Una perspectiva bautista reformada sobre la teología pública: Las Epístolas Paulinas, Parte VI – 1 Corintios 1-10


William F. Leonhart III / 23 de octubre de 2016

 

Al discutir las cartas de Pablo a la iglesia en Corinto, debemos reconocer que Pablo no escribió simplemente para tratar un solo asunto, sino varios. Corinto había hecho varias preguntas muy válidas a Pablo. También había algunas preocupaciones sobre las cuales Pablo quería que supieran que no había ninguna pregunta, porque la respuesta era muy clara. También hubo reportes que fueron llevados a Pablo acerca de asuntos en los cuales la iglesia de Corinto estaba convencida, pero ellos se habían posicionado en el lado equivocado. En el siguiente artículo, abordaremos varias de estas preocupaciones, porque muchas de ellas siguen siendo preocupaciones para nosotros hoy en día. Dado el tema de nuestra serie, nos ocuparemos principalmente de las preocupaciones que tocan el tema de la teología pública y, lamentablemente, no tendremos tiempo de abordar todas las cuestiones con la profundidad que deseamos.

 

A los santos

Primero, reconozcamos el cariño que Pablo le otorga a esta iglesia. Los llama santos: «A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, santos por llamamiento,» (1 Corintios 1:2a; NASB). Sí, esta iglesia tenía algunos defectos importantes. Sin embargo, reconoce que son amados de Dios y, aun como apóstol, no tiene el derecho de reprender a la novia de Cristo. Él continuará reprendiéndola, pero desea que ella vea que sus reprimendas vienen de un corazón de amor, no de justicia propia.

Además, no escribe a los incrédulos de Corinto por el deseo de ofrecer una defensa de la fe y tratar de validar las objeciones de esos incrédulos a los errores de la iglesia de Corinto. Cuando Pablo ve que las acciones de la iglesia están capacitando al mundo en su blasfemia de Dios, se dirige a la iglesia. Nunca se pone del lado del mundo para condenar a la novia de Cristo.

 

Adquiriendo Conocimiento

Antes de abordar el error de los Corintios de ser «engreídos » en conocimiento, noten su oración por ellos:

«Doy gracias a mi Dios siempre concerniente a vosotros por la gracia de Dios que os ha sido dada por Cristo Jesús, porque habéis sido enriquecidos en todo por él, en toda palabra y con todo conocimiento» (vv. 4-5).

Pablo no desea que los cristianos de Corinto ignoren las verdades de la fe. Más bien, él da gracias a Dios regularmente por el hecho de que ellos han sido enriquecidos en su conocimiento de Él. A menudo, los cristianos leen 1 Corintios, y piensan que hay algo virtuoso en permanecer felizmente ignorantes acerca de las verdades de Dios.

Lo que estos cristianos no se dan cuenta es que no es la adquisición de conocimiento que Pablo argumenta como impropio para los cristianos. El error se encuentra en el hecho de que los Corintios estaban aplicando mal su conocimiento. Ellos estaban adquiriendo conocimiento para ganar argumentos, o quizás para verse bien delante de sus amigos (1 Corintios 8:1), pero no lo estaban adquiriendo para crecer en su adoración a Dios.

A medida que adquirimos más y más conocimiento, debemos hacerlo por el bien de acercarnos más al Dios de toda verdad. Trataremos la relación del cristiano con el conocimiento con más detalle cuando lleguemos a nuestro estudio del libro de Colosenses, pero los cristianos deben querer crecer en conocimiento. Cuanto más sabemos acerca de nuestra fe, más sabemos acerca del Dios que decimos amar. Cuanto más sabemos de nuestra fe, más sabemos del prójimo que decimos amar.

 

Amor y Matrimonio

De hecho, el amor es quizás el tema que define los primeros seis capítulos del libro de 1 Corintios. Pablo pasa un capítulo entero enfocado en la superioridad del amor sobre cualquier otro don que recibimos de Dios (capítulo 13). Pablo contrasta el amor verdadero y piadoso con los motivos egoístas de los Corintios para adquirir conocimiento y presumir que son sabios mundanos (capítulos 1-2). Pablo contrasta el amor verdadero y piadoso con el fraccionalismo que prevalecía en la iglesia de Corinto (3-4). Pablo contrasta el amor verdadero y piadoso con la licencia que la iglesia de Corinto dio a los así llamados hermanos no arrepentidos en medio de ellos (5). Pablo contrasta el amor verdadero y piadoso con la práctica de llevar a los miembros de la iglesia a la corte secular (6).

