Una perspectiva bautista reformada sobre la teología pública – El Señor Encarnado (Parte I)


Introducción

En los dos últimos artículos de nuestra serie sobre teología pública, examinamos los enfoques de la teología pública empleados por dos notables profetas: Juan el Bautista y Amós. Hay muchos enfoques de la relación entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Algunos abogan por una discontinuidad más radical entre las dos épocas que otros. Independientemente del enfoque que tomemos para entrar en esta discusión, los bautistas reformados no deben negar la existencia de discontinuidad entre ellos.

Por ejemplo, los bautistas reformados afirman abrumadoramente el cese de la relación teocrática entre Dios y la nación étnica y geográficamente identificada de Israel (ver La Confesión Bautista, 19.4). Con el cese de esta relación, los gentiles fueron injertados en la comunidad de Dios del pacto y los hombres dejaron de adorar a Dios «en este monte o en aquel monte», adorándole a Él en verdad y en espíritu (Juan 4:19-24). Este fue ciertamente un cambio masivo. El pueblo de Dios pasó de ser una nación del pacto compuesta de creyentes y no creyentes, principalmente de una etnia y nacionalidad en particular, a comunidades del pacto (iglesias) compuestas sólo de creyentes (una relación credo pactual) de todos los grupos étnicos y naciones. La cuestión es si este cambio representó simultáneamente un cambio en el enfoque de la teología pública. Ciertamente, debe haber sido así.

En el resto de nuestros artículos, intentaremos determinar la naturaleza y el alcance del cambio en la teología pública que ocurrió entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En los próximos dos artículos, miraremos a nuestro Señor encarnado y su acercamiento a la teología pública mientras estamos en esta tierra. En particular, examinaremos Su acercamiento a la teología pública durante el período conocido como Su encarnación.

Primero, debemos reconocer el hecho de que Cristo, en el Nuevo Testamento, se distingue de sus precursores. Él era diferente de los profetas que lo precedieron.

«Dios, después de haber hablado a los padres por los profetas en muchos lugares y de muchas maneras, en estos últimos días nos ha hablado por medio de Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, y por quien también hizo el mundo» (Hebreos 1:1-2; NASB).

Aunque Cristo era diferente de los profetas que lo precedieron, también reconocemos que Cristo vino como el Profeta, Sacerdote y Rey antitípico. Con esto queremos decir que los profetas, sacerdotes y reyes de Israel eran tipos del Cristo venidero. Lo prefiguraron en los papeles que desempeñaban dentro de la nación de Israel. Como tal, los roles a los que fueron llamados, y las leyes que gobiernan esos roles, apuntan al papel que Cristo iba a desempeñar. Así, pues, el autor de Hebreos escribe: «Dios…en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo.»

Esta afirmación es de suma importancia. El Dios de Israel, el Dios inmutable de las Sagradas Escrituras, el Dios que habló por medio de los profetas de la antigüedad, es el mismo Dios que nos habló por medio de Su Hijo Jesucristo. Debemos asumir, entonces, que debe haber una gran continuidad entre los profetas y el Profeta. En las próximas dos publicaciones, examinaremos ambos: la continuidad y la discontinuidad.

 

Fuente: A Reformed Baptist Perspective on Public Theology – The Incarnate Lord (Part I)

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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