Una perspectiva bautista reformada sobre la teología pública: Las epístolas paulinas, Parte VII – 1 Corintios 11


theroadofgrace / 29 de octubre de 2016

 

Como se mencionó en la entrada anterior, Pablo escribió su primera carta a la iglesia de Corinto con el fin de abordar varios temas dentro de la Iglesia. Ahora pasamos a una sección en la que Pablo aborda un tema que se cruza directamente con nuestra sociedad de hoy: el género y la sexualidad. Dentro de la Iglesia, 1 Corintios 11:1-16 ha sido discutido extensamente y el texto ha sido central en numerosos debates (como el debate igualitario/complementario y el debate acerca del cubrirse la cabeza). Sin embargo, este pasaje tiene mucho que enseñarnos con respecto al significado del género y la relación entre los sexos.

 

La analogía fundacional

Empezamos con el v. 2-3

    Ahora te alabo porque me recuerdas en todo y te mantienes firme en las tradiciones, tal como yo te las entregué. Pero quiero que entiendas que Cristo es la cabeza de todo hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo. (1 Corintios 11:2-3, LBLA)

Comenzamos con la primera declaración de que Cristo es la cabeza de todo hombre. Esto afirma la verdad de que ya que Cristo es el Creador y Preservador de todos los hombres, él debe por lo tanto ser la cabeza (o maestro y gobernante) de la humanidad. Cristo es la cabeza de todos los hombres en que todos los dones se derivan de él y como el Señor de las naciones, todos están sujetos a él. Además, Él es la cabeza de todos los creyentes ya que es la cabeza de la Iglesia. Como escribe John Gill:

    “Sí, el es la cabeza natural, o es eso para su iglesia, como una cabeza humana lo es para un cuerpo humano: es una cabeza verdadera y propia, es de la misma naturaleza que su cuerpo, está en unión con él, le comunica la vida, es superior a él, y más excelente que él.”

De manera análoga, la cabeza de Cristo es Dios. No se trata de una referencia a la naturaleza divina de Cristo porque son una sola en naturaleza y esencia. Sin embargo, en cuanto a la naturaleza humana de Cristo y el oficio que cumple, la Escritura es abundantemente clara en cuanto a que Cristo esperó en Dios, creyó y confió en Él, lo amó y le fue obediente, incluso hasta la muerte. Cristo cumplió voluntariamente estas tareas como nuestro Mediador y se sometió voluntariamente al Padre. Por lo tanto, es apropiado decir que Dios es la cabeza de Cristo, en su humanidad como el Mediador.

 

La interdependencia de los sexos

De manera análoga, Pablo afirma que el hombre es la cabeza de la mujer. Así como Dios es la cabeza de Cristo y Cristo es la cabeza de la humanidad, así el hombre es la cabeza de los dos sexos. Pablo fundamenta este argumento no en la Caída, sino en el orden de la creación. Ya que el hombre fue formado primero (v. 7) y ya que la mujer fue hecha para el hombre (v. 8), esto implica que el hombre debe ser la cabeza y el jefe de la humanidad.

Sin embargo, es importante notar que esta declaración es una analogía, no una identidad. En otras palabras, aunque el hombre es la cabeza de los dos sexos, su jefatura no es idéntica a la jefatura que Cristo tiene sobre la humanidad o la jefatura que Dios tiene sobre Cristo. Este punto debe ser enfatizado para prevenir el error histórico de creer que las mujeres son esencialmente inferiores al hombre en todos los asuntos (ya sea dentro de la Iglesia o dentro de la sociedad civil). El hombre ejercita su liderazgo en formas que son análogas al liderazgo de Cristo sobre la humanidad. Como cabeza de la mujer, el hombre debe proveer y cuidar de ella, nutrirla y apreciarla, y protegerla y defenderla contra todos los insultos y amenazas. Por lo tanto, hay un sentido de autoridad y gobierno dentro del contexto de la jefatura, pero la connotación del término está apropiadamente ligada al gobierno benéfico.

También es importante notar que aunque el hombre es la cabeza de su propia esposa, tanto el hombre como la mujer dependen el uno del otro (v. 11-12). Considere el siguiente comentario sobre este pasaje del pastor del siglo XIX F.B. Meyer:

    “Ninguna alma es completa en sí misma. El hombre no está completo aparte de Cristo, como la mujer no está completa aparte del hombre… Pero es muy interesante notar que mientras el Evangelio insiste tan claramente en el orden divino, ha elevado a la mujer a ser la verdadera ayuda del hombre, y ha hecho que sea honrada y amada como la gloria del hombre. Ni la sociedad, ni la vida familiar, ni la mujer misma, pueden ser felices si no alcanzan su verdadera posición. Por un lado, ella encuentra su realización en el hombre; por otro, ella es su reina y él la atiende con toda la dulzura, ternura y fuerza.”

 

Las consecuencias

Esta afirmación vale la pena enfatizarla debido al error histórico de subestimar a la mujer (dentro de la Iglesia y dentro de la sociedad civil). Contrario a la creencia popular, fue la proclamación y difusión del evangelio lo que liberó a la mujer y elevó su valor porque es Dios quien define y determina el propósito de su creación. En la medida en que rechazamos la intención de Dios para la creación ambos sexos como complementos el uno del otro, disminuimos y devaluamos su valor.

Una de las evidencias con respecto al creciente secularismo de nuestra sociedad involucra la confusión del propósito de Dios para la creación. En el siglo XX, vimos el surgimiento del feminismo temprano con respecto a la lucha por el sufragio femenino; sin embargo, la influencia del feminismo de la segunda y tercera ola ha llevado la discusión de la sexualidad bíblica a los escalones de la Iglesia Americana. Fue la influencia de la segunda ola de feminismo de los años 60 la que empezó a asociar la «subyugación de la mujer» con críticas más amplias del patriarcado, la heterosexualidad normativa y el papel de la mujer como esposa y madre. Además, fue durante la segunda ola de feminismo en la que el sexo y el género se diferenciaban entre sí. En el siglo XXI, nos encontramos ahora en la posición de observar la siguiente evolución de la tercera ola de feminismo. Esta ola actual de feminismo subió a la escena pública como fuerte y empoderada, evitando la victimización y definiendo la belleza femenina por sí misma (no como objeto del patriarcado masculino). Mientras que el feminismo de la segunda ola separó el sexo y el género, el feminismo de la tercera ola ha afirmado que la noción misma de género desalienta la experimentación y el pensamiento creativo. Esto ha llevado al comentario de muchas fuentes seculares de que estamos creando una sociedad de hombres feminizados y mujeres masculinas.

Afortunadamente, la Palabra de Dios no nos ha dejado en la oscuridad al abordar este tema. A lo largo de 1 Corintios 11:3-16, Pablo fundamenta su argumento para el velo basado en realidades observables acerca de las diferencias entre el hombre y la mujer. Esto significa que Pablo asume que la iglesia de Corinto entiende que hay diferencias sustanciales entre hombres y mujeres (i.e. diferencias que se extienden mas allá de las costumbres y culturas). Por lo tanto, en la mente de Pablo, la audiencia de su carta ya sabía que el sexo y el concepto moderno de género no pueden ser separados. Debido a que Dios es el Creador, solo El tiene la prerrogativa de determinar el propósito de su creación y este pasaje enseña claramente que la mujer fue creada para el hombre (v. 9) y que la mujer es la gloria suprema del hombre (v. 7). Por lo tanto, la idea moderna de desdibujar las distinciones entre el hombre y la mujer es un movimiento que está en rebelión contra la intención original de Dios de que la mujer sea el par complementario de la raza humana.

Dios no sólo determina la intención original para la mujer y su relación con su propio esposo, sino que también determina la belleza femenina. Considera el argumento de Pablo en los v.13-15. Pablo argumenta que una revelación especial no es necesaria para determinar si el cabello largo es o no la gloria de una mujer. Es claro para todos que el cabello largo adorna a una mujer y es apropiado para su sexo. En términos modernos, las características biológicas de una mujer son consistentes con su identidad como mujer. Esto reitera el punto de que nunca fue la intención de Dios separar el sexo de uno (es decir, la construcción biológica) con el género de uno. En vez de ver la constitución biológica de uno como una forma potencial de subyugación y opresión (que es una perspectiva común de las feministas de la tercera ola), Dios diseñó a la mujer de tal manera que cumpliera su papel de ayuda y complemento de su esposo.

 

La Cena del Señor

Pablo concluye el capítulo 11 con una discusión sobre la Cena del Señor. En esta discusión, Pablo gradualmente comienza a regresar a sus lectores a la discusión del amor. El enfoca a la iglesia de Corinto de nuevo en sus actitudes hacia los demás, y les dice una vez más que dejen de ser egoístas. Ellos estaban organizando fiestas de amor pero, irónicamente, no las estaban llevando a cabo de una manera amorosa. Como resultado, Pablo les dijo que estaban participando de la Cena del Señor de una manera indigna. Dado esto, esta sección no tiene ninguna implicación inmediata para nuestro estudio de la Teología Pública, no la exploraremos más aquí.

Fuente: A Reformed Baptist Perspective on Public Theology: The Pauline Epistles, Part VII – 1 Corinthians 11

Traductor: Carlos Sanchez

Carlos Sanchez

Miembro de la Iglesia Bautista de Quilpue, Casa del Alfarero. Sirve en el Ministerio Centro de Literatura Cristiana en Valparaíso, Chile. Casado con Vanessa Bustos y con dos hijos. Valentín y Ulises quien tiene autismo. Tiene un diplomado en Teología Reformada y Liderazgo del Seminario Teológico Presbiteriano de Chile y completó el curso "Theology and Culture" del Southeastern Baptist Theological Seminary.

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