Para nuestra discusión de la teología pública, es importante en esta coyuntura detenerse aquí y tomar nota de dos cosas. Primero, Pablo nos dice que no juzguemos a los de afuera. En este contexto, no quiere decir que no tengamos líderes políticos -especialmente líderes políticos que dicen ser cristianos- de alto nivel. Lo que él quiere decir es que, con respecto a la vida de la iglesia, no debemos permitir que los pecadores abiertos e impenitentes anden por ahí diciendo que son los llamados hermanos (1 Corintios 5:9-13). Por lo tanto, cuando un hombre dice ser presbiteriano y se jacta de acostarse con mujeres casadas, o una mujer dice ser metodista y apoya abiertamente el supuesto derecho de las mujeres a asesinar a sus hijos, los líderes de la iglesia no tienen derecho a afirmar públicamente su profesión cristiana. Al hacerlo, estos líderes de la iglesia se hacen cómplices de los pecados de estos candidatos y de la blasfemia resultante de un mundo siempre atento.

Segundo, es importante que la iglesia se vigile a sí misma en asuntos de pecado y ofensa. No llevamos nuestras disputas internas ante magistrados incrédulos. Si un asunto ocurre en la iglesia local, la iglesia local debe manejarlo localmente. Si la iglesia local, por cualquier razón, es incapaz de juzgar el asunto adecuadamente, es por eso que tenemos asociaciones. Bajo circunstancias especiales, una iglesia local puede pedir a los ancianos de la iglesia local dentro de su asociación que sirvan como oficiantes en los tribunales de la iglesia local. En estos casos, sin embargo, el sistema de gobierno bautista requiere que reconozcamos que estos ancianos asociados están sirviendo como consultores de la iglesia, no como una autoridad sobre la iglesia.

En el capítulo siete, Pablo aborda las preguntas que surgen en la iglesia de Corinto con respecto a las personas casadas, solteras, viudas y viudos. La esencia de este capítulo, en lo que se refiere a nuestro estudio, es que los solteros cristianos deben casarse con otros solteros cristianos, personas casadas -salvas o no- que no quieran seguir casados excepto en el caso del abandono, si son solteros y pueden permanecer solteros sin quemarse (hay un debate interesante sobre esta palabra, pero no lo cubriremos aquí), permanezcan solteros y dediquen su tiempo a Dios de una manera que las personas casadas no puedan y, si el cónyuge de una persona casada fallece, él/ella es libre de volver a casarse. Viendo que el matrimonio es una imagen de Cristo y de la iglesia para un mundo perdido y moribundo, realmente merece un capítulo completo. Una de las cosas más importantes a las que los cristianos deben comprometerse para involucrarse adecuadamente en la cultura por Cristo es una afirmación bíblica y una práctica bíblica del matrimonio.

 

Libertad Cristiana

En los capítulos 8 al10, Pablo usa su pregunta sobre la carne sacrificada a los ídolos para abordar toda una serie de cuestiones relativas a la libertad cristiana. Cuando se habla de la libertad cristiana, siempre parecen surgir las mismas preguntas: «¿Qué podemos hacer?». «¿Qué no podemos hacer?» «¿Dónde están los límites?» Pablo contesta algunas preguntas similares en los capítulos 8 al 10: «¿Podemos comer carne sacrificada a los ídolos si no reconocemos a esos ídolos como reales?» «¿Podemos comerla en un templo pagano?» «¿Pueden los líderes de la iglesia casarse?» «¿Deberían los líderes de la iglesia vivir de la iglesia?» Pablo afirma que los cristianos son libres en todo esto, excepto en reunirse con los paganos para participar de sus comidas idólatras. El dice que los cristianos son libres, pero que nuestra libertad viene con la responsabilidad de amar a nuestros hermanos más débiles.

Ahora, debemos notar aquí que Pablo no quiere decir que debemos abstenernos de la práctica de nuestra libertad en Cristo para no ofender a los hermanos maduros. Hay profesores de seminario, pastores, e incluso presidentes de seminario que nos dirán que no debemos disfrutar de nuestra libertad en Cristo para poder apaciguar sus conciencias mal informadas. Se supone que estos hombres son líderes de la iglesia y, sin embargo, quieren que los tratemos como hermanos más débiles para que puedan controlar nuestras acciones. Hermanos, si el Señor ha liberado su conciencia en un asunto, caminen en esa libertad. Sólo que no usen su libertad de tal manera que ofendan o atraigan a nuevos convertidos a desobedecer sus conciencias.

En el capítulo 10, Pablo advierte contra el uso de nuestra libertad por causa de la licencia y la indulgencia en lugar de un medio para glorificar a Dios, y usa a Israel como ejemplo. Los cristianos tienen libertad, pero si abusamos de esa libertad, podemos arruinar nuestra fe. Israel tenía libertad para comer, beber y jugar. Ellos tenían muchas razones para hacerlo, habiendo sido liberados de su esclavitud en Egipto. Sin embargo, se sentaron a comer y beber y se levantaron a jugar sin pensar en la gloria del Dios que acababa de liberarlos de Egipto. Su libertad se había convertido en licencia y, en poco tiempo, se encontraron adorando a los pies de un becerro de oro. Los cristianos deben igualmente ser cuidadosos en el uso de nuestra libertad, no sea que sigamos el mismo curso de la generación que murió en el desierto.

 

Fuente: A Reformed Baptist Perspective on Public Theology: The Pauline Epistles, Part VI – 1 Corinthians 1-10

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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