Cristo, su Evangelio y la etnicidad – Jeremías 31:27-34


William F. Leonhart III / 10 de abril de 2018

 

En primer lugar, los pecados de los padres y los abuelos se han introducido recientemente en la discusión. En la medida en que no deseemos repetir los pecados de nuestros padres, debemos contar nuestras historias familiares y nacionales con realismo, no con romanticismo, como nuestra guía. Debemos permitir que nuestros antepasados sean dueños de sus pecados así como de sus virtudes. La cuestión es si es bíblico o no que exijamos a los hombres, mujeres y niños de hoy y de mañana que respondan por los pecados de los que les precedieron. Jeremías 31 deja claro que no debemos.

 

27 He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal.

28 Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová.

29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera,

30 sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.

(Jer. 31:27-30; RV60).

 

El término teológico que a menudo se asigna a esta área de estudio es el término hamartiología (doctrina del pecado). Lo que debe entenderse sobre los efectos del pecado en el Antiguo Testamento frente a sus efectos en el Nuevo Testamento es el hecho de que había un sentido muy real en el que se esperaba que el pueblo del pacto de Dios se arrepintiera de los pecados de sus padres. La falta de tal arrepentimiento llevaría a grandes consecuencias culturales entre el pueblo. Como tal, vemos el arrepentimiento corporativo cuando hay una clara y divinamente establecida unión de pacto hecha con un pueblo nacional (es decir, Daniel y Esdras orando por la nación de Israel). Decir que los hombres son responsables de los pecados de sus antepasados o, como se ha sugerido recientemente (https://www.thegospelcoalition.org/blogs/thabiti-anyabwile/await-repentance-assassinating-dr-king/), responsables de los pecados de las personas que comparten el color de su piel, supone que están unidos a ellos por un pacto y comparten sus pecados reales.

 

A su favor, el pastor Anyabwile (siga el hipervínculo anterior) no ha demostrado ignorancia de la discrepancia entre su hamartiología y la de sus detractores. De hecho, lo aborda específicamente (aunque de forma deficiente) en un reciente artículo publicado en el sitio web de The Gospel Coalition. Escribe:

 

«Finalmente, y aquí es donde nuestro desacuerdo es más agudo, el Nuevo Testamento en efecto habla de forma arrolladora de grupos étnicos, nacionales o ‘raciales’ y su culpa y necesidad compartida debido al pecado. Una vez más, seguimos con el Nuevo Testamento, lo cual es bueno porque los ejemplos del Antiguo Testamento son legión. Consideren Tito 1,» (Anyabwile, «Cuatro maneras en que el Nuevo Testamento identifica la etnicidad en la Iglesia», The Gospel Coalition), (https://www.thegospelcoalition.org/blogs/thabiti-anyabwile/four-ways-new-testament-identifies-ethnicity-church/)

 

En este punto, el pastor Anyabwile cita Tito 1:12-14: «Uno de ellos, un profeta de los suyos, dijo: ‘Los cretenses son siempre mentirosos, bestias malvadas, glotones perezosos’. Este testimonio es cierto. Por lo tanto, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe, no prestando atención a los mitos judíos y a los mandamientos de los hombres que se apartan de la verdad» (NASB). Lo que el lector honesto notará en este pasaje es el hecho de que falta en la descripción de Pablo de los cretenses cualquier insistencia de que deben ser reprendidos por los pecados que no son individualmente suyos. También falta cualquier mención del color de la piel, rasgos faciales, textura del pelo, o cualquier otra marca que sería usada por el político o sociólogo occidental moderno (aparentemente se puede añadir pastor ahora) para distinguir entre razas.

 

Lo que se está describiendo aquí es un colectivo geográficamente único, muy probablemente con una multiplicidad de orígenes étnicos y diferencias genéticas visibles, que comparten ciertas tendencias pecaminosas culturalmente consagradas, lejos de las cuales necesitan ser discipulados a través de los medios de gracia ordenados que Dios ha dado a la iglesia. Una aplicación moderna podría ser decirle a un plantador de iglesias del oeste de Texas hoy en día que debe prepararse para una abundancia de Individualismo Resistente Americano en los pensamientos y hábitos de muchas de las personas (de todos los colores) que salen del mundo y entran en su asamblea local. Debería estar preparado para poner ante el espejo de las Escrituras a la gente para que vean esta tendencia pecaminosa de abandonar la asamblea y desobedecer los claros mandamientos bíblicos hacia la hospitalidad en sus propios corazones. Habiendo demostrado el requerimiento bíblico, el pastor debe estar listo para amonestar y reprender amorosamente a aquellos que voluntariamente lo desobedecen.

 

Los que han entrado en la comunidad de los santos en la era del Nuevo Pacto no están unidos bajo una cabeza de pacto terrenal y nacional como Moisés. Más bien, venimos bajo la cabeza del pacto del mismo Cristo. No hay ningún mandato étnico o nacional aquí. No tengo un pacto único con los cristianos «blancos» o los cristianos americanos que no comparto con los cristianos de otras razas y nacionalidades. El Nuevo Pacto exige que amoneste y reprenda los pecados particulares que están claramente presentes en las vidas de mis hermanos cristianos «blancos» y americanos, pero no comparto su culpa simplemente por el hecho de que yo también soy «blanco» o americano. Al mismo tiempo, tengo la libertad. …no, el deber de amonestar y reprender a mis hermanos cristianos de todas las etnias de la misma manera por los mismos pecados. Puedo y debo hacerlo, porque la misma ley que me obliga a mí les obliga a ellos, independientemente de su origen étnico. Esa es la naturaleza del Nuevo Pacto.

 

31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(Jer. 31, 31-34; RV60).

 

Cualquier entendimiento del arrepentimiento y del pecado en el Nuevo Pacto debe tomar este pasaje muy seriamente. El requisito para el perdón de Dios y la admisión en la comunidad del Nuevo Pacto es el arrepentimiento de los propios pecados personales, no los cometidos por las generaciones anteriores. Cada hombre se levanta o cae en el Nuevo Pacto sobre la base de sus propios pecados. De hecho, cada hombre es totalmente perdonado por sus pecados en el Nuevo Pacto y sus pecados ya no son recordados.

 

Fuente: Christ, His Gospel, and Ethnicity – Jeremiah 31:27-34

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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