a los hombres y a los ángeles al final del mundo.(31) 

(21) Salmos 40:7, 8; Hebreos 10:5-10; John 10:18. (22) Gálatas 4:4; Mateo 3:15.
(23) Gálatas 3:13; Isaías 53:6; 1 Peter 3:18. (24) 2 Corintios 5:21. (25) Mateo 26:37, 38; Lucas 22:44; Mateo 27:46. (26) Hechos 13:37. (27) 1 Corintios 15:3, 4. (28) John 20:25, 27. (29) Mark 16:19; Hechos 1:9-11. (30) Romanos 8:34; Hebreos o9:24. (31) Hechos 10:42; Romanos 14:9, 10; Hechos 1:11; 2 Pedro 2:4. 

Párrafo 5 

El Señor Jesús, por su perfecta obediencia y el sacrificio de sí mismo que ofreció a Dios una sola vez a través del Espíritu eterno, ha satisfecho plenamente la justicia de Dios,(32) ha conseguido la reconciliación y ha comprado una herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos que el Padre le ha dado.(33) 

(32) Hebreos 9:14, 10:14; Romanos 3:25,26. (33) John 17:2; Hebreos 9:15 

Humillación y Exaltación 

La cruz parece desastrosa para la credibilidad de Jesús. Los evangelios retratan en detalle Su vida y ministerio, que incluye milagros inexplicables y notables declaraciones sobre Su deidad. Sin embargo, ahí está Él, aparentemente indefenso, juzgado y condenado, sentenciado a muerte en una cruz de criminal. No es extraño que los no cristianos tropiecen con la forma en que retratamos la muerte de Jesús en proclamas victoriosas. ¿Qué tiene de maravilloso un rey crucificado? ¿Qué tiene de glorioso un hacedor de milagros derrotado? Por supuesto, nos apoyamos en la ayuda del Espíritu que nos proporciona la paciencia necesaria al compartir verdades bíblicas a otros. Humildemente respondemos que puede parecer que Su misión falló cuando fue asesinado, pero la cruz no fue un fracaso, tampoco fue una sorpresa. 

La 2LBC declara que Jesús “voluntariamente” asumió su papel como Mediador. Él no fue forzado, ni le debía un favor a nadie. Él no fue embaucado con astucia o engañado por el diablo. Su obra de obediencia pasiva y activa fue intencional. En su obediencia activa, Jesús obedeció la ley perfectamente y obtuvo justicia para su pueblo; por su obediencia pasiva, Él soportó las “más terribles aflicciones en su alma y los más dolorosos sufrimientos en su cuerpo” (párrafo cuatro, arriba). Sufrió la agonía por la ira de Dios que cayó sobre Él a causa de nuestro pecado. Note como el párrafo cuatro incluye tanto la gravosa angustia en su alma como la ira que soportó en su cuerpo. Ambos fueron necesarios, ambos fueron reales, ambos fueron parte de Su obra de salvación. 

Es importante observar lo que está incluido en los párrafos mencionados más arriba sobre lo que los teólogos llaman la humillación y exaltación de Jesús. Como Gayne Grudem observa, estos dos estados hacen referencia a “las diferentes relaciones que Jesús tenía con la ley de Dios para la humanidad, a la posesión de la autoridad y a recibir honor para sí mismo.”1 Comprender la obra de Jesús a través de estas dos distinciones ayuda a aclarar todo lo que involucra la muerte de Jesús para los elegidos. La encarnación, sufrimiento, muerte y sepultura de Jesús componen Su himillación. En Filipenses 2:7-8, Pablo dice que Jesús “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Nuestra salvación requiere cada una de estas acciones, pero la obra de humillación de Jesús por nosotros es sólo una parte de Su trabajo. 

Pablo afirma la exaltación de Jesús en el mismo contexto: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.” (Fil. 2:9-11). La resurrección de Jesús, la ascensión, Su asiento a la derecha de Dios y su retorno futuro, todos ellos comprenden Su exaltación. Herman Bavinck estuvo en lo correcto al declarar, “Todo el Nuevo Testamento eneña al Cristo humillado y exaltado como el núcleo del evangelio.”2 Cuando nos enfrentamos a los escépticos, o en una conversación general con los incrédulos, debemos afirmar tanto su humillación como su exaltación, y al hacerlo, comenzamos a transmitir cómo Su obra expiatoria logró sus propósitos. 

