Una perspectiva Bautista Reformada sobre la teología pública: El Ministerio de Pedro y Juan en Hechos


theroadofgrace / 8 de junio de 2016

En el blog anterior, proporcionamos una introducción a la teología pública dentro del libro de Hechos examinando el escenario histórico de Hechos y examinando cómo el contenido de la enseñanza pública de los apóstoles produjo choques significativos con la sociedad pluralista del Imperio Romano. En este artículo, enfocaremos nuestra atención en el ministerio público de Pedro y Juan después de Pentecostés. En Hechos 3:1-10, Lucas registra el relato de un mendigo cojo siendo sanado por las manos de Pedro. Como todos los milagros realizados por los apóstoles, esta sanación se hizo públicamente para verificar y autentificar el mensaje del evangelio que Pedro predicó en Hechos 2. El milagro causó que todos los presentes quedaran totalmente asombrados y esto le dio a Pedro la oportunidad de dirigirse a la multitud judía (3:10-11). Con esta oportunidad, Pedro desvía la atención de sí mismo y predica el evangelio (3:11-26).

 

Mensaje de Pedro a la Nación

Por el bien de este blog, es importante notar el contenido del mensaje de Pedro. Primero, notamos que Pedro niega que su propio poder y piedad sanó al mendigo (v. 12), sino que más bien, Pedro llama la atención que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob glorificó a Jesús a través de esta sanidad (v. 13, 16). Segundo, notamos que Pedro pone la culpa de la muerte de Jesús – el Autor de la vida – a los pies de la nación judía (v. 13-15). Tercero, notamos que Pedro también proclama que aunque ellos actuaron en ignorancia, los sufrimientos de Cristo fueron anunciados por la boca de todos los profetas (v. 17-18). Después de exponer la culpabilidad de la nación judía, los llama a todos al arrepentimiento para que «vengan tiempos de refrigerio de la presencia del Señor, y para que envíe al Cristo designado para ustedes» (v. 20). En otras palabras, la necesidad absoluta del arrepentimiento fue solemnemente cargada sobre la conciencia de todos los que desean que sus pecados sean borrados para que puedan compartir el refrigerio del amor perdonador de Dios. Según Pedro, no hay otra opción para el pueblo, porque Jesús es el gran profeta que fue profetizado por Moisés (v. 22-24). Finalmente, Pedro indica que Jesús ha sido levantado de entre los muertos y ascendido al cielo hasta el tiempo de la restauración como fue predicho por los profetas (v. 21). Los judíos que escucharon el mensaje de Pedro habían sido puestos bajo una profunda convicción porque sabían que habían entregado al Cristo -el ungido de Dios- a quien habían estado esperando por muchas generaciones. Por lo tanto, muchos de los que habían oído la palabra creyeron.

Es importante notar que el mensaje de Pedro fue confrontacional y fue principalmente soteriológico en su intención. Cualquier referencia al impacto político del evangelio se dirigía a cuestiones escatológicas, en las que se discutía brevemente la bienaventuranza del estado eterno y el juicio final. Sin embargo, como el ministerio de los apóstoles se hacía abierta y públicamente, había una oposición directa contra el mensaje. El primer grupo que se opuso a los apóstoles fue el Sanedrín, que era el consejo supremo del pueblo judío. El origen de esta asamblea se remonta a los setenta ancianos a quienes Moisés ordenó que le ayudaran en el gobierno de los israelitas (Números 11:16-17). Como se menciona en Hechos 4, el sanedrín parece estar constituido de sumos sacerdotes, ancianos y escribas. Esto indica que el sanedrín cumplió tanto un papel judicial como religioso para la nación judía.

 

El Mensaje de Pedro a los Líderes

Después de encarcelar a los apóstoles por sus enseñanzas, el sanedrín preguntó con qué autoridad realizaban sus obras los apóstoles. Es importante notar que una pregunta engañosa similar fue hecha a Cristo por el mismo concilio (cf. Mateo 21:23), lo que probablemente indica que el tono de la pregunta era el de desprecio. En lugar de ser intimidado por el Concilio, Pedro se dirigió directamente a los líderes. Es muy importante notar que Pedro no cambia el contenido ni el tono de su mensaje cuando se dirige a los líderes. Él proclama que Dios glorificó a Jesús en la sanidad del mendigo (4:10), llama al concilio a tomar responsabilidad al entregar a Jesús a la muerte (4:10), y proclama que no hay otro nombre en el que se encuentre la salvación (4:12). Además, Pedro declara que «este Jesús es la piedra que fue rechazada por vosotros, los constructores, que se ha convertido en la piedra angular» (4,11), que es la misma condena dada al sanedrín durante el ministerio terrenal de Jesús (cf. Mc 12,1-12).

En vez de responder con fe y arrepentimiento, el sanedrín agregó a su culpabilidad al instigar a Pedro y a Juan a no hablar en absoluto en el nombre de Jesús (4:15-18). La respuesta de Pedro y Juan tiene muchas aplicaciones para nosotros hoy. En primer lugar, debemos tomar nota del tono de su respuesta. Pedro y Juan no trataron al concilio con ligereza, sino que se dirigieron a ellos apropiadamente de acuerdo con la autoridad dada al concilio. En segundo lugar, sus palabras afirman el derecho de conciencia, reconociendo que las autoridades humanas deben ser resistidas cuando se oponen a la autoridad divina. Los apóstoles son obligados por la autoridad divina a proclamar el evangelio. Tercero, los apóstoles están dispuestos a aceptar el castigo que viene de seguir la conciencia. En particular, debemos notar que los discípulos se regocijaron de ser considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús (cf. 5:41). Cuarto, ellos reconocen su debilidad humana al orar a Dios para que les dé la audacia de continuar hablando Su Palabra a pesar de la oposición (4:23-30). Las oraciones de los apóstoles fueron respondidas mientras continuaban haciendo señales y prodigios entre la nación judía (5:12-16). Los apóstoles continuaron predicando la Palabra con audacia y continuamente enfrentaron la oposición de los líderes judíos. Fueron encarcelados muchas veces y sin embargo Dios los liberó para que continuaran predicando la Palabra (5:17-26). Su mensaje a las autoridades judías permaneció constante: debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta es la misma disposición que se encontró en el testimonio profético del AT (cf. Daniel 3).

 

Resumen y Conclusiones

¿Qué podemos sacar del ministerio público de Pedro y Juan hoy? Primero, el mensaje que se les confió a los apóstoles (y por lo tanto, el mensaje que se le ha confiado a la Iglesia) es el evangelio. Es un punto simple y obvio, pero es un punto que muchos están abandonando hoy en día. Cuando se trata de confrontar los numerosos asuntos culturales del día, debemos recordar que la Iglesia no tiene otro mensaje que proclamar que el evangelio. Si la Iglesia no anuncia este mensaje y no explica sus implicaciones, entonces nuestro testimonio en el mundo es inútil (cf. Mateo 5:13). Al enfatizar la centralidad del evangelio, también es importante reconocer la necesidad de predicar la ley tanto en la esfera pública como en conversaciones privadas porque la Ley, cuando es proclamada correctamente, es el tutor que guía a otros hacia Cristo. Aparte de la Ley, el evangelio pierde su brillo. Esto es evidente al notar que Pedro y Juan siempre llaman a su audiencia a tomar responsabilidad al entregar a Jesús a la muerte antes de proclamar el perdón de los pecados prometidos en Cristo.

Segundo, debemos darnos cuenta de que el mensaje del evangelio se aplica a cada persona en cada etapa de la vida, incluso si es un funcionario público. En otras palabras, la naturaleza confrontacional de la ley y la predicación del evangelio por parte de la Iglesia no debe diluirse para aquellos que son funcionarios públicos. Si estamos dispuestos a llamar a nuestros vecinos y amigos al arrepentimiento y a la fe en Cristo, entonces el mismo mensaje debe ser dado a nuestros líderes. Tercero, si estamos dispuestos a proclamar este mensaje, debemos esperar una fuerte oposición. En otras palabras, el mensaje del evangelio mismo siempre será opuesto porque aborda los problemas existenciales comunes de todos los pueblos y sociedades. Para algunos individuos, esta oposición puede venir en forma de persecución física, pero para otros, puede venir en forma de encarcelamiento, ostracismo y burla. Como Pedro y Juan, debemos esperar esta oposición y regocijarnos en nuestros sufrimientos, sabiendo que Dios nos considera dignos de sufrir deshonra por Cristo. Finalmente, necesitamos orar por audacia para que sigamos proclamando la Palabra. Orar por audacia es un reconocimiento claro y humilde de que somos propensos al miedo y la intimidación del mundo que nos rodea. Debemos orar para que no caigamos en la tentación de la pasividad y la asimilación al enfrentarnos al mundo que nos rodea.

En el próximo blog, nos enfocaremos en las interacciones particulares de Pablo en su ministerio público.

 

Fuente: A Reformed Baptist Perspective on Public Theology: The Ministry of Peter and John in Acts

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

LEAVE A COMMENT

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Pasaje del día

Sólo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino.

Recomendamos!

Imagen Bautista

Instagram

Something is wrong.
Instagram token error.
Cargar más