Jesucristo: Profeta, Sacerdote y Rey – Justin McLendon


El capítulo ocho de la Segunda Confesión de Fe de Londres de 1689 (2LBC) es titulado, «De Cristo el Mediador». Tom Nettles nota la importancia de este capítulo y su precisa descripción de Cristo el mediador al observar su «lenguaje cuidadosamente elaborado [que] protege la unidad de la persona de Cristo» y la 2LBC»afirma que esta importante enseñanza es fundamental para la vida bautista.»1 El elogio de Nettles no es una exageración. Sólo una breve mirada a la historia de la Iglesia revela una variedad de herejías Cristológicas que han desafiado el testimonio de la Iglesia. Cada generación debe permanecer vigilante en su búsqueda para reprimir cualquier enseñanza que subvierte el relato bíblico de nuestro Señor, y el capítulo ocho de la 2LBC proporciona a la iglesia un marco desde el cual montar una defensa sustantiva. De hecho, este crucial capítulo establece verdades necesarias que apuntalan un marco confesional de cristología bíblica. Negar las declaraciones doctrinales de este capítulo podría augurar un peligroso destino. 

En su exposición de la 2LBC, Samuel Waldron divide el capítulo ocho en dos secciones principales. Quizás haya otras formas útiles de transmitir el énfasis de este capítulo, pero Waldron nos es de mucha ayuda en sus observaciones. Él trata los párrafos uno al tres individualmente, y los párrafos cuatro al diez como una unidad. El párrafo uno distingue la ordenación de Jesús al oficio de mediador, el párrafo dos describe su encarnación para el oficio de mediador, y el párrafo tres resume las características específicas necesarias para el oficio de mediador. 

Waldron reconoce la estrecha similitud de este capítulo de la 2LBC con el de la Confesión de Fe de Westminster (WCF). De hecho, la 2LBC es casi identica en sus primeros ocho párrafos con la WCF, pero los últimos dos párrafos de este capítulo son «una expansión de la Primera Confesión de Londres por los autores de la confesión de 1689.»2 Los dos párrafos adicionales enfatizan en la exclusividad de Jesús en Su rol como profeta, sacerdote, y rey, y en la imposibilidad de cualquier bifurcación de estos roles a otro. Solo Cristo es el mediador, y Él no comparte su rol con ningún otro. El párrafo final resume de forma hermosa la esperanza escatológica que los creyentes comparten a través de la obra de Cristo en su nombre conectándola al Reino Celestial. Este artículo explica el capítulo ocho, párrafos uno al tres, de la 2LBC, que enfatiza el rol de Cristo como mediador. El texto de la 2LBC, capítulo ocho, párrafo uno se lee como sigue: 

Agradó a Dios, en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, su Hijo unigénito, conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el mediador entre Dios y el hombre;(1) profeta,(2) sacerdote,(3) y rey;(4) cabeza y Salvador de la iglesia,(5) el heredero de todas las cosas(6) y juez del mundo;(7) a quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera su simiente y para que a su tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara.(8) 

(1) Isaías 42:1; 1 Pedro 1:19,20. (2) Hechos 3:22. (3) Hebreos 5:5, 6. (4) Salmos 2:6; Luke 1:33. (5) Efesios 1:22, 23. (6) Hebreos 1:2. (7) Hechos 17:31. (8) Isaías 53:10; John 17:6; Romanos 8:30. 

El placer de Dios en la Ordenación de Cristo el Mediador 

El párrafo uno resume el placer de Dios evidenciado en Sus propósitos soberanos de ordenar al Señor Jesús como el único mediador del hombre. Los propósitos de Dios siempre son doxológicos, lo que quiere decir que Dios está comprometido con su gloria y renombre. Por lo tanto, este párrafo comienza con la impresionante admisión de esta verdad, «Le plació a Dios» actuar. Las motivaciones humanas para actuar en nombre de otros regularmente están plagadas de interés propio y conveniencia. En pocas palabras, la humanidad no puede jactarse de virtudes desinteresadas fuera de la gracia salvadora. Esta sorprendente admisión sobre el placer de Dios en su obra sirve como un recordatorio de un estribillo común en la Escritura Sagrada. Dios está «en los Cielos; todo lo que quiso ha hecho» (Salmos 115: 3) y «Todo lo que el Señor quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.» (Salmos 135:6). Es imposible leer el salmo 135 (y muchos otros textos bíblicos) y olvidar el simple hecho de que Dios es grandioso, y Él hace lo que le place en los cielos y en la tierra. 

El rol de Jesús como mediador entre Dios y el hombre no fue el resultado de la coincidencia o de las circunstancias imprevistas. O, dicho de otra manera, Cristo el mediador no fue el plan B o un intento apresurado de parte de Dios para remediar la inesperada caída del hombre. Un mediador interviene entre dos partes en conflicto para introducir la reconciliación o la paz. Concerniente al rol de Jesús como mediador, su obra de reconciliación se debió a que «fue destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros» (1 Pedro 1:20). Toda la obra redentora de Jesús debe ser vista como una obra eterna que se extiende más allá de las limitaciones de las concepciones humanas del tiempo. Ciertamente, Jesús salva a los pecadores a través de la obra regeneradora del Espíritu mediante la cual los pecadores oyen la palabra de verdad y el evangelio de la salvación, y al oír y creer, están sellados y seguros (Efesios 1:13). Como la 2LBC dice, «a su debido tiempo» Jesús redime, llama, justifica, santifica, y glorifica a Su simiente. Sin embargo, esta salvación que altera la vida abarca la eternidad porque el Dios trino decidió magnificar Su gran nombre mediante la salvación de Su pueblo antes del inicio del mundo. 

El párrafo uno del capítulo ocho de la 2LBC afirma que Jesús es «el unigénito Hijo conforme al pacto que fue hecho.» Recordemos aquí el útil trabajo de Tom Nettles en la edición del verano de 2016 del Founders Journal para una mirada detallada de como la 2LBC habla de Jesús como el «eternamente engendrado del Padre.»3 Los debates contemporáneos con respecto a la generación eterna permanecen en muchas discusiones de teología propiamente dichas en estos días, pero la afirmación del 2LC sigue siendo válida. Es el único Hijo engendrado de Dios y que es el único mediador calificado y ordenado. 

Jesucristo como profeta, sacerdote y rey 

La 2LBC muestra cuidadosamente que el rol de mediador de Jesús no es simplemente una idea que fue secuestrada del Nuevo Testamento. Cristo el Mediador no sirve como una fantasía de un desaliñado apóstol con una imaginación creativa. Más bien, la 2LBC describe la evidencia bíblica de ambos testamentos. Cristo como mediador entre Dios y el hombre parece arraigado profundamente en los roles del Antiguo Testamento de profeta, sacerdote y rey, y el cumplimiento de Jesús en estos roles se debe al pacto realizado entre Dios el Padre y Dios el Hijo. En el Antiguo Testamento, los mediadores fueron seleccionados individualmente de entre el pueblo de Israel, pero sus roles prefiguraban a uno que estaba por venir. Como dice Graeme Goldsworthy, «uno de los mensajes del Nuevo Testamento, y especialmente de la carta a los Hebreos, es que los mediadores humanos y pecadores, prefiguraron al verdadero Mediador, pero ellos mismos no median la gracia salvadora.»4 Jesús, el verdadero mediador, se posiciona entre Dios y los portadores de Su imagen, rebeldes y alienados, para mediar gracia salvadora sobre Sus escogidos. Por lo cual, Jesús es el mediador de un «nuevo y mejor pacto» (Hebreos 8:6), y como el Dios-Hombre, Jesús se relaciona con las dos partes de la disputa. 

A menudo se atribuye a Juan Calvino la importancia de reconocer el cumplimiento de Jesús como profeta, sacerdote y rey. Ignorante de Dios, nacido en el pecado y participante activo y voluntario en la corrupción generalizada, el regalo de Jesús como la triple cura del hombre es sin duda un regalo lleno de gracia. Calvino atestigua la maravilla de este regalo al reconocer que «para que la fe pueda encontrar una base firme para la salvación en Cristo, y así reposar en él, este principio debe ser establecido: el oficio ordenado a Cristo por el Padre consiste en tres partes. Porque le fue dado ser profeta, rey y sacerdote.»5 El rol profetico de Jesús se dirige a la ignorancia de los pecadores, Su rol sacerdotal se dirige a la culpa del hombre, y su rol como rey se dirige a la corrupción del hombre. 

La 2LBC nota la cercana relación entre el cumplimiento de Jesús de estos roles y Su liderazgo sobre la Iglesia. Referente a esta verdad central, John Dagg afirma, «Jesucristo es cabeza de todas las cosas para la Iglesia. El ejercita su suprema autoridad para el beneficio de Su pueblo, por quienes el mismo se santificó para emprender la obra de mediación.»6 El liderazgo de Jesús nos alerta sobre su soberanía y autoridad sobre su pueblo, y la humilde sumición a su voluntad es la respuesta de la Iglesia. Pero su soberanía y autoridad no está limitada a los redimidos. La 2LBC incluye su soberanía sobre todas las cosas porque Él es el «heredero de todas las cosas» y Él «juzgará al mundo.» La Sagrada Escritura es evidentemente clara en que es el Jesús resucitado «el designado por Dios para juzgar a los vivos y a los muertos» (Hechos 10:42). 

Párrafo 2 

El Hijo de Dios, la segunda persona en la Santa Trinidad, siendo Dios verdadero y eterno, el resplandor de la gloria del Padre, consustancial con aquel e igual a Él, que hizo el mundo, y quien sostiene y gobierna todas las cosas que ha hecho, cuando llegó la plenitud del tiempo, tomó sobre sí la naturaleza del hombre, con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades concomitantes,(9) aunque sin pecado;(10) siendo concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, al venir sobre ella el Espíritu Santo y cubrirla el Altísimo con su sombra; y así fue hecho de una mujer de la tribu de Judá, de la simiente de Abraham y David según las Escrituras;(11) de manera que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, aunque un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre.(12) 

(9) Juan 1:14; Gálatas 4;4. (10) Romanos 8:3; Hebreos 2:14,16, 17, 4:15. (11) Mateo 1:22, 23. (12) Lucas 1:27, 31, 35; Romanos 9:5; 1 Timoteo 2:5. 

Jesucristo el Dios-Hombre 

El párrafo dos es un importante reporte que afirma la deidad y humanidad de Jesús. La narrativa bíblica del nacimiento de Jesús revela una asombrosa verdad: La concepción de Jesús fue extraordinaria. Jesús fue preordenado antes de la fundación del mundo, profetizado de antemano por los siervos de Dios, concebido por el Espíritu Santo en la matriz de la virgen María, y humildemente introducido en la historia humana en el momento preciso escogido por Dios (Gálatas 4:4). Las exhortaciones y compromisos doctrinales contenidos en este párrafo separan la ortodoxia de la herejía. En este breve párrafo, se señalan tres áreas cruciales: la divinidad de Jesús, la humanidad de Jesús, y la unión hipostática. 

La deidad y humanidad de Cristo 

La deidad de Cristo es una de las doctrinas más cruciales del cristianismo. En un sentido, los errores cristológicos del pasado achechan el trasfondo de las declaraciones de peso de este párrafo. Por ejemplo, el Ebionismo y el Adopcionismo fueron herejías que básicamente afirmaban que Jesús no era Dios, sino que, recibía el poder de Dios para convertirse en el Mesías ya sea por su obediencia a las obras de la ley o por medio de la adopción de Dios por Él (Tal vez a través de su nacimiento o bautismo). 7 

La controversia Arriana fue más influyente en este sentido. Condenada por el concilio de Nicea en el 325 a.C., las afirmaciones doctrinales del arrianismo surgieron de Ario de Alejandría negando la naturaleza eterna y plenamente divina de Cristo. Para él, Jesús fue el primer ser creado. En respuesta, Atanasio demostró que Jesús es plenamente Dios; Él es de la misma esencia del Padre. La primera declaración de este párrafo es una clara refutación al arrianismo: «la segunda persona en la Santa Trinidad, siendo Dios verdadero y eterno, el resplandor de la gloria del Padre, consustancial con aquel e igual a él.« Jesús es «verdadero» Dios. Su lugar como la segunda persona de la santa Trinidad no le resta valor en cuanto a su igualdad con el Padre. En la economía de la divinidad, Jesús no es inferior a Dios, más bien, según Hebreos 1: 3, es «el resplandor de la gloria de Dios.» 

Podemos preguntar, con Anselmo de Canterbury, ¿Cur deus homo (Por qué el Dios-Hombre)? ¿Por qué la encarnación? La 2LBC presenta que la respuesta bíblica a esta pregunta descansa en la determinación de Jesús a completar su trabajo como mediador designado por Dios. Jesús es «uno en sustancia e igual que Él [Dios].» En el evangelio de Juan, Jesús es presentado como el Verbo eterno, la Palabra encarnada, quien condescendió y se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:1 – 14). El Credo Niceno definió esto a través del uso de homoousion, «de una sustancia» contra los arrianos. La controversia arriana fue la amenaza más significativa a la ortodoxia cristiana en el siglo cuarto. La respuesta de la iglesia estableció una formidable defensa, que todas las personas de la divinidad son de la misma esencia y sustancia divina. Las implicaciones de la divinidad de Jesús son numerosas. Por medio de Cristo, Dios puede ser conocido y la salvación puede ser recibida. No tenemos que preguntarnos como es Dios, ni cómo son sus interacciones con la humanidad. Adicionalmente, como la 2LBC reconoce, Jesús evidencia su divinidad al actuar y defender al mundo mencionado anteriormente. 

El docetismo (que proviene del verbo griego dokeo que significa «parecer» o «aparecer) surgió en el siglo II y cuestionó la verdadera humanidad de Cristo. Esta herejía provino de las raíces gnósticas que establecen una marcada distinción entre lo físico y lo espiritual. El gnosticismo subyugó el orden físico a la inutilidad, y estas creencias influyeron en la enseñanza del docetismo. Para el docetismo, Jesús solo aparentó ser humano y morir. Las apariciones de Jesús, tan reales como pudieron parecer, fueron esencialmente manifestaciones fantasmales. Este ataque a la humanidad de Jesús obscurece lo que el Nuevo Testamento afirma sobre la encarnación. Jesús es Dios en forma de hombre. 

El Apolinarismo desafió la humanidad de Jesús a través de su creencia de que «el espíritu humano de Jesús fue reemplazado con el Logos divino.»8 Apolinario afirmó que Jesús fue Dios en la carne, pero él creía que el Logos divino llenó la mente de Jesús para que su humanidad fuera diferente a la del resto de la humanidad. En otras palabras, este punto de vista sostenía que Jesús era humano en cuerpo y alma, pero no en espíritu. El segundo párrafo lista algunas respuestas a esta herejía al reconocer que la naturaleza humana de Jesús tenía «todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes.» La Escritura establece la humanidad de Jesús al revelarnos los atributos humanos que todos conocemos. Jesús nació, Él pasó de la infancia a la adultez, Su cuerpo soportó cansancio, hambre, y dolor, y expresó emociones humanas al enfrentar circunstancias humanas comunes. La audiencia de Jesús lo vio como un humano e interactuó con Él como a un humano. Como lo describe la 2LBC Jesús tuvo esas «propiedades esenciales y debilidades comunes.» 

La 2LBC afirma dos aspectos importantes de las dos naturalezas de Jesús. Las naturalezas divina y humana están unidas en la persona de Cristo, pero se distingue una de otra. Para Jesús ser el mediador entre Dios y el hombre, Él tiene ambas [naturalezas]. La doctrina de la unión hipostática indica las dos naturalezas de Jesús unidas en una persona, mientras sostiene que Jesús no es dos personas. Esto es fundamental al notar dos herejías adicionales que combate la 2LBC: el nestorianismo y el monofisismo (a veces llamado Eutiquianismo). La primera perspectiva enseñó que dos personas separadas existían en Jesús, una humana y una divina. Horton añade que el nestorianismo creía que «el Logos divino habitó en Jesús moralmente y no esencialmente.»9 La última perspectiva sostuvo que Cristo tenía una sola naturaleza, y su unión con Dios eliminó su naturaleza humana. La doctrina en la 2LBC rechaza todas las herejías cristológicas al afirmar que las «distintas [naturalezas] se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, aunque un solo Cristo.» Por supuesto, el Concilio de Calcedonia (451) rechazó las seis herejías cristológicas cuando afirmo la completa humanidad y la completa divinidad de Cristo. Michael Birds afirma, Calcedonia afirmó que «la naturaleza divina de Cristo es exactamente como el Padre y la naturaleza humana exactamente como el resto de la naturaleza humana. Las naturalezas están unidas, pero sin mezclar.»10 La prueba más clara de estos atributos es la Escritura, y la 2LBC nos ofrece los parámetros para nuestra defensa teológica. 

 

Párrafo 3 

El Señor Jesús, en su naturaleza humana así unida a la divina, en la persona del Hijo, fue santificado y ungido con el Espíritu Santo sin medida,(13) teniendo en sí todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento,(14) en quien agradó al Padre que habitase toda plenitud,(15) a fin de que siendo santo, inocente y sin mancha,(16) y lleno de gracia y de verdad,(17) fuese completamente apto para desempeñar el oficio de mediador y fiador;(18) el cual no tomó por sí mismo, sino que fue llamado para el mismo por su Padre,(19) quien también puso en sus manos todo poder y juicio, y le ordenó que lo cumpliera.(20) 

(13) Salmos 45:7; Hechos 10:38; Juan 3:34. (14) Colosenses 2:3. (15) Colosenses 1:19. (16) Hebreos 7:26. (17) Juan 1:14. (18) Hebreos 7:22. (19) Hebreos 5:5. (20) Juan 5:22, 27; Mateo 28:18; Hechos 2:36. 

 

Santificado, Ungido y Empoderado 

Este párrafo nos da luces de un importante componente de las dos naturalezas de Jesús. La 2LBC establece que la naturaleza humana de Cristo fue santificada y ungida por el Espíritu Santo. Esta obra del Espíritu Santo unió las dos naturalezas de Jesús. En Su naturaleza divina, Jesús no necesitaba esta unción, pero Su naturaleza humana recibió esta unción «sin medida» para soportar lo que se requería de Su obra como mediador. Además, aquí la 2LBC refleja la fraseología de Colosenses con respecto a los «tesoros de sabiduría y conocimiento» en Su persona (véase Colosenses 2: 3). La exaltación y empoderamiento de Su naturaleza humana tiene aplicaciones teológicas. El mediador plenamente humano y plenamente divino está «totalmente equipado para ejecutar» Su oficio. El final es seguro. El Padre determinó exaltar al Hijo, y el Hijo voluntariamente buscó y aseguró la redención para un pueblo destinado a ser salvo. La unión de la naturaleza divina de Jesús con Su naturaleza humana exalta su naturaleza humana mediante la obra de santificación y unción del Espíritu para cumplir el oficio de mediador. John Owen fue certero cuando proclamó que «la revelación hecha de Cristo en el Evangelio bendito es mucho más excelente, más gloriosa y más llena de rayos de sabiduría divina y bondad que toda la creación y la comprensión justa de ella.»11 Además de protegernos del error doctrinal, el capítulo ocho, párrafos uno al tres del 2LBC nos obliga a adorar al Dios trino cuya bondad hacia nuestro estado indefenso se ve en la provisión de nuestro mediador, Jesucristo, quien fue santificado, ungido y fortalecido por el Espíritu de Dios. 

 

Conclusión 

Los primeros tres párrafos de este capítulo exponen aspectos críticos de la persona y el trabajo de Jesucristo. El espacio no permite la longitud a la que podríamos ir discutiendo las profundidades de su trabajo en nuestro nombre. La 2LBC habla de estos beneficios en términos soteriológicos (nótese lo que equivale a un ordo salutis: redimido, llamado, justificado, santificado y glorificado). La Escritura es clara en cuanto a que Dios nos ha hablado por medio de Su Hijo, el Señor Jesús, quien es la máxima revelación de Dios. Él es el Profeta, la Palabra hecha carne. Jesús establece un nuevo pacto con su pueblo a través de su obra sumo sacerdotal. Él nos reconcilia con el Padre a través de su intercesión sacrificial. Él nos transfiere al reino de Cristo, donde Él gobierna en nuestros corazones y vive con justicia y paz. 

 

Autor: Justin McLendon 

Traductor: Franco Caamaño 

 

Artículo Original: 

Jesus Christ: Prophet, Priest, and King 

  1.  Tom Nettles, The Baptists: Key People Involved in Forming A Baptist Identity, Vol. 1, Beginnings in Britain(Fearn, Ross-shire, Scotland: Mentor, 2005), 38.
  2.  Samuel E. Waldron, A Modern Exposition of the 1689 Baptist Confession of Faith, 3rd ed. (Durham, England: Evangelical Press, 1999), 127.
  3.  Tom Nettles, “God and the Holy Trinity,” Founders Journal, Summer 2016, Issue 105, 19–27.
  4.  Graeme Goldsworthy, The Son of God and the New Creation (Wheaton, IL: Crossway, 2015), 36–37.
  5.  John Calvin, Institutes of the Christian Religion, 2 vols., ed. John T McNeil and trans. Ford Lewis Battles (Louisvile, KY: Westminster John Knox Press, 1960), 1:494.
  6.  John Dagg, Manual of Theology (Harrisonburg, VA: Gano Books, 1982), 225.
  7.  Michael Horton, The Christian FaithSystematic Theology for Pilgrims on the Way (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2011), 470–471.
  8.  Ibid., 472.
  9.  Ibid., 474.
  10.  Michael Bird, Evangelical Theology: A Biblical and Systematic Introduction (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2013), 485.
  11.  John Owen, The Glory of Christ (Chicago, IL: Moody, 1949; 1980 edition), 25.
Franco

Miembro de la Iglesia Bautista Reformada "Bendita Gracia" en Valparaíso . Titulado de Analista Programador Computacional. Estudiante de Teología del Seminario Teológico Presbiteriano Rev. José Manuel Ibañez Guzmán. Padre de Benjamìn Caamaño

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