Sacrificio y Herencia 

Como merecemos la ira de Dios por haber quebrantado Su ley, el castigo “en que debíamos nacer y sufrir” fue soportado por Jesús. La Escritura es clara: maldito todo el que cuelga de un madero, sin embargo, Jesús “nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros” (Gálatas 3:13). La 2LBC declara claramente que Jesús murió físicamente. Esta declaración es crucial para nuestra salvación, e incluye el énfasis de que Su cuerpo “permaneció en el estado de los muertos” Dos cosas importantes emergen. Primero, Jesús realmente murió. Él no estuvo inconsciente o cercano a la muerte. Su corazón dejo de latir en la muerte. A veces los cristianos son culpables de dar por sentada esta verdad debido a la resurrección, pero es de gran importancia teológica y evangelística (los musulmanes, por ejemplo, niegan la muerte real de Jesús en la cruz). 

Segundo, nos es dicho que Jesús permaneció en estado de muerte “aunque sin ver corrupción.” El espacio no permite un tratamiento extensivo aquí, y no encontramos una visión explícita en la confesión, pero en este punto de Su humillación, surge el tema de si Jesús fue al infierno. Interesantemente, John Dagg incluye este tema en su tratamiento de la humillación de Cristo. Él observa como “algunos han pensado que descendió al infierno; pero esta opción ha surgido de la mala interpretación de la Escritura.”3  

Desde mi perspectiva, la explicación de Grudem es clara y persuasiva.4 

En el tercer día, Jesús resucitó de entre los muertos con el mismo cuerpo que fue crucificado. El testimonio de la Escritura deja en claro que la tumba no pudo retener a Jesús. Se reveló a testigos femeninos y masculinos, a individuos y a grupos. Confrontó la incredulidad exponiendo sus heridas, llamando a los escépticos a observar y tocar; para demostrar que Él no era un espíritu, pidió y comió pescado asado. Pablo dice que el Señor resucitado se le apareció, y la resurrección tiene una importancia vital que muestra cómo la predicación no tiene sentido y la fe es inútil si la muerte gana. Después de su resurrección, Jesús ministró y enseñó por cuarenta días y ascendió al cielo y se sentó a la diestra del Padre. En su estado de exaltación, Jesucristo intercede a favor de Su pueblo como su mediador. Incluso en este reino celestial, Jesús sigue siendo el profeta, el sacerdote y el rey de los elegidos. 

Expiación Definitiva 

¿Qué logró la muerte de Jesús? Responder esta pregunta es crucial y exige una interacción cuidadosa con la revelación del Nuevo Testamento. En Su muerte, Jesús expió los pecados. Mediante Su sacrificio, Jesús restauró la correcta relación entre Dios y el hombre, y un precio fue requerido para que esta relación fuese asegurada. Toda la humanidad es culpable en Adán, y por nuestros pecados somos objetos de la ira de Dios (Efesios 2: 3). Dios es puro y santo, un juez justo que no pasa por alto el pecado o excusa la impiedad. Su naturaleza demanda justicia, y el Antiguo Testamento provee imágenes gráficas de la necesidad de expiación. El perdón es imposible sin pago, y el derramamiento de sangre fue el requerimiento de Dios para la misericordia. 

En el Nuevo Testamento, Jesús demuestra en sí mismo lo que los sacrificios del Antiguo Testamento anunciaban. La sangre de los bueyes y cabras es insuficiente; nuestra única esperanza fue Su preciosa sangre. El gran valor de estudiar otras teorías de expiación es que uno puede encontrar aspectos para afirmar en sus presentaciones, pero al final, la sustitución penal captura todos los énfasis bíblicos de la reconciliación que se encuentran dentro de la propiciación, la expiación y la purificación. La 2LBC afirma claramente esta perspectiva. La obra de humillación y exaltación de Jesús logró todo lo que pretendía. El 2LC declara explícitamente la intencionalidad de la expiación de Jesús en el sentido de que “ha comprado una herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos que el Padre le ha dado.” Mientras persisten los debates sobre el alcance de la expiación entre los bautistas y la comunidad evangélica en general, la evidencia bíblica que respalda la expiación definitiva es abrumadora. 

Tom Nettles define la expiación definitiva como Cristo muriendo “por las mismas personas por quienes intercede; estos son los mismos que el Padre eligió y el Espíritu efectivamente ha llamado.”5 Es imposible desarrollar una defensa adecuada de la expiación definida en este breve artículo, y la 2LBC no intenta defender esta doctrina en detalle, pero algunas declaraciones son necesarias. Primero, como mínimo, la sustitución penal sugiere expiación definitiva. Jesús hace una real sustitución por ciertas personas para una herencia segura. Segundo, como Nettles observa más arriba, el rol sacerdotal de Cristo en la intercesión es un aspecto integral de esta doctrina.En su completo tratamiento de este punto, Stephen Wellum muestra un resumen unificado del sacerdocio del Antiguo Testamento, y él contrasta sus roles con el trabajo de Jesús como nuestro sumo sacerdote. Wellum demuestra por qué el papel de Jesús como sumo sacerdote del Nuevo Pacto necesariamente exige su expiación de un pueblo en particular.6 La oración del sumo sacerdote de Juan 17 es significativa aquí. Jesús tenía en mente un grupo definitivo de personas mientras oraba, y el conoce la obra particular que cumplirá sólo por ellos. 

Tom Schreiner plantea una pregunta interesante con respecto a la expiación de Jesús. Él pregunta, “¿Podría Jesús haber expiado nuestros pecados a los diez años?” Esta no es una pregunta capciosa, y tampoco sin importancia. Schreiner afirma que Jesús no pudo haber expiado nuestros pecados cuando tenía diez años porque “le hubiera faltado la madurez y la experiencia como ser humano para sufrir por el bien de su pueblo a tan tierna edad”. Él tuvo que experimentar toda la gama de tentaciones y resistir las tentaciones del pecado para calificar como un sacrificio expiatorio (Hebreos 4:15) “.7 Por lo tanto, la oración del sumo sacerdote de Juan 17 es una reunión de todo lo que Él había hecho en su vida y ministerio. Todos los aspectos de su ministerio que lo guiaron hasta este punto lo prepararon para proporcionar una expiación definitiva. 

Párrafo 6 

Aun cuando el precio de la redención no fue realmente pagado por Cristo hasta después de su encarnación, sin embargo la virtud, la eficacia y los beneficios de la misma fueron comunicados a los escogidos en todas las épocas desde el principio del mundo, en las promesas, tipos y sacrificios y por medio de los mismos, en los cuales fue revelado y señalado como la simiente que heriría la cabeza de la serpiente,(34) y como el Cordero inmolado desde la fundación del mundo,(35) siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos.(36) 

(34) 1 Corintios 4:10; Hebreos 4:2; 1 Pedro 1:10, 11. (35) Apocalipsis 13:8. (36) Hebreos 13:8. 

Párrafo 7 

Cristo, en la obra de mediación, actúa conforme a ambas naturalezas, haciendo por medio de cada naturaleza lo que es propio de ella; aunque, por razón de la unidad de la persona, lo que es propio de una naturaleza algunas veces se le atribuye en las Escrituras a la persona denominada por la otra naturaleza.(37) 

(37) Juan 3:13; Hechos 20:28. 

 

Promesas Cumplidas 

En medio de todo lo que abarcaba la rebelión de Adán y Eva en la narración del Génesis, tuvieron el privilegio de escuchar la promesa de la salvación futura. El engañador sería aplastado. A partir de este momento, Dios desarrolló un plan que solo Él podría haber diseñado. La naturaleza progresiva de la revelación nos permite reconstruir cómo los actos posteriores y las promesas se relacionan con la declaración original de que la semilla de la mujer vendría. En todo el Antiguo Testamento hay un testimonio constante de que Dios está cumpliendo Su plan, y que las personas a través de las cuales Él trabajó “diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían” (1 Pedro 1:10-11). Para transmitir el testimonio general de la Biblia sobre el plan de Dios, la 2LBC presenta a Jesús como el Cordero inmolado desde la fundación del mundo. En otras palabras, tiempo antes del jardín, y tiempo antes de la encarnación, la cruz y la resurrección, Jesús compro la redención y la aplicó a Su pueblo (aquellos específicos que mencionó en Juan 17). 

El párrafo siete explica las distinciones importantes de la persona de Cristo, mediante las cuales Él cumple estas promesas. Ambas, Su naturaleza divina y Su naturaleza humana, son requeridas para aplastar a Satanás. Como observa la 2LBC, cada naturaleza consiguió lo que correspondía a esa naturaleza. En otras palabras, necesitábamos un mejor Adán, y en Su naturaleza humana, Cristo vivió bajo la ley, sin pecados. Toda Su naturaleza humana contribuyó al cumplimiento de Su tarea. De manera similar, Su obra divina es consistente con la completa divinidad en Su persona. La 2LBC reitera con cuidado la distinción entre estas dos naturalezas y como lo eran también las obras asociadas a cada una. Como Steven Wellum observa, allí “no hay unión de naturalezas que oscurezca la integridad de cualquiera de ellas”.8 La Escritura afirma esto al presentar cualidades respectivas a cada naturaleza tanto a la divina como a la humana (Su sostenimiento del universo, y Su hambre). 

Párrafo 8 

A todos aquellos para quienes Cristo ha obtenido redención eterna, cierta y eficazmente les aplica y comunica la misma, haciendo intercesión por ellos,(38) uniéndoles a sí mismo por su Espíritu, revelándoles en la Palabra y por medio de ella el misterio de la salvación, persuadiéndoles a creer y obedecer,(39) gobernando sus corazones por su Palabra y Espíritu,(40) y venciendo a todos sus enemigos por su omnipotente poder y sabiduría,(41) de manera y en formas que más coincidan con su maravillosa e inescrutable dispensación; y todo por su gracia libre y absoluta, sin prever ninguna condición en ellos para granjearla.(42) 

(38) Juan 6:37, 10:15,16, 17:9; Romanos 5:10. (39) Juan 17:6; Efesios 1:9; 1 Juan 5:20. (40) Romanos 8:9, 14. (41) Salmos 110:1; 1 Corintios 15:25, 26. (42) John 3:8; Efesios 1:8. 

Párrafo 9 

Este oficio de mediador entre Dios y el hombre es propio sólo de Cristo, quien es el Profeta, Sacerdote y Rey de la iglesia de Dios; y no puede, ni parcial ni totalmente, ser transferido de él a ningún otro.(43) 

(43) 1 Timoteo 2:5 

Párrafo 10 

Esta cantidad y orden de oficios son necesarios; pues, por nuestra ignorancia, tenemos necesidad de su oficio profético;(44) y por nuestra separación de Dios y la imperfección del mejor de nuestros servicios, necesitamos su oficio sacerdotal para reconciliarnos con Dios(45) y presentarnos aceptos para con él; y por nuestra falta de disposición y total incapacidad para volver a Dios y para rescatarnos a nosotros mismos y protegernos de nuestros adversarios espirituales, necesitamos su oficio real para convencernos, subyugarnos, atraernos, sostenernos, librarnos y preservarnos para su reino celestial.(46) 

(44) Juan 1:18. (45) Colosenses 1:21; Gálatas 5:17. (46) Juan 16:8; Salmos 110:3; Lucas 1:74, 75. 

 

Intercesión total 

La fuerza de estos párrafos descansa en la afirmación de la fidelidad de Dios. Dios tiene la intención de salvar a un pueblo a través de Cristo, y Él se encargará de que esta salvación sea completa. Por lo tanto, la salvación se logra a través de Cristo y se aplica en Cristo, y Él es fiel para lograr todos los aspectos de esta obra. Los propósitos de Dios son eternos e inmutables. En este punto, debemos asegurarnos de que nuestra comprensión de la intercesión incluya todo su trabajo. En otras palabras, cuando nos enfocamos en el ministerio intercesor de Cristo, no debemos pensar solamente en términos del presente de su oración de intercesión. Como el párrafo ocho lo indica, Él intercede a través de la aplicación y la comunicación del Evangelio a nosotros a través del poder del Espíritu. Es a través de este trabajo que somos “convencidos de creer”. Pablo hace este punto en Efesios 1 cuando nos describe que escuchamos la Palabra de Verdad, el evangelio de salvación, entonces creemos y somos sellados. Cada componente de este gracioso acto es la evidencia de la total intercesión de Jesús. Adicionalmente, Su intercesión incluye Su gobierno en nuestras vidas por Su Palabra y Espíritu. 

 

Él preserva a Su pueblo 

El origen del párrafo diez proviene de la Primera Confesión de Londres. Este párrafo resume gran parte de lo que se ha cubierto en los nueve anteriores. Jesucristo el mediador fue fiel en la ejecución de sus roles como profeta, sacerdote y rey. El orden de estos tres oficios es importante. Como el profeta del Antiguo Testamento, Jesús fue ungido por el Espíritu de Dios para proclamar la Palabra de Dios. Moisés predijo a un futuro profeta (Deuteronomio 18:15), y Pedro atribuye esa profecía a Jesús (Hechos 3:22). Debido a nuestra ignorancia, necesitamos que Cristo declare y brinde el evangelio por nosotros. A la luz de nuestra enemistad con Dios, nuestro Sumo Sacerdote buscó reconciliar a un pueblo elegido sobre la base de su decreto soberano. Nuestro gran sumo sacerdote nos hace aceptables a los ojos de Dios, y su obra de intercesión es eterna. Todo el tiempo Cristo es nuestra justicia, nuestra defensa, y nuestro sostenedor. Cristo el Rey reina en nuestras vidas porque Su señorío se extiende a cada grieta de nuestras vidas. Su gobierno soberano asegura nuestra preservación. En cada una de estas formas, Jesús está preservando a su pueblo. 

¿Cómo respondemos a la provisión misericordiosa que tenemos en Cristo? Bueno, como dice la canción, le adoramos. Dios nos creó para adorar, y lo hacemos con nuestro corazón, alma, mente y fuerza. ¿Cómo coronamos a Jesús profeta, sacerdote y rey? Supongo que hay varias respuestas, pero nuestras respuestas no deben ser menores que nuestro humilde reconocimiento de que Dios nos proporcionó todo lo que necesitamos en Cristo. Coronarle profeta, sacerdote y rey es algo que Dios ya ha hecho, por lo que coronarlo de esta manera es esencialmente nuestra admisión gozosa en nuestra adoración y estilo de vida de que le pertenecemos. Él enriquece nuestras almas a través de Su palabra profética, Él nos reconcilia e intercede por nosotros como nuestro sacerdote, y Él gobierna sobre todas las cosas como Rey de reyes. 

 

Autor: Justin McLedon 

Traductor: Franco Caamaño 

 

Articulo Original: 

The Accomplishments of Christ the Mediator 

  1.  Wayne Grudem, Systematic TheologyAn Introduction to Biblical Doctrine (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1994), 620.
  2.  Herman Bavinck, Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ, vol. 3 (Grand Rapids, MI: Baker, 2006), 418.
  3.  John Dagg, Manual of Theology (Harrisonburg, VA: Gano Books, 1982), 206.
  4.  See Grudem, Systematic Theology, 586-594.
  5.  Tom Nettles, By His Grace and For His Glory (Lake Charles, LA: Cor Meum Tibi, 2002), 298.
  6.  Stephen J. Wellum, “The New Covenant Work of Christ: Priesthood, Atonement, and Intercession,” in From Heaven He Came and Sought HerDefinite Atonement in HistoricalBiblicalTheological, and Pastoral Perspective, edited by David Gibson and Jonathan Gibson (Wheaton, IL: Crossway, 2013), 517–540.
  7.  Thomas R. Schreiner, New Testament TheologyMagnifying God in Christ (Grand Rapids, MI: Baker, 2008), 388.
  8.  Stephen J. Wellum, God the Incarnate Son: The Doctrine of Christ (Wheaton, IL: Crossway, 2016), 307.
Franco

Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Quilpué. Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Pasaje del día

Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza.

Recomendamos!

Imagen Bautista

Instagram

Something is wrong.
Instagram token error.
Cargar más