Cristo, su Evangelio y la etnicidad – Colosenses 2-3


William F. Leonhart III / 10 de abril de 2018      

 

Sin embargo, tal vez la parcialidad no sea el factor determinante. Asumiendo que no hay deseo de fomentar un sentido de favoritismo étnico entre los grupos étnicos dentro de la iglesia, ¿cuál es la motivación declarada? La motivación declarada es que se necesita un colectivo de voces para romper el poder del racismo sistémico y superar la marea de privilegios de los blancos que impregna nuestra cultura, incluso las iglesias de Occidente. Las minorías étnicas son llamadas a levantarse con una sola voz colectiva, y acallar la voz de cualquier hombre «blanco» (o detractor de la minoría) que no se una en el apoyo de la narrativa aceptada.

Pero, ¿cuál es la narrativa aceptada? La narrativa aceptada es que hay pecados intangibles e incuantificables (por ejemplo, el privilegio de los blancos y el racismo sistémico) que compensan naturalmente el equilibrio de poder dentro de las sociedades, las instituciones y, sí, incluso las iglesias, y los cristianos blancos (los que están en el poder) deben todos asumirlo, confesarlo y entrar en una vida perpetua de penitencia pública, o estar contribuyendo a ello. Debe observarse, y declararse abiertamente que la definición de estos pecados es mundana. No hay tal noción de pecados en la Biblia de los cuales el cristiano no pueda ni siquiera potencialmente arrepentirse (Stg. 1:13-15; 1 Cor. 10:13). Sin embargo, es imposible para cualquier etnia, institución, sociedad o iglesia arrepentirse de los pecados que se están definiendo y redefiniendo actualmente en los términos mencionados.

Si estos términos y definiciones parecen extraños a los textos bíblicos, es porque lo son. ¿De dónde vienen, sin embargo? Han sido introducidos de contrabando en la iglesia desde la filosofía mundana antes mencionada conocida como Teoría Crítica de la Raza desarrollada por los neo-marxistas en los años 60 y 70.

 

«Como resultado del movimiento de estudios legales críticos -un área de erudición legal popularizada en la década de 1970 que privilegia la comprensión económica y neomarxista de las barreras estructurales a la igualdad- estos primeros estudiosos de la TCR reconocieron que los aparatos sociales, legales y jurídicos funcionan en interés de la clase dominante y, por lo tanto, sirven para mantener las relaciones sociales existentes a lo largo de las líneas raciales y de clase» (López y Warren, «Introducción», Teoría Crítica de la Raza).

 

Detrás de estos términos e incrustado en muchos artículos incluso evangélicos y «reformados» sobre la etnicidad hoy en día está la idea de la lucha por el poder. El marxismo siempre ha tratado sobre las luchas de poder, y este nuevo movimiento no es diferente. La principal diferencia es la terminología. En lugar de poder, se utiliza el término privilegio. En resumen, lo que estamos viendo es un contrabando de filosofías mundanas en nombre de la lucha contra el pecado.

Lo que han descubierto y explotado los neomarxistas, y que no estaba tan bien definido en los primeros tiempos con Marx y Engels, es el hecho de que hay poder en la promulgación de la noción de víctima perpetua e irreconciliable. Donde hay víctimas, hay penitencia. Irónicamente, en nombre de la ruptura de las estructuras de poder, el marxismo político y social siempre ha logrado sólo el refuerzo y la mejora de ellas. Aquí, llegamos a nuestro texto final para su consideración, y lo publicaré completo:

 

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;

7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal,

19 y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos

21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques

22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?

23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

(Col. 2:6-8, 18-23; 3:1-4; NASB).

 

La argumentación de Pablo a lo largo del libro de Colosenses es magistral. Comienza en el capítulo 1 poniendo ante los ojos de sus lectores una visión elevada de Cristo y su evangelio. En el capítulo 2, aborda lo que los comentaristas han titulado la herejía de Colosenses, una extraña morfología del pensamiento griego y judío que se asemeja tanto al gnosticismo que surgiría más tarde en el primer y segundo siglo como al movimiento judío (o «partido de la circuncisión») ya presente por la pluma de Gálatas de Pablo. Estos herejes buscaban abordar algunos temas de pecado muy válidos dentro de la cultura de la iglesia de Colosas, y otros «pecados» que en realidad sólo eran violaciones de sus leyes y filosofías hechas por el hombre.

Pablo no está de acuerdo con la narrativa de los herejes colosenses. Él ve que ellos han usado su religión de conocimiento especial para impulsar una narrativa que unía los corazones y las mentes de la iglesia colosense a leyes que Dios nunca había dado. Él arraiga correctamente el error en las filosofías mundanas y las tradiciones de los hombres. Luego ofrece la única solución real al pecado dentro del cuerpo de Cristo. Señala al trono y al Cordero, no a las tribus, lenguas, pueblos y naciones. Después de haberles instruido para que no se dejen llevar cautivos por las filosofías mundanas y las tradiciones de los hombres, les dice en el capítulo tres que se fijen en las cosas de arriba donde está Cristo.

Conclusión

¿Seguimos luchando contra el pecado residual en nuestros miembros? Por supuesto. Sin embargo, no estamos obligados por los decretos de los hombres en nuestra definición de ese pecado. Ni tampoco debemos buscar posteriormente adoptar sus soluciones extra-bíblicas para el pecado, ya sean pecados reales o artificiales. Pablo nos da la respuesta final en Colosenses 2-3: ¡mirad a Cristo! Cuando los hombres buscan definir el pecado para nosotros, debemos exigirles que nos lleven a la Biblia y nos la muestren allí. Cuando los hombres buscan mostrarnos la solución al pecado, dejemos que nos lleven a Cristo y a su cruz. Todo lo demás, todo lo que hemos estado viendo de este movimiento herético, es una adición a la cruz. Debe ser reconocido como el falso evangelio que es. Debe ser censurado, rechazado, reprendido y declarado maldito. De lo contrario, continuará trayendo destrucción a la casa de Dios en nuestros días. Reconozco que tal posición no será fácil para los que tienen comunión con la gente y las iglesias que predican este falso evangelio, pero es la posición que se nos exige en la palabra de Dios. Si queremos proteger a las ovejas de los lobos, debemos estar dispuestos a expulsar a los lobos en nuestro medio.

 

Fuente: Christ, His Gospel, and Ethnicity – Colossians 2-3

